Intacto

—Estás seguro que deseas hacer esto, Sasuke, nadie te asegura que ganarás—. Menciona Suigestsu, colocando sus manos en la mesa. Nos encontrábamos en una reunión para discutirlo con determinación, aunque si soy sincero, no me importa su pensar, de igual forma lo haré

—Y por eso es necesario—. Volteó a ver a Suigestsu—. Necesito que la gente vea lo temible que puedo ser y que nada puede vencerme.

Me levanto de mi asiento y camino hacia la salida  caminando, mi consejero no dijo nada, porque sabía que estaba en lo correcto. Salí de ahí.

—Sasuke-Kun—. Era Karin—. Llévame contigo, si fallas podré—. Me detengo y volteo a verla con mucha ira.

—¿Qué intentas decir?—. Me volteo por completo. Ella me mira sorprendida—. ¿Acaso piensas que soy débil? ¿Piensas que tú rey es débil?—. Ella retrocede un poco—. Ese sentimiento de preocupación es el que deseo borrar y esta es la única forma de conseguirlo.

Emprendí un viaje a las montañas, tome los ocho pergaminos e inicie el ritual. 15 días pasaron y fueron liberados. En algún momento de la historia de mi pueblo el noveno pergamino que libera al demonio del zorro de las nueve colas se perdió, pero eso no importaba.

Comencé a luchar con todos, juré que los mataría a todos... pero algo pasó. Su poder era demasiado. Sus ataques venían a mi como rayos, pude esquivarlos al principio, pero solo bastó un golpe para que empezara a perder el control de la situación. La derrota fue eminente ya no podía vencerlos, sabía que necesitaba de más poder. Ocupe la marca que me había asignado mi antiguo general y sirvió para debilitarlos, pero no era suficiente. Caí en batalla o eso es lo que pensaba.

No olvides que te esperaré en el borde— fue lo ultimo que escuché antes de ver cómo los demonios se dirigían a mí reino. Tenía que detenerlos, pero no podía, había agotado todo mi poder y desvanecí.

—Rey... Rey—. Alzo la vista y era Karin, al ver que estaba en mi castillo me levante rápidamente y miré por la ventana. Me encontraba en mi reino de la montaña, estaba intacto inclusive mi cuerpo estaba intacto. Quede sorprendido ante tal situación.

—¿Estás bien?—. Volteo a verla y camino hasta la salida.

—Daré un paseo, que nadie me moleste—. Salí del cuarto. No, claro que no fue un sueño, ¿o si? Mi cabeza me dolía, no comprendía lo que había pasado. Al salir al jardín, vi un camino de camelias, me quede un poco sorprendido, pero mi cabeza empezó a dolerme.

—¡Rey! Usted aún no está bien.

—¿Gane? —. Cuestione alterado.

—Me temo que no, pero tampoco perdió porque sigue vivo y sin ningún rasguño—. Menciona Madara, coloca uno de mis brazos al rededor de su cuello. ¿Qué significa esta patraña?

—¿Cuantos días dormí?—. Mencione.

— Ninguno, solo han pasado horas, de tu gran batalla, la cual duró meses.

—¿Meses?

—Los demonios tienen la habilidad de que el tiempo vaya rápido en su lucha, pero al rededor sea lento. Es por ello que nos ha sorprendido encontrarte intacto, pero no hayamos los cuerpos de los demonios.

—Supongo que has ganado la batalla—menciona Jūgo. ¿Acaso era verdad? Realmente fui el vencedor, no podía creerlo, algo estaba mal y ese presentimiento no se iría.

—Al llegar lo mejor es decir que fueron derrotados por ti.

— Al llegar no sé dirá nada, solo verán mi cuerpo en buenas condiciones y que esto se vuelva un rumor—. Ordene.

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