28

*Dos años después.*

Nicky

Me apoyo en el marco de la puerta mientras miro el interior pensativa.
Estos dos años fuera de España me han cambiado, soy una nueva Nicky, una nueva chica totalmente renovada.

Pero hay algo que jamás va a cambiar, y es lo que quiero yo a todas las personas que dejé atrás.
Me decido por entrar y caminar hacia la cama, donde me arrodillo para poder ver mejor mi pequeña colección de fotos. Una de mi hermana, que estar lejos de ella ha sido quizás lo más complicado que he echo, también de Oscar, Mario y Marc, mía y de Amy, hasta de los gemelos Oviedo. Por no hablar de las mías con Dani.
De echo, no sé qué hacen aún pegadas ahí. Ahora debe de odiarme, todos deben de odiarme.
Me fui así sin más, sin despedirme de ninguno de ellos. Solo de Jesús, y no sé que me duele más, que no me haya llamado aún, o el necesitar que lo haga.
De todas formas, jamás sabría cómo decirles que escapar era mi única opción.

Flashback

Camino decidida hacia el local de al policía más cercana. No sé si esto será un error, o me arruinará la vida, pero siento que necesito hacerlo, necesito sentirme libre.
Ni siquiera me doy cuanta cuando entro y los grandes ojos de un viejo policía me miran esperando a que hable.

–¿En qué puedo ayudarte?–duda mordiendo la tapa del boli.

–Vengo a entregarme.–susurro con cierto terror en la voz.–He cometido varios robos para poder comer, pero son robos y no puedo seguir viviendo con este peso tan grande.

El hombre se queda mirándome bastante sorprendido. Se de sobra que será inusual que los ladrones se entreguen, pero yo en si soy inusual, y a veces me siento orgullosa de ello.

Noto como una señora mayor, con el pelo del color del fuego y los ojos de un verde llamativo se acerca al policía y le dice algo al oído. Segundos después, el hombre desaparece dejándome cara a cara con la imponente mujer.

–Me llamo Lauren Paris.–pronuncia con un marcado acento americano sin quitarme los ojos de encima.–Ven conmigo.

Asiento tragando saliva y la sigo hacia una habitación que parece un despacho. Me hace sentarme y después de clavarme esos grandes ojos, se sienta y enciende su lujoso portátil.

–Soy la directora de una de las mejores sedes policiales de Los Ángeles.–me explica rápidamente mientras teclea algo.–Has tenido suerte de que este yo aquí, Nicky, si no estarías en graves problemas.

–¿Y contigo no los tendré?–dudo apartándome el pelo de la cara.

–No.–sonríe de lado.–Conmigo tienes una segunda oportunidad.

Fin del Flashback

Y era cierto, con ella tenía una segunda oportunidad. Me mudé a los Ángeles y Lauren me acogió como a su hija, por las mañanas iba a escuela y por las tardes trabajaba en su sede. Al principio como operaria, ayudaba a mis compañeros a resolver los casos, y tiempo después, pasé a la acción. Y sigo así, ganando más dinero del que jamás podría imaginar y haciendo el trabajo más alucinante que podría pedir. De ladrona a policía, ¿qué ironía no?
Pero hoy es mi cumpleaños, mi dieciocho cumpleaños. Y Lauren me prometió que ha esta edad podría tomar mis propias decisiones. Como por ejemplo, lo que estoy apunto de hacer ahora.
Volver a España.

*****
Dani

–Y así fue como me contrataron para modelo.–se ríe Marie.–Es tan emocionante cari, deberías probarlo.

–Si.–murmuro apoyando mi cabeza en mi mano.–Debe de estar guay.

–Oye, ¿qué te pasa?–apoya su mano en mi muslo.–Estas rarísimo.

–Yo...–suspiro.–Solo he dormido mal.

–Oh, entonces me voy de shopping con Mona, nos vemos luego amorcito.–se acerca a mí para darme un ligero pico.–Mua.

Ruedo los ojos viéndola salir de mi habitación. Aún no sé ni lo que estoy haciendo con ella, esta buena y es muy guapa, pero no es más tonta porque no se entrena. A veces me dan ganas de arrancarme los ojos para tener una excusa para no quedar con ella.
Y a pesar de todo, sé que mi mal humor no es por ella, si no por cierta morena de la que no sé nada desde hace dos años. Antes de que me de cuenta, ya estoy caminando hacia el piso en el que ahora viven, y para mi sorpresa, me abre la pequeña Hanna antes de que toque a la puerta.

–Sabia que ibas a venir.–susurra dejándome pasar. La sigo hacia la cocina y me siento enfrente de ella para mirarla. Es tan parecía a ella que me trasmite una ternura que me hace protegerla por encima de todo.–Hoy sería su cumpleaños.–susurra mirándome con tristeza.

–Si, dieciocho años.–le sonrío de lado.

–A veces...–se acerca a mi.–Me pregunto si de verdad me quería.

–¿Qué?–la miro sorprendido.–Claro que lo hacía Hanna, te quería más que a nadie, y si hizo lo que hizo fue para salvarte.

–Yo solo me sentía a salvo a su lado...

–Ven aquí.–susurro abriendo mis brazos para abrazarla.–Algún día la volveremos a ver, te lo prometo.

–¿Cómo reaccionarías?–oigo la voz de Amanda a mis espaldas.

–No lo sé.–susurro girándome para darme cuenta de que está junto a mi hermano.–¿Y tú?

–Haría como si no estuviera.–dice firme.–Nos merecíamos al menos una llamada, alguna señal para decirnos que está bien. Ahora ella se merece que pasemos de ella.

–No digas eso.–me sorprende Jesús.–Ella se preocupa por vosotros más de lo que os imagináis.

–¿Y cómo sabes tú eso?–le pregunto esperanzado.

–Hay algo que no os he contado.–nos mira tragando saliva.–Ella habló conmigo antes de marcharse.

–¿Qué?–nos sorprendemos los tres sin creérnoslo del todo.

–Y me dejó un número de teléfono por si alguna vez la necesitábamos.

–Yo la he necesitado todo este tiempo.–susurra con los ojos vidriosos la pequeña.–Más que ha nada.

–Vosotros no la visteis, no la dejaban contactar con nadie, por eso me lo dio, por si os pasaba algo.–pone una mueca de culpabilidad.–Debería haberlo dicho antes pero...se lo prometí.

–Déjame el número.–gruñe Amanda bastante sería.–Ahora.

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