14.

Cuando Kagome me dice que va ducharse, que vaya a la cocina yo solo asiento saliendo de la habitación. Camino hasta la pequeña cocina de la amiga de Kagome y me rasco la nuca mientras me dirijo a la nevera para ver qué podemos comer y, aunque Kagome me ha dicho que no pasa nada, que su amiga no se va a enfadar aunque la dejemos sin comida yo sigo siendo cuidadoso a la hora de escoger los alimentos, no me gustaría que alguien anduviera poniendo mi cocina patas arriba.

Así que, lo más ordenado que puedo, busco mantequilla, pan de molde, dos cuchillos, dos platos y enciendo la tostadora cuando mi teléfono empieza a vibrar.

Es Miroku, se acaba de dar cuenta que no estoy en la fraternidad y me felicita por acabar con una chica, me sigue hablando y contando sus aventuras de anoche sin dejarme explicarle que no he hecho nada de lo que él pueda imaginar con su mente perversa. Cuando decide que ya ha hablado lo suficiente, me cuelga diciendo que por lo menos pase a comer y que les cuente, tanto a él como a Spark todo lo que he hecho.

Solo puedo suspirar mientras cuelgo y me guardo el teléfono en el bolsillo y coloco el pan en la tostadora, cuando solo me queda hacer una tostada, Kagome aparece vestida con unos pantalones anchos de yoga grises y una camisa de tirantes negra dejando su pelo suelto y mojado.

- ¿Has hecho tortitas, Inuyasha-kun? - pregunta mientras se sienta y mira su plato.- Eres genial...

Sonrío y desenchufo la tostadora, colocando un poco lo que he desordenado. Me siento a su lado y me doy la satisfacción de disfrutar del momento... de relajarme por un momento.

Cuando terminamos de comer, la chica que me gusta limpia los platos antes de que nos vayamos del piso. Cuando entramos en el coche, Kagome me dice el nombre de su residencia y dónde está situada, y, ahora que me doy cuenta, es la residencia más alejada a nuestra facultad, pero según ella es la mejor.

El edificio es enorme comparado con la fraternidad que parece más una casa grande. Su fachada tiene el nombre de la residencia y su año de creación, tiene un pequeño jardín delantero, con bancos y parece que hay dos caminos que conducen a un jardín trasero más grande. Necesitas pasar una tarjeta para entrar, que Kagome usa nada más llegamos. Me explica que no tienen un horario muy estricto, pero que, aun así ha habido días en los que no llegó a la hora.

Pasamos por la sala principal, que conecta con la cafetería y con un pasillo, en una esquina están las escaleras. Decido acompañarla hasta la puerta de su habitación aunque no me haya dicho nada, y, tengo pensado darle mi número de teléfono, que llevo apuntado en un papel guardado en el bolsillo, lo apunté antes de ponerme a hacer el desayuno.

Llegamos a la planta y se acerca a su puerta, saca una llave de sus pantalones y la abre sin dificultad. Miro sobre su cabeza y observo un pequeño saloncito común y dos puertas a los extremos, supongo que son dos habitaciones.

Ella se gira y me mira con la sonrisa más dulce que me ha dedicado nadie, decido entonces darle ese trozo de papel que tengo en mis manos, ella sonríe cando lo pongo sobre su palma y lo aprieta.

- Es mi teléfono... por si me necesitas...- susurró y ella asiente agradecida.

- Muchas gracias Inuyasha, has sido muy amable conmigo y no me has dejado sola en ningún momento. Recuérdame que te debo una comida - suelta como si nada, no dándose cuenta de que me acaba de proponer una cita y de que mi corazón va a mil.

De repente sus labios tocan mi mejilla, bueno, técnicamente tocan mi barbilla y me besan suavemente. Ella se despide de mí y cierra la puerta mientras mi mano se acerca a la parte donde ha depositado un beso.


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