20
Abro los ojos y el impacto del despertar cae sobre mí. Me incorporo, bañada en sudor, e intento recuperar la respiración, aunque siento que me ahogo. Consigo calmarme a los pocos segundos, y limpio el sudor de mi frente con las sábanas. Me siento aterrada, y ni siquera recuerdo con exactitud lo que he soñado, sólo cosas sueltas. Lo que sí recuerdo es que salía Louis, y recordarlo en el sueño me provoca angustia, por lo que sé seguro que había algo mal con él.
Intento forzar mi cabeza a recordar, pero a mi mente sólo viene el mar y una tormenta, y no sé cómo explicármelo. Es lo que tienen los sueños, tienen tan poco sentido que es imposible recomponerlos a partir de las pocas cosas que se recuerdan.
Decido dejarlo pasar e ir a darme una ducha para quitarme el sudor y despejarme un poco. Me desnudo y me meto bajo el agua caliente. Estoy un poco nerviosa porque no he sabido nada de Louis desde ayer al mediodía, no ha contestado a mis mensajes. Sé que está ocupado, y que seguramente me estoy preocupando por nada, pero este extraño sueño solo me ha dejado más preocupada.
Acaricio mi barriga distraídamente, y cuando bajo la mirada para observarla, mis pechos me lo impiden un poco. Han crecido bastante, y están un poco sensibles. Ese es el único síntoma que tengo del embarazo, nada de lo que he leído o de lo que me dijo la ginecóloga me está ocurriendo excepto eso. Mi barriga sigue igual que siempre, no noto que se haya hinchado en absoluto. Seguramente si tuviera un vientre plano se me notaría un poco, pero no lo tengo así que habrá que esperar un tiempo más.
Estoy aclarándome el suavizante cuando suena el timbre de mi piso. Maldigo para mí misma y termino de aclararme el producto del pelo lo más rápido que puedo. Consigo hacerlo en menos de un minuto y salgo de la ducha para envolver mi cuerpo con la toalla. El timbre vuelve a sonar, y suspiro.
—¡Ya voy! —grito, corriendo hacia mi habitación.
Me pongo una camiseta, unas bragas y pantalones de chándal y voy a abrir la puerta.
—Louis —digo al verlo allí, con una sonrisa.
—Hola, Deena —contesta, y me lanzo a abrazarlo.
Louis corresponde a mi abrazo y echa la espalda un poco hacia atrás para levantarme y dar vueltas conmigo entre sus brazos, haciéndome reír en su cuello. Me impregno de su olor y todas las preocupaciones y pesadillas desaparecen.
Cuando por fin me baja, entramos en mi casa y cierro la puerta detrás de nosotros. Nos sentamos en el sofá, y Louis me besa para luego mirarme con una sonrisa.
—¿Qué haces aquí? —pregunto, ilusionada.
—Hemos viajado aquí para ir a tirar las cenizas de mi padre —me explica.
—Sobre eso, ¿cómo estás? —le miro, sintiéndome un poco preocupada.
—Bien, estoy bien —responde, y asiento.
—¿Y Nate?
—Él no está tan bien —suspira.
—Vaya... —murmuro, sin saber muy bien qué decir.
—Tengo algo que decirte —titubea, sin mirarme.
Odio cuando la gente no me mira al decirme algo así, significa que es algo malo.
—Voy a irme —anuncia.
Frunzo el ceño y le miro, esperando a que continúe.
—¿Vas a irte? —insisto al ver que no habla.
—Sí, con Nate, de viaje —prosigue—. Nate no está muy bien, papá ha muerto y seguramente él va a tener que ocuparse de la empresa, está muy decaído y necesita desconectar. Él me ha pedido que esté con él, así que estaré fuera un par de meses. Queremos viajar a varios países de Asia.
Dos meses. En dos meses yo estaré de cuatro meses, y Louis no estará. Empiezo a notar cómo la ansiedad se apodera de mí, invadiendo mi pecho, pero me obligo a calmarme. Por un segundo, pienso en contarle lo del bebé, pero luego veo que no es justo. No es justo que, sin ni siquiera saber quién es el padre, le obligue a quedarse. Yo puedo hacerlo sola, podré estar dos meses sin él y cuidar de mí misma, como he hecho siempre.
—¿Deena? —es cuando Louis me llama que me doy cuenta de que he estado paralizada demasiado rato.
—Oh, está bien —sonrío forzadamente, y la cara que pone Louis me hace ver que se ha notado mucho que era una sonrisa fingida.
—Lo siento, necesito estar con mi hermano, él me necesita... Nunca pide favores, y ahora me ha pedido éste —se justifica—. Si pudiera, te llevaría conmigo...
—No hace falta, Louis —niego con la cabeza—. Te esperaré.
—¿De verdad? —su rostro se ilumina.
—Sí, entiendo que tienes que estar con Nate —digo—. Pero al menos envíame mensajes.
—Claro que sí, me llevaré el portátil y hablaremos por Skype cada noche —asiente, entusiasmado, y me abraza—. Te echaré de menos.
—Y yo a ti —suspiro—. ¿Cuándo te vas?
—En un par de días —responde—. Podemos pasar estos dos días juntos. ¿Qué te parece?
—Me encantaría —sonrío.
—Solo hay un problema —señala—. No podemos salir de tu casa o, al menos, yo no puedo.
—¿Por qué no? —cuestiono.
—Ahora que mi padre ha muerto, los paparazzis se han vuelto a interesar por nosotros, por mí y mis hermanos —suspira—. No me dejan en paz, y no quiero que te metan a ti por el medio.
—Tengo que ir a ver a Alice—le digo—. Si ha vuelto hoy contigo, tengo que ir a ver cómo está. No la he visto desde que pasó lo de vuestro padre.
—Está bien, yo te espero aquí.
—Supongo que iré por la tarde, ahora querrá descansar —explico—. Y después de ir a ver a Alice tengo que ir a trabajar.
—¿A trabajar? ¿Un sábado? —pregunta, sorprendido.
—Sí —asiento— Solo libro los domingos.
—Y, ¿cuántas horas trabajas al día?
—Cinco en la librería por la mañana, aunque eso es solo entre semana, ocho en el restaurante por la noche entre semana, y seis el sábado.
—Deena, eso es demasiado —indica, preocupado.
—Lo sé, pero necesito el dinero —me encojo de hombros.
—Podrías... —empieza, pero se corta a sí mismo—. Da igual, pero ten cuidado, ¿está bien? Si no puedes con todo deja uno de los trabajos.
Le envío un mensaje a Alice y, evidentemente, me dice que vaya por la tarde porque ahora necesita dormir un rato. Así que ahora, siendo las once de la mañana y con pocas cosas que hacer en casa, lo que toca es hacer un buen desayuno.
Decidimos comer las ricas crepes que hemos preparado mientras miramos una película, y a Louis parece gustarle pero yo soy incapaz de prestar atención a la pantalla. Mi mente no deja de darle vueltas al hecho de que él va a irse por dos meses, y no sé qué voy a hacer.
A las cuatro de la tarde salgo de mi casa dejando a Louis dormido después de haber hecho el amor. Llego a casa de Alice en unos pocos minutos, y me abre la puerta Liam.
—Hola —me saluda, sonriente.
—Hola, ¿cómo está Alice? —pregunto, preocupada—. ¿Y Noah?
—Están bien, no te preocupes, Noah está dormido y Alice creo que está leyendo —me informa—. Pasa, Alice se alegrará de verte, aunque seguro que no te lo dice.
—Eso está claro —contesto, riendo.
Dejo mis bolso y mi chaqueta encima del sofá y voy directamente a la habitación de Alice. Al abrir la puerta, me encuentro su cabello azul asomándose detrás de un gran libro.
—¿Está Alice por aquí? —pregunto, jugando—. Solo veo una mata de pelo azul.
Alice aparta el libro de su cara y me mira con una ceja levantada. Le doy una sonrisa y me echo en la cama, a su lado.
—¿Cómo estás? —pregunto.
—Bien, estoy leyendo —contesta secamente.
—No me digas —ruedo los ojos—. Ya sabes a qué me refiero.
—Estoy bien, no es como si mi padre fuera mi gran ídolo ni nada de eso —dice, volviendo su atención al libro, pero se lo quito de las manos y lo dejo en la mesilla.
—Alice —digo en tono de advertencia—. No me hagas sacarte la información con mil preguntas, estoy cansada.
—¿Louis te ha dejado exhausta? —pregunta, subiendo y bajando las cejas.
—¿Cómo sabes que Louis ha ido a verme?
—Se pasó todo el vuelo diciendo que tenía ganas de verte y más mierdas mentales suyas —explica.
—Oh... ¿sabes lo de él y Nate?
—¿Que son gemelos? Sí, lo sé.
—Déjate de bromas, idiota, me refiero a si sabes que se van de viaje —gruño.
—Esto del embarazo te está poniendo muy malhumorada —se queja—. Y sí, lo sé. ¿Le has dicho a Louis lo del bebé?
—No —suspiro—. No quiero que se sienta obligarlo a quedarse por un bebé que quizás ni siquiera es suyo.
—Eres estúpida —dice, y levanto las cejas, sorprendida—. Deja de poner a los demás siempre por delante de ti misma, Deena, eres tan importante o más que ellos.
—No quiero que nadie sufra por mi culpa.
—Y eso acabará contigo.
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Holooo smeeders bellas y bellos
Siento no haber podido subir el capítulo del domingo, estuve en Madrid todo el fin de semana y no me gusta escribir con el móvil, así que no pude terminar el cap.
Por cierto, la juntada de Wattpad en Madrid fue genial, ¡no os podéis perder la del año que viene!
Hasta el domigo... ¿O antes? Juju
Claire
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