Joya 7

-¡¿Quién fuera usted para ver las tierras extranjeras, amado Príncipe?! –Uno de los invitados le exclamó a Jonathan-. ¡Y pensar que se irá tan lejos! –Le dijo sonriente, sin realmente empatizarse con los verdaderos sentimientos del segundo hijo del emperador-.

-Cierto... -Musitó Jonathan por amabilidad, pero sin dejar de sentirse contrariado con todo aquello-.

-Además, si me permite la franqueza, su Majestad, su prometido parece ser un buen partido y bastante digno para protegerlo a usted y al imperio. ¡Usted muy afortunado! ¡El príncipe Jaime es de verdad muy atractivo y muy querido entre su séquito, además de rico y poderoso! ¡Sin mencionar que...!

-Perdón... -Interrumpió Jonathan sintiéndose incómodo con aquellos comentarios-. Creo que mi padre está llamándome... -Acotó reverenciándose y dando media vuelta para alejarse enseguida-.

Al hombre no le quedó de otra que regresar la reverencia y dejar ir al muchacho. Sólo le alcanzó la vista para mirarlo acercarse al emperador y dar por terminada su charla. Por su lado, Jonathan puso por delante sus falsas intenciones. Si se acercó a su padre fue solamente para decirle que se retiraría a los baños para refrescarse un poco. Esa excusa le daría el tiempo suficiente para darse un respiro y calmar sus ansiedades. Sin embargo, apenas se distanció unos cuantos pasos de la aglomeración, cuando una mano brusca le atajo el brazo deteniéndolo.

-¿A dónde crees que vas? –Jonathan escuchó una voz detrás de su nuca al tiempo de sentir su brazo ser jaloneado-.

-¿Co-Conner? –Inquirió Jon al mirar quién le había detenido su huida-.

-¿Qué demonios estás haciendo? –Demandó Conner al apretujar la piel del menor-.

-¡¿Qué... qué haces?! –Indagó el menor sorprendido por el arrebato, sintiendo desagradablemente cerca a su hermano que no se contentó con sujetarlo, sino que comenzó a arrastrarlo discretamente de regreso a la fiesta-. Conner, suéltame. Me duele.

-Y te va a doler más si no vas ahora mismo con tu prometido y lo alejas de Tim. –Anunció Conner halando a su hermano a través de los invitados-.

Lo mantenía cerca para que no mostrar el agarre agresivo que sometía al segundo príncipe. Así también, le susurraba disimulando sus órdenes y su enojo. Con su sonrisa en el rostro, Conner llevó a Jonathan hacia la terraza pasando desapercibidos por el resto de la audiencia. Ahí lo depositó con un último tirón. Fue tan fuerte que el menor se golpeó con la cornisa.

-¡¿Qué te pasa?! ¡Eso me dolió! –Exclamó Jon frotándose la espalda-.

-¡¿A ti, qué te pasa?! ¡¿A dónde ibas?!

-¡¿Qué te importa?! ¡Déjame en paz! –Reclamó Jonathan empujando inútilmente al primer príncipe, queriendo abrirse paso para volver al salón-.

-¡¿Qué, no me oíste?! –Exigió Conner recapturando agresivamente el brazo de Jonathan, acorralándolo con un movimiento cortante contra la cornisa-.

-¡Conner, basta! ¡Me lastimas! –Exclamó mientras forcejeaba un poco para liberarse-.

-¡Te dije que fueras a buscar a tu prometido para apartarlo de Tim! –Repitió Conner sacudiendo al muchacho-.

-¡¿Qué?! ¡Qué tontería! ¡No voy a hacer eso! ¡Y suéltame! –Habló Jon incrementando su lucha-.

-¡Sólo haz lo que te digo! ¡Ve y seduce a ese príncipe, que ése es tu trabajo! –Ordenó jalando a Jon, proyectándolo en la dirección donde Jaime y Tim aguardaban del otro lado de la terraza-.

-¡¿Qué?! ¡No me hables así y no voy a hacer eso! –Rechazó Jon atorando sus pies, deteniéndose ante las exigencias de Conner-.

-¡Con un demonio, Jonathan, haz tu trabajo! –Pidió empujándolo nuevamente-.

-¡Dije que no y deja de molestarme! –Anunció frunciendo el ceño-.

-¡Jonathan! –Exclamó tomando al muchacho de la ropa-. ¡Aquel príncipe es tu responsabilidad! ¡Ve a buscarlo para que deje a Timothy tranquilo!

-¡Suéltame! –Exclamó queriendo liberarse-.

-¡Ve!

-¡NO! ¡Ése no es asunto mío! ¡Si el General Drake no quiere estar contigo es muy tu problema!

-¡No digas estupideces! ¡Tim sí quiere estar conmigo, pero está ocupado atendiendo a tu prometido, así que ve y entretenlo tú!

-¡No lo haré! ¡Y no digo estupideces! ¡El General te detesta y no quiere saber de ti!

-¡No es cierto!

-¡Sí es cierto! ¡Él no te soporta, por eso ha pasado todo el día lejos de ti!

-¡Claro que no y sólo obedece lo que te estoy ordenando!

-¡Claro que es cierto! ¡Es tan obvio que todo el mundo aquí se burla de ti y de tus extraños y humillantes intentos para acercarte a él! –Habló socarronamente, molestando adrede, buscando desquitarse por ese trato abusivo que Conner le daba-.

-No es cierto. –Contestó el mayor entre dientes-.

-¡Sí lo es! ¡Él te desprecia, no te quiere y jamás se fijará en...!

-¡Que no! –Exclamó Conner abruptamente justo antes de abofetear Jon, quien terminó cayendo al suelo por el impulso-.

-¡Príncipe Conner! –Ambos hijos escucharon aquella exclamación a algunos pasos de sí-. ¡¿Qué se supone que hace?! –Oyeron mientras aquella silueta se dejaba ver clara al salir a la terraza y llegaba apresurada junto a ellos-.

-¡Capitán! –Exclamó Jonathan en tanto Conner fruncía el ceño y bufaba ofendido-.

-¿Se-se-se... se encuentra bien...? –Preguntó Bart dirigiéndose a Jon, acercándose mientras se agachaba para ayudarlo a levantarse-. ¿Se... se lastimó? –Inquirió un poco dudoso, pues sentía a sus espaldas la mirada furiosa de Conner, pero por nada en el mundo permitiría un hecho parecido, así que resistió sus ansias hasta que el menor de los príncipes se hubo puesto en pie-

-No... Estoy bien, no me pasó nada... -Musitó Jonathan mientras se frotaba la mejilla adolorida-.

-Bart, no te inmiscuyas en asuntos familiares. Esto no te concierne. Ahora, lárgate... -Declaró Conner develando su fastidio, adelantando un paso para apartar a Bart con un empujón y volver a sujetar a Jonathan del brazo-.

-¡No! ¡Suéltame! –Exclamó el menor apenas se vio atrapado nuevamente-.

-¡Príncipe Conner, está lastimándolo! –Anunció Bart queriendo liberar al más joven-.

-¡Vete, Bart, esto no es tu problema! –Explicó Conner avanzando mientras arrastraba a Jon con él-.

-¡No, ya basta! ¡Suéltame! –Reiteró Jonathan alzando un poco su voz-. ¡No quiero hacerlo! ¡Déjame!

-¡Mi príncipe, por favor, déjelo! ¡Lo lastima! –Expresó Bart alcanzándolos, logrando interceptar su marcha, colocándose justo frente a Conner-.

-¡Qué necio! –Acusó Conner realmente molesto y ansioso por ya no tener más interrupciones-. ¡Dije que te largaras! –Terminó por gritar, adornando su arrebato con un puñetazo bastante inesperado y fuerte en el rostro del pelirrojo, cuyo zarandeo lo hizo besar el suelo-.

-¡¿Qué pasa?! –Se oyó una tórrida voz junto con algunas zancadas muy marcadas y apresuradas-. ¡¿Su majestad?! –Inquirió Timothy, quien escuchó aquella voz inconfundible desde el otro lado de la terraza-. ¡Allen! –Exclamó al ver la escena completa con Conner y su puño alzado y al joven capitán en el suelo-. ¡¿Qué rayos está sucediendo aquí?!

Conner levantó su mentón mostrándose altanero, pero triunfante en el próximo acercamiento que tendría con el General.

-No pasa nada. Bart se puso de impertinente. –Dijo el primer príncipe en tanto sus dedos liberaban a Jonathan y se preparaba para encaminarse junto a Timothy-. Yo...

-¡¿Golpeó al Capitán Allen?! –Interrumpió Timothy mientras se agachaba para asistir a Bart, quien trataba de reincorporarse-. ¡¿Por qué?! ¡¿Qué fue lo que le hizo?! –Preguntó en el instante de dirigirle una mirada acusadora al perpetrador del drama-.

-Yo... -Balbuceó Conner, sintiendo cierto malestar al atender sobre sí aquellos ojos menospreciativos del General-.

-Luego hablamos... -Volvió a interrumpir-. ¿Estás bien? ¿Qué fue lo que pasó? –Demandó a Bart al verlo sentarse y sostenerse la cara entre sus manos-.

-S-sí... sí estoy bien... -Respondió duramente el pelirrojo, pues el golpe le había dolido y como si no tuviera suficiente, la nariz comenzó a sangrarle-.

-Yo creo que no... -Musitó Tim mirando el diminuto hilo de sangre que lograba filtrase entre los dedos de Bart-. Te llevaré a los baños... -Dijo ayudándole a levantarse-.

-N-no... yo estoy bien... yo...

-¡Nada, yo te llevaré! –Insistió Tim acomodándose para que Bart pudiera recargarse en él-.

-¡¿Todos están bien?! –Preguntó Jaime llegando instantes después que Tim-. ¡¿Qué pasó?! –Inquirió alarmado en cuanto vio a Jonathan entre todos ellos-. ¡Su majestad Jonathan, ¿se encuentra bien?! ¿Por qué estaban gritando y...? –Pero no pudo completar su pregunta-.

El príncipe de oriente se quedó atónito nada más ver al resto de los involucrados. Entre los cuales, yacía aquel muchacho que tanto buscó no sólo en sueños, sino desde esa mañana que lo vio tan real como la escena que ahora contemplaba-.

-¡Su majestad, le pedí que se mantuviera alejado! –Reclamó Timothy escuchando la voz de Jaime-. Es por su seguridad... Y...

-¡No pasa nada! –Intervino Conner apresurado, pues si no decía nada, la oportunidad que había estado buscando se le escaparía de entre los dedos-. ¡Ya dije que Bart, digo, el Capitán Allen, se puso un poco ruidoso y quiso pasarse de listo! ¡Me faltó al respeto al inmiscuirse en una conversación que tenía con mi hermano! ¿No es así, Jonathan?! –Preguntó dirigiéndose al menor, buscando obviamente algo de apoyo-.

-Pu-pues... -Dudó Jon sintiéndose intimidado-.

-¡Vamos, diles! ¡Una ofensa así no puede pasar desapercibida! ¡El Capitán me faltó al respeto y tenía que castigarlo! ¡No había otra opción!

-¡¿Es eso cierto, Capitán?! –Demandó Timothy al acusado, pero éste, por alguna razón, atinó a agachar su rostro y desviarlo lo más que se pudiera, hundiéndolo todavía más entre las manos que insistían para evitar a la sangre regarse por todas partes-. Capitán Allen, le estoy hablando. –Reiteró, pero al verlo un poco indispuesto, dejó inmediatamente de reclamar-.

-¿Lo ves? Se queda callado porque sería un cínico si se atreviera a refutar la verdad. –Acotó Conner despectivo y desdeñoso-. Así que le exijo, General Drake, le dé un escarmiento propio de su falta... -Completó seguro de sí-. Yo sugiero al menos siete días en prisión o...

-¡Por Alá! ¡Estás sangrando! –Interrumpió súbitamente Jaime, rodeando a Timothy, interponiéndose entre Conner y él para postrarse frente al pelirrojo-. ¡Necesitas atención! –Exclamó en tanto se acercaba más de lo necesario a Bart-. ¡Déjame ver! –Dijo tomando las manos del muchacho para apartarlas y permitirse el ver la causa del sangrado-.

Y aunque Bart se resistió un poco a alzar su mirada, debió hacerlo obligadamente al atender el cuestionamiento de aquella presencia inusual dentro de su espacio. Y al posar sus ojos sobre aquellos cafés del príncipe que había ayudado esa misma mañana, ya no se sintió capaz de evadirlo más tiempo. Había sido un desperdicio tratar de ignorarlo desde que lo oyó al aparecer repentinamente. Ahora él estaba ahí, frente a él, tocándolo, rompiendo con todos los protocolos existentes en cuanto a las relaciones diplomáticas.

Dentro de la cabeza de Bart nacía la disyuntiva. Si bien era cierto que él también rompió varias reglas al acercársele al príncipe cuando éste se desmayó; no era lo mismo el ser acomedido con su deber como guardián del imperio, que ser atendido y tocado por el prometido del segundo príncipe de ese mismo imperio que trataba de proteger. Sin embargo, al cruzar miradas con él, se sintió a sí mismo tan vulnerable y débil, como si ahora él quisiera desmayarse para ser sostenido por ese hermoso ente que tocaba sus manos sucias. "¿Sucias?" Pensó Bart de repente. "¡Cierto! ¡Estoy sucio! ¡El príncipe se ensuciará y yo...! ¡No, ¿en qué demonios estoy pensando?!"

-¡No, por favor, su Majestad! –Exclamó Bart agitando sus manos para hacerse soltar-. ¡Se ensuciará! –Añadió dando un paso hacia atrás mientras volvía a taparse a la cara-.

-Pero... -Musitó Jaime percibiendo cierta aflicción a ese movimiento que se había sentido como un rechazo-.

-¡No se moleste, su Majestad! –Habló Conner todavía enfurruñado por la afrenta-. ¡El Capitán Allen estará bien! ¡Es sólo que le gusta ser el centro de atención, ¿no es así?! –Inquirió dirigiéndose al pelirrojo, quien permaneció silente e intimidado-.

-Pero aun así... -Insistió Jaime avanzando un paso para aproximarse a Bart, quien no temió alejarse rotundamente de la imponente presencia del príncipe de oriente-. Creo que... -Murmuró un poco aprensivo por ver al muchacho alejarse de él-.

-¡No se preocupe, su Majestad! ¡Estaba por llevarlo a los baños para que pudiera limpiarse y calmarse un poco! Yo me encargaré. –Anunció Timothy comprendiendo de manera superficial lo que estuviera resintiendo su amigo-.

-¡¿Qué?! ¡No! –Interrumpió Conner al darse cuenta de su error y de lo que había provocado-. ¡Que lo lleve alguno de los sirvientes! ¡No es necesario que tú te ocupes de estas cosas! ¡Bart no es prioridad y tú...!

-¡YO... yo soy su responsable! ¡Y si usted, querido príncipe, dice que el Capitán Allen le faltó al respeto, yo mismo me encargaré de él, así que no tiene de qué preocuparse que yo mismo y en persona salvaguardaré su honor! –Adjudicó con el ceño fruncido, lanzando la peor de las miradas hacia Conner-. Así que si nos permiten... Sacaré al Capitán de aquí. –Habló tomando del brazo a su amigo, despidiéndose con una sutil reverencia de los otros dos-.

-¡¿Qué?! ¡No hablarás en serio! –Refutó Conner de verdad ofendido-. ¡Bart puede cuidarse solo! ¡No te vayas! –Imploró atajando a Tim del brazo-.

-Es mejor que me sueltes si no quieres que haga un verdadero escándalo. –Murmuró Timothy en la intimidad de la cercanía mientras rechinaba sus dientes y se tragaba la ira que iba en aumento-.

-¿Qu-qué...? Tim, pero...

-¡No hay "peros"! ¡Suéltame!

-¡No, pero Tim, yo quiero hablar contigo y...! –Solicitó un poco desesperado-.

-¡No soy "Tim"! ¡Soy el General Drake para usted, príncipe Conner! Y ahora estoy en servicio, así que si me disculpa, debo llevar al Capitán a un lugar más tranquilo para que pueda regañarlo por haberlo ofendido. –Reveló irónico, ya bastante molesto, agitando su brazo para liberarse, comenzando así, su travesía para abandonar la terraza-.

-No, Tim... -Susurró Conner mientras percibía su descontrolada furia apoderarse de él-.

"Juro que esto no voy a olvidarlo, Capitán..." Pensó el primer príncipe mientras se ahogaba en su furia, justo antes de dar media vuelta, lanzar una mirada obscura a los dos prometidos, de quienes sólo recibió la mirada de Jonathan en respuesta, pues Jaime dedicó sus sentidos a vigilar los pasos del herido e ignorar todo lo demás. Conner ya no se detuvo a dar más explicaciones o palabras innecesarias. Atinó a bufar justo antes de emprender su marcha para alejarse de todo el mundo en aquella fiesta. Por supuesto, al sentirse aprensivo y ofendido, tomó el camino contrario a los dos militares que se encaminaban cada vez más fuera de la vista del príncipe invitado y del anfitrión.

Al verlos partir, Jaime no deseó perder la oportunidad que ese fortuito encuentro le regaló para ver al dichoso personaje de su sueño.

-¡Yo...! –Quiso Jaime expresar, pero la dulce y calentita mano de Jonathan lo detuvo en el acto-.

-Perdón... -Susurró Jon dulcemente-.

-¿Qu-qué...? –Inquirió Jaime atendiendo obligadamente aquella vocecita que lo incitaba a mostrarse amable, pero también nervioso debido a la premura por no perder de vista a esos dos soldados-. ¿"Perdón"? –Repitió aún sin despegar su mirada de Timothy, quien trataba de hacer avanzar al pelirrojo y que paulatinamente se internaba de regreso entre la multitud-.

-Disculpe por esta puesta en escena. No quise molestar. –Respondió Jon colocándose a un lado del príncipe de Azunia-.

-¿Mo-molestar? ¡No, absolutamente no! Es que el General oyó que alguien se peleaba y quiso venir a ver y... ¡Pe-pero... ¿A dónde se lo lleva?! –Jaime cambió el tema de repente-.

De su cabeza no salía el haberse rencontrado con aquel chico que le había robado el corazón y aunque pareciera infantil, no albergaba intención alguna que le diera pauta a alejarse de él.

-Seguramente irán a que el Capitán se lave un poco y...

-¡Quiero ir con él! –Exclamó Jaime ansioso, tomando imprevistamente la mano de Jonathan-. ¡Por favor, llévame a donde ellos se dirigen! –Le pidió al menor quien abrió los ojos estupefacto por la petición-.

-¿Qu-qué? –Habló Jonathan incrédulo de lo que escuchó-.

-¡Por favor, vamos! ¡Ya no los veo! –Acotó Jaime perdiendo de vista a los susodichos, quienes se internaron entre la gente y camuflaron su presencia-. ¡Vamos! –Terminó anunciando al tiempo de internarse en la algarabía de la fiesta con Jonathan de la mano, quien no tuvo ciertamente un instante para negarse o preguntar la razón de semejante exigencia-.

Mientras eran perseguidos, Timothy se encargó de llevar a Bart lo más rápido posible a las afueras del salón. Se las arregló de manera eficiente para no llamar la atención. Aunque no era realmente necesaria tanta confidencia, pues dos simples soldados no serían del interés de aquellas fastuosas y superficiales personas. Por lo que Timothy pudo relajarse a medida que salía de la fiesta.

-Lo-lo... lo siento... -Habló Bart con su nariz congestionada y su boca cubierta con sus manos-.

-¿Qué? –Inquirió Timothy mientras se encaminaban entre los pasillos solitarios del palacio-.

-Dije que lo siento... -Repitió el pelirrojo-.

-¿Sentirlo? ¿Qué cosa? –Preguntó, pero sin dejar de avanzar-.

-Haber interrumpido así...Yo...

-¡Ni que lo digas, Bart! ¡Al contrario, yo debo agradecerte por sacarme de ese lugar! ¡Me estaba aburriendo a morir entre esa gente! –Exclamó mientras dirigía al muchacho hacia una de las habitaciones allegadas del corredor-.

-Pe-pero...

-Y no te preocupes por lo que dijo Conner. ¡Por supuesto que no te castigaría por decirle sus verdades a ese acosador! Porque eso fue lo que pasó, ¿cierto? –Indagó Timothy en tanto atravesaban otra puerta-.

-Pues...

-¡Dime! ¡¿Qué fue lo que sucedió?! ¡Y no te guardes los detalles! –Preguntó entusiasmado al tiempo de revelar el lugar que había escogido para hablar-.

-Es que...

-Espera... Siéntate aquí. –Exclamó Timothy ayudando al pelirrojo a reposarse sobre la orilla de la única pila de agua que se encontraba en los límites del jardín trasero del palacio-. Ahora déjame ver... -Le pidió en tanto le indicaba que bajara las manos-.

-¿Se ve muy mal? –Preguntó Bart mostrando el desastre que llevaba en el rostro-.

-Pues... No mucho. ¡Oye! –Gritó de repente, llamando a uno de los sirvientes del lugar-. ¡Por favor trae algunos paños limpios! –Le pidió justo antes de tomar la cabeza de Bart y hacerla hacia atrás-.

Aquel sirviente asintió amablemente y desapareció de sus vistas para cumplir el mandato. Eso le dio tiempo a Timothy de revisar las circunstancias reales en las que Conner había dejado a su amigo.

-No deja de brotar la sangre... -Musitó un poco preocupado-. ¿Te duele?

-¿Te enojarás si te digo que sí? –Contestó Bart sonriente-.

-Sí, sí me enojaré.

-Ya veo. Entonces no me duele. –Respondió evasivo-.

-Entiendo. ¿Y si hago esto? –Preguntó Tim mientras sus dedos sujetaban la nariz del pelirrojo y la estrujaban reciamente-.

Por supuesto, la única reacción aparente, fue un grito ensordecedor del Capitán. Con ello quedó claro la verdadera situación del pelirrojo.

-Bueno, es claro que Conner no estaba jugando.

-¡Lo-lo-lo siento, pero es que el príncipe Conner golpeó a su hermano y le estaba gritando! –Respondió Bart sin mesurar su voz, que no hacia otra cosa que tratar de disipar el terrible dolor que aún sentía-. ¡Yo sólo le pedí que se detuviera y es que estaba lastimando al príncipe Jonathan! ¡Yo en ningún momento le falté al respeto, lo juro! –Alegó Bart con algunas lagrimillas en sus ojos, pues el dolor era bastante intenso-. ¡Sólo le rogué que soltara al príncipe, sólo eso!

-Lo sé. Te creo. Sé que jamás harías algo que fuera en contra de las reglas de no ser necesario. Además, estoy seguro que Conner fue rotundamente culpable de todo esto.

-Le pedí que lo dejara y él me golpeó. ¡Juro que eso pasó!

-No necesitas jurarlo. Te creo.

-Y no estoy muy seguro, pero creo que quería hacer que el príncipe Jonathan apartara al príncipe Jaime para que te dejara solo y...

-Él pudiera abordarme, ¿no? –Completó Tim suspirando, también sentándose en la orilla de la pila-.

-Su-supongo...

-Cada vez está peor... Yo de verdad necesito alejarme de él. Parece que Conner está enloqueciendo con todo esto.

-Cierto... Incluso puede ser...

-Peligroso. –Volvió a completar el discurso de Bart-. Lo sé. También lo he pensado. Y eso me da un poco de miedo.

-¡Ni que lo digas! ¡Conner no es muy hábil para el combate, pero de verdad pega muy duro! –Exclamó mientras se acomodaba para acostarse sobre la orilla, apoyando su cabeza sobre las piernas de Timothy-.

-Es lo único bueno en él. –Musitó Tim aceptando el encargo de Bart-.

-Por cierto... Ya quedó arreglado tu evento de exhibición... -Añadió el muchacho cambiando el tema-.

-¿Qu-qué? ¿De qué hablas?

-¡¿Cómo que de qué hablo?! ¡¿Qué me enviaste a hacer?! –Exclamó Bart ofendido-. ¡Y a mí que me costó mucho cumplir con tus órdenes para que no valga nada mi esfuerzo y...!

-¡Espera, ¿hablas de la exhibición del ejército?! –Preguntó recordando la premura que su encargo tenía-.

-¡Sí! ¡Esa!

-¡¿Y qué conseguiste?! ¡¿Qué vas a hacer?!

-Arreglé un pequeño encuentro entre los soldados y algunos gladiadores. Se batirán en unas rondas de combate.

-¡¿Qué?! ¡¿Rondas de combate?!

-Sí. Fue lo único que pude organizar con tan poco tiempo. ¿No te gusta la idea?

-¿Bromeas? ¡Es perfecto! ¡Eso es algo tan natural e icónico del imperio que seguramente impresionará al príncipe Jaime! ¡Que por cierto, hablé con él y no resultó ser un cabeza hueca como el resto de los invitados de la fiesta! ¡Al contrario, parece muy inteligente y curioso de todo lo que lo rodea! ¡No es como esos eruditos que les gusta presumir, al contrario, me dio la impresión de ser un hombre bastante sabio y...!

Evidentemente, Bart dejó de escuchar a su General. En el instante de oír aquel nombre e imaginar su rostro, no concibió otro recurso que el permitirse el soñar despierto. De cualquier forma, para él fue inevitable no hacerlo. De alguna manera, un poco inexplicable, el pelirrojo había sido cautivado por esa presencia inalcanzable que lo hubo embelesado en el momento en el que lo vio subir por aquellas escaleras de la explanada. Para Bart, el tiempo se detuvo en el instante de saber de su existencia. Y aunque no pudiera hallar una razón apropiada para el acelerar de su corazón, no le molestaba en lo absoluto sentirse así de vulnerable y cosquilludo en cuanto atraía la imagen de aquel noble de oriente.

-Ojalá puedas hablar con él... -Añadió Timothy-. Creo que podrías simpatizar con él. No parece alguien elitista, sabes. Pienso que si quisieras entablar alguna conversación con él, él te lo permitiría. Aunque no sé muy bien de que podrían hablar. ¿O tú qué opinas? ¿Bart? –Inquirió al no escuchar una respuesta inmediata del muchacho que soñaba despierto-. ¿Bart...? ¡Bart! ¡Te estoy hablando! ¡Bart!

-¡¿Qué?! ¡¿Qué pasa?! –Exclamó el pelirrojo abandonando sus abstracciones-.

-Te estoy hablando del príncipe Jaime. ¡No me ignores! ¡¿En qué tanto piensas?! –Le reclamó al pelirrojo, quien no sabía dónde ocultar su rostro ruborizado-.

-¡¿Yo?! ¡Yo, yo... en nada en particular...! ¡Sólo... sólo... sólo pensaba en los sujetos a los que contraté y... y...! ¡Sí! ¡En eso pensaba! –Expresó obteniendo un tema de distracción-. ¡Que por cierto, llegarán en la tarde y no debes preocuparte por los detalles! ¡Les pedí a algunos chicos que me ayudaran a construir una pequeña arena en el jardín frontal! ¡Todo quedará listo para tu exhibición!

Timothy alzó las cejas observando el creciente nerviosismo de su amigo, así como el rubor que no hacía más que cubrir más espacio en la cara del menor. En su opinión, era la primera vez que lo veía de esa forma.

-Bueno... sí tú lo dices... Te creeré... -Comunicó cediendo al tema que Bart había sacado-. Y dime... ¿viste a los gladiadores? –Preguntó siguiendo la corriente-.

-¿Qué? N-no. Sólo vi a su promotor. Pero él me aseguró que darían un buen espectáculo, así que podremos esperar algo bueno para esta tarde...

-Sí tú lo dices... Está bien para mí. Aunque no creo encontrar algo especial entre esos gladiadores. Me conformo con que entretengan a los invitados y nos den unos buenos ratos para reír. –Habló sumamente despótico y desinteresado de los próximos esclavos que estaban por ser asaltados en su celda, sin imaginar que uno de ellos iba a hacerlo tragar su indiferencia-.

Indiferencia que Damian Y Jason hubieran querido conservar al menos el resto del día, pero que desgraciadamente, su dueño no iba a concederles, pues ya no podría retractarse de aquel trato que pactó esa misma mañana.

En lo que respectaba a los dos esclavos, ambos se dejaron llevar por su cansancio, en el caso de los dos, y por sus heridas y la necesidad de reponerse, en el caso de Jason, quien en cuanto cerró los ojos, ya no fue capaz de abrirlos nuevamente.

Su fatiga era tanta que no sintió cuando Damian se acorrucó discretamente a su lado y lo encerró cuidadosamente entre sus brazos. Ahora ambos dormían sin alguna distancia entre sus cuerpos. Jason veía hacia el muro dando la espalda Al ojiverde, quien se mostró aprovechado de las circunstancias y buscó un poco de consuelo al sentir el calor que la piel de Jason expedía. Con esa sensación en su cuerpo, Damian se acercó hasta terminar abrazándolo, acomodándose mientras copiaba la posición de su compañero y posaba su cara lo más cerca que pudo de su nuca. Luego, le bastaron unos minutos para conciliar el sueño. Sueño que no había podido obtener por estar recordando a su gran amor y sus bellas memorias.

Así pasaron bastantes horas. Las necesarias siquiera para que pudieran desconectarse del cruel mundo al que habían sido lanzados.

El Sol ya había comenzado a descender en el horizonte, así que era tiempo de ir a cumplir el encargo al que Slade fue sujeto. Evidentemente, encontrar a los gladiadores adecuados para su trabajo no fue fácil, pues no quería arriesgar sus inversiones, sin embargo, sí debía darle una lección a aquel Capitán presumido, sólo le quedaba una opción pertinente al hombre del parche. "Sé que ellos podrán darle el espectáculo que quiere y también sé que resistirán a los combates de mañana." Reflexionaba Slade mientras caminaba hacia el interior de las barracas. "Si hay alguien lo suficientemente fuerte como para cumplir esas expectativas, sé que ellos podrán hacerlo... Aunque no estoy seguro que no vayan a causar algún problema de alguna índole."

-Bueno... bastará con amenazarlos de alguna forma para que obedezcan y no me dejen en ridículo... -Murmuró llegando al corredor que lo llevaría al encuentro de aquellos dos-.

El promotor ya iba con su ceño fruncido. Se pasó más de una hora en buscarlos y sólo le sobraban aquellos parajes para revisar. Apostaba que ahí los encontraría. De ese modo se encaminó junto a sus ayudantes hacia lo más apartado de las barracas. No obstante, cuando arribó al final del sendero, casi se dobla de la risa al verlos en semejante posición. Ahí los encontró; abrazados, acorrucados, calentitos y despreocupados como si no hubiera un mañana y no fueran sólo unos esclavos.

-¡Oye, tú! –Gritó burlonamente, entrando a la celda y pateando aquel lecho de paja mientras sus cuatro asistentes lo esperaban afuera-. ¡No toques mi mercancía! –Acotó dirigiéndose exclusivamente a Damian, a quien sorprendió con los brazos rodeando a su nueva adquisición-.

Por supuesto, ambos muchachos se sobresaltaron al despertar. Damian se levantó primero seguido de Jason, quien se atrincheró un poco entre el muro y el ojiverde, cuya mano aún no retiraba de la cintura invadida de su amigo. Aquel toque incomodó ciertamente a Jason, pero no debió preocuparse mucho, pues Damian se disculpó inmediatamente y alejó su brazo sin mayor problema.

-N-no... no es lo que piensas... -Quiso Damian explicarse-.

-Tú... -Musitó Jason enfadado, y hubiera expresado su molestia, pero Slade se apresuró a acercarse hasta interrumpir-.

-¡Muy lindo, muy lindo! ¡A todos creí capaces de esta traición, pero a ti, jamás! –Exclamó el tuerto, acompañando su discurso con algunos sarcásticos aplausos-. ¡Damian, ¿qué te dije sobre tocar mis cosas?! –Le preguntó en el instante de patearlo directamente en el estómago, apartándolo consecuentemente de Jason, quien se arrinconó más cerca del muro-. ¡Vamos, cosita bella, no tengas miedo! –Señaló Slade estrechando la distancia entre él y el ojiturquesa-.

-¡¿Qué demonios quieres?! –Reclamó Jason retrayendo sus piernas-. ¡Lárgate si no quieres que te mate! –Dijo mientras se arrastraba torpemente a lo largo de su cama de paja-.

-¡Querido muchacho, como si pudieras hacerlo! ¡Y no sólo hablo del castigo que te darán por querer intentarlo! ¡Aunque puedes intentarlo, pero si no lo logras, juro que te partiré en dos cuando esté poseyéndote! –Habló mezquina y burlonamente, causando un escalofrío en Jason que lo hizo sudar-. Claro, si no es que los soldados te hacen pagar antes... -Acotó bufonamente-.

-¡Ni se te ocurra o juro que voy a arrancarte la cabeza! –Anunció Damian reincorporándose casi de inmediato, subiendo ágilmente una de sus piernas a la cama, bloqueándole inmediatamente el avance a Slade mientras se frotaba el golpe que le había dolido-.

Eso le concedió a Jason el tiempo suficiente para abandonar el lecho y ponerse de pie. En consecuencia, el sujeto del parche arrugó su cara mostrando su molestia.

-Bien... bien... bien... -Anunció levantando las manos en señal de rendición, alejándose paulatinamente de ambos muchachos-. Sólo bromeo... -Exclamó dedicando una sonrisa a medias-. Bueno, no, no bromeo. –Aclaró provocando el desagrado en ambos oyentes y la risa en el resto de los allegados-.

-¡Lárgate o te asesi...! –Exclamó Damian siendo interrumpido por la concesión del hombre barbón-.

-¡Pero! –Gritó Slade llamando la atención de todos-. No vine aquí exclusivamente por eso. Así que por el momento, pueden relajarse. No pienso tocarte, querido mío. –Dijo en tanto sus ojos se posaban sobre Jason y su expresión aprensiva-. En todo caso, al menos no hoy. Entonces... ¿por qué no mejor nos calmamos y hablamos un poco?

-¿Qué demonios quieres? –Preguntó Damian desconfiado, con su guardia todavía en alto-.

-Pues... verán... -Comenzó a hablar mientras se recargaba en el enrejado-. Surgió un trabajo y nos contrataron para realizarlo. Así que vine a buscarlos porque requiero que cumplan con ese encargo. –Explicó socarrón y cínico-.

Escuchar su propuesta, lejos de darles una explicación, los dejó con más cuestionamientos y más recelosos al respecto.

-¿Y qué? ¿No van a preguntarme de qué va el trabajo? –Inquirió Slade decepcionado por el poco entusiasmo-.

-No nos interesa. –Respondió Damian secamente-.

-Pero ni siquiera saben lo que tendrán que hacer.

-Viniendo de ti, no puede ser nada bueno.

-Pues no sé si sea bueno, pero definitivamente ganaré mucho dinero con él.

-Como ya dije; no nos interesa. Ahora lárgate que debemos descansar para mañana. –Habló enterrando su indiferencia en un molesto promotor que ya estaba perdiendo su paciencia-.

-Bueno... Damian, tú sabes... -Profirió ya con sus hombros tiesos-. Por si lo has olvidado, quiero recordarte que soy su dueño y puedo usarlos como a mí se me plazca. –Confesó sin muchos rodeos en su significado-. Así que si estoy aquí es para decirles del trabajo y explicarles lo que van a hacer. No estoy pidiendo sus opi...

-¡Dije que no! –Reiteró Damian volviendo el ambiente dentro de esa celda aún más tenso, llamando considerablemente la atención de los acompañantes de Slade, quienes comenzaron a gruñir enfadados por el trato que su jefe estaba recibiendo-.

-Escucha... -Quiso Slade retomar la palabra...

-¡No, escucha tú; no iremos a ningún lugar a gastar energías que no tenemos y que mañana podríamos usar para no morir en la arena! ¡Así que toma tu estúpida propuesta y métesela a alguno de tus asistentes! –Exclamó sórdido e intransigente-.

Slade atendió la respuesta y no le quedó de otra que soltarse a reír.

-¡Vamos, Damian, no es para tanto! –Le dijo todavía hilarante en su actitud-. Y si vine por ustedes es porque sé que podrán cumplir con el encargo y no morir mañana. Así que alístense, nos vamos de inmediato. –Anunció dando media vuelta, preparándose para salir de la celda-.

-¡No! –Añadió Damian rotundamente-.

-No es un favor, es una orden. –Señaló Slade perdiendo el buen humor-.

-Lo que sea que te hayan pedido de nosotros, no lo haremos. –Enunció Damian severo en su voz-. No vamos a arriesgar nuestra integridad justo antes de los juegos de mañana. Y tú debes estar loco como para haber aceptado. –Discutió-.

-Ya no hables y obedece.

-No. Y si tanta urgencia tienes por dar algo de entretención a los que te contrataron, ¿por qué no le ofreces a alguno de tus asistentes? Supongo que ellos pueden dar buenos ratos de placer, ¿no? Si a ti te lo dan, no creo que haya problema que los compartas con alguien más. –Señaló grosera y despectivamente-.

Evidentemente, su comentario sentó mal a los involucrados, quienes fruncieron sus entrecejos y estuvieron a punto de precipitarse dentro de la celda para desquitarse, pero un ademán de Slade los detuvo absolutamente.

-¡Qué curioso! ¡Pensé lo mismo cuando me propusieron el trabajo, pero no tiene nada que ver con eso! –Refutó el anciano volviéndose sobre sus pasos-. ¡Y lamento decepcionarte, por cierto! Creo que tendrás que seguir esperando para desahogar tus instintos. –Acotó burlonamente-.

-No me interesa. Mi respuesta sigue siendo no.

-¡Vamos, Damian! ¡Es mejor y más productivo para todos si sólo cierras tu bocata y vienes conmigo!

-Olvídalo. Puedes obligarnos a matar a otros hombres dentro de la arena, pero de ningún modo vamos a obedecerte fuera de ella.

-¿Es en serio, Dami? –Inquirió molesto-.

-Ahora, Slade, ya vete. Sólo queremos descansar antes de morir mañana en los combates. –Declaró fríamente mientras retrocedía y le extendía su mano a Jason para que la tomara-.

Slade remarcó la acción. Hecho que lo enfadó bastante, pues aunque Jason no aceptó la invitación, sí lo hizo pensar que entre ellos dos había nacido una especie de alianza que podría traerle problemas. Al anciano del parche no le cayó bien aquella peligrosa muestra de camaradería y mucho menos la declaración. Aunque ya se imaginaba una negativa parecida, nunca pensó que Damian y ese sujeto nuevo se confabularían tan rápido.

-Vete... -Reiteró Damian interponiéndose nuevamente entre aquellos intrusos y Jason, quien continuaba rechazando la mano extendida del ojiverde-.

Fue un largo y pesado suspiro lo que marcó la pauta final en el hombre tuerto. Le bastó con bufar su malestar y frotarse la cara. "Bueno... es mejor que use esa nueva a amistad a mi favor antes de que ellos la usen en mi contra..." Pensó para su mala suerte, agobiándose por tantas molestias que se presentaban y no dejaban de empeorar desde que compró a ese esclavo de los ojos verdes y que por lo visto, no iban a disminuir, mucho menos ahora que se había encontrado a ese revoltoso y agresivo nuevo muchacho.

-Por supuesto que me iré... -Anunció Slade aburrido en su actitud-. Pero ya que no cumpliré con ese trabajo y tendré el resto de la tarde libre... Creo que ahora sí tendré tiempo para ti... -Habló amenazante, dirigiéndose a Jason-. ¡Cómo me gustará compartir la cama contigo! ¡Me darás bastante placer, ¿no?!

-¿Qu-qué? –Exclamó el aludido, retrocediendo angustiosamente mientras luchaba contra el temor que iba acrecentándose en su interior-.

-¡¿Qué demonios?! ¡Ni se te ocurra! –Reclamó Damian también dando pasos en reversa, pero sin dejar de cubrir a Jason con su cuerpo-. ¡Lárgate, Slade! ¡No vas a tocarlo! ¡Vete!

-No eres quién para decirme qué hacer. –Respondió señalando a sus hombres para que intervinieran-. ¡Lleven al muchacho bonito a mis aposentos! –Les ordenó causando un gran alboroto en cuestión de parpadeos-.

-¡¿Qué?! ¡Por supuesto que no! ¡No se atrevan! –Exclamó Damian en cuanto vio a los ayudantes entrar a la celda-. ¡Aléjense! –Pidió, pero los cuatro sujetos se abalanzaron sobre él al mismo tiempo-.

Para Damian fue fácil deshacerse de los dos primeros, ni siquiera tuvo que esforzarse, sin embargo, al querer ir por el tercero de ellos, fue Slade en persona quien se entrometió en la querella. Le asestó a Damian un golpe que lo derribó enseguida. Aquel movimiento fue aprovechado por los dos últimos que lo sometieron colocándole una daga en la garganta.

-Vamos... -Musitó Slade al posarse frente a Jason y ofrecerle su mano-.

El ojiturquesa estaba más atascado en el miedo que estaba invadiéndolo que en las ansias que le dictaban huir de aquel lugar. Él era un soldado aguerrido y experimentado, pero vivir una situación así lo sobrepasaba. No era lo mismo tratar de ahuyentar a sus iguales que intentar defenderse de su amo. Si algo le pasaba a Slade bajo su mano, Jason tendría las horas contadas. La muerte era el castigo irrefutable para los esclavos rebeldes que lastimaban a sus dueños. Pensar en ello, simplemente paralizó al muchacho.

-Ven, juro que te va a gustar... -Le murmuró al tomarlo de la mano y jalarlo hacia él-. Es mejor si ya nos vamos. Hay que aprovechar toda la tarde... -Agregó Slade mientras tomaba un par de cintas de su faja y con ellas intentaba atar las manos del ojiturquesa-.

-¡No, no, no! –Suplicó Jason manoteando, zafándose inmediatamente de su agarre-. ¡No, no iré a ningún lado! –Exclamó a pesar de los riesgos que implicaba-.

-No tienes opción. –Respondió el tuerto señalando la precaria situación de Damian-.

-¡NOOOOO, MALDITOOOO! ¡Déjalo! ¡Déjalo! –Gritó el ojiverde luchando para quitarse a los estorbos de encima-.

-No, no lo haré. Tengo todo el tiempo del mundo para hacerlo, así que no me detendré. –Contestó tomando a Jason de la ropa, tirando de ella para conducir al muchacho al lecho y ahí empujarlo-. ¿Y saben qué? Es mejor si ya no dejamos que el tiempo se cuele entre traslados. Poco importa si es en mi lujosa habitación o aquí; de cualquier forma, me tendrás entre tus piernas. –Explicó Slade montándose encima del joven recluido sobre la cama de paja-.

-No... no... -Musitaba Jason, pero sólo como un reflejo, pues sus pensamientos se hundían en una forma de librarse de aquella sentencia-.

-¡NOOOOOO! ¡Slade, basta! ¡Basta! –Suplicaba Damian con todas sus fuerzas-.

-Tranquilo, Damian. Si después tú quieres intentarlo con él, por mí no hay problema, aunque tendrás que esperar a mañana, porque hoy, esta lindura será toda mía. –Habló socarronamente justo antes de sujetar las muñecas de Jason contra el lecho-. Por lo mientras, puedes mirar si te place...

-¡NOOOO! ¡Suéltame! ¡Nooooo! ¡Por favor! ¡Nooooooooooo! –Imploraba Jason retorciéndose bajo el cuerpo de Slade, asustándose exponencialmente por lo que a continuación le sucedería-.

-No te preocupes, bonito, seré algo rudo, pero procuraré que también la pases bien... -Susurró cínicamente justo antes de inclinarse y querer buscar los labios de Jason-.

-¡ESTÁ BIEN! ¡BIEN, MALDITA SEA! ¡BIEEEEEEEN! ¡IREMOS A HACER TU ESTÚPIDO TRABAJO! –Gritó Damian interrumpiendo las malas intenciones del abusivo patrón-. ¡Acepto, acepto, acepto! ¡Sólo, sólo déjalo! ¡Deja a Jason en paz! ¡Por favor! –Terminó diciendo, sofocado por su arrebato-. ¡Ya... deja de tocarlo... déjalo! –Pidió rendido, manso, justo como quería y necesitaba Slade-.

-¡Perfecto! ¡Eso es lo que quería escuchar! –Expresó el tipo del parche, soltando a su presa, levantándose sin miramientos-. ¡Y ahora que ya estamos todos de acuerdo, es mejor si nos damos prisa y nos vamos! –Exclamó sonriente, alejándose de la cama y dando una señal para que liberaran a Damian-. Les daré unos instantes para que se calmen, los veo en el patio en un rato. ¡Pero no tarden o vendré a buscarlos! –Agregó en cuanto se decidió a abandonar la celda-. ¡Apresúrense! –Añadió de último al pisar el corredor que los alejó enseguida, a él y a sus compinches-.

Al irse, dejó tras de sí a un par de hombres alterados. Jason se sentó en la cama apenas fue soltado por Slade, mientras Damian se tomó su tiempo para ponerse de pie.

-¿Estás bien? –Le preguntó a Jason, quien se escondió inmediata y desesperadamente entre sus brazos y sus piernas recogidas-. Jason... -Llamó en tanto se acercaba al muchacho de la cama-. Oye... Ja...

-¡¿Por qué lo hiciste?! –Le respondió Jason agitado, causando una gran incertidumbre en Damian-. ¡¿Por qué?!

-¿Qué? ¿Hacer qué? ¿Decirle que íbamos a hacer aquel trabajo? Pues...

-¡No, eso no! –Contestó mostrando su cara llorosa y sonrojada-. ¡Hablo de tratar de defenderme! ¡De exponerte por mí! ¡De dejarle ver a Slade que te preocupas por mí! ¡¿Acaso estás loco?! –Inquirió mientras que por sus mejillas se deslizaban las gotas saladas de su llanto-.

-Jas...

-¡Le acabas de dar tu Talón de Aquiles! ¡Ahora ya no te dejará en paz! –Exclamó ahogándose en su angustia y en su lloriqueo desesperado-. ¡Me usará cada vez que quiera algo de ti! ¡¿Es que no ves lo que hiciste?! ¡Eres un estúpido!

-Jason, pero...

-¡Estás mal de la cabeza por pensar así de mí! ¡Slade va a fastidiarte y no podrás evitar que me hágalo que planea! –Exclamó cada vez más perdido entre su angustia y su lagrimeo-. ¡Y lo hará porque así es como debe ser! ¡Porque es todo lo que siempre buscan de mí y...!

-¡No, Jason, tranquilo! –Exclamó Damian sin mucho pensar en lo que hizo a continuación-. Tranquilo... -Le murmuró al muchacho en el oído en cuanto llegó hasta él para abrazarlo-.

-¡Sólo para eso me buscan y yo ya no lo soporto...! –Confesó Jason sin resistirse a la muestra de afecto, pues permanecía tan inmerso en sus propios temores que dejó de reflejarse propiamente en el momento y en el lugar-. ¡Y ahora ya no tengo salida! ¡No podré negarme si Slade me quiere! ¡Siempre es así y ya no lo soporto! ¡Ya no!

-Tranquilo... -Le decía mientras acariciaba su espalda y lo encerraba cada vez más entre sus brazos-. No te pasará nada...

-¡No es cierto! ¡Siempre sucede igual! ¡He luchado contra esto durante mucho tiempo, pero esta vez, ya no podré evitarlo! ¡Y yo no puedo seguir con esto! ¡Ya no!

-No te preocupes... Jason... Todo estará bien porque yo...

-¡No, no estará bien!

-¡Sí, sí lo estará porque yo...!

-¡No!

-¡Sí y lo estará porque yo voy a protegerte! ¡Yo te protegeré, ¿entiendes?! ¡Nadie va a tocarte porque yo voy a protegerte! ¡Lo haré, lo juro!

Esa exclamación detuvo mágica e instantáneamente el llanto de Jason. Debió repensarse dos o tres veces esas palabras que lo regresaron a la realidad y que le devolvieron su sensatez. No estuvo muy seguro de haber comprendido, pero luego de repetirse esa frase más veces, se otorgó el beneficio de la duda. Aguardó un par de santiamenes antes de sentir su respiración calmarse nuevamente. Fue entonces que tuvo un aliento más o menos fuerte como para volver a hablar.

-¿Qu-qué...? –Inquirió mientras empujaba suavemente a Damian para que le diera un poco de espacio-.

-Yo te cuidaré, Jason. Ya no debes preocuparte. –Le reiteró con su voz dulce, pero certera y fehaciente-.

-Pe-pero... ¿por-por-por qué...? ¿Por qué harías eso...? Tú... no me conoces y yo a ti tampoco... -Habló todavía con su rostro arruinado por las lágrimas-.

-Ya te dije...

-¿Por-por lo de tu prometido...? –Inquirió confundido y dudoso-.

-Sí.

-Pero eso no es razón suficiente, yo...

-Sí lo es.

-No, no lo es. No conocí a tu prometido, pero estoy seguro que él y yo no nos parecemos en nada y...

-Jason... -Llamó Damian serio, cambiando su fraternal empatía por una estoica comprensión, cortando la palabra ansiosa de su compañero, quien aguardó embrollado la continuación de ese llamado-. Te equivocas... -Confesó bastante confiado-.

-¿Qu-qué...? ¿Por qu...?

-Tú y Dick eran iguales. –Interrumpió antes de escuchar las hesitaciones de Jason-.

-N-no... tú no me conoces y...

-¡Sí te conozco! ¡Conozco lo suficiente de ti como para asegurar que tú y mi querido Dick eran exactamente iguales!

-Pe-pe... pero... ¿Por qué dirías algo así? Yo...

-Porque sé lo que eres, Jason. –Habló capturando por completo la atención del ojiturquesa-.

-¿Lo-lo... lo que soy...? ¿Y qué... soy...? –Preguntó dudando entre sus temores y la respuesta que quizá no estaba listo para oír-.

-Sé que eres, al igual que Dick, un hombre que puede concebir. –Dijo sin titubeos, sin mesuras, sin tacto-.

-¿Qu-qué...?

-Lo sé, Jason... Sé que tú eres... eres un hombre que puede... tener bebés... -Concluyó determinantemente, causando una mueca estresada y paniqueada en la faz del muchacho que había acabado de salvar-.

Continuará...

Nota: No olviden darse un rol por la página de face; DC Magic Fic y únanse al grupo. ¡Saludos!

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