4.

Nicky.

Me chupo los labios acercándome a Lucas Hans, un viejo socio de Óscar que conocí hace unos años y que por muy guapo que sea, es un gran hijo de la gran puta al que solo le importa el dinero y las joyas.

–¿Qué pasa?–me cruzo de brazos dispuesta a escucharlo.

–Tengo un trabajo para ti.–contesta directo consiguiendo que lo mire con indiferencia.

–Eso será si yo quiero hacerlo.

–Te pagaré.–me promete con su típica sonrisa arrogante.

–¿De cuánto estamos hablando?–le digo pensándomelo bien.

–Unos...cinco mil si todo sale bien, pero puedo negociar.

–Seis mil.–contraataco dispuesta a hacerlo solo para poder cuidar de los míos.

–Esta bien, pero...¿no quieres saber de qué se trata?–alza las cejas incrédulo.

–No hace falta, sabes que puedo hacerlo.–digo cruzándome de brazos.–Bueno, ¿qué quieres que haga entonces?

–Es algo gordo así que no podemos hablarlo aquí.–susurra y asiento mirando a ambos lados para darme cuenta de que hay más gente de la que creía.–Ven mañana sobre las nueve a esta dirección, y es importante que tus...amigos no se enteren.

–A las nueve tengo clase, y no puedo saltármela ya que es uno de los exámenes finales.–me muerdo el labio pensativa.–¿Qué tal sobre las cinco?

–Olvidaba que eras una niña aplicada, está bien, pero no tardes mucho.–me avisa girándose y desvaneciéndose entre la gente.

No tengo ni idea de en qué diablos me he metido pero necesito el dinero, somos seis y de alguna manera tendremos que sobrevivir.

Camino incomoda entre la gente notando como varias miradas se posan en mi. Sé que no voy vestida como todas las adolescentes de hoy en día pero tampoco voy a cambiar por mucho que me lo digan. A mí me gusta la ropa cómoda y oscura y si a ellas no, es su problema.

–Esto...–me tocan el hombro y me giro para ver a un chico que me es muy familiar.

–Eres igual que Dani.–lo miro de arriba a abajo.–Aunque un poco más alto.–aclaro.–Amanda me dijo que te llamabas...–me quedo pensativa intentando recordar.–Jesús, ¿no?

–Si, encantando.–se acerca a mi para darme dos besos pero me aparto. No soy de esas.–Lo siento.–sonríe algo torpe.–¿Y quién es esa Amanda que te habla tanto de mí?

–Mi amiga.–le contesto con indiferencia.–Rubia, ojos azules, la chica perfecta.–le informo.–Si quieres te la presento, últimamente la veo muy amargada.

Lo veo soltar una carcajada y aunque intento no sonreír, lo hago. Y es algo que no logro hacer desde hace tiempo con alguien que no sea Hanna.

–Sería un placer.–sonríe y asiento sacando mi móvil.

–Apúntame tu número y se lo daré, no le importará hablarte.

–Claro.–agarra mi iPhone y lo veo escribir.–Y tu contéstale a mi hermano, que el pobre está...

–Es algo impaciente, ¿no crees?–me cruzo de brazos.

–Un poco, pero déjalo, esto es nuevo para él.

–¿El qué?–frunzo el ceño.–¿Hablar con alguien?

–No.–me mira.–Dani es un chico...muy difícil.–contesta llamando mi atención, me gusta como suena eso.–Jamás ha estado con ninguna chica, solo...ya sabes, las quiere para lo que las quiere.

–Oh, y tú eres quien quiere que le contente.–le digo alzando una ceja, algo divertida.–Dile de mi parte que es un cabrón.

–No lo entiendes, eres la primera a la que le habla él, jamas lo había echo, y aun sabiendo que pasas de él, sigue intentándolo.–lo miro bastante atenta.–No sé qué significa, solo sé que le gustas.

–No digas tonterías, a alguien no le puede gustar nadie solo conociéndola de cinco minutos, porque no es más lo que hemos hablado.–aclaro suspirando.–Además, no sé porque se ha fijado en mí, nadie lo hace.

–Bueno, pues parece que él si, y mucho.–lo escucho decir y miro el suelo indecisa.–Dale una oportunidad al menos.

–Bueno.–lo miro para después mirar la hora en el móvil.–Me lo pensaré, pero ahora tengo que irme.

–Claro.–sonríe y me giro para hacer mi camino.–¡Y no te olvides de darle mi número a tu amiga!

*******

Daniel.

–¡Por fin!–celebro emocionado, haciendo que Jesús se acerque a mi cama con una sonrisa.–Ya ha contestado.

–Ya te he dicho yo que lo haría, oh, y por cierto.–se sienta a mi lado con su móvil.–¿Qué te parece?

–¿Quién es?–dudo viendo que es muy guapa.

–La increíble amiga de Nicky.–me dice con entusiasmo.–Es preciosa.

–Lo es, aun así, la prefiero a ella.

–Te ha dado fuerte, eh.–se burla mientras me centro en contestar el mensaje.

"Gracias por presentarle a tú amiga, no sabes lo feliz que está Jesús."

–No me ha dado fuerte, pero me parece una chica...interesante.–le contesto indiferente.–A ti te ha pasado millones de veces, no me marees.

–No lo hago, pero me da gracia que estés así, no se.–se levanta.–Se supone que el romántico soy yo.

–Jamás llegare a ser tan cursi como lo eres tú, tenlo claro.

–Eso lo dices ahora, hermanito.–me sonríe sarcástico saliendo de mi habitación. Oigo como se cierra la puerta de la suya y me echo caer dando un suspiro. ¿Qué me está pasando?

"Deberías ver a Amy, no para de dar saltos de felicidad, y te juro que no la entiendo, solo es un chico."

Solo un chico, me repite mi mente después de leer su mensaje. ¿Eso es lo que pensará de mi? ¿Solo un chico?
Me muerdo el labio mientras tecleo pero me arrepiento y le doy a borrar. Tengo que aprender a controlarme.

"¿Solo un chico, eso es lo que crees?"-le envío sincero.

"Como no sea un travesti supongo que si, solo un chico."

Eso último me hace reír, no se, supongo que Nicky tiene algo que no tienen las mil chicas a las que conozco. Algo que me llama la atención y hace que me salte mis normas de chico duro.

"Está bien, solo un chico."-le contesto dispuesto a seguir escribiendo.-"Por cierto, ¿a qué colegio vas?"

"Al que hay cerca de la plaza del ayuntamiento, el público."-me responde  y veo que manda otro mensaje al segundo.-"¿Por qué, acaso vas a venir a verme?"

"No lo descartes".-le envió rápidamente.-"Está en la misma calle que el privado, ósea, el mío."

"Entonces supongo que mañana te veré, niño pijo."-me contesta y eso me sorprende gratamente. Creo que ya se está soltando.-"Pero no te emociones, lo hago porque la loca de mi amiga me ha obligado."

"No pongas excusas, sé que quieres venir."-le hablo creído, pero es lo que me han echo ser durante toda la vida.

"Puede."-contesta pillándome por sorpresa. Veo que se desconecta y que aunque le mande mensajes no le llegan. Mierda. Parece que le gusta dejarme con la palabra en la boca.
Me tumbo en la cama dejando el móvil en la mesita y cierro los ojos intentando dormir. Pero esta noche hay algo que no me deja, o más bien, alguien.

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