32
No consigo conciliar el sueño. Louis tampoco, pero él está leyendo, tumbado a mi lado. Yo simplemente estoy echada de lado, con los ojos cerrados pero sin poder dormir. No dejo de darle vueltas a la cabeza.
Nate ha llamado hace poco diciendo que ha ido a todos los sitios donde le dije que podría estar Alice, pero no la ha encontrado. No paro de pensar dónde podría estar ella.
De repente se me enciende una luz. En uno de sus cumpleaños, creo que el de hace dos años, Alice y Frank se fueron a Bristol. Estuvieron ahí una semana entera, y siempre decían que tenían que volver a Bristol algún día.
Ni siquiera sé si estará ahí, es bastante improbable, pero tengo una corazonada, algo me dice que ella ha ido allí, que ha vuelto donde ella y Frank prometieron que volverían. Ir ahora a Bristol es una locura pero justamente esa es la palabra que más define la forma de ser de Alice. Tengo que ir a Bristol. Tengo que descubrir qué pasó allí, y necesito pruebas. Me levanto de la cama de golpe, y Louis gira la cabeza en mi dirección.
—¿Deena? —pregunta.
—Ahora vengo —murmuro, y salgo de la habitación sin ni siquiera ponerme unos zapatos.
Camino por el oscuro pasillo hasta llegar a la que solía ser la habitación de Alice. Noah está durmiendo en la cama de Nate, así que no le molestaré. Suerte que no hemos decidido ponerlo a dormir en esta habitación, porque me temo que voy a tener que regirarla toda.
Enciendo la luz y no puedo evitar sonreír al ver la vieja habitación de Alice. Se me hace un poco raro verla tan ordenada, teniendo en cuenta que Als siempre la tenía hecha una mierda, pero pasamos muchos momentos juntas aquí. Abro uno de los armarios y me sorprendo al ver que ella ni siquiera se molestó en llevarse su mierda con ella al mudarse, simplemente la dejó ahí. Hay papeles, en otro armario está toda su ropa... Ella dejó todo lo que la familia Smeed le había dado justo ahí, sin tocar nada, y se fue por su cuenta para empezar de cero. Las cosas no fueron fáciles para Als, cuando su padre y sus hermanos se fueron tuvo que irse a vivir con su abuelo durante dos años, y justo cuando ella se mudó con Frank, su abuelo murió.
Intento centrarme en lo que he venido a hacer, y empiezo a rebuscar entre los papeles, buscando una respuesta.
—Deena, ¿qué estás haciendo? —me pregunta Louis, mirándome con curiosidad mientras se apoya en el marco de la puerta de la habitación.
—Estoy buscando algo que me diga dónde está Alice —contesto, sin distraerme demasiado de mi labor.
Supongo que le convence mi respuesta porque no me pregunta nada más, simplemente se sienta en la cama de la habitación y me observa mientras lo registro todo.
Media hora más tarde, estoy a punto de darme por vencida cuando me da por abrir el cajón de la mesilla de noche, y ahí lo único que hay es un sobre. Un sobre convencional y sencillo, pero me llama la atención y lo cojo. En la parte del destinatario aparece la dirección del piso donde solía vivir Frank con su madre, antes de mudarse con Alice, y cuando leo el remitente es cuando sé que he encontrado lo que buscaba.
Joseph Daniels
24 Lydney Road
Bristol
BS7 0XP
Joseph Daniels es el padre de Frank, y vive en Bristol. O, al menos, vivía. Abro el sobre para ver la fecha en que la carta fue enviada y para leer su contenido, pero me lo encuentro vacío.
—Louis —lo llamo, girándome hacia él, y me mira.
—¿Qué ocurre? —pregunta, intrigado.
—Creo que Alice está en Bristol.
—¿En Bristol? —pregunta, frunciendo el ceño.
—No lo sé, es una corazonada, pero han recorrido todo Londres sin encontrarla, puede que ella no esté en Londres —explico—. Y el padre de Frank vivía en Bristol. Fueron una vez, en su cumpleaños, hará unos cuatro años, y siempre decían que tenían que volver.
—¿Llamo a Nate?
—No, quiero ir yo —contesto—. Tengo que ir yo.
—No vas a ir sola, no quiero que te pase nada malo —me dice, levantándose de la cama—. Iremos los dos.
—¿Y a Noah quién lo cuida, el Espíritu Santo?
—Mierda —gruñe—. Le diré a Nate que venga y se quede aquí.
—Está bien —asiento.
Nate llega en media hora, diciendo que estamos locos por querer ir ahora a Bristol, pero me mantengo firme con mi decisión. Él se queda con Noah, quien sigue durmiendo, y voy a llamar para pedir un taxi cuando Louis me para.
—Hay un coche en el garaje, lleva años sin que lo use nadie, pero funcionará.
Y joder si hay un coche. Un enorme Range Rover Sport está aparcado en el garaje como si nada. Yo alucino con Ian Smeed, se dejó un cochazo como ese en Londres y se fue a Los Angeles dejándolo ahí.
—¿Tienes las llaves? —le pregunto, y él asiente con la cabeza.
—Estaban en la mesa del recibidor. —Se encoge de hombros.
Abre el coche y sube al asiento del piloto, mientras que yo entro por la otra puerta. Presiona un botón que hace que la puerta del garaje se abra lentamente, y en cuanto está completamente abierta enciende el motor del coche y echa marcha atrás hasta que el coche está completamente en la calle. Presiona otro botón del mando del garaje y la puerta de éste empieza a cerrarse.
—Pon la dirección que había en el sobre en el GPS del coche —me pide, y saco el sobre del bolso que me he hecho rápidamente antes de salir para ver la dirección.
Cuando consigo entenderme con la pantalla del coche, introduzco la dirección de donde supuestamente vive el padre de Frank, y sale que tardaremos unas dos horas y media, aproximadamente, así que estaremos ahí sobre las cuatro de la mañana. Es una hora de mierda para buscar a alguien, pero siento que tenemos que ir ahora, no quiero esperar.
Louis empieza a circular por las calles de Londres, que están completamente vacías. Es un día laboral y son casi las dos de la mañana, por lo que es normal que estén vacías, pero se me hace raro. Coger el coche por Londres siempre es sinónimo de locura y estrés, pero ahora todo parece increíblemente calmado. Sigue lloviendo, al igual que cuando hemos llegado a la casa, pero la intensidad de la lluvia ha bajado.
Louis enciende la radio y empieza a sonar una de esas canciones de moda que no sabes cómo se llaman, pero que te sabes prácticamente de memoria de la de veces que la has escuchado.
Cojo mi móvil y me dedico a buscar hoteles cerca de la dirección que aparece en el sobre, ya que dudo que, si está allí, Alice haya dormido en la calle. Es capaz, pero lo dudo. Tengo miedo de con qué me voy a encontrar si ella está ahí, realmente hay pocas posibilidades de encontrarla. No creo mucho en el destino y cosas así, pero hay algo que me dice que está ahí, y es de las pocas opciones que nos quedan. Sé que lo más probable es que ella no quiera que la encontremos, si ha desaparecido es por algo, pero me da miedo que pueda haberle pasado algo o que haya enloquecido. Tengo que ser fuerte por las dos, porque si a mí me ha dejado hecha mierda la noticia de la muerte de Frank, ni me imagino cómo lo estará pasando Alice.
Ella y Frank habían estado juntos desde el día en que nacieron, lo habían hecho todo juntos desde entonces. Entraron en la escuela en la que yo estaba los dos juntos, eran ellos dos, la pareja de nuevos que iban a todos lados juntos. Me dejaron entrar en su grupo, y entonces fuimos nosotros tres. Alice, Frank y Deena. Los tres mejores amigos. Aún así, ellos seguían teniendo sus costumbres juntos, como la de sus cumpleaños. Joder, sus cumpleaños. Ahora Alice no podrá irse de viaje con él en su cumpleaños nunca más, porque él ya no está. Ya no haremos nuestras noches de películas y cerveza, él ya no conocerá a mi bebé, no lo veré nunca más.
Mi rostro se contrae y las lágrimas se acumulan en mis ojos. El llanto me coge desprevenida, ni siquiera yo me lo esperaba, pero el dolor de mi pecho ha explotado de golpe y me encuentro llorando desconsoladamente en el asiento del copiloto.
—Deena —Louis me llama, pero niego con la cabeza y me abrazo a mis piernas.
Él para el coche en medio de la calle y se desabrocha el cinturón. Me sujeta de los hombros y me separa la espalda del asiento para pasar sus manos por ésta y abrazarme. Lloro con la cara escondida en su cuello, odiando sentirme tan débil pero sin poder evitarlo. Louis simplemente está ahí, abrazándome, y eso es todo lo que necesito.
Pasan algunos minutos hasta que consigo calmarme, y el sonido del claxon de un coche me devuelve a la realidad. Louis maldice y se separa de mí para encender el coche, y vuelve a arrancar.
—Te prometo que encontraremos a Alice —me dice—. Aunque no esté en Bristol, volveremos aquí y la buscaremos por donde haga falta.
Asiento, sonriendo débilmente. Tengo muchas cosas en la cabeza, pero ahora se me acaba de ocurrir que tenemos que hacer el velatorio de Frank. Tiene que ser mañana sí o sí, y luego lo incineraremos, como él quería. Mamá me ha dicho que se encargará de organizarlo todo, dice que la madre de Alice se ha ofrecido a ayudarla, y eso me deja algo más tranquila.
—Hey, no te comas la cabeza —dice Louis, adivinando hacia dónde van mis pensamientos—. Quiero que me cuentes todo lo que tenga que ver con el bebé.
—Oh. —Sonrío de golpe al pensar en el bebé—. Pues tampoco sé mucho, solo que está muy sano.
—¿Para cuándo lo esperamos?
—Para finales de noviembre o principios de diciembre —contesto, recordando lo que me dijo la doctora en la última revisión.
—¿Y cuándo se podrá saber el sexo? —pregunta, ilusionado.
—Tengo la ecografía dentro de dos semanas —le informo—. ¿Tú querrás saber el sexo?
—Claro —asiente—. ¿Tú no?
—Claro que querré saberlo, cuanto antes mejor.
Pasamos gran parte del viaje hablando sobre el bebé. Le cuento sobre los nombres que he pensado, y él me dice los que le gustan a él.
—Por cierto —digo en un momento de la conversación—. Yo... yo había pensado en mudarme fuera de Londres.
—¿Fuera de Londres? —Frunce el ceño.
—Sí, algo como Hastings me gusta. —Me encojo de hombros.
—¿Hastings?
—Sí, a unas dos horas de Londres, en la costa —especifico.
—Sí, sí, ya sé dónde es, es solo que me parece curioso que te guste algo tan tranquilo.
—Algo tranquilo suena ideal para criar a un niño —contesto—. No sé, me apetecía estar fuera de Londres, hay demasiada gente.
—No suena tan mal —dice, asintiendo con la cabeza—. Me gusta. Una casita en la playa.
—Tampoco somos millonarios, eh —le recuerdo, y sonríe.
—Un día de estos, cuando todo esté más calmado, tengo que ir al notario a leer el testamento de mi padre —dice—. Seguramente me ha dejado bastante dinero, suficiente para comprar una casa. Aunque bueno, con Ian todo son sorpresas, a lo mejor le dio por dejárselo todo a Noah, o algo así.
—No vas a pagar tú una casa donde viviremos los dos —replico.
—Puedo hacerlo, no necesito el dinero de mi padre, de hecho no lo quiero, y si lo voy a tener al menos voy a invertirlo en las personas a las que quiero y que serán mi familia —dice, sonrojado, y mi corazón se acelera.
No sé cómo lo hace, pero consigue iluminar los peores momentos con cosas como estas.
Ahora solo falta que encontremos a Alice, y que esté bien.
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¡Hola! Aquí está el capítulo 32. Hace bastantes capítulos se me fue la pinza y dije que quedaban unos 10-12 capítulos (o algo así), pero no es así, ahora mismo deben quedar unos 15 capítulos para que termine la novela. No creo que llegue a los cincuenta.
Por cierto, ¡he subido el extra desde el punto de vista de Louis! Está en el libro "Extras - Saga Smeed". También he subido en ese mismo libro un extra donde se explica la historia de la familia Smeed, creo que puede ser interesante para entender lo que tuvieron que pasar Alice y los gemelos.
Info extra: si alguna vez desaparezco o veis que hago cosas raras (como no publicar cuando toca y esas cosas que suelo hacer), he creado una especie de blog llamado "El cajón de sastre de Claire" donde subo avisos, actualizaciones, cosas random y todo eso.
Pregunta(s) de hoy:
¿Creéis que Alice estará en Bristol? Si está ahí, ¿qué ha ido a hacer?
Y, si creéis que no está en Bristol, ¿dónde puede estar?
Y ya me callo.
Nos leemos pronto,
Claire
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