10.
Anna.
Abro los ojos como platos al ver las intenciones que tiene y trago saliva nerviosa. Lo veo cerrar los ojos y acercarse y por mucho que quiera besarlo no puedo, no me sale, por lo que cuando está apunto de hacerlo me hago a un lado ágil, consiguiendo que bese lo que va siendo toda la pared. No puedo evitar reírme ante al acto, por muy cruel que sea. Un Jesus Oviedo besando una pared no se ve todos los días.
Me mira entre una mezcla de decepción, enfado y comprensión, y después deja salir un suspiro.
-Jesús.-hablo pero niega con la cabeza para que no siga.-No es nada personal, créeme.-aclaro.-Pero hay una cosa que se llama autoestima, y no pienso tragarme las babas de Cath así porque sí.
No dice nada durante unos largos segundos, se ve que no contaba con que yo supiera lo que ha echo esta noche.
-¿Cómo...?-susurra.
-Había olvidado las llaves y he vuelto.-le interrumpo.-Ahí lo he visto.-me acerco a la cafetera para preparar de nuevo el café que el muy patoso me ha derramado por encima.-¿Enserio me ibas a besar después que a ella?-le pregunto incrédula.-Yo no soy el segundo plato de nadie, no quiero serlo.
-Ha sido todo un malentendido.-se defiende.-Sí Sonia no me hubiera mentido con lo de que te habías venido con un tío, no la habría besado.
-No es ese el tema.-vocalizo pensando en lo capulla que ha sido la rubia.
-Vale, está bien.-se sienta.-Olvidemos que esto ha pasado.
-No voy a olvidar que de casi me besas, Jesús.-suspiro llevándome el caliente líquido a la boca.-No quiero hacerlo.
-¿Por qué?-sonríe juguetón.
Mierda, debería empezar a callarme.
-¿Y por qué no?-contesto haciendo que ruede los ojos lentamente.-Esta bien, olvidémoslo.
-Ahora el que no quiere soy yo.
-Pues...-me muerdo el labio.-Solo te digo que...-doy un trago antes de sonreír como si de verdad nada hubiera pasado.-Has besado una pared.-doy una suave carcajada.-Creo que con lo de disfrazarte de tía y esto, ya tengo para burlarme de ti una vida entera.
-¿Si?-levanta las cejas.-¿Vas a estar conmigo una vida entera?
Sonrío mirando al suelo porque de verdad que debería dejar de hablar de una vez, y asiento minutos después.
La verdad es que de repente ha vuelto esa confianza y ese buen rollo de hace unos años y eso me da miedo y me encanta a la vez, no sé.
-Contigo y con todos.-doy un sorbo divertida.-No te emociones.
******
Calum.
-Deberíamos irnos a casa.-le repito a Sonia por decimoquinta vez.-Ya has bebido mucho y mírate.-prosigo.-No puedes si mantenerte en pie.
-No quiero interrumpirles.-me dice y sé que está pensando en Ann.
-Pero si conociéndolos no van a hacer nada.-sonrío.-Y menos Ann, que con lo orgullosa que es...
-Esta bien, está bien.-se rinde.-Pero vamos a la playa un rato.
Ruedo los ojos para luego sonreírle y, dándome la mano, salir del puf hacia el gran y bonito paseo.
-Pensaba que jamás te volvería a ver, ¿sabes?-susurra tambaleándome.-Me creía que me habrías olvidado y...
-Jamás he podido hacerlo.-admito sorprendiéndola.-Créeme, no es fácil.-sonríe y hago lo mismo entrelazando nuestras manos.-Eres Sonia Vargas, esa que cuando pasa por una vida deja marca, un maldito huracán que me hace perder todos los malditos puntos cardinales, ¿lo entiendes?-me chupo los labios.-La verdad es que necesitaba desahogarme, decírtelo.
-¿Por qué sabes que mañana no me acordaré?-duda y asiento. Necesitaba soltárselo y que esté borracha es un punto a mi favor.-¿Me lo recordaras?
-No.-susurro.-No quiero que pienses que estoy loco.
-No lo pienso.-gruñe.-Pero si lo eres me da igual, porque entonces seríamos dos locos muy locos.-no puedo evitar sonreír ante sus dudosas palabras.-Además, creo que al menos me acordaré de que te bese, y me dará igual porque es de verdad lo que quería hacer.
-Oh, bueno saberlo.-dudo y se muerde el labio intentando no sonreír.
-Si, que los borrachos siempre dicen la verdad.-asiente abrazándome de lado.-¿Quieres oír una locura?
-Sorpréndeme.
-El año pasado fui a Mallorca.-me dice sorprendiéndome.-Y estuve apunto de ir a verte, sabía por tus redes que aunque ahora vives en Madrid, estabas allí de vacaciones.
-¿Y por qué no lo hiciste?-dudo.-Sería una alegría.
-Tenía miedo.-suspira.-No sé de qué pero lo tenía.-apoya su cabeza en mi hombro.-Ah, y conocí a Noa.-sonríe ilusionada.-¿Cómo puede ser tan mona tu hermana?
-¿A Noa?-sonrío orgulloso sin poder evitarlo.-¿Cuándo?
-Estaba en la playa y la reconocí. No, no, mentira..-pone cara de culpabilidad.-Le pisé sin querer el castillo de arena y le ayudé a construir otro.
-Oh, entonces serás tú la rubia que me quería presentar.-me río recordando aquello.-Habría estado bien.
-Me hubieras dejado totalmente anonadada.-se dirige hacia la orilla para sentarse.-El mundo es un pañuelo.
-Si.-hablo colocándome a su lado, notando como la húmeda arena me moja todo lo que viene siendo el culo.-Hostia.-me quejo.-Ya me he...
-¿Sigues enamorado de mi?-me interrumpe sería.-Estoy empezando a estar sobria y quiero saberlo.
-Sonia yo...
-Dímelo, por favor.
Asiento dudoso y trago saliva. Jamás he conocido a alguien tan real como lo es ella, que solo con tenerla cerca note que el corazón me va a mil y que se me va a salir del pecho, aunque eso sea imposible. No sé si estaré enamorado o loco, pero a estas alturas me da igual.
-Me he enamorado muchas veces.-le digo y pone una mueca de decepción.-Pero estoy acojonado porque siempre ha sido de ti.
-¿Y eso es malo?-susurra intentando ocultar una sonrisa, cosa que no consigue.
-Según.-trago saliva sin saber cómo decir lo que quiero decir.-Puede ser bueno si...-la miro tiernamente.-¿Tú estás enamorada?
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