17

—¡Y velé a la señolita Clakson! —exclama Noah, entusiasmado por su primer día de escuela desde que ha vuelto—. Ali, ¿tú crees que se acodarán de mí?

—Claro, ¿cómo iban a olvidarse de ti? —le dice su hermana al ver que el pequeño se ha desanimado un poco—. Seguro que te han echado mucho de menos.

Noah sonríe y se abraza a la pierna de Alice, para luego soltarla y venir a cogerme la mano.

—Deena, ¿tú tenes una mami? —me pregunta, y sonrío antes de contestarle.

—Claro —asiento.

—¿Y un papi?

—También, igual que tú.

Pelo tú eres más gande —dice, frunciendo el ceño con confusión.

—No tanto, solo tengo... —levanto una ceja y miro al suelo, contando mentalmente—. Diecisiete años más que tú.

—¡Desisete! —exclama el pequeño, impresionado—. Desisete es mucho.

—¿Me estás llamando vieja? —pregunto, fingiendo indignarme, y Noah suelta una risita.

Noah echa a correr en cuanto ve la puerta de la escuela, pese a la insistencia de Alice porque no lo haga, y mi mente se llena de preguntas. ¿Cómo será mi bebé? ¿Será alocado como Noah cuando tenga su edad, o será más tranquilo? O tranquila... Ugh, me muero por saber el sexo de mi bebé, pero queda mucho para eso.

Mientras Alice intenta despedirse de Noah entre la marabunta de gente, saco mi móvil y sonrío al ver que tengo un mensaje de Louis preguntándome cómo estoy. Hemos hablado bastante en estos últimos dos días, y esta tarde, después de que vaya con Alice a recoger a Noah, quedaré con él.

Cuando nos hemos asegurado de que Noah ha entrado en la escuela, Alice y yo cogemos el metro para ir hacia el hospital. Al final mi padre me consiguió cita hoy a las nueve y media de la mañana con la doctora O'Connor, una ginecóloga del hospital donde él trabaja.

—Vaya, hacía tiempo que no veníamos por aquí —comenta Alice, observando el enorme edificio del hospital.

—Sí, desde que Frank cogió la gripe y tuvimos que llevarlo en taxi hasta aquí porque parecía muerto —recuerdo, y Als se echa a reír.

—Parecía muerto de verdad, tengo fotos y todo —dice, divertida.

—Oye... ¿has hablado con él últimamente? —le pregunto, intentando no parecer muy desesperada.

—¿Con Frank?

—Sí —asiento.

—No, está en una de sus épocas de no dar señales de vida —contesta—. ¿Tú sabes algo de él?

—Um... Bueno, se ha echado novia —digo, rascándome la nuca.

—¿Otra vez? Joder, este chico no para —suspira—. Espero que no sea como Bianca.

—Yo también lo espero —murmuro, aunque por la impresión que me llevé hace dos días, al conocerla en casa de Frank, la chica me da mala espina.

Dado que quedan cinco minutos para las nueve y media, entramos en el hospital y subimos lo más rápido que podemos hasta la planta de ginecología.

—Deena Torres —me llama la enfermera poco después de sentarme con Als en la sala de espera, y entro con mi amiga en la consulta de la doctora O'Connor.

La revisión empieza con algunas preguntas rutinarias, luego me pregunta cuándo fue mi última menstruación.

—¿El padre no está con usted? —me pregunta de repente, mirando a Alice, y niego con la cabeza.

—No, él no ha podido venir —miento. Lo único que me falta es que esta mujer me juzgue.

Luego, me toman una muestra del flujo vaginal y me llevan a hacerme un análisis de sangre para comprobar que no tengo ninguna enfermedad venérea, algo que sabremos en unos días, cuando tengan los resultados. La verdad es que nunca me he hecho pruebas de las ETS, pero tampoco he tenido relaciones sin preservativo con nadie que no fuera Frank y Louis, así que nunca me he preocupado realmente. Cuando ya casi hemos terminado, me da la receta para unas pastillas de ácido fólico, que debo tomarme cada día para evitar que haya problemas o defectos en el bebé.

—Bien, entonces tenemos que programar una cita para la primera ecografía —dice la mujer, mirando a la pantalla de su ordenador—. Si ahora estás de dos meses, aproximadamente, podemos hacer la primera ecografía en un mes, a las doce semanas.

Asiento con la cabeza y ella me da hora para dentro de un mes, e intento que no sea una hora que me coincida con los horarios de trabajo que tendré a partir de la semana que viene, ya que trabajaré también por la mañana.

—Bueno, entonces... tienes muchas cosas que contarme —dice Als, mirándome con cautela, cuando salimos del hospital y nos dirigimos al metro.

—Es verdad —asiento.

Ya es hora de contárselo todo, además de que realmente lo necesito, porque no he podido hablar con nadie en este mes que hace que sé que estoy embarazada y a veces siento que voy a explotar.

—¿Quieres ir a mi casa? Liam está trabajando, yo hoy me he pedido el día libre —propone.

—No, mejor vayamos a desayunar, que tengo hambre —propongo—. Yo invito.

—¿Por qué te gusta tanto invitar? Puedo pagar mi propia comida —y ahí está la Alice perra, que sale a saludar de vez en cuando.

—Ya sé que puedes pagarla, pero me gusta invitar, y más con dinero que he ganado yo —sonrío, orgullosa.

—¡Hey! Yo también trabajo —se queja.

—Ay, cállate y vamos a desayunar, que me muero de hambre y me estás enfadando ya —gruño.

—Pues será verdad lo de las hormonas de las embarazadas... —murmura, pero consigo oírla y ruedo los ojos.

Encontramos una cafetería no muy lejos del hospital y nos sentamos en una mesa al lado de la cristalera, donde a ambas nos gusta ponernos siempre. Alice se pide solo un té mientras que yo opto por una taza de chocolate caliente, y dos croissants. 

—Deena y sus desayunos potentes —comenta Alice.

—A callar, que estoy embarazada, tengo que comer por dos —me defiendo.

—¿Por dos? Pero si eso que hay en tú barriga no debe tener el tamaño ni de un guisante.

—Pues por eso, tiene que crecer.

—Como sea —finaliza el tema de conversación—. Tienes algo que contarme.

—Sï —suspiro, sin saber muy bien cómo explicárselo.

Hey Alice, me tiré a tu hermano y luego a nuestro mejor amigo, y ahora estoy intentando empezar algo con tu hermano y nuestro mejor amigo me ha mandado a la mierda. Por cierto, estoy embarazada de uno de ellos, pero no sé cuál.

Oye, pues no suena tan mal.

—Me acosté con Louis —decido ir al grano y Alice levanta las cejas, sorprendida.

—Vaya... aunque ya me lo esperaba —se encoge de hombros—. Así que él es uno de los posibles padres, ¿no?

—Sí.

—Y, ¿quién es el otro? —pregunta, mirándome fijamente.

—Frank —murmuro, pero ella lo escucha perfectamente.

—¿Te follaste a Frank?

—Sí —contesto, desviando mi mirada a la calle que se ve a través de la cristalera.

—Pero ¿estábais juntos? —pregunta, confundida.

—Frank y yo lo dejamos en febrero, Alice —le recuerdo.

—Ajá, así que fue un polvo de recaída.

—No exactamente... Fue un error y ambos lo sabemos, intentamos seguir siendo amigos con normalidad pero ahora que tiene novia me ha mandado a la mierda.

—Oh, qué simpático él —dice sarcásticamente—. Así que tenemos un segundo caso Bianca.

—No es Bianca, es una tal Jen.

—Ya, pero parece que se ha encerrado en ella como con Bianca, así que es lo mismo. Pero bueno, a lo que íbamos, ¿qué pasó con Louis? Y no me expliques detalles sexuales porque te juro que me levanto y me voy —dice, haciendo una mueca de asco.

—No iba a explicártelo, idiota —ruedo los ojos—. Bueno, creía que Louis pasaba de mí así que no volví a hablar con él después de que nos acostáramos en Los Angeles...

—He dicho que no quiero detalles sexuales —me recuerda.

—Que no, pesada —gruño—. La cosa es que supongo que él también pensaba que yo pasaba de él, porque apenas volvimos a hablar. Y cuando volví, pasó lo de Frank... De hecho fue el día que hicimos esa fiesta en tu piso para celebrar que Liam se había mudado.

—Ah, por eso me enviaste ese mensaje al día siguiente —dice, pensativa.

—¿Qué mensaje? —pregunto, ya que no sé a qué se refiere.

—Ese de que la habías cagado o no sé qué.

—Ah, ese... Sí, fue por eso —asiento—. Lo que te decía, que hablé con Louis después de la fiesta de Noah, y de alguna manera ahora lo estamos intentando... ya sabes, una relación.

—¿De verdad? —pregunta, sorprendida—. ¿Y Louis sabe lo del bebé?

—Uh... no —admito, rascándome la nuca.

—¿Frank lo sabe?

—Tampoco —contesto, y Alice levanta una ceja—. Iba a pedirle a Frank que se hiciera una prueba de paternidad, pero justo cuando fui a su casa estaba la tal Jen, y Frank me mandó a la mierda.

—Madre mía, si es que el drama no se acaba nunca —suspira—. Al menos me tienes a mí.

—Bueno, algo es algo.

—Idiota.

Pasamos la mañana juntas y, por la tarde, vamos a buscar a Noah. Después de hablar con Angela, la madre de Liam y Sophie un rato mientras los pequeños juegan en el parque, me voy en metro a Hyde Park, donde he quedado con Louis. Estoy un poco nerviosa porque cada vez tengo más dudas sobre si debería decirle lo del bebé, pero no quiero que todo se joda tan rápido, y aún tengo la esperanza de poder hablar con Frank y que se haga una prueba. Puede sonar egoísta, pero lo último que necesito ahora es más drama en mi vida. Supongo que a veces hay que ser un poco egoísta.

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