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Maratón 2/3

El agua caliente cae sobre mi cabeza y resbala por mi cuerpo. Termino de aclarar el acondicionador de mi pelo con las manos, y acaricio mi barriga distraídamente. No está hinchada en absoluto, no se nota nada raro, cualquiera diría que aquí dentro está empezando a formarse un bebé, y lleva dos meses así.

De alguna manera, me gusta esta idea. Al principio me aterraba, pero ahora cada vez me gusta más. Y no solo la idea de que tendré un bebé, que sigue asustándome bastante, sino el hecho de que hay algo dentro de mí, y me hace sentirme menos sola.

Aunque seguramente cualquier médico me recomendaría lo contrario, en una semana empiezo a trabajar también por las mañanas en una librería, porque necesito dinero para cambiarme de piso. Si voy a tener un hijo o hija no puedo seguir viviendo en este piso minúsculo de una sola habitación, no cabríamos los dos —o tres, dependiendo de qué pase en el futuro—. También tengo que plantearme cómo se lo voy a decir a Louis, y eso también me pone muy nerviosa. Si estuviera segura de que él es el padre sería mucho más fácil, pero no sé si es él.

Salgo de la ducha y, tras secarme tanto el pelo como el cuerpo, empiezo a vestirme con la ropa que he dejado encima de mi cama. Luego procedo a desenredar mi rebelde cabello, algo en lo que invierto un buen rato, y cuando termino me maquillo rápidamente y suspiro.

En quince minutos he quedado con Louis en una cafetería que hay cerca de mi piso para hablar, y no sé ni qué decirle. Tengo tanto que decirle que no sé cómo hacerlo.

Diez minutos más tarde ya estoy sentada en la cafetería, esperando a Louis. Cada vez estoy más nerviosa, y ni siquiera sé a qué vienen tantos nervios. Normalmente, desde hace unas semanas, tengo muchísima hambre a todas horas, pero ahora tengo el estómago completamente cerrado.

—Hola, Deena —me saluda Louis, y doy un bote por la sorpresa que le hace reír.

—Joder, no te había visto venir —digo mientras él se sienta en la silla que hay en el otro lado de la mesa.

—Soy como un ninja —bromea.

—¿Eres Nate? —pregunto, levantando una ceja, y él se echa a reír.

—Oye, que Nate no es el único que tiene sentido del humor.

—Ya, pero esas bromas son más del estilo de Nate.

—Puede —se encoge de hombros.

—Entonces... —empiezo.

Somos interrumpidos brevemente por la camarera, que toma nota del café que pide Louis.

—¿No vas a comer nada? —me pregunta Louis, y la camarera me mira, expectante.

—No, no tengo hambre.

La camarera se va, y poco después trae su café.

—Bueno, parece que tenemos cosas pendientes de las que hablar —digo, y él asiente mientras toma un sorbo de la bebida.

—Sí —dice, dejando la taza de nuevo en la mesa, y me mira—. Como te dije ayer, me gustas.

Me sonrojo y miro hacia otro lado, intentando no ponerme nerviosa ni decir incoherencias. Esto es como el sueño de mi adolescencia hecho realidad, aunque ayer le contestara muy mal cuando me lo dijo.

—Pero me gustas desde hace mucho, muchísimo tiempo —prosigue, pero al decir esto no me mira, y sus mejillas se sonrojan como las mías—. Nunca te dije nada porque joder, cuando Nate y yo nos mudamos yo tenía veinte años y tú quince, me sentía muy mayor para ti, pero me llamaste la atención desde que empezaste... ya sabes, a crecer.

—Esto suena un poco raro —digo, fingiendo una mueca de horror y él ríe.

—La cosa es que cuando... bueno, esa noche, en Los Ángeles, cuando me desperté pensé que la había jodido. Siempre te he respetado, Deena, cuando fui a verte no pensaba que acabaríamos así. No me malinterpretes, es evidente que quería acostarme contigo —su sonrojo es más que notable cuando dice eso, y se rasca la nuca de una forma bastante tierna—, pero no esa noche, ni habiendo bebido.

—Lo sé —asiento—. Yo tampoco quería que pasara así.

—Y bueno, quería saber si podríamos... Ya sabes, intentarlo.

—¿Intentar qué? —pregunto. Estoy bastante segura de lo que se refiere, pero quiero que me lo confirme.

—Um, estar juntos, como una pareja —dice, y sonrío sin poder evitarlo.

—Me encantaría —acepto.

—Genial —dice, con una gran sonrisa instalada en la cara—. Iremos poco a poco, quiero que nos conozcamos mejor y que veamos si podemos estar bien con todo el tema de la distancia. Ahora puede que tenga que pasar bastante tiempo en Londres, mi empresa empezará a trabajar con una cantante de Birmingham, y las quedadas las haremos aquí, así que vendré a menudo y podremos pasar tiempo juntos.

—Eso está bien —asiento, un poco cohibida porque joder, mi amor imposible me ha propuesto intentar una relación.

—Sé que la distancia será una mierda muchas veces, hay un montón de kilómetros entre Londres y Los Angeles...

—Ocho mil setecientos cincuenta —especifico, y él me mira, sorprendido.

—Vaya, tenemos aquí a una experta en geografía.

—No, lo ponía en la pantalla del avión cuando fui con Alice y Liam a Los Angeles —aclaro, y él asiente.

—Bueno, lo que te decía —continúa—. Sé que la distancia es una mierda, pero como ya te he dicho, podré ir viniendo, y si esto funciona en un tiempo podríamos pensar en mudarnos... Mierda, lo siento, no quiero agobiarte.

—No pasa nada —niego con la cabeza.

Sí, me ha agobiado con lo que ha dicho, pero no por lo que él cree, sino porque eso me ha hecho pensar en el futuro, y en un futuro mi bebé habrá nacido, y dependiendo de quién sea el padre cambiarán mucho las cosas. Puede que Louis no quiera tener al hijo de otro, si resultara ser de Frank. Joder, ¿por qué todo tiene que ser tan complicado?

Hablamos por un rato más, y luego nos despedimos con un corto beso de pico y con la promesa de volver a vernos antes de que él vuelva a casa. Vaya, sí que se ha tomado eso de ir poco a poco en serio.

Ahora no voy a volver a mi casa, tengo otra cosa en mente, así que empiezo a caminar hacia el piso de Frank. No he sido capaz de contarle eso a Louis porque quiero darme el placer de al menos poder estar con él un tiempo.

Voy a explicarle esto a Frank y a pedirle que se haga un test de paternidad en cuanto pueda hacerlo, que será más o menos en un mes, cuando lleve tres meses de embarazo.

También tengo pendiente contárselo a mis padres, y quería esperar a tener los resultados del test pero no quiero mentirles, nunca lo he hecho y no voy a hacerlo ahora. Llevo un mes evitándolos para no tener que contárselo, pero ya es hora de que vaya a verlos y se lo cuente, así que mañana los visitaré.

Llego al edificio donde vive Frank y, como siempre, la puerta principal está abierta, así que entro y subo hasta el piso de Frank. Llamo al timbre y espero unos segundos hasta que me abre una chica de cabello oscuro que lleva solo una camiseta de Frank, y espero que unas bragas.

Mi sorpresa debe ser muy notable, porque la chica frunce el ceño.

—¿Qué quieres? —me pregunta, claramente irritada.

—Busco a Frank —contesto. ¿Qué se supone que voy a querer yendo a casa de Frank? ¿Buscar a mi abuela?

—¡Frank, te buscan! —grita, y el chico de cabello rizado aparece a los pocos segundos.

—Deena —dice al verme—. ¿Qué quieres?

—Necesito hablar contigo —contesto, y miro a la chica—. En privado.

—Ve a la habitación, Jen, ahora vuelvo —le pide Frank, y ella asiente antes de girarse e ir donde él le ha dicho.

—¿Quién es? —pregunto en cuanto la tal Jen desaparece de mi campo de visión—. ¿Un nuevo ligue?

—Es mi novia —dice secamente, y levanto las cejas.

—Oh... ¿Desde cuando? Porque ayer no me dijiste nada de ninguna novia.

—Se lo he pedido esta mañana, pero hace ya varios días que quedamos —contesta—. ¿Vas a seguir interrogándome? Porque parece que es lo único que haces últimamente, y estás empezando a cansarme.

—Eh, a mí no me hables así —le freno. ¿Pero qué le pasa? Frank nunca me ha hablado de este modo—. Y perdóname por preocuparme por ti.

—Pues no lo necesito, no necesito tenerte detrás, eres mi ex-novia, no mi madre —escupe furiosamente.

—¿Tu ex-novia? —pregunto, incrédula—. ¿Desde cuándo me has rebajado a eso? Pensaba que era tu amiga.

—Eras mi amiga antes de que saliéramos, intentamos serlo después pero terminamos follando, así que no puedes ser mi amiga —dice, y noto la decepción cayendo encima de mí.

—¿Qué te pasa? Ayer estábamos bien.

—Que me he dado cuenta de cómo son las cosas, además de que ahora tengo novia, y dudo que le haga gracia que mi ex se dedique a llamarme, enviarme mensajes y visitarme tan a menudo.

—¿Sabes qué, Frank? —digo, intentando que mi voz no se quiebre—. Este no eres tú, vete a la mierda.

Dicho esto, doy media vuelta y camino lo más rápido que puedo hacia las escaleras. Escucho cómo Frank cierra la puerta, y sollozo pero me obligo a mí misma a no llorar.

Esto complica aún más las cosas.

_______

Heey, hola

Aquí tenéis el segundo capítulo del maratón, el próximo lo subiré domingo :)

¿Qué pensáis sobre el comportamiento de Frank? ¿Le prendemos fuego?

Ahora, una sorpresita de Claire para vosotras y vosotros, mis amadas y amados Smeeders.

Sinopsis de Desarmando a Nate

Nate es atrevido, descarado e irremediablemente alocado. Tiene a hombres y mujeres comiendo de la palma de su mano, sabe cómo manipular a las personas. Pero con lo que no contaba es que encontraría a alguien aún peor que él.

¿Qué os parece? ;)

Por cierto, para los que seguís las Historias cortas, hoy he subido la tercera parte de Flatmates :)

¡Hasta el domingo!
Claire

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