Joya 8

La carreta se bamboleaba sobre el empedrado. Muy pronto llegarían a su destino. Ya se visualizaba el puente que lazaba el sendero externo con aquel que conducía a las puertas del palacio. Bastaba con atravesarlo y una guardia de soldados recibiría aquella diligencia que el Capitán Allen mandó traer. Unos cuantos pasos y arribarían para cumplir su trabajo.

Con ello contaba aquel promotor abusivo, deseoso de ver humillado a aquel soldado que osó desafiarlo y comprometerlo en aquel espectáculo para los romaeníes. Con sólo recordar el rostro altanero del capitán, el tuerto guerrero fruncía el ceño y bufaba su molestia.

-Maldito soldado, ¡vaya que recibirás un espectáculo digno de los nobles! –Expresó Slade refunfuñando, pateando sobre la madera de la carreta donde iba montado, asustando a los caballos que relincharon en consecuencia-.

-¿Realmente cree que estos dos podrán darle su merecido a aquellos soldados? –Preguntó uno de los siervos mientras empuñaba las riendas e intentaba controlar a las bestias-.

-Por supuesto. Tanto Damian como Jason les darán una lección. Y te lo aseguro, porque si no, les va a ir muy mal a este par de idiotas si al menos no dejan a uno de esos soldados con la cara hacia el cielo. -Vociferó Slade cruzándose de brazos, bufando mientras ennegrecía su gesto y mostraba su fastidio-. ¡Como sea...! –Exclamó suspirando-. ¡Oye, tú! –Llamó a otro de sus asistentes-.

-Sí, mi señor... -Le contestó el hombre que caminaba junto a ellos-.

-Ve a la parte de atrás y dales agua a esos tontos. No queremos que se sientan mal. Anda. –Mandó el promotor, recibiendo un gesto de asentimiento del hombre, quien obedeció enseguida llevando los recipientes correspondientes-.

Atrás, ambos muchachos aludidos permanecían quietos y en silencio. Los dos un poco avergonzados del último contacto que tuvieron al hablar. Jason, visualmente, un poco más afectado que Damian, pues la reacción que tuvo con su compañero de celda no fue ni prudente ni justa. Y ahora, con las piernas recogidas y arrepentido hasta el alma, Jason yacía confinado con esa persona a la que lastimó y trató tan mal. Haber sido tan incomprensivo y violento con Damian no resolvió nada al final. Sólo los condujo hasta esos momentos incómodos donde ninguno se atrevía a hablar o a mirarse siquiera a los ojos.

Jason se sentía triste por haber arruinado todo entre ellos. Se preocupaba por aquel secreto revelado, que si bien no reconoció, el hecho de saber que alguien sospechaba de su condición, lo angustiaba sobremanera, pero sobre todo, se percibía asustado por la pérdida del único que hubiese podido considerar un amigo o un aliado. Pensar en ello, le hizo doler la garganta. Aquel nudo en su gañote, nacido de la negación de su llanto, le estaba causando estragos y más. En cualquier momento, se soltaría a llorar. Ya no podía con la culpa ni con la vergüenza que nacieron en él después de haber reaccionado así. Se sentía mal, solo y bastante arrepentido. Al menos quería disculparse para luego agradecer las molestias que Damian se había tomado con él, Lo reconocía; no había sido justo con él.

Si bien no conocía las intenciones reales de Damian para haberle dicho aquello, Jason no tenía derecho a ser un malagradecido; pues después de todo, el muchacho de la mirada esmeralda lo había salvado ya tres veces y de cierto modo, no le había pedido concretamente nada a cambio. Y ciertamente tampoco, Damian lo había amenazado para confesar su condición; sólo quiso hablar.

Recordar eso y su espantosa reacción, a Jason le rompí el corazón.

Damian lo miraba furtivamente. Lo veía agachar su rostro y pasar saliva con frecuencia; claras señales de la angustia que lo ahogaba. Ante sus ojos, Jason lucía realmente afectado por lo que pasó en las barracas. Apostaba incluso, que en cualquier instante, el ojiturquesa rompería en lágrimas. Verlo tan cabizbajo, sólo acrecentó las ganas de arrimarse a él y abrazarlo lo más fuerte que se pudiera. No obstante, de sólo recordar lo que pasó luego de su última conversación, la reconsideración de su acercamiento se volvía más pesada.

"N-no... Mejor le doy un poco de espacio..." Determinó Damian en su cabeza, llevándose su mano al cuello, repasando con los dedos aquellas marcas que Jason le había encajado con su arrebato. "No... No fue su culpa. Yo hablé de más..." Se dijo mientras volvía a levantar su vista y fugazmente encuadraba al muchacho frente a sí. "Y claramente, no pensé en sus sentimientos..." Reflexionó mientras repasaba aquellas palabras que le dedicó. Palabras que desembocaron en el duro ambiente que ahora compartían encerrados en aquella carreta en movimiento.

"-No te preocupes... Jason... Todo estará bien porque yo...

-¡No, no estará bien!

-¡Sí, sí lo estará porque yo...!

-¡No!

-¡Sí y lo estará porque yo voy a protegerte! ¡Yo te protegeré, ¿entiendes?! ¡Nadie va a tocarte porque yo voy a protegerte! ¡Lo haré, lo juro! –Exclamó seguro de sí mismo, consiguiendo con su voz que Jason dejara de llorar-.

-¿Qu-qué...? –Inquirió el ojiturquesa luego de pausarse en sus reflexiones, empujando suavemente a Damian para que le diera un poco de espacio-.

-Yo te cuidaré, Jason. Ya no debes preocuparte. –Le reiteró en un tono dulce, pero certero e incuestionable-.

-Pe-pero... ¿por-por-por qué...? ¿Por qué harías eso...? Tú... no me conoces y yo a ti tampoco... -Habló todavía con su rostro arruinado por las lágrimas-.

-Ya te dije...

-¿Por-por lo de tu prometido...? –Inquirió confundido y dudoso-.

-Sí.

-Pero eso no es razón suficiente, yo...

-Sí lo es.

-No, no lo es. No conocí a tu prometido, pero estoy seguro que él y yo no nos parecemos en nada y...

-Jason... -Llamó Damian serio, mostrando confianza y comprensión, logrando así, detener el ritmo ansioso del discurso de Jason, quien esperó un poco confundido lo que Damian dijera después-. Te equivocas... -Confesó el ojiverde sin dudas en su lengua-.

-¿Qu-qué...? ¿Por qu...?

-Tú y Dick eran iguales. –Interrumpió antes de que Jason comenzara a expresar su hesitación-.

-N-no... tú no me conoces y...

-¡Sí te conozco! ¡Conozco lo suficiente de ti como para asegurar que tú y mi querido Dick eran exactamente iguales!

-Pe-pe... pero... ¿Por qué dirías algo así? Yo...

-Porque sé lo que eres, Jason. –Habló atrayendo completamente la atención del ojiturquesa-.

-¿Lo-lo... lo que soy...? ¿Y qué... soy...? –Preguntó dudando, quizá temiendo algo que ya presentía y que sus oídos atendería enseguida; algo para lo que no estaba listo escuchar-.

-Sé que eres, al igual que Dick, un hombre que puede concebir. –Dijo sin rodeos o algún tacto-.

-¿Qu-qué...?

-Lo sé, Jason... Sé que tú eres... eres un hombre que puede... tener bebés... -Concluyó determinantemente, causando una mueca estresada y paniqueada en la faz del muchacho que había acabado de salvar-.

Jason creyó haber escuchado mal, pero entre más se repetía esas palabras, menos caminos encontraba para eludir aquella realidad. Fue entonces, al cerciorarse de lo que Damian acababa de soltar, que la respiración agitada comenzó a traicionarlo y si no se calmaba pronto, su reacción iba a delatarlo.

-¿Qu-qué...? ¿Qué tonterías dices? –Demandó Jason con una sonrisa bastante forzada y aterradora en su rostro-.

-Jason, no puedes negarlo. Sé lo que eres y sé de tu condición. No tienes por qué ocultarlo más de mí. –Insistió Damian, estrechando la distancia entre ambos-.

-¡Pero ¿qué?! ¡¿De qué hablas?! ¡¿Un hombre que puede tener bebés?! ¡Eso no es posible y...!

-Jason. Lo sé. Ya no hay necesidad de ocultarlo.

-¡Pero no, no sé de qué hablas! –Exclamó desviando su rostro, colocando sus manos en el pecho de Damian para evitar que siguiera aproximándose-. ¡Es una broma estúpida y...!

-Ésa es la única explicación. –Habló Damian mientras capturaba las manos de Jason e insistía con acercarse-.

-¡¿Qué?! ¡¿Cuál explicación?! ¡¿Explicación a qué?!

-Explicación a tu comportamiento, a tu aprensión a ser tocado, a esa terca insistencia a cubrirte el vientre todo el tiempo, incluso cuando duermes. ¿Crees que no me he dado cuenta? Y esas quejas que resienten tu aprensión a ser atacado en cada instante donde bajas la guardia.

-¿Qu-qué? No. No sabes lo que dices. Yo no hago eso.

-Sí lo haces.

-¡No, no lo hago!

-¡Sí lo haces! ¡Lo haces como todos los hombres Gaia!

-¡¿Qué?! ¡No! ¡Eso es sólo un cuento! ¡Ellos no son reales! ¡Yo no soy uno de esos!

-¡Sí lo eres! ¡Por eso atraes a los hombres más de lo que quieres aceptar! ¡Por eso aborreces que te toquen, que siquiera se acerquen; porque la mayoría de ellos sólo te buscan o buscarán para tener relaciones contigo!

-¡N-no...! ¡No es cierto!

-¡Y además, está esa esencia que desprendes y que sólo los hombres podemos sentir! ¡Ese aroma es muy característico de los hombres Gaia y es uno muy particular! ¡Al principio lo distinguí, pero no fui consciente de él porque yo ya me había acostumbrado a percibirlo! ¡Y eso es porque Dick expedía la misma esencia que tú posees y ÉL era un hombre Gaia, COMO TÚ! ¡Así que ya no puedes negarme ese hecho! ¡Eres un hombre Gaia!

-¡No! ¡No lo soy! ¡Esos hombres ya no existen, nunca existieron! ¡Son un mito!

-¡Tú sabes que no! ¡Aunque son escasos y difíciles de hallar, ellos están caminando como si fueran hombres comunes! ¡Y muchos de ellos ni siquiera saben que lo son, pero sí existen!

-¡NOOOO! –Respondió rotundo y algo nervioso-.

-Jason, escúchame, no sé por qué lo niegas, pero no debes preocuparte. Yo voy a protegerte.

-¡No! –Exclamó enajenado, apresurado por hacer que Damian lo soltara-.

-Yo no te hare daño, ¿oíste? Puedes confiar en mí.

-¡No! ¡Ya basta! ¡No sé por qué me dices eso, pero no soy lo que dices! ¡Y suéltame, suéltame! –Exigió impetuoso en sus manoteos-.

-Jason, cálmate... Ya no tienes por qué ocultarlo de mí. Yo cuidaré de ti. No dejaré que nada te pase y ya no debes tener miedo, al contrario, debes sentirte bendecido y dar gracias a los dioses por tu condición y...

­-¡¿Qué?! –En ese instante, Jason no sólo tensó su timbre vocal; el resto de su cuerpo sufrió los embates de aquellas palabras mal elegidas-.

-Jason, debes estar feliz por poder concebir. ¡Es un milagro!

-No, cállate... -Pidió decepcionado de lo que oía y aberrado por esa compasión que Damian le dedicaba en su forma de mirar-.

-Debes festejar por tener el poder de crear vida y...

-¡No! ¡Ya basta! ¡Cállate!

­-No tiene nada de malo y...

-¡DIJE QUE TE CALLARAAAAAAAS! –Terminó por exclamar, por reventar su angustia con un grito iracundo y repleto de miedo, acompañándose de una sacudida que liberó sus manos, pero no para alejarse, sino para arremeter contra aquel que no dejaba de hablar y de vomitar una sarta de estupideces ignorantes que lastimaban sobremanera a Jason-.

Así, con todo su brío y su furia basada en el pánico que sentía, Jason se dejó venir empujando a Damian hasta derribarlo fuera del lecho y aprisionarlo con su propio cuerpo mientras sus manos se atrancaban alrededor de su cuello. Su agarre fue inmediato; Damian nunca hubiese podido impedirlo. Lo tomó por sorpresa estrujándolo furiosamente.

-¡NO ENTIENDES DE ESTO NI UNA MIERDA! ¡NO SABES LO QUE DICES, MALDITO IMBÉCIL! –Gritaba Jason fuera de sí, apretando sus dedos contra aquella piel desprevenida-.

-¡Ja...! –Damian quiso pronunciar, pero entre su estremecimiento al ser derribado, el dolor en su garganta, la asfixia que comenzaba a sufrir y la extrañeza que aquel arrebato de Jason le provocó, no halló precisamente las fuerzas para hablar-.

-¡NO ERES MÁS QUE UN MALDITO ENTROMETIDO, MENTIROSO Y DEMENTE! –Decía Jason descontrolado, perdiéndose entre su llanto desesperado y sus agudas y penetrantes intenciones para desquitar su angustia y su pánico-. ¡¿CÓMO PUEDES DECIR TODA ESA BASURA SIN SIQUIERA SABER LA REALIDAD?! ¡¿EN QUÉ MALDITO MUNDO VIVES?! ¡¿POR QUÉ CARAJOS UN HOMBRE ESTARÍA FELIZ DE ESTE CALVARIO?! ¡¿POR QUÉ DEMONIOS AGRADECERÍA A LOS DIOSES SER EL BLANCO DE ASQUEROSOS PERVERTIDOS, ABUSADORES Y VIOLADORES?! ¡¿POR QUÉ MALDITA SEA SERÍA UN MILAGRO QUE TODOS TE VIERAN COMO UN PEDAZO DE CARNE?! ¡¿EN QUÉ MALDITA VIDA, ESO SE CONSIDERARÍA UNA BENDICIÓN?! ¡DIME! ¡DIME, DIME, DIME, DIME! ¡ESO NO EXISTE!

-¡Ja...! –Damian se retorcía buscando alguna salida a ese fatídico acercamiento, pero no lograba más que acentuar la rabia de Jason y el poderío de sus manos que apretaban cada vez más y sin piedad-.

-¡DIME POR QUÉ DEMONIOS QUERRÍA FESTEJAR QUE ABUSARAN DE MÍ, QUE ME USARAN O QUE ME VIOLARAN HASTA MATARME! ¡DIME POR QUÉ! ¡¿POR QUÉ?! –Exclamó rompiendo todavía más en llanto-. ¡ANTES PREFIERO MATARLOS A ELLOS ANTES DE QUE ME CONDENEN A UN FUTURO COMO ÉSE, ¿OÍSTE?! –Agregó oprimiendo más fuerte-. ¡HOMBRES ASÍ SÓLO SIRVEN MUERTOS! ¡Y NO PERMITIRÉ QUE TÚ SIGAS CON ESAS ESTÚPIDAS IDEAS SOBRE MÍ! ¡NO TE DEJARÉ! ¡NOOOOOOOO! –Gritó enajenado en su desquite, en su locura momentánea, en su terrible confusión que el miedo a ser descubierto le incitaba-.

-N-no... Jas... No es... así... -Decía duramente el ojiverde, retorciéndose, apretando las muñecas de Jason en un mal intento por liberarse-.

-¡CÁLLATE, CÁLLATE, CÁLLATEEEEEEEEEEEEEE! –Exclamaba Jason con todas sus fuerzas-.

-Jason... No... Ya no más... No dejaré... que eso... pase... Yo... yo... -Se esforzaba demasiado en siquiera balbucear-. Yo te prote... ge... ré... Jason... -Decía pese al tormentoso dolor en su garganta-. Yo... lo juro... lo juro... por Dick... -Acotó cambiando el léxico por un gruñido doloroso-. Por Dick... -Repitió escasamente, tensando sus hombros, apretando sus párpados para que esas diminutas lágrimas no se escaparan a través de sus pestañas-.

Oír aquel nombre no le sacudió el temple a Jason, no al menos de la misma forma que el hecho de ver aquellos diamantes resbalándose por las mejillas de Damian. Fue entonces que su alma resintió un escalofrío que lo hizo despertar, que obligó a Jason a abrir su panorama y le detuvo su respiración invitándolo a suspirar.

Su cuerpo empezó a temblar y el terror que sentía comenzó a ocupar más terreno que su cólera. Ciertamente, el razonamiento de Jason no se explicaba por qué de pronto, sintió un fanatismo increíble por sólo dejarse caer y llorar como si no hubiera un mañana.

-¡NO! ¡NO, NO, NO, NO, NO, NO! ¡NOOOOOOOOOOOOOOO! ¡NO, NO, NO! ¡NOOOOOOOO! –Volvió a gritar mientras el pánico se apoderaba completamente de él y sus intenciones por callar a aquel bajo su yugo desaparecían lentamente-. ¡NOOOOOO! ¡NO...! ¡No...! –Repetía en tanto su tono devenía más acorde al natural y sus manos comenzaban a ceder, pues sin ser del todo consciente de ello, el muchacho prefirió ocupar toda su fuerza en desahogar el enorme dolor que al parecer, cargaba en su interior, que ocuparla en seguir maltratando a aquel infeliz que no había hecho otra cosa que ayudarlo-. ¡No... no... no...! ¡Tú... tú... tú no tienes ni la más remota idea de lo cruel que es esto! –Acotó sollozando derrotadamente, soltando finalmente a Damian, quien inmediatamente agitó su cabeza y abrió su boca para obligar el aire a entrar a sus pulmones-. ¡Es un destino horrible! ¡ES HORRIBLE! –Expresó Jason justo antes de llevarse las manos a la cara y acostarse a un lado de Damian para continuar su desconsuelo-.

-Ja... Jason... -Llamó Damian sobresaltado, sofocado, respirando con dificultad y exacerbación-. Jason... -Volvió a decir mientras se arrimaba al muchacho hecho ovillo a su lado-. Jason, por favor... créeme, yo...

-Cá...cállate... -Pidió una última vez antes de encerrarse en sí mismo y ya no detener su llanto en un largo rato-.

Arrepentidamente, Damian comprendió de inmediato el error que había cometido. Fue demasiado lejos con aquel consuelo que quiso compartir y que le explotó en la cara por su falta de empatía racional y asertiva. Eso fue egoísta y desalmado. No debió presionar así y en lo que a las posibles experiencias de Jason concernían, Damian realmente no sabía por lo que Jason hubiese podido pasar. Él ojiturquesa llevaba la razón y Damian debió reconocerlo; era cierto; Dick y Jason, quizá no se parecían en nada.

Ya no dijeron más. Damian aguardó paciente a que su compañero se calmara un poco para que luego ambos pudiesen ir al encuentro con Slade. Aún no dejaba propiamente de llorar, pero eso ya no fue un problema cuando Damian usó su faja para cubrir la cabeza y los hombros de Jason. Y temiendo una contraposición a ese gesto, incluso así, Damian se atrevió a acomodarle la tela para ocultar su mirada. No le dijo nada, y no tuvo ninguna respuesta o rechazo de Jason, quien sólo suspiró y no intentó levantar su mirada. De ese modo, con la cara agachada, el exsoldado pudo terminar de sosegarse sin preocuparse por los cuestionamientos de su amo, quien en cuanto los vio, ordenó a sus asistentes el someterlos con los grilletes y conducirlos fuera de la explanada hasta la carreta. Para ese momento, Slade estaba tan entrado en sus propios juicios respecto a ese trabajo, que ignoró por completo el comportamiento de esos dos."

Evidentemente, el viaje desde el anfiteatro hasta el palacio fue todo menos confortable, pues la tensión que los albergaba paulatinamente estaba oprimiéndolos a ambos.

"Sí. Fui egoísta y me precipité. Fue muy estúpido de mi parte subestimar lo que Jason hubiese podido estar sintiendo. Fui un completo imbécil, lo reconozco..." Reflexionó Damian suspirando tan pesadamente que incluso sus hombros descendieron bruscamente. "Pero aun así... Aun así no cambiaré de opinión." Concluyó para sus interiores, levantando levemente su rostro y dirigiendo secretamente sus ojos hacia la silueta del chico que lo acompañaba. "Lo que le dije es cierto y tengo el ferviente deseo de cumplirlo. Porque no, no te dejaré solo, Jason... Te protegeré, no sólo porque así lo decidí, sino porque quiero y quiero hacerlo porque se lo debo a mi amado Dick. Por él, cumpliré mi promesa a través de ti." Ultimó ferviente, inspirado en su causa, mostrando su mirada esmeralda con suma determinación y aplomo, convenciéndose a sí mismo de ya no ocultar su vista y menos cuando ésta ya estaba encuadrando la figura de Jason y su aprensiva expresión.

Entonces, no lo pensó demasiado. Si al fin había reconocido su error, ya no había motivo para mantenerse alejado. Y si Jason no quería su ayuda, eso no sería un problema; su rechazo no le impediría cumplir con su promesa. Por las buenas o por las malas, se acercaría a Jason y lo cuidaría. Así lo había decidido y nada le ahuyentaría su designio y voluntad.

Con eso en su mente y en su inspiración, el ojiverde respiró para darse valor y levantarse para cambiar su sitio. Con un solo movimiento, quiso ir a un lado de Jason, pero aquel asistente enviado por Slade los interrumpió saludándolos.

-¡Oigan, ustedes! Dice el maestro Slade que beban agua. –Les dijo acercando el cántaro a través de los barrotes-.

Jason levantó la cara dirigiéndola a aquel joven fuera de la carreta, y sólo así vio a Damian a la mitad de camino para aproximarse. Al ser descubierto, el ojiverde suspiró resignado, pero dedicando después una sonrisa amigable que hizo a Jason sonrojarse de momento.

-¡Anden, beban que no tengo toda la tarde! –Insistió el joven agitando el cántaro-.

-¿Agua? Mejor que traiga algo de comer; el muy idiota no nos dio comida. –Agregó Damian luego de arribar cuidadosamente junto a Jason y tomar el recipiente-. ¿Sigues aquí? –Le inquirió groseramente al muchacho-. ¿No me oíste? Dije que tenemos hambre. Ve y dile a tu "maestro" que no tendremos fuerzas con solo beber agua. ¡Anda, muévete! –Ordenó desdeñoso y altanero, provocando una mueca de desagrado en el asistente, quien refunfuñó, pero finalmente los dejó solos para cumplir a regañadientes el mandato de Damian-.

Fue entonces que ambos volvieron a su irónico silencio. Por su lado, Damian comenzó a balbucear algunos ruiditos dudosos, pensando quizás en cómo retomar una conversación apropiada mientras veía a Jason cubrirse todavía más con aquella capucha improvisada.

Dejaron escurrirse otros santiamenes entre ellos. Jason también inició con sus juegos verbales para reconocer que también quería hablar. Oírlo usar algunas muletillas vocálicas hizo sonreír a Damian. Su risilla burlona le exigió acomodarse mejor y adelantar su cabeza para que sus ojos se cruzaran con los de Jason. Cuando lo tuvo frente a sí, levantó el cántaro colocándolo a la vista del muchacho encapuchado.

-Slade tiene razón; es mejor que bebas un poco. Llorar puede deshidratarte. –Acotó Damian posando el recipiente en las manos de Jason, quien sin más remedio, levantó su rostro y mostró sus enrojecidos ojos-. Tómatela toda o podrías sentirte mal. –Añadió sonriendo, dulce en sus gestos y en su voz, obteniendo como única respuesta una cara aprensiva y enrojecida de Jason, quien apretó sus labios y entrecerró sus ojos para evitar lo que realmente quería expresar-.

-Y-yo... no lo... entiendo... -Musitó Jason esforzándose hasta sus límites por no soltarse a llorar-. ¿Por... por qué... por qué tú...? ¿Por qué... por qué haces esto en realidad?

-¿De qué hablas? ¿Hacer qué?

-¿Por qué me tratas así? Yo...

-Ya te dije...

-Pe-pero... Pero yo... Yo no soy tu prometido y...

-Lo sé. –Contestó Damian acercándose, insistiendo para construir un ambiente íntimo entre los dos que conservara su secreto-. Y yo no estoy comparándote con él, sólo dije que me lo recordabas.

-Damian..., pero aun así. –Murmuró perdiendo su propia lucha, rindiéndose a la aprensión que lo ahogaba y que si no soltaba, terminaría desmayándose; así que suspiró hondo antes de liberar sus lágrimas y su sollozo lastimero-.

-No, no llores, Jason. Y no tengas miedo.

-Pero...

-Sé que no eres Dick y no quiero que los seas, tampoco pretendo que lo remplaces. Esas no son mis intenciones. Pero también sé que él habría querido que yo te protegiera, no ciertamente por tu condición, sino porque es lo correcto y era nuestro destino conocernos. Por eso nos hemos encontrado tú y yo. –Explicaba mientras llevaba sus dedos a las mejillas ruborizadas y húmedas de Jason-. Eres una buena persona, eso puedo leerlo en tu mirada. Sé que sufres esta condena como yo. Tú naciste libre, al igual que yo. Y tú quieres terminar con esta pesadilla, justo como yo. Por eso pude sentir empatía por ti. Y no voy a negarlo; me recuerdas a mi amado prometido, sí, pero también sé que posees tu propia existencia y que gracias a ella tambipen, comenzaste a agradarme.

-Damian, pero yo... ¿Cómo puedes decir algo así? –Inquirió entre aspiraciones, gimoteando como un infante perdido-.

-Lo digo porque quiero y porque es verdad. Además, desde en el instante en que te vi, supe que eras especial, alguien diferente al resto de las personas, y supongo que ahora conozco parte de la razón.

-Yo... no lo entiendo... No alcanzo a comprender qué quieres de mí... ¡Porque yo realmente lo lamento, Damian, pero no puedo corresponderte de ninguna forma! ¡No puedo! –Exclamó reiterando el escondite de su rostro, agachándolo mientras sus hombros temblaban por su aprensión-. Yo...

-Pero, Jason, no quiero nada. No necesito nada y no te estoy pidiendo algo. En todo caso, sólo quisiera pedirte que me dejaras ayudarte.

-Yo... no... -Tartamudeaba permitiéndole a su renuencia presentarse como fachada, deteniéndose a media petición para reflexionar un poco-.

-Jason... Por favor, déjame cuidar de ti... Juro por la memoria de Dick que no dejaré que nada malo te pase... -Confesó discreto con voz suave, pero recio en sus nobles intenciones, acariciando aquella mejilla en tanto quería alcanzar el mentón para invitar a Jason a levantar su rostro-.

-Damian... -Musitó en cuanto alzó su cara teniendo aquella del ojiverde frente a sí-. Yo...

-Confía en mí... -Le reiteró su amable demanda con una sonrisa repleta de seguridad y sinceridad-.

Aquel gesto terminó por convencerlo, por orillarlo a dejar ir su desdén y su desconfianza, así como sus miedos que ya estaban rebasándolo. Jason suspiró entonces, ahuyentando cualquier duda o queja que contradijera su deseo de libertad.

-Yo no te haré daño... -Enunció Damian justo antes de pasar sus dedos por ambas mejillas y limpiarle cualquier rastro de su tristeza-. Y no dejaré que otros te lo hagan...

-Damian... -Llamó sin más remedio, lanzándose al cuerpo frente a él, usando el pecho del ojiverde para ocultar su propio rostro y hundirse entre sus hombros aún temblorosos-.

Damian, aunque sorprendido, le correspondió con suaves caricias sobre su espalda, comenzando así para terminar abrazándolo en su totalidad mientras le susurraba palabras que lo calmaran.

-Por-por favor, Damian... -Jason inició con sus murmullos-.

-Dime...

-Por favor, no le digas a nadie lo que soy. Por favor. –Suplicó enterrándose a las ropas maltrechas de Damian, quien asintió encerrándolo todavía más a su cuerpo-.

-Por supuesto que no. Nadie lo sabrá. –Consintió sonriente y comprensivo, recargando su cuerpo para cubrir el dorso del ojiturquesa-.

Y cuando pensaba que finalmente su amigo se tranquilizaría, Damian volvió a sorprenderse con aquella tierna y delicada respuesta que Jason le dio, pues nunca se imaginó que el muchacho recién conocido, se levantaría lentamente, irguiendo su espalda convulsa y levantando el rostro hasta tenerlo a la misma altura. Con ambos mirándose de frente y sin nada que le impidiera al ojiturquesa acercarse, el muchacho angustiado estrechó la distancia entre ellos y finiquitó los límites con un fugaz y repentino beso; uno que Damian recibió no porque lo hayan tomado desprevenido, sino porque el momento lo ameritaba y ninguno de los dos hubiese podido hallar un sello mejor para su mutuo acuerdo y complicidad.

Ahí se atoraron tiernamente avergonzados e tímidos. Por supuesto, ese acercamiento los alivió de cualquier tensión que hubiese sido impuesta con el altercado en las barracas.

-Gracias... -Musitó Jason al separarse y retomar su lugar sobre el pecho y entre los brazos de Damian, quien afianzó su abrazo y terminó sonriendo mientras le acariciaba la cabeza-.

Evidentemente, Jason no dejó de llorar tan fácil, pero su carga fue menos pesada mientras sentía el calor que su compañero le regalaba.

Continuaron entrelazados el resto de su trayecto. Nada los inmutó ni los molestó hasta que el palacio se vio llano a la vista. Muy pronto, la carreta se acercó al puente y antes de darse cuenta, ya estaban cruzándolo. En su destino, ya los esperaban para complementar el espectáculo ahí presentado.

La fiesta estaba en pleno apogeo y ahora con el patio trasero repleto de artistas, de bailarines, de malabaristas y músicos, los invitados se divertían sin mesurar sus risas o sus entretenciones.

Aquel espacio era circundado por los invitados entre los cuales, algunos soldados serpenteaban consumiendo los manjares ahí ofrecidos, también algunos nobles y políticos se desplazaban contentos a la par de disfrutar los hermosos bailes y las armoniosas melodías.

En la parte alta, desde la terraza, el emperador, los mandos más importantes y el consejero de Azunia con su séquito se deleitaban en la comodidad y frescura de sus asientos. Con la vista frente a ellos, observaban divertidos todos los entretenimientos. Contrariamente, el segundo príncipe y el invitado de oriente ocupaban sus lugares en un estrado propiamente erigido a un lado del patio, entre las hermosas y perfumadas flores del jardín ahí yaciente, en primera fila y muy cómodo para gusto de la pareja de comprometidos. Y es que aquel lugar fue pensado con el propósito de mostrarle de primera mano al príncipe Jaime, las maravillas que el imperio Romaení tenía para ofrecerle. Así que las distracciones y juegos no fueron escatimados a la hora de pensarse.

-Vinieron de muchas partes del imperio. –Comentó Jonathan sonriente-. Varios de los gobernadores trajeron muchas sorpresas para nosotros, pero los que más me gustan son las de este tipo de cosas. ¡Mire, son tan bonitas! –Exclamó señalando a los animados danzantes, quienes mostraban sus talentos entre listones, cascabeles, panderetas y extraordinarias acrobacias al compás de la bella música-. ¿No le parece hermoso? Creo que es un baile de la región de Yaras. Aunque no estoy seguro. ¿O usted qué opina? –Demandó al invitado de oriente, quien mantenía su vista sobre el baile coordinado, pero ciertamente, sus pensamientos permanecían extraviados en la imagen de aquel soldado que huyó junto al General-. ¿Su majestad? –Inquirió Jonathan tratando de llamar su atención-. ¿Príncipe? –Volvió a pronunciar, pero esta vez colocando suavemente su mano sobre aquella de Jaime-. ¿Pasa algo...?

-¿Qué? ¡No! ¡¿Qué decías?! ¡Lo siento... es que... yo... me quedé pensando en algo, pero... pero...! ¿Qu-qué? ¡Perdón, ¿podrías repetirlo?! –Respondió Jaime sacudiéndose la cabeza-. Decías...

-Yo... ha-hablaba del baile... Decía que era muy bonito y... ¿Sucede algo, su majestad? –Terminó Jonathan cambiando el tema de conversación-.

-¿Qué? No. Ya te dije que todo está perfecto.

-¿De verdad? Porque parece un poco distraído. ¿Algo le preocupa, mi señor?

-N-no. Todo está bien.

-Si hay algo que le moleste o le preocupe, no dude en decírmelo y yo trataré de solucionarlo. No sea tímido, por favor.

-Agradezco el gesto, Jonathan, pero estoy bien. Es sólo que me quedé pensando en el... ¿Capitán? ¿Es capitán, no?

-¿El Capitán Allen? Sí, es Capitán. ¿Estaba pensando en él?

-Bueno, no... no en él... Más bien en lo que sucedió. Ya sabes... por lo que pasó con tu hermano y... tú... Sólo quería saber cómo estaba. Creo que tu hermano lo lastimó. Además, quería verlo para agradecerle por lo de esta mañana. Él fue muy atento conmigo.

-Entiendo. Y me disculpo otra vez por eso. Yo quería encontrarlos. Quería llevarlo con ellos. Creí que irían a los baños, pero al final, sólo desaparecieron. Supongo que tendrían trabajo que hacer.

-Es comprensible y no te preocupes, no es tu culpa. Además, no es como si el Capitán fuera a desaparecer, ¿no? Digo, él está al servicio de tu padre y del imperio y por alguna razón está en este palacio, ¿cierto?

-Sí. Así es. Él es la mano derecha del General Drake. Seguramente sigue con él. Y no se inquiete, estoy seguro que podrá hablar con él en algún momento del día.

-¿Tú crees?

-Sí, por supuesto. El Capitán Allen es realmente muy accesible y amable. Además es atento y un excelente soldado. He oído maravillas de él.

-¿De verdad? –Inquirió Jaime curioso, cambiando su ceño fruncido por una sonrisa emocionada-.

-Sí. Y tan sólo hay que ver lo que hizo en la mañana. Fue impresionante. Nadie lo vio venir. De repente ya estaba corriendo entre su guardia para tomarlo en sus brazos. El Capitán prácticamente lo salvó de golpearse contra el suelo. ¡Eso fue asombroso! Eso sólo demuestra lo hábil y fuerte que es el Capitán. Además, él mismo lo cargó hacia los aposentos. Y no se apartó de usted hasta que los médicos llegaron. ¡¿Ya ve por qué le digo que el Capitán es muy atento y amable?! Supongo que por eso es un allegado muy cercano del General Drake. Ambos son personas extraordinarias. Ojalá pueda hablar pronto con él. El Capitán apreciará mucho las intenciones que usted tiene para agradecerle. Él es muy humilde además. Y... -Deseó continuar, pero al proyectar su mirada sobre el rostro del príncipe ajeno, sus facciones demostraron sorpresa al verlo sonrojado, con su mano cubriéndose la boca y con su mirada concentrada en el suelo como si se obligara a retener alguna expresión-. Vaya... ¿acaso fue algo que dije? –Comentó impresionado por la cara tan radiante de Jaime-.

Jonathan tardó un poco en hablar nuevamente. No comprendió aquel gesto que el príncipe contrario concebía, pero le pareció tan tierno que se resignó a contemplarlo un poco. Le pareció tan agradable la cara que estaba poniendo el invitado, que él mismo terminó también ruborizado. Aquel gesto risueño del invitado le recordó inevitablemente la cara de un niño cuando recibe una sorpresa. De sólo pensarlo, se rio infantilmente, distrayéndose del momento y del lugar.

Aquellos momentos de recreación fueron probablemente un problema para Jonathan, pues no vio aquella colorida esfera de cristal que uno de los malabaristas había perdido en uno de sus actos. Desgraciadamente, ese brillante objeto tomó un rumbo bastante peligroso al dirigirse al rostro del príncipe más joven, quien yacía abstraído en su mundo y no vio el encuentro inminente.

En cuanto se percataron de la falla del artista circense, la gente alrededor no pudo evitar expresiones de alerta o asombro; lo que llamó inconscientemente la atención de Jaime, quien tuvo menos de un parpadeo para levantar la cabeza y observar el proyectil acercándose indiscriminado hacia la faz de su acompañante.

-¡Cuidado! –Exclamó Jaime levantándose de golpe, estirando ambos brazos para detener la esfera que no era más grande que su puño, pero que venía recia y certera-.

El príncipe de oriente logró su cometido. Protegió al menor del incidente, pero a un costo un poco irónico, pues al balancearse frente a Jonathan, éste se asustó por el movimiento y levantó sus piernas estropeando el camino a Jaime, quien encontró un obstáculo a sus pasos, provocándose un desequilibrio que prácticamente iba a terminar por derribarlo.

Sin embargo, bastaron algunos santiamenes para hacer entender a Jonathan su inocente irrupción, por lo que también extendió sus brazos intentando ayudar al príncipe, obteniendo en su lugar un peso extra que no pudo sostener. Terminando con ello, yendo al vacío junto a Jaime.

Inercial y graciosamente, ambos acabaron en el suelo, retorciéndose por intentar no lastimarse mutuamente o así mismos con aquel tropiezo innecesario y sin intención.

Evidentemente, el arrebato contrarió a todos los testigos. Todo se detuvo, de pronto ya no se oyó nada más que suspiros de asombro y algo de recelo. Rápidamente, hubo quienes se apresuraron a acomedirse a ayudar a la joven pareja luego de segundos de espera para ver el resultado de aquella caída. No obstante, y a pesar del relativo actuar de los presentes, el primero en reaccionar fue el propio Jaime, quien se levantaba un poco aturdido, pero completamente desatendido de lo que el accidente había provocado en la imagen de ambos.

Y no fue tan diminuto el escándalo que se suscitó entre los invitados al ver como el príncipe de Azunia yacía impúdicamente encima de Jonathan, quien permanecía con sus piernas abiertas y sus rodillas levantadas, enseñando su piel más allá de los muslos y con la entrepierna de Jaime apoyándose en medio de éstas. Por supuesto, el desdén dentro de los seguidores y adoradores del príncipe menor se hizo notar con expresiones mal entonadas hacia el noble de oriente.

-Eso... eso fue peligroso... -Expresó Jaime mientras se apoyaba sobre sus manos para levantarse-.

Y grande fue su embrollo mental al abrir sus ojos y tener frente a sí a un muchachito sonrojado, con su velo revoloteado, despegado de sus hombros y de su pecho, permitiéndole al resto del mundo verle su parcial desnudez, sólo cubierta por el tenue y volátil arreglo de su hábito y algunas joyas brillantes, de las cuales, la más llamativa se presentaba bajo el diseño de aquella esmeralda que pendía de su cuello.

Jaime notó el adorno, sí, pero sólo después de ver las condiciones del chico y su pudorosa posición. El carmesí en sus mejillas se intensificó dotándolo de una vergüenza impresionante. Entonces, inspirado por el bochorno, se puso de pie más rápido de lo que cayó, pero lo hizo justamente para ofrecer sus brazos y cargar al joven príncipe regresándolo a la suavidad de los cojines sobre la banca.

Ese gesto fue suficiente como para calmar las ansias de aquellos que miraban, quienes terminaron aceptando aquel suave trato que su dulce príncipe recibía, mostrando su aprobación con sesiones largas de aplausos y halagos bien intencionados, mezclados con frases de apoyo y felicitación.

-¿Estás bien? –Preguntó Jaime mientras recogía la capa que hasta recién cubría al joven Jonathan y todavía permanecía en el suelo -. ¿Te lastimaste? ¿Quieres que llame a alguien?

-N-no... No hay necesidad. Estoy bien. ¿Usted se encuentra bien? Creo que lo hice tropezar.

-No te preocupes. Fue un accidente y estoy perfectamente bien. No me pasó nada. –Contestó mientras extendía la tela y con ella cubría la cabeza y el cuerpo de su nuevo amigo-.

-¿Qu-qué... qué hace, su majestad? –Inquirió Jonathan sonrojado hasta la nuca, cubriéndose sutilmente la boca y agachando su mirada-.

-¿Qué? ¿Qué hago de qué? Nada, sólo quiero ayudarte con esto y... -Quiso explicarse, pero unos aplausos, risas y silbidos más entonados lo interrumpieron-.

Inevitablemente viró hacia la fuente de aquellos marcados festejos y casi se atraganta al observar al propio emperador y su comitiva siendo bastante expresivos en sus muestras de aprobación. Con ello, más aplausos se colaron de entre los testigos más cercanos. De un momento a otro, aquel lugar se llenó de regocijo y felicidad desenfrenada. La fiesta se reinició, La música, el baile, todo volvió a su esplendor, incluso más llamativo y jocoso.

-¿Qu-qué...? ¿Qué fue lo que hice...? –Se interrogó Jaime, soltando la tela que todavía conservaba entre los dedos-. ¿Por qué...?

-¡FELICIDADES, QUERIDOS PRÍNCIPES! –Oyeron a alguien de los asistentes-.

-¿Qu-qué...? ¿Qué sucede? –Inquirió Jaime un poco confundido, mirando a su alrededor cómo la gente se exaltaba cada vez más-.

-¡QUÉ HERMOSOS SON! –Oyeron de un lado-.

-¡QUÉ VIVAN LOS PRÍNCIPES! –Oyeron del otro extremo-.

-¡QUÉ VIVAN! –Alguien gritó entusiasta-.

-¡SON ADORABLES! –Se escuchó entre los espectadores-.

-¡¿QUÉ ESPERA, SU MAJESTAD?! ¡BÉSELO! –Ambos muchachos escucharon el comentario, estremeciéndose de sólo pensar en la idea-.

-¡SÍ! ¡BÉSELO! –Alguien más coreó atrayendo el apoyo de los otros presentes-.

-¡SÍ! ¡QUE LO BESE, QUE LO BESE, QUE LO BESE! –Todos comenzaron a exclamar-.

-¡BESO, BESO, BESO! –Decían otros, aumentando la insistencia del público entero-.

-¡¿Qu-qué...?! ¿Be-be-besarlo...? –Musitó Jaime dudoso, sonrojándose en el proceso, percibiendo aquella presión que las risas y aplausos de todos alrededor estaba aumentando-. Pe-pero... ¿Por qué tan de repente?

-Es-es-es... Es por lo que hizo, su majestad... -Murmuró Jonathan todavía con su rostro agachado, pero con su mano sujetando las prendas de Jaime para llamar su atención-.

-¿Qué? ¿Qué cosa? –Preguntó el invitado, redirigiendo su presencia a la figura intimidada del joven príncipe, quien no soltaba la ropa de Jaime y comenzaba a tartamudear-.

-Pu-pues... Es que... Usted... Usted cu-cu-cubrió mi cabeza... Cubrió mi cabeza con el velo... -Respondió Jonathan bastante nervioso-.

-Sí, bueno... ¿Y qué con eso? ¿Estuvo mal? Sólo quería ser amable, yo no quería ofenderte o ¿por qué nos piden el beso...?

-N-no... No-no-no... no me ofendió... Más bien... Aquí... eso... Bueno... El cubrir la-la-la cabeza de alguien con un velo... es... bueno... Eso sólo lo hacen... las-las-las... las pa-pa... parejas enamoradas...

-¡¿Qué?! –Exclamó Jaime contrariado, apenado incluso por la confusión que provocó-.

-Es-es-es-es... una muestra de cariño entre dos personas que-que-que... que se quieren... -Terminó Jonathan por explicar, adornando su rostro con un tono carmesí que le cubría incluso las orejas-.

-¡No, por favor! –Exclamó Jaime irónico, suspirando por el embrollo en el que los había metido a los dos-.

-¡¿QUÉ ESPERA, SU MAGNIFICENCIA?! ¡NO SEA TÍMIDO, NO SE PREOCUPE POR MÍ, YO LE DOY PERMISO DE MOSTRAR SU AFECTO! –Oyeron ambos chicos para el colmo de la situación, virando hacia donde aquella voz era replegada, teniendo a su vista al propio emperador, quien agitaba sus manos e insistía gustoso con su petición-. ¡VAMOS, TIENE MI COMPLETA APROBACIÓN! ¡BÉSELO! –Repitió provocando un furor más intenso entre los asistentes-. ¡BÉSELO!

-¡QUE LO BESE, QUE LO BESE, QUE LO BESE! –Se oyó en cada rincón de aquel patio-.

-¡Por Alá...! –Musitó Jaime de verdad contrariado-. ¿De verdad tengo qué...? –Susurró para sí mismo, evitando causar más inconvenientes de los que él mismo sentía-.

"¿Y ahora? ¿Ahora que voy a hacer?" Pensó bastante preocupado y más cuando al regresar su mirada, observó el inquieto y bochornoso estado en el que Jonathan se había sumergido. "Alá, esto no pinta nada bien..." Concluyó pasando saliva, queriendo tener al menos una idea para desafanarse de esa comprometedora situación. No obstante, su pausa llegaba al límite y los gritos alentadores no hacían más que aumentar.

Aquellos coreos y exclamaciones festivos se alzaban holgados y bastante reveladores. Se oían desde las afueras de las murallas, desde los cobertizos, las bodegas, los graneros, las caballerizas, el resto de los patios y por supuesto, desde la entrada posterior del palacio. Ahí dónde arribaban los encargos y la servidumbre entraba para comenzar sus labores. Evidentemente, esas mismas puertas eran las que ahora recibían a los gladiadores contratados.

Pasaron el control de los primeros guardias y mientras esperaban por aquel que había buscado sus servicios, Slade se ocuparía de bajar su preciada mercancía.

-Ya fueron a buscar al Capitán. Esperen aquí. –Uno de los guardias aclaró al promotor malhumorado, quien asintió una vez se bajó de la carreta-.

Se dirigió pues, a la parte trasera de su transporte, conservando entre sus manos las dichosas cuerdas con las que atajaría y controlaría a sus muchachos.

En cuanto sintieron la carreta detenerse, Damian y Jason dejaron de abrazarse, ahora sólo aguardaban ver al promotor para que los atara y los bajara bajo su custodia. No esperaron mucho para eso.

-¿Ya ven? Les dije que no estábamos muy lejos. –Anunció Slade mientras retiraba el candado y las cadenas de las rejas-. ¡Y miren dónde los he traído! ¡Ni más ni menos que al mismísimo palacio real! –Acotó abriendo la reja-. ¡Somos afortunados, ¿verdad?! ¡Veremos a la familia imperial en persona y actuaremos para ellos! –Explicaba mientras le hacía una seña a Damian para que se acercara-. ¡Al parecer hay una enorme fiesta allí dentro! ¡Y ya que pediste comida, quizá te den un poco si les das el espectáculo que esperan! ¡Sería fantástico comer algo de buena cali...!

-¡Por el amor a todos los dioses que existen, ¿por qué estás hablando tanto?! –Expresó Damian en un tono fastidiado-.

-¡Vaya, uno que quiere ser amistoso y lo tratan así! –Replicó Slade bufonamente mientras pedía al menor que extendiera las manos-. Sólo decía que...

-No, no decías nada. Al contrario, necesito que escuches. –Habló el muchacho, extrañamente más obediente que de costumbre, estirando los brazos para que Slade pudiera enrollar al cuerda en sus grilletes-.

-¿Y qué con esa actitud? ¡Qué raro que no estés refunfuñando! –Expresó sorprendido por aquella actitud servicial-. ¿Acaso ya vas a portarte bien por el bien de mi preciado muñeco? –Inquirió dirigiendo su mirada Jason, quien todavía yacía arrinconado en la carreta-.

-De hecho sí... -Contestó Damian arrimándose un poco para que su cuerpo se atravesara a la vista de Slade-.

-¿Qué? –Preguntó el promotor bastante confundido por aquella respuesta y más por ver la faz del muchacho frente a sí tan repentinamente-.

-Bueno... En realidad quería pedirte algo. –Anunció Damian bajando lentamente de la carreta, sobresaltando a Slade, quien todavía no había terminado de enrollar la cuerda y temió fervientemente que el muchacho huyera-.

-¡Espera, ¿qué haces?! –Le reclamó apresurándose a terminar su amarre-.

-No me iré. No al menos que me concedas algo. –Continuó Damian diciendo, volteando hacia Jason para pedirle que también bajara-.

-¡¿Qué demonios?! ¡¿Concederte algo?! ¡¿De qué hablas?! –Preguntó Slade un poco nervioso por ver a Jason acercarse y tener vivas intenciones de bajar-. ¡No, espera! ¡No te muevas, no he dicho que bajes! –Le ordenó desatendiendo a Damian, quien en cuanto tuvo a Jason a su lado, levantó su mano tomando la de él-.

-No iremos a ningún lado, no huiremos.

-¡¿Qué?!

-Obedeceremos todo lo que dispongas para nosotros siempre y cuando cumplas con mi pedido. –Confesó Damian enseriando su voz y perfilando su brillante mirada-.

-¡¿Qué rayos?! –Exclamó Slade de verdad confundido-. ¡¿De qué maldita sea hablas?! ¡¿Cuál pedido?!

-Slade, tú sabes que te odio con todo mi ser y no lo puedo negar ni ocultar, pero incluso yo sé que si ambos nos asociamos, podremos sacar ventaja el uno del otro. –Enunció seco, decidido y sin inferencias, dejando a un atónito amo que no comprendía del todo aquellas palabras-.

-En serio, ¡¿qué?! ¡No entiendo! –Exclamó Slade más atrofiado en aquella conversación-.

-No hay mucho que entender, así que seré directo contigo. –Habló el muchacho ayudando a Jason a bajar mientras se posicionaba frente a él, cubriéndolo con su cuerpo de alguna interacción con Slade-.

-¡Oye, no! ¡¿Qué haces?! ¡No dije que bajaras! –Regañó Slade bastante contrariado por esa falta-. ¡Ven aquí! –Orden a Jason, pero debió detenerse al enfrentar a Damian y su postura protectora-.

-No hay mucho que entender... -Aprovechó Damian la duda de Slade para seguir hablando-. Lo que quiero decir es que si deseas obtener más riqueza de la que nunca imaginaste, yo te ayudaré a obtenerla... -Confesó llamando considerablemente la atención del hombre del parche, quien respondió a ese comentario con una mueca incrédula y bastante repelente-.

-¿De verdad, mocoso? –Expresó Slade sumamente despreciativo y burlón-. ¿Y cómo rayos piensas hac...?

-¡Pero a cambio...! –Damian interrumpió inmediatamente al anciano tuerto con su timbre recio y asertivo-. ¡A cambio quiero que me des a Jason como esposo! –Expresó breve y sin miramientos, completando su propuesta con un paso adelante, jalando al ojiturquesa consigo, casi intimidando a un impresionado promotor que no concebía lo que escuchaba-.

-¿Qu-qué...? –Atinó Slade a decir como consecuencia de su recelo e incredulidad-.

-¿Acaso además de medio ciego, eres sordo? –Inquirió decidida e imperiosamente Damian, apretando el agarre que conservaba sobre la mano de su compañero, quien mantenía su vista baja y su cuerpo oculto tras la espalda del ojiverde-.

-¡¿Qu-qué?! ¡No me faltes al respe...!

-¡Esposo! –Repitió imperturbable, pero recalcando su elección con su tórrido y seguro tono de voz, cortándole el alegato de Slade, provocándole una mueca todavía más representativa a la confusión-. ¡Dije que quiero que Jason sea mi esposo!

Continuará...

Nota: Hola a todos, les recuerdo humildemente que hay una página en Face donde subo dibujitos referentes a los fics que escribo. No olviden darse un rol por ahí. La página se llama DC Magic Fic. Los espero. 

Nota 2: Alguien me dijo hace un par de días que no comentaba porque le daba vergüenza lo que yo fuera a pensar, así que con toda la confianza del mundo, ustedes comenten. Saludos. 

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