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¡Hooola! Hay maratón, y es muy especial. Id a mi perfil para ver en qué consiste ;)
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—Nos vemos en dos semanas. —Louis se despide de mí con una gran sonrisa antes de finalizar la videollamada.
Cierro el portátil y me echo en la cama, sintiéndome feliz. Todo parece estar mejorando; Louis vuelve pronto, y el rato que pasé ayer con Frank y Alice me da esperanzas de que todo vuelva a ser como antes entre nosotros. Todavía queda la gran incertidumbre de cómo se tomará Louis el hecho de ser padre, pero confío en él. Sé que nunca me dejaría sola.
Preparo mis cosas para ir a trabajar. Todavía me quedan unas horas, pero voy a comer a casa de mis padres y luego iré al trabajo, así que ya me lo llevo todo preparado. Le pregunto a Frank si quiere venir a comer, pero él niega con la cabeza y me dice que prefiere quedarse en casa, así que me despido de él y salgo por la puerta.
—¿Cómo está la pequeñina? —me pregunta mamá nada más abrir la puerta.
—O pequeñín —indico.
—Será una niña, me lo dice mi intuición de abuela —asegura, y entro en la casa.
—Oh, ¿espaguetis con salsa boloñesa? —pregunto al percibir el olor que viene de la cocina, y mamá asiente— Mierda, tengo mucha hambre.
—Deena, no hables así —me regaña.
—Lo siento —digo antes de ir directa hacia la cocina, encontrándome a papá concentrado en la preparación de la salsa—. Huele genial.
Él se gira y sonríe al verme. Seguramente estaba tan concentrado en hacer la comida que ni se ha dado cuenta de que he llegado.
—Llevas mucho sin aparecer por aquí, ¡debería darte vergüenza! —bromea, haciéndose el indignado, y deja un beso en mi frente— ¿Cómo va todo?
—Muy bien.
Ayudo a mi madre a poner la mesa y, cuando papá ya ha terminado de preparar la comida, nos sentamos a comer. Quiero devorarlo todo de golpe, cada día que pasa tengo más hambre todo el rato, y sé que es por el embarazo pero me molesta sentir mis tripas rugir todo el rato.
—He preparado de más para ti —me informa mi padre.
—Te quiero, papá —le digo, emocionada, y se echan a reír.
Durante la comida les cuento sobre el resultado de la prueba de paternidad, y parece que mi madre se alivia un poco al saber que es de Louis. Según ella, parece un chico muy centrado y recto, algo en lo que tiene razón, e insiste en que se lo presente algún día.
—Entonces, ¿pensáis casaros? —pregunta papá.
—Oh, bueno, Louis aún no sabe nada del bebé, y de todos modos apenas estamos empezando una relación —contesto, un poco cohibida—. Pero de todas maneras, dudo que nos casemos. No creo que haga falta, podemos ser unos padres geniales igualmente.
—En eso tiene razón. —Mamá se pone de mi lado.
—A mí no termina de hacerme gracia —dice mi padre entre dientes.
—Aniel, no seas tan de la vieja escuela, que ahora la gente ya no se casa tanto como antes —le informa mi madre.
—Qué informada estás —bromeo.
—¿Qué te esperas? Soy una madre moderna —contesta, orgullosa.
—Bueno, tú haz lo que quieras —dice papá, aunque se nota que no está de acuerdo. Será gruñón.
Después de comer me siento en el sofá a mirar la televisión mientras mi madre se sienta a leer a mi lado y mi padre se va a echar un rato. Intercambio algunas palabras con mamá a pesar de que cada una está concentrada en lo suyo, pero me cuenta que, aunque fuera inesperado y yo sea muy joven, le hace ilusión ser abuela.
—¿Has ido pensando nombres? —me pregunta de repente, y desvío mi atención de las noticias para mirarla.
—No, no demasiado. —Me encojo de hombros— Se me han ocurrido algunas cosas, pero tengo que hablarlo con Louis y todo...
—Cuéntame, ¿en qué nombres has pensado? —Cierra el libro y me mira, ilusionada.
—Um... Emily me gusta si es una niña —digo—. Para chico me gusta Anwar, o Max.
—¿Anwar? —pregunta, intrigada.
—Sí, es un nombre bonito, y le hará recordar sus raíces —contesto, refiriéndome al hecho de que mi madre, la abuela del bebé, es marroquí.
—Eso es genial. —A mamá se le dibuja una gran sonrisa en la cara que me hace sonreír a mí también.
Me quedo un par de horas más con ellos y aprovecho para dormir un rato, ya que hoy trabajo hasta la una de la madrugada. Me despido de mis padres y me voy un poco antes de lo que suelo, ya que su casa queda más lejos del trabajo que la mía.
Cojo el metro para desplazarme hasta el restaurante, y suspiro antes de entrar. Otra noche de trabajo y de aguantar al imbécil de Duncan.
Ocho horas más tarde, salgo del trabajo con mucho dolor de espalda. Hoy le he dicho a Duncan que estoy embarazada, y me ha puesto mala cara, para variar. El muy estúpido me ha dicho que no me hará ningún trato especial, y me da miedo que pueda echarme para no tener que darme la baja por maternidad, pero tenía que decírselo porque joder, voy muy cansada y a veces me cuesta aguantar su ritmo de gritos y de no parar.
Cojo el metro de vuelta a casa y me siento, aliviada de poder sentarme, ya que en el tren de ida eso es algo imposible. Acaricio un poco mi barriga, que ya está bastante hinchada pero sigue sin ser muy notable. Mañana tengo que hacerme otra revisión, Alice y Frank irán conmigo. Alice está bastante emocionada con lo de ser tía —aunque no lo diga, se le nota—, y pronto se lo contaremos a Noah. Se me hace raro pensar que un niño de cinco años será el tío de mi bebé, pero bueno, la familia Smeed nunca ha sido demasiado normal.
El metro se detiene en mi parada y me apresuro a bajar, ya que me había quedado absorta en mis pensamientos. Salgo de la estación, chocando con un frío de madrugada que cada vez se suaviza más. Ya casi estamos en verano, quedan pocos días para que empiece oficialmente, y aunque aquí aún hace frío por las noches, durante el día ya empieza a hacer bastante calor.
Camino por las calles vacías, y empiezo a sacar las llaves de mi piso, pensando en lo contento que se pondrá Frank cuando le dé el tupper con el trozo de pastel de manzana de mi padre. Abro la puerta de la calle y subo por las escaleras hasta mi piso, encontrándome con algo que me deja de piedra.
Un cuerpo tirado justo delante de mi puerta; eso es lo primero que reconozco. En cuanto veo la mata de cabello rizado corro hacia él, para encontrármelo temblando encima de su propio vómito.
—¡Frank! —grito, asustada, intentando que reaccione, y me arrodillo delante de él para sacudirlo.
Mis manos están temblando al igual que su cuerpo, pero en mi caso es por los nervios. Intento girarlo un poco de forma que queda mirando hacia arriba, y casi sollozo al ver que sus ojos están abiertos, está consciente.
—Frank, ¿qué has hecho? —le pregunto.
—Lo... lo s...siento —murmura de una forma en la que casi no puedo oírle.
—¿Qué has tomado? —Las lágrimas se asoman por mis ojos, y Frank se gira a un lado y empieza a vomitar de golpe.
Intento ayudarle, pero está tan lleno de vómito que ya no importa si se mancha, y no sé qué hacer, así que hago lo que pasa primero por mi cabeza. Saco mi móvil y marco el número de emergencias. Apenas puedo hablar, los nervios me están consumiendo, pero consigo darle la dirección de mi casa a la chica que me atiende y le digo que creo que es una sobredosis.
Cuelgo y dejo caer el teléfono al ver que Frank ha dejado de vomitar y no se mueve. Giro su cara hacia mí, y compruebo que sus ojos siguen abiertos y está respirando.
—Por favor, aguanta, pronto vendrá la ambulancia —digo justo antes de que un sollozo escape de mi garganta.
Él me mira pero no contesta, su cuerpo cada vez tiembla más, y de golpe empieza a convulsionar.
—No, no, por favor, no —murmuro, llorando y sintiéndome completamente impotente ante esta situación.
Tengo miedo y estoy confusa, no sé qué hacer, quiero pensar que esto es solo una pesadilla y Frank estará bien cuando me despierte de ella.
Empieza a hacer sonidos como si le faltara el aire, se está ahogando y no puedo hacer nada, intento hacer esa maniobra que tanto se ve en las películas de presionar en el pecho, y luego intento un boca a boca, desesesperada, y de repente deja de luchar por aire. Me separo, y sus ojos siguen abiertos, pero no se cierran. No parpadea. Empiezo a respirar con dificultad y con mi mano temblorosa toco su cuello, intentando encontrar el pulso, pero no encuentro nada.
—No —niego con la cabeza, notando cómo me falta el aire—. Frank, despierta.
Sacudo su cuerpo pero ya no hay movimiento alguno por su parte, no respira, no parpadea, no dice nada.
Todo estalla en mi interior y empiezo a gritar desesperadamente. Me abrazo al cuerpo de Frank, rogándole que se despierte, que se mueva, que me dé una señal, pero no pasa nada.
—¡Que alguien me ayude! —grito con todas mis fuerzas, y de repente noto un pinchazo en la barriga.
Un dolor muy fuerte se apodera de mi barriga, nublando por momentos el dolor emocional, y cuando miro hacia mi entrepierna, veo que hay sangre deslizándose por debajo de mi falda, manchándola a su vez.
—¡Ayuda, por favor! —Insisto, y es justo cuando escucho una puerta abrirse que se me nubla la visión y todo se vuelve negro.
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