~Venganza completada~
Después de años de entrenamiento. Ha caído aquel traidor, aquel asesino o eso es lo que me hicieron ver todo este tiempo. Cuando desperté de aquella batalla, de las sombras, se acercó un hombre enmascarado, traté de matarlo, pero mi cuerpo estaba tan agotado que no pude moverme. Este sentimiento no era como él que ya había presentado.
Me ayuda con mis heridas y menciona que él no era mi enemigo, simplemente un narrador de la vida de mi hermano, Mencionó que era mi decisión creer o no. La única prueba que tenía era su banda de general, tenía una raya en medio. Dando a entender que él renunciaba a su título de general del ejército y como príncipe de estas tierras. Es preciado para nuestra familia. La tome recordando el día que se la dieron. Empezó a contarme la verdad, el porque había hecho todo eso y que no fue el único o que contribuyó a esa masacré. Solo miraba la banda, frustrado, sorprendido. Cuando concluyó lágrimas salían sin control, debí de suponerlo. Pensé que era lo mejor, pero no. Tome mi espada y sin pensarlo ejecuté a los de la corte, pues fueron los que lo obligaron a tomar esa decisión.
Desde ahí me di cuenta que estaba completamente solo. A pesar de que algunos de mi gente no murieron, no podía confiar en nadie, tenía que corregir todo pensamiento de traición. Así que me propuse llevar una dictadura donde el poder y el miedo invadiera a mi pueblo.
Jamás es suficiente, con mi hambre de poder. Con mi chacra llene este planeta de obscuridad. Ahora no había alguna estación que diferenciara los días del año, eso pasó a ser una leyenda en esta región. Reforcé mi ejército y aquel hombre enmascarado de nombre, Madará, se convirtió en mi único consejero y mis fieles seguidores parte del nuevo comité. Es ahí cuando regrese a mi antiguo hogar, pero había algo diferente, aquellos árboles de cerezo ahora eran simples árboles con hojas verdes. No se sentía la misma energía.
—¿Sasuke? —volteo a ver a mi consejero—. ¿Pasa algo?—. Cierro los ojos y tomo mi camino en aquel largo pasillo.
—No—. Y seguí mi camino. Sentí como el hombre miraba aquella arboleda—. ¿Ahora tú eres el que está pasmado?—Mira el cielo negro por aquellas nubes. Siempre estaba nublado, pero no llovía siempre, únicamente en temporada.
—Antes este lugar estaba soleado—. Menciona—. Supongo que ya no es necesario. —Responde. —¿Meditará el día de hoy?
—Antes de eso necesitamos castigar a la rebelión—. Me volteo para seguir caminando.
La rebelión era gente que quería quitarme del trono y si yo no tomo cartas en el asunto, el equilibrio se romperá.
—Supongo que es cierto— camina hasta ponerse de mi lado.—Hablando de rebelión...creo que es momento de que vaya buscando alguien para un heredero, el pueblo estaría más tranquilo y hasta cierto punto controlado.
No mencionó nada. Después de su comentario el camino fue silencioso.
Un heredero, una familia, esas palabras simplemente me aterran, incluso más que la muerte. Hace mucho no me siento como en mi hogar, a pesar de que por fin haya regresado.
—Puedo decir algo—. Me saca de mis pensamientos.
—No importa mi respuesta, siempre lo haces—. Se escucha una pequeña risa—. Dilo—. Se aclara la garganta.
—siempre que medita, lo hace en aquel hueco yacido en la arboleda.—Me detengo en seco—. Como si tratara de buscar o convencerse de algo.
—Solo son ideas tuyas.
Seguí mi camino hasta que llegamos para la ejecución. Abro la puerta dejando ver a todos los del pueblo y en medio a los traidores cobardes que han querido desafiar a su rey. Lo veo de reojo y el cierra la puerta mientras yo saco mi katana.
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