"Perdido"
La mañana se mostró fresca, el viento soplaba pero no despeinaba, había rocío en los pétalos de las flores y las carreteras estaban llenas de charcos, el sol aveces aparecía y aveces no al igual que la sonrisa en Kikyo.
La pequeña niña salió de su casa preparada para ir a la escuela. Siempre iba sola, aún recordaba al pequeño cachorro que había ayudado, sentía compasión por el, ya que se parecía tanto a ella.
Mientras caminaba iba recordando la mirada que le había lanzado el cachorro, era como el brillo deslumbrante de un cometa que se presenciaba de vez en cuando en el cielo y solo tenían la suerte de verlo unos cuantos pocos.
Sostenía en manos un papel muy importante que debería de entregar a su institución, pero el viento travieso lo arrebato de su mano llevándoselo, Kikyo desesperada seguía el papel pero el viento corría más veloz que ella. La aparición del cachorro de hizo unos segundo después, Inuyasha corría tras la hoja, evadía a las personas y sus patas iban a una gran velocidad e incluso el collar que traia puesto golpeaba su cara.
Kikyo inmediatamente se percató de que se trataba del mismo cachorro que había ayudado una tarde antes, trato de llevarle el paso al perro pero él era más rápido, quería detenerlo ya que su pata delantera aún estaba lastimada, y si seguía corriendo así podría herirse aun mas, pero al cachorro parecía no importarle y siguió corriendo.
Kikyo: ¡Inuyasha!...Detente...¡Espera!
Inuyasha solo volteo unos segundos para asegurarse de que la niña seguía tras él, tomo impulso y siguió persiguiendo el papel. Fue cuando Kikyo cuenta se dio de que el cachorro corría tras su documento.
Kikyo: Espera perrito...¡!Tu pata aún no está bien y si sigues corriendo así te lastimaras!! *Le advirtió*
Hasta que el viento se cansó y dejó caer el papel, Inuyasha enseguida lo aplasto con una de sus patitas para que no emprendiera el vuelo otra vez, la niña corría hacia su dirección exaltada.
Kikyo: ¿Que tratas de hacer perrito?...
El cachorro se sentó y rasco con una de sus patas traseras su oreja.
Kikyo: Ya entiendo...veniste a ayudarme, gracias perrito
Se arrodilló y tomo en manos su documento para después ocultarlo en su mochila. Inuyasha se acercó a ella y lamió su rostro.
Kikyo: ¡Detente!...Me llenas de baba... Inuyasha
Detuvo su ataque y se acosto, parecía estar cansado por la persecución. La niña al observar la condición del perro saco de su mochila su botella de agua y la virtio sobre sus manos juntandolas y haciendo un cuenco, así el cachorro bebió agua.
Kikyo: Que perro tan bello *Comenzó a acariciar su lomo*
Se dio cuenta de que se le estaba haciendo tarde para ir al colegio y no dudo en emprender la carrera, Inuyasha iba tras ella siguiéndola.
Kikyo: Vuelve Inuyasha...Vete ya no me sigas que te perderás y ya no sabrás cómo volver
El cachorro insistió y pronto ya se encontraba al lado de ella corriendo.
Al llegar al colegio los docentes le regañaron por su impertinencia y le dejaron en el patio con libros en mano.
Inuyasha se dio cuenta y por dentro sentía una rabia, miraba a la pequeña llorando, así que pensó en animarla. Se asomó por uno de los huecos de las rejas y ladró.
Kikyo escucho su llamado y volteo al lugar donde había oído el ladrido, se trataba de Inuyasha quien estaba dando vueltas sin control, se tiraba, saltaba, giraba y también movía alegremente su colita. La niña se rió discretamente pues le daba gracia lo que hacía el cachorro, así las lágrimas cesaron y sus ojos brillaron, en sus labios se coloreba el sol y en sus mejillas el amor.
Eran tan pura, tan inocente, tan sencilla, las cualidades que enamoraron a un cachorro, sentía una gran alegría cuando ella se acercaba, cuando lo miraba y cuando sonreía. Pero eso no duro mucho tiempo.
Inuyasha al tratar de regresar se perdió, había demasiada gente, tanta que se confundió y tomo otro camino, le resultaba confuso el ambiente, no recordaba ninguna de las calles, había también muchos autos, quería cruzar pero no podía, sintió temor, miedo de no volver a ver a Kikyo, desesperación por no volver a ver su sonrisa.
Desde esa tarde Kikyo no volvió a ver al cachorro plateado que la seguía, volteaba hacia atrás con la esperanza de que algún día apareciera de tras moviendo su cola de un lado a otro, sintió culpa, ya que probablemente se había extraviado por su descuido, sentía temor por las ideas que cruzaban su mente.
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