19

Nicky

Camino en completo silencio hacia la dirección que me ha dado Jesús. No ha querido decirme que ocurría por teléfono, y después de presionarle durante varios minutos, me ha confirmado que era por Dani. He estado pensando estas últimas horas sobre lo sucedido, y he llegado a la conclusión de que Amanda tiene razón. Nunca hay que dejar ir a una persona con la que tienes una conexión especial, que os entiende o que compartís los mismos gustos, porque si no, jamás sabrás si ella era la adecuada, si encontraras a alguien así otra vez y si de verdad hubiera merecido la pena. Por eso más vale arriesgar, saber por quién merece la pena complicarse la vida. Y en el fondo, sabes que hay algo especial en esas personas que te ponen la vida al revés, que te la desordenan, que te cambian por completo los planes, y aunque aún no se lo que es, nadie lo sabe, te atrae, porque lo complicado siempre tienta más.

Veo a Jesús desde lejos, apoyado en una pared mientras tiene la mirada perdida. Parece realmente preocupado, y por una extraña razón, me siento culpable.

–¿Dónde está?–suspiro colocándome a su lado. Señala con la mirada un club del que no he oído hablar muy bien, y vuelve a dirigir la mirada hacia mí.

–¿Qué le dijiste?–pregunta.–De un día para otro ha vuelto a ser...el gilipollas que era.

–Que volviera a ser el de antes.–le digo en un susurro.–Pero no me refería a esto, yo solo quería que se olvidara de mi, que se buscara a otra mejor.

–¿El de antes?–frunce el ceño.–¿No te lo ha contado, no?–niego débilmente con la cabeza.–Dani mucho antes de conocerte...estaba metido en las drogas.–pronuncia y siento como algo se rompe en mi, mierda.–No las tomaba, pero si las conseguía y las vendía, pero...si bebía,  y mucho.–trago saliva.–Volvía borracho a casa todas las noches y no iba a clase.–suspira mirando hacia otro lado.–Había empezado a cambiar, y lo estaba consiguiendo, pero...

–Pero yo lo he incitado a que vuelva a ello.–pronuncio con miedo.–Soy un desastre.–susurro para que no lo oiga.–¿Ves?–inquiero.–Por eso quería que se olvidara de mi, porque le voy a arruinar la vida Jesús, no soy buena para él.

–No.–dice serio.–No le arruinas la vida, se la arreglas.

Doy un paso para atrás negando con la cabeza. No puede decirme eso, no ahora. Cojo aire intentando relajarme, siento que en cualquier momento las lágrimas van a estallar de mis ojos y no me perdonaría en la vida que alguien me viese llorar.

–Que quede claro una cosa.–lo miro intentando mantener la compostura.–Yo no soy buena para él y tarde o temprano lo joderé todo, siempre lo hago.–asiente no muy convencido y doy un paso para adelante, observando como un guardia solo deja pasar a quien está en la lista.–Tendré que pensar en algo.–murmuro antes de caminar insegura hacia la entrada.

–¿Nombre?–pregunta sin ni siquiera mirarme a la cara.

–¿No sabes quién soy?–lo miro con superioridad, consiguiendo que me mire con una ceja alzada.

–¿Debería saberlo?–duda y sonrío satisfecha.

–Marie DeLury.–le tiendo la mano con gusto.–Mi novio, John Parks está ahí dentro.

John Parks es el narcotraficante norteamericano con más fama en España, todos los que están aquí lo conocen y yo trabajé para él. Y me debe una, así que si me pilla no tendrá otra opción que ayudarme.

–No la puedo dejar pasar si no está en la lista, señorita.

–¿Me está negando la entrada a el local de mi novio?–finjo indignarme.–¿Me va a hacer llamarlo?

–Bueno.–murmura y se gira para decirle algo a un hombre en el oído, y antes de que me lo espere, John aparece mirándome sorprendido.

–Hola, cariño.–lo miro insistente, consiguiendo que ruede los ojos sin entusiasmo.–¿Le puedes decir a este hombre que se aparte de mi camino, por favor?

El joven acaba asintiendo y me agarra la mano para tirar de mi al interior. Una vez dentro, me suelta y me mira alzando una ceja, intentando no sonreírme.

–¿A qué se debe la visita?–pregunta mientras camina hacia la barra.

–He venido a ver a un amigo.–le explico sin mucho interés.–Tengo que sacarlo de aquí.

–¿Por qué?–sonríe satisfecho.–Este mundillo es lo mejor que hay.

–Puede que para ti si, pero no para un chico de diecisiete años.

–Bueno, pues te dejo, que tengo trabajo.–vuelve a sonreír.–Me alegro de verte.

Le sonrío falsamente y acabo por sentarme en un taburete para buscarlo con la mirada, hasta que lo veo sentado en una mesa del fondo junto a varios hombres con llenos de tatuajes.

Cojo aire antes de caminar hacia su mesa y colocar mi mano en su hombro. Tarda en girarse, pero cuando lo hace, abre los ojos como si se le hubiera aparecido fantasma.

–¿Qué haces aquí?–susurra perplejo.

–Tengo que hablar contigo.

–¿Ahora?–duda mirando a sus acompañantes.

–Si, ahora.–lo miro seria.–Vamos.

Se levanta costosamente, dejándome ver que ha estado bebiendo. Caminamos en silencio hacia la puerta trasera, y tiro de él para que salga.

–¿Cómo has entrado?–duda y doy un fuerte suspiro.

–Conozco a John.–informo antes de subir el volumen de la voz.–¿En qué estabas pensando, Dani?–miro hacia otro lado desesperada.–Cuando te dije que volvieras a ser el de antes, no me refería a esta mierda, joder.

–¡Pues aclárate!–grita costosamente.–¡Deja de confundirme tanto!

–No quiero verte metido en esto, Dani.–susurro más calmada.–No puedo.

–Pues no te vayas.–susurra acercándose a mi.–No dejes que caiga en la tentación otra vez, por favor, no dejes que me joda la vida.

–Intento huir de ti es porque de algún modo tengo miedo.–admito mirándolo a los ojos.–Miedo de no hacerte sonreír, miedo de no ser lo que tú esperabas.

–Pues lo eres.–susurra y noto un cosquilleo que recorre todo mi cuerpo, dándome a entender que está demasiado cerca.–Te quiero a ti Nicky, no a nadie más, me gustas tú, y eso no puedes cambiarlo.

–Yo...

–Cállate.–gruñe posando su mano en mi cintura y besándome tan rápido que no me da tiempo a reaccionar.
Le sigo el beso con ganas, como si fuera lo mejor que voy a sentir en la vida. Aunque en parte, lo es.

–A la mierda las drogas.–susurra sin separarse demasiado.–Yo me quedo contigo.

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