04:Fuera de mi camino

Martes 16:34 p.m

El gimnasio estaba lleno de energía y tensión. Las luces blancas iluminaban el tatami de manera casi cegadora, reflejándose en los uniformes de gi perfectamente planchados. El aroma a sudor mezclado con el leve olor del desinfectante impregnaba el aire, creando una atmósfera familiar y, para mí, reconfortante. A pesar de todo, este era mi terreno. Aca mandaba yo.

Mientras estiraba los brazos y giraba el torso para calentar, sentí cómo el ambiente comenzaba a llenarse de nervios y competitividad. Giré la cabeza hacia mi equipo. Eli estaba charlando animadamente con Kyler y Piper, los tres riendo por alguna estupidez, como de costumbre. Yo prefería mantenerme un poco al margen; después de todo, la concentración era clave si quería ganar este torneo.

Pero entonces, al mirar hacia el otro lado del tatami, se me heló la sangre. Ahí estaba él. Robby. Con su gi blanco impecable, ajustado de una manera que parecía demasiado intencional. Su cabello perfectamente peinado con gel, los movimientos de su cuerpo fluidos y seguros mientras hacía calentamientos junto a Miguel, Sam y el flacuchento amigo de Eli, Demetri. Era como si todo en él gritara "perfección"... y eso me enfermaba.

Intenté ignorarlo, de verdad. Juro que lo intenté. Pero mis ojos se desviaron hacia él una y otra vez, como si tuviera un imán que me atraía contra mi voluntad. Lo vi inclinarse hacia adelante para ajustar su pantalón, y mi mente traicionera comenzó a imaginar cosas que, definitivamente, no eran puras. Esa maldita confianza que tenía, como si fuera intocable, me sacaba de quicio.

—¡Tory! —sentí un codazo en mis costillas, acompañado por la voz burlona de Eli. Me giré rápidamente hacia él, fingiendo que no me había atrapado mirando. —¿Qué estás haciendo? ¿Meditando sobre la pureza del gi de Keene?

—Andate a la mierda, Halcon —le respondí, empujándolo con el hombro.

Eli soltó una carcajada, pero me lanzó una mirada que dejaba claro que sabía exactamente en qué estaba pensando. Genial. Como si necesitara que mi compañero de equipo tuviera material para molestarme todo el día.

—Dale, calentá como corresponde —insistió Eli, señalando a Kyler y Piper, que ya estaban en plena acción.

Respiré hondo y traté de enfocarme. No podía darme el lujo de distraerme, no ahora. Pero cada vez que intentaba concentrarme, mi mirada volvía a desviarse hacia Robby.

Lo peor era que él ni siquiera parecía darse cuenta. Claro, ¿por qué lo haría? Estaba demasiado ocupado charlando con Miguel y ajustando los nudos de su cinturón. De vez en cuando, sonreía con esa expresión relajada que me sacaba de mis casillas. ¿Cómo podía ser tan irritantemente... él?

—¿Todo bien amiga? —preguntó Piper, con una ceja levantada mientras estiraba los brazos.

—Todo perfecto —mentí, girando el cuello para soltar la tensión acumulada.

Kyler, que estaba al lado de Piper, agregó con una sonrisa burlona:

—Seguro está pensando en su próximo movimiento para destruir al equipo contrario. ¿O será que está pensando en alguien más?

—¿Vos también te querés ganar una patada? —le respondí, fulminándolo con la mirada.

El grupo se rió, pero yo no tenía ganas de seguir el juego. Necesitaba despejar mi mente antes de que mi frustración me jugara en contra. Me obligué a enfocarme en mis propios movimientos, estirando los músculos y ajustando mi cinturón.

Sin embargo, mi atención volvió a desviarse cuando escuché la risa de Robby desde el otro lado del tatami. Esa risa que parecía resonar directamente en mis oídos, como si estuviera dirigida exclusivamente a mí. Lo vi chocando los puños con Miguel, ambos intercambiando algún comentario que los hacía reír aún más.

—Si seguís mirándolo así, le vas a hacer un agujero en el gi —dijo Eli, inclinándose hacia mí con una sonrisa maliciosa.

—¡No lo estoy mirando! —exclamé, demasiado rápido para que sonara convincente.

Eli arqueó una ceja, claramente disfrutando mi incomodidad.

—Claro, claro. Lo que vos digas, reina. Pero si me lo preguntás, no sé por qué perdés el tiempo mirando a alguien que nunca va a mirar para este lado.

—¿Qué querés decir con eso? —le espeté, girándome hacia él.

Eli se encogió de hombros, fingiendo indiferencia.

—Nada. Solo digo que está bastante ocupado con tu prima perfecta y su séquito.

Mis manos se cerraron en puños automáticamente. Addison. Esa maldita princesa siempre tenía que estar metida en el medio. La vi junto a Robby, estirando sus brazos hacia el con movimientos delicados, como si estuviera en una clase de yoga.

—Ella no es perfecta —murmuré entre dientes, más para mí misma que para Eli.

—Decíselo a Robby —replicó Eli, dándome un codazo antes de volver a su calentamiento.

Miré hacia el otro lado nuevamente, y justo en ese momento, Robby levantó la cabeza. Su mirada se cruzó con la mía, y por un segundo que pareció eterno, el mundo a mi alrededor desapareció. Había algo en sus ojos que me hacía olvidar todo lo demás, como si fuera capaz de leer cada uno de mis pensamientos más oscuros.

Pero luego, como si nada, me dio la espalda y siguió con lo suyo.

—Idiota —murmuré para mis adentros, volviendo a concentrarme en mis propios movimientos.

Sin embargo, mientras ajustaba mi postura y me preparaba mentalmente para el torneo, no podía evitar sentir que esta jornada iba a ser mucho más complicada de lo que había anticipado.

El sonido de mis puños chocando contra los guantes nuevos de Piper era lo único que llenaba mi cabeza. El eco de cada golpe me envolvía, sofocando cualquier otra cosa: voces, pensamientos, emociones. Todo lo que sentía se escapaba con cada movimiento agresivo, cada golpe que lanzaba con más fuerza de la necesaria.

—Tory, ¡aflojá un poco! —se quejó Piper, bajando los guantes para sacudirlos. —¡50 dólares me salieron y me los vas a romper!.

—Entonces defendete mejor —respondí sin mirarla, respirando agitada mientras flexionaba las manos para prepararme.

Piper me lanzó una mirada entre divertida y preocupada, pero no insistió. Sabía que cuando estaba en este estado era mejor no decir demasiado. Aunque esta vez su silencio me molestó. No podía decirle que estaba peleando contra cosas que no tenían nada que ver con ella.

Mis pensamientos se rompieron cuando escuché voces familiares. Instintivamente bajé los puños y miré hacia la entrada del tatami. Allí estaban Miguel, Sam y Robby entrando como si fueran la realeza de Miyagi-Do. Miguel llevaba esa sonrisa despreocupada que siempre tenía, saludando a todos los que se cruzaban. Sam caminaba a su lado, con una expresión seria y los brazos cruzados, mientras Robby se mantenía unos pasos detrás, con esa postura relajada pero alerta que tanto me irritaba. Y me gustaba.

Miguel fue directo hacia Eli, levantando la mano para chocar los puños con él.

—¡Hermano! —exclamó Miguel con esa energía suya que siempre lograba calmar cualquier ambiente. —¿Listo para hoy?

Eli sonrió con esa mezcla de suficiencia y burla que le salía tan natural.

—Siempre listo. ¿Vos? Espero que hayas pagado el seguro médico.

—¿Otra vez con eso? —Miguel rió, chocando los puños con él. —Decime después si querés que te preste una pala para recoger tu orgullo cuando terminen con vos.

Mientras ellos bromeaban, mi mirada se cruzó con la de Sam. Su expresión se endureció al verme, pero no dijo nada. Robby, por otro lado, me lanzó una mirada de reojo antes de fijar la vista en Eli con lo que parecía una advertencia silenciosa.

—¿Vas a quedarte ahí mirando o vas a saludar? —murmuró Piper junto a mí, con una sonrisa traviesa.

Rodé los ojos, pero terminé avanzando hacia ellos, con Piper siguiéndome de cerca. No podía dejar pasar la oportunidad de saludar a Miguel, aunque sabía que esto traería problemas.

—Miguel, hola —dije, forzando una sonrisa que rápidamente se volvió más genuina al ver su expresión.

—¡Tory! —respondió él, como siempre, con entusiasmo. —¿Lista para hoy?

—Siempre —dije con confianza, chocando los puños con él.

Piper no perdió la oportunidad de meter su cuchara. Se inclinó hacia mí y murmuró lo suficientemente fuerte como para que todos la escucharan:

—¿Y qué pasa con el novio de tu prima? ¿No lo vas a saludar?

Mi sonrisa se congeló, y sentí el calor subiendo por mi cuello. Sabía que lo hacía solo para incomodarme, pero no iba a darle el gusto.

—Por supuesto que lo voy a saludar —respondí con un tono que destilaba sarcasmo.

Me acerqué a Robby, caminando con paso firme, y disfruté más de lo que debería la manera en que su expresión pasó de neutral a cautelosa.

—Keene, ¿cómo estás? —pregunté, mi voz sonando dulce, demasiado dulce como para no levantar sospechas.

—Bien —respondió él, manteniéndose neutral, aunque su mirada decía otra cosa.

Antes de retirarme, coloqué mi mano en su espalda, dejando que mis dedos se deslizaran apenas sobre la tela de su gi. Lo hice despacio, lo suficiente para que él lo notara.

—Me alegra saberlo —añadí, sin apartar la mirada de la suya.

Vi cómo su mandíbula se tensaba, y no pude evitar que una sonrisa satisfecha se asomara en mis labios. Pero el momento quedó interrumpido cuando Eli decidió prender fuego al ambiente.

—¿Sabés, Miguel? Hoy vamos a aplastar a tu equipo. Ni siquiera va a ser divertido.

Sam giró los ojos antes de cruzar los brazos.

—¿En serio? —dijo, dando un paso adelante. —Siempre tenés que hablar de más, ¿no?

—Alguien tiene que hacerlo —respondió Piper, poniéndose al lado de Eli. —Además, ¿para qué mentir? Todos sabemos cómo va a terminar esto.

—¿Vos también? —Robby levantó una ceja, dando un paso hacia ellos. —¿Te sentís valiente porque estás detrás del ridículo este?

Eso fue suficiente para que Eli avanzara hacia Robby, con Piper a su lado.

—¿Por qué no dejamos de hablar y lo resolvemos ahora? —sugirió Eli, con una sonrisa desafiante.

—¿Por qué no? —Robby devolvió la sonrisa, aunque la suya estaba cargada de peligro.

—¡Cortenla! —intervine, poniéndome entre ellos mientras Miguel hacía lo mismo con Sam.

—¡Paren! Esto no es el momento ni el lugar —dijo Miguel, mirando a todos con calma, aunque su tono tenía un toque de autoridad que no dejaba espacio para discusiones.

—En realidad ,si es el lugar.—Respondió Piper con total obviedad—.

—No soporto a los Toriguel en modo padres.—Dijo el de cresta—.

—Cállense —Respondí, mirando a Eli y Piper. —Guardemos la energía para el torneo, ¿sí?

Aunque retrocedieron, no lo hicieron sin lanzar miradas desafiantes.

—Esto va a ser divertido —murmuró Eli, aunque lo suficientemente alto como para que Robby lo escuchara.

Por su parte, Robby se quedó unos segundos más en su lugar, mirándome como si intentara descifrar mis intenciones.

—Nos vemos.—dijo finalmente, antes de girarse para marcharse con Sam.

Lo observé marcharse, tratando de ignorar cómo mis manos temblaban ligeramente. Esto recién empezaba, y ya sabía que el día iba a ser mucho más largo de lo que había imaginado.

El lugar estaba envuelto en una atmósfera tensa, como si todos supieran que algo importante estaba a punto de ocurrir. Cobra Kai y Miyagi-Do estaban alineados frente a frente, listos para los combates que determinarían mucho más que un simple marcador.Kreese se paseaba por nuestro lado, con las manos detrás de la espalda, y una expresión que destilaba desdén hacia cualquiera que no llevara nuestro uniforme negro.

—Escuchen bien, porque no voy a repetirlo —dijo con su voz áspera y su tono cargado de amargura. Sus ojos pasaron por cada uno de nosotros: Piper, Eli y yo. —Hoy no solo se trata de ganar. Se trata de aplastar. Quiero que ellos se den cuenta de que sus reglas, sus filosofías, y sus defensas son inútiles frente al poder de Cobra Kai.

Hizo una pausa, girándose hacia el lado de Miyagi-Do, donde Robby, Miguel, Demetri y Sam estaban de pie. Sus miradas eran firmes, pero no se podía negar que la presencia de Kreese los incomodaba.

—Miyagi-Do —continuó Kreese, con una sonrisa que no era más que puro veneno. —Siempre tan tranquilos. Tan seguros de su "equilibrio". Veamos si su estúpido equilibrio los salva hoy.

Miguel intercambió una mirada con Sam, que claramente estaba irritada con el discurso. Robby, por su parte, mantenía su expresión neutral, pero había una chispa en sus ojos, como si estuviera esperando una oportunidad para demostrarle a Kreese que no tenía razón.

—Eli contra Robby —anunció Kreese finalmente, ignorando cualquier reacción. —Y después, Nichols contra LaRusso. Capitanes contra capitanes. Quiero que ambos combates sean limpios... pero sin piedad.

Eli dio un paso al frente, listo para subir al tatami, mientras Robby hacía lo mismo. Pero antes de que comenzara el combate, algo —o más bien alguien— interrumpió el momento.

—¡Robby! —la voz de Addison resonó en el dojo como si fuera la protagonista de una película romántica.

Me giré justo a tiempo para verla entrar. Mi prima, siempre perfecta, con ese aire de confianza que podía ponerme de malhumor en un segundo. Se dirigió directamente hacia Robby, ignorando por completo las miradas curiosas de todos los presentes. Sin previo aviso, lo tomó por el cuello y lo besó. No un beso rápido, no, sino uno de esos besos de la buena suerte.

El tiempo pareció detenerse. Sentí como si alguien me hubiera vaciado un balde de agua helada por la espalda. Mi estómago se retorció de una manera que no podía controlar, una mezcla de rabia, envidia y algo más que no quería admitir. Apreté los puños con tanta fuerza que las uñas se me clavaron en las palmas. Addison se apartó con una sonrisa descarada y Robby la miro embobado.

—Buena suerte, campeón —le dijo con una voz melosa, ignorando por completo las miradas de todos a su alrededor.

Robby lucía un poco desconcertado, pero también satisfecho, lo cual solo hizo que mi rabia aumentara. Mis pies se movieron antes de que pudiera detenerme. Caminé directamente hacia Eli, quien ya estaba preparado para el combate. Sin decir una palabra, lo empujé a un lado, sorprendiendo a todos.

—¿Qué hacés? —protestó Eli, mirándome como si me hubiera vuelto loca.

—Yo peleo con él —respondí, mi voz fría como el hielo.

—Nichols, esto no es lo que...—Kyler intentó intervenir, pero lo ignoré.

—¡Fuera de mi camino! —ordené, apuntando a Eli con un dedo.

Robby levantó las manos, claramente confundido. —Tory, ¿qué estás haciendo? Este era mi combate con Halcon.

El lugar quedó en silencio, salvo por un leve suspiro que alguien intentó contener. Piper me lanzó una mirada de sorpresa, mientras Eli soltaba un leve "¿Qué demonios...?" en voz baja. Miguel trató de disimular su incomodidad, y Sam simplemente cruzó los brazos con una expresión que oscilaba entre la irritación y el fastidio.

—Tory... —Kreese intervino, pero no parecía molesto, sino intrigado. Su mirada evaluadora se posó en mí, como si estuviera midiendo algo. Finalmente, hizo un gesto con la mano. —Déjala.

Eli bufó y retrocedió, cruzándose de brazos. Piper no dijo nada, aunque me miraba con una mezcla de confusión y preocupación.

Robby, por su parte, parecía atónito. —¿Qué estás haciendo?Loca de mierda —preguntó, frunciendo el ceño.

—¿Te asustás? —le respondí, poniéndome en posición de combate. —Vamos, Robby. Mostrame lo que tenés.

Robby suspiró, claramente irritado, pero adoptó su postura defensiva de Miyagi-Do. No dijo nada más, y el silbato sonó para marcar el inicio del combate.

No le di tiempo para pensar. Mi ataque fue inmediato, lanzando una serie de golpes rápidos que lo obligaron a retroceder. Robby bloqueaba con habilidad, pero estaba claro que mi agresividad lo había tomado por sorpresa.

—¿En serio? —preguntó mientras esquivaba una patada que estuvo a punto de impactar en su costado. —¿Qué te pasa?

—Nada que te importe —respondí, lanzando otro ataque que lo hizo tambalearse.

Robby comenzó a contraatacar, usando su estilo defensivo para frustrar mis intentos de acercarme. Era bueno, no podía negarlo, pero mi rabia y determinación eran más fuertes.

El marcador avanzaba: 1-1, luego 2-2. Cada punto era una batalla en sí misma. Robby intentó usar mi agresividad en mi contra, pero no se dio cuenta de que yo también sabía adaptarme. En el último intercambio, logré anticipar su movimiento y conecté una patada giratoria que lo desbalanceó, asegurando mi victoria.

3-2. Gané.

El dojo estalló en aplausos. Piper me abrazó, mientras Kreese me daba una mirada aprobatoria.

—Así se hace, Nichols —dijo con una sonrisa de satisfacción. —Eso es Cobra Kai.

Robby, en cambio, se quedó sentado en el tatami, mirándome con una mezcla de sorpresa y frustración. No le dije nada. No necesitaba hacerlo. Mi punto ya estaba claro.

17:45 p.m

El lugar aún vibraba con la emoción de los combates anteriores. Cobra Kai y Miyagi-Do estaban empatados nuevamente tras la reñida pelea entre Eli y Sam. El tatami había sido testigo de la feroz destreza de Sam, quien aprovechó un momento de distracción de Eli para marcar el punto ganador. Aunque no me gustaba admitirlo, la victoria fue limpia, y el empate mantenía la competencia al filo.

Me entregaron una copa por mi desempeño como capitana, al igual que a Sam. La miré de reojo mientras levantábamos los trofeos, notando que evitaba mi mirada. No la culpaba. Sabía que en su lugar yo tampoco querría cruzar palabras conmigo.

Cuando la ceremonia terminó, mis padres se acercaron desde las gradas. Mi madre, vestida impecablemente como siempre, me observaba con una mezcla de orgullo y expectativas. Mi padre, más reservado, llevaba su habitual actitud de distanciamiento crítico.

—Muy bien, querida. Demostraste que puedes liderar —dijo mi madre, dándome un beso en la mejilla. Su perfume dulce y costoso me envolvió por un momento. —Aunque, cariño, ¿no crees que fuiste un poco... intensa con Robby?

Rodé los ojos. Intensa. Siempre esa palabra.

—No sé de qué hablas. Solo hice lo necesario para ganar.

Mi padre asintió con aprobación.

—Eso es lo que esperaba escuchar. Una victoria es una victoria, sin importar cómo se obtenga. —Se inclinó hacia mí, con ese tono suyo que siempre era más una orden que un consejo. —Pero recuerda: controla tus emociones. No dejes que te dominen.

—Sí, claro —respondí, sin ganas de discutir. Mis emociones eran lo único que me mantenían en pie, pero claro, eso no era algo que ellos entendieran.

Con la entrega de premios concluida, comenzaban las pruebas de habilidades. No participaría en esta etapa, así que me quedé al margen con Eli.Piper y Kyler representarían a Cobra Kai en este segmento, enfrentándose a Robby, Sam ,Miguel y Demetri de Miyagi-Do. Mientras tanto, Eli y yo nos acomodamos junto a las gradas para observar.

—¿Qué te pareció mi pelea? —preguntó Eli, cruzándose de brazos mientras miraba al tatami, donde los participantes comenzaban a prepararse.

—Decente —respondí con una sonrisa burlona. —Aunque te diste vuelta para mirarme, Halcón. Eso te costó el combate.

Eli soltó una carcajada seca.

—Claro, porque la princesa no hizo nada impulsivo hoy, ¿no?

Iba a responder, pero mi atención se desvió cuando vi a Addison, acercándose desde el otro lado del gimnasio. Su expresión lo decía todo: estaba furiosa. Sus pasos decididos y su mirada clavada en mí eran un aviso de que lo que venía no iba a ser agradable.

—Oh, genial —murmuré, resoplando. —Ahí viene la delegada del club de fans de Robby.

Eli levantó las cejas, divertido.

—Esto va a ser bueno. —Se inclinó ligeramente hacia atrás, claramente dispuesto a disfrutar del espectáculo.

Addison se detuvo frente a mí con los brazos cruzados, su mirada fulminante haciendo que casi me riera por lo seria que intentaba parecer.

—¿Qué fue eso? —exigió, señalándome con un dedo acusador. —¡Le diste una paliza a mi novio! ¿Qué te pasa?

Me crucé de brazos, fingiendo indiferencia.

—Fue un cambio de último minuto. Kreese quiso que yo peleara con él. Nada personal.

Addison soltó una risa incrédula.

—¿Nada personal? Claro, como si te importara un carajo lo que diga tu sensei. No me vengas con excusas, Tory. Esto fue por mí, ¿verdad? Estás ardida porque Robby está conmigo.

Mis músculos se tensaron, pero mantuve mi expresión neutral. Sabía que no podía admitir la verdad, que todo mi enojo en el tatami había sido impulsado por esa escena entre ellos.

—Ya te dije que fue una decisión de Kreese —repetí con calma. —Pero si queres creer que todo gira en torno a vos, adelante.

Addison se inclinó hacia mí, sus ojos ardiendo de rabia.

—No me tomes por idiota, Tory. Sé perfectamente lo que estás haciendo. Pero te aviso: no te metas con Robby. Él no es parte de tus jueguitos de Cobra Kai.

Eli soltó una carcajada desde su lugar.

—¿Tus "jueguitos", Nichols? Eso suena a una telenovela barata.

Le lancé a Eli una mirada que claramente decía cállate. Addison, en cambio, no parecía encontrarle nada gracioso.

—No me interesa tu estúpido novio ,estoy muy cómoda con Eli ,¿no lo ves?.

—Te lo advierto, Tory. Mantente lejos de él. —Se dio la vuelta con un movimiento dramático y se marchó, dejando en el aire una tensión que casi podía tocarse.

Eli me observó con una sonrisa burlona.

—¿Así que ahora andas peleando por amor? Y encima soy un cornudo...—bromeó. —¿Quién lo diría? Tory Nichols, romántica secreta.

Rodé los ojos.

—Cerra tu hermosa boquita.

—Hey, no me malinterpretes. —Levantó las manos en señal de rendición. —Si queres a Robby, ve por él. Aunque, claro, primero tendrías que admitirlo.

—No me interesa Keene —respondí rápidamente, pero incluso para mí sonó poco convincente.

Eli sonrió aún más.

—Claro que no. Y yo soy monje tibetano.

Lo ignoré y volví mi atención al tatami, tratando de borrar de mi mente tanto a Addison como a Robby. Pero sabía que no sería tan fácil.

19:34 p.m

El sol comenzaba a caer, tiñendo el cielo con tonos naranjas y púrpuras mientras salíamos del dojo tras un día agotador. Piper caminaba delante, tarareando una canción que nadie más reconocía, mientras Miguel y Eli discutían sobre quién había hecho mejor en las pruebas de habilidades. Yo iba unos pasos detrás, apenas prestando atención a lo que decían. Mi mente estaba en otra parte, específicamente en la escena del tatami con Robby. La sensación de que quizá había ido demasiado lejos me carcomía un poco.

Cuando nos acercábamos al estacionamiento, mi mirada se desvió automáticamente hacia donde Robby estaba guardando sus cosas. Su postura tensa y la forma en que cerraba la mochila con un movimiento brusco dejaban claro que seguía molesto. Fruncí el ceño, sintiéndome aún más culpable.

—Vayan ustedes —les dije a los chicos, deteniéndome.

Eli se giró, levantando una ceja con curiosidad.

—¿Qué pasa, Nichols? ¿Planeas una misión secreta?

—Nada de eso. Solo olvidé algo —mentí.

Piper fue la primera en notar hacia dónde estaba mirando y, como era de esperarse, no perdió la oportunidad de molestarme.

—¿Olvidaste algo o alguien? —canturreó con una sonrisa traviesa.

Miguel se unió rápidamente a la broma.

—Parece que alguien tiene asuntos pendientes.

Eli no se quedó atrás, haciendo un ruido de besos exagerado.

—Estamos acá para apoyarte amigui.

Rodé los ojos, exasperada.

—Son insoportables, ¿lo saben? —les espeté.

—Solo un poquito —respondió Eli, haciendo un gesto con los dedos.

Piper se inclinó hacia él y añadió en tono de complicidad:

—Tal vez más que un poquito.

Miguel se cruzó de brazos, tratando de parecer serio, aunque su sonrisa lo traicionaba.

—Está bien, chicos, denle espacio a Tory para que arregle las cosas con su Romeo.

—¡Cállense ya! —espeté, sintiendo el calor subir a mis mejillas. Les hice un gesto con la mano para que se fueran. —Vayan antes de que cambie de opinión y decida dejarlos tirados.

Con risas y más burlas, se alejaron, dejándome sola. Respiré hondo antes de girarme y caminar hacia Robby. Cada paso me pesaba, y mientras me acercaba, pensé en dar media vuelta. Pero no podía hacerlo, no después de cómo me había comportado.

—¿Te vas a quedar ahí o necesitas algo? —preguntó Robby, sin mirarme. Su tono era seco, claramente todavía molesto.

—Vine a hablar contigo —dije, plantándome frente a él.

Por fin levantó la vista, sus ojos avellana llenos de una mezcla de sorpresa y cautela.

—¿Hablar de qué? —preguntó, cruzándose de brazos.

—De lo de hoy.

Robby arqueó una ceja, esperando a que continuara. Sentí mi orgullo rebelarse, como siempre, pero lo empujé a un lado. Había tomado la decisión de disculparme, y lo iba a hacer.

—Mirá, Robby, sé que lo de hoy no fue justo —comencé, bajando ligeramente la mirada antes de obligarme a mantener el contacto visual. —Fui demasiado impulsiva y... tal vez un poco agresiva.

—¿Un poco? —repitió, su tono sarcástico, pero no demasiado hostil.

Suspiré.

—Está bien, fui muy agresiva. Pero no fue algo personal. Bueno, tal vez un poquito. —Me mordí el labio, insegura de cómo seguir. —No sé. El punto es que lo siento.

Robby me observó en silencio por un momento, evaluándome. Luego, dejó escapar una pequeña risa.

—¿Sabés qué es lo peor? —dijo finalmente, una sonrisa burlona asomándose en su rostro. —Hasta diría que fue divertido. Aunque esperaba pelear con Eli.

Su tono ligero me tomó por sorpresa, y antes de darme cuenta, estaba sonriendo también.

—¿En serio? —pregunté, alzando una ceja. —¿Y perder contra Eli te habría dolido menos?

—¿Perder? —repitió, haciendo un gesto exagerado de ofensa. —¿Quién dijo algo de perder?

—Es Eli. Te habría destrozado —repliqué, cruzándome de brazos para imitar su postura.

—Claro que no. —Se inclinó hacia su mochila y sacó una botella de agua, destapándola mientras se reía.

Fue entonces cuando me di cuenta de que se había quitado la remera, y mi cerebro, por alguna razón, decidió detenerse en ese detalle. Su risa, ligera y despreocupada, lo hacía ver incluso más encantador. Sentí cómo el calor volvía a mis mejillas y desvié rápidamente la mirada.

—Bueno, da igual —dije, tratando de sonar casual. —El empate sigue en pie. Tal vez tengas tu revancha otro día.

Robby se encogió de hombros, todavía sonriendo.

—Tal vez.

Se guardó la botella en la mochila y comenzó a cerrar el cierre, dándome una última mirada antes de levantarse.

—Nos vemos, Nichols.

Lo observé marcharse, sus pasos seguros y relajados mientras se dirigía hacia la salida. Sabía que Addison probablemente lo esperaba afuera, y esa idea me dio una punzada en el pecho que no quería analizar. Me quedé ahí unos segundos más antes de sacudir la cabeza y regresar con los chicos. Había sido un día largo, pero, por extraño que pareciera, también me había dejado con una sensación de calma que no esperaba.

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