35
Nicky
–Dormiré yo en el suelo, no te preocupes.–dice Dani dejando su pequeña maleta a un lado de la puerta.
–No, no puedo dejarte dormir ahí, lo haré yo.–susurro recordando esta habitación, es donde solía dormir con mis amigas.
–Yo tampoco te dejaré hacerlo.–me reprocha consintiendo que ambos acabemos sonriendo.–A unas malas podemos dormir los dos en la cama.
–¿A Marie no le importará?–dudo sacando el pijama de ositos de la maleta.
–Marie no...–se queda pensativo.–La he dejado antes de venir.
–¿Por que?–frunzo el ceño mientras busco mi ropa interior.
–Eh...–mira hacia otro lado.–¿Te importa que me duche primero?
–No, claro que no.–le sonrío débilmente.–Mientras me pondré la tele.
Lo veo entrar en el baño y doy salto para tumbarme en la cama y encender la tele.
Se de sobra que esta noche va a ser rara e incómoda, y aunque no quiera admitirlo, quiero que sea así. Hace dos años que no estoy con él y sé que verlo dormir a mi lado es lo mejor que me puede pasar. Aún recuerdo cómo me relajaba el sonido de su corazón, y como su pecho subiendo y bajando me hacía sentir viva. Era una adición verlo dormir, y para mí sigue siéndolo.
–Ya puedes pasar.–su voz ronca consigue sobresaltarme y en cuanto clavo mis ojos en su rostro me quedo sin respiración. Nicky no bajes la mirada, Nicky no lo hagas.
Mierda.
Mis labios se entreabren al verlo enrollado en una toalla, con sus fuertes músculos llenos de gotas de agua que lo hacen terriblemente sexy y con su pelo mojado que me encantaría estar tocando.
–Voy, no tardo nada.–intento hablar aunque mi voz me traiciona sonando ronca. Me encierro en el cuarto de baño lo más rápido que puedo y me doy una ducha refrescante que logra despejarme un poco.
Salgo minutos después ya con mi pijama puesto y con el pelo aún mojado.
–Bonito pijama.–sonríe divertido y lo miro sacándole el dedo.–Tenias uno parecido hace unos años.
–Este es más cómodo.–le respondo mientras me agacho para coger un peine de mi maleta.–Y más mono.
–¿Puedo hacerlo yo?–me pregunta y frunzo el ceño.–Peinarte.
–Eh...–lo miro extrañada.–Claro, porque no.
–Es raro, ¿no?–se ríe cogiendo el peine y pasándolo por mi pelo.
–No, para nada.–ironizo consiguiendo que de una carcajada.
–Vamos, siempre me ha gustado peinarte.–susurra y por alguna razón noto su aliento en mi cuello.–Aunque no me dejarás casi nunca.
–Me pegabas unos estirones que poco más y me dejabas calva, cariño.–lo miro divertido y el deja el peine quito.–¿Ya te has cansado?
–¿Puedes repetirlo?–susurra y trago saliva al darme cuenta de lo que he dicho. Jamás lo llamé cariño, no pegaba conmigo, pero el siempre lo hacía y que haya oído esas palabras de mi boca debe de ser...chocante.
–Cariño.–murmuro girándome para tenerlo cara a cara, pero sin atreverme a míralo.
–¿Porque no me miras a los ojos?–lo oigo susurrar.–Se que tengo unos músculos bonitos, pero...
Y haciéndole caso a mi corazón en vez de a la razón, levanto la vista y coloco mis manos en su nuca, atrayéndolo hacia mí y besándolo con todas las ganas que tenía de hacerlo.
Al principio, noto que no me lo sigue, y comienzo a sentirme estúpida y me entran ganas de salir corriendo. Pero poco a poco se suelta y me sigue el beso sin ni siquiera dejarme respirar. Casi con tantas ganas como yo.
–¿Por que has tardado tanto?–me mira a los ojos separándonos por unos pocos centímetros.–Ha sido una tortura tenerte aquí y no poder...
–Tenía miedo.–me muerdo el labio provocando que vuelva a acercarme a su boca y besarme con incluso más ganas que antes.
–Te esperaría toda la vida si hiera falta.–se sincera abrazándome tiernamente.–No vuelvas a dejarme nunca.
–No vuelvas a dejar que lo haga.–lo miro a los ojos y lo veo sonreír como tanto me gusta.
–No lo haré.–susurra sacando su móvil y mirando la hora.–Es tarde, deberíamos irnos a dormir, mañana el vuelo sale muy temprano.
–Si, mejor.–digo acomodándome en un lado de la cama, aún con un zoológico en el estomago.
–¿No me vas a dar las buenas noches?–lo oigo decir desde el otro lado de la cama, y cuando me incorporo para mirarle, viene hacia mí y me da un beso mientras se tumba encima aplastándome.
–Así mejor.–sonríe aún sin separarse de mi.
–Me estas chafando, gordo.–le digo consiguiendo que sonría y se mueva un poco para dejar el peso a un lado.
–Voy a dormir abrazado a ti.–me avisa antes de abrazarme y acurrucarse en mi pecho.–Buenas noches, cariño.
–Buenas noches.–doy una suave carcajada mientras le acaricio la nuca y apago la luz.
[....]
–Llámame en cuanto sepáis algo de él.–me dice Lauren arreglándome el abrigo.–Y tu.–se dirige a Dani.–No dejes que le pase nada.
–Se cuidarme sola.–ruedo los ojos haciéndoles reír.–Venga, vámonos ya.
–¡Nicky!–se oye la voz de Hanna bajando por las escaleras, cosa que me sorprende porque apenas son las cinco de la mañana.–Ven pronto a por mí.
–Lo más pronto que pueda, te lo prometo.–susurro mientras la abrazo tiernamente.–Te va a encantar esto, Lauren te llevará a ver el paseo de la fama, y puede que a conocer algunos famosos.
Ella no dice nada, sólo me abraza con fuerza antes de volver a la cama. Y después de varias horas de avión, llegamos a España donde en el aeropuerto ya nos están esperando Oscar, Mario, Marc, Amanda y Jesús, que en cuanto nos ven caminan rápidamente hacia nosotros.
–¿Donde está Hanna?–pregunta frío Óscar, mirando con superioridad a Dani.
–Tenemos problemas.–murmuro dando un paso hacia delante.–Mi padre de nuevo, y voy a ir a hablar con él.
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