SeHun
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Si, era un completo idiota por separase de su familia tras aquella discusión e internarse en el bosque. No debió hacerlo, lo sabe, pero estaba demasiado molesto con sus padres como para ponerse a pensar en su seguridad. Bien le habían dicho que aquel bosque era peligroso al anochecer y debía quedarse cerca de su cabaña, junto a su familia y la seguridad de ese terreno vacacional.
—SeHun, idiota, solo a ti se te ocurre. —se recrimino mirando a todos lados mientras alumbraba con la lámpara en su manos, al menos no había sido tan idiota como para sacarle de su bolsillo cuando su padre se la dio. —Ni una jodida idea de donde estoy. —y era cierto, todo a su alrededor se veía exactamente igual y que ya estuviera totalmente oscuro, lo emporaba.
Todo sucedió por culpa de su hermano menor, quien era demasiado mimado como para trabajar por sí mismo, ya que sus padres le pasaban todo y cuando este hecho a perder el dibujo que tanto le estaba costando, SeHun no dudo en gritarle e insultarlo, ganando regaños y una pelea con sus padres. Odiaba a su hermano por mimado y a sus padres por no ser imparciales con ambos.
Mordiéndose los labios y sintiendo sus ojos picar de frustración, se aguantó las ganas de seguir insultando su mala suerte. No era malo el ambiente, le gustaba para ponerse a dibujar y escuchar música.
—Es muy bueno, con la brisa fría y la luna en lo alto... igual que las historias donde sale un lobo como ese de allá y—se detuvo de golpe, mirando al imponente lobo gris oscuro que caminaba hacia el con lentitud. —Joder, joder. — se aferró con fuerza a su lámpara, retrocediendo con extrema precaución.
El lobo, de ojos amarillo fuerte y tamaño considerado, empezó a gruñirle mientras se acercaba. Era obvio que el lobo no iba a detenerse por más que se lo pidiera, tampoco iba a tener compasión suya si se echaba a llorar o si gritaba, para el animal solo sería comida.
Pensó en sus padres, tal vez aun molestos por su discusión o preocupados por su tardanza; su hermano, enfurruñado con él y culpándose seguramente cuando descubrieran lo que le había pasado. Sus padres tenían sus desventajas pero no les deseaba que cargaran con que se lo comió un lobo, los quería después de todo. Pensó en volver y pedirles ayuda pero todo estaba demasiado oscuro y aunque ya había intentado regresar sobre sus pasos, era evidente que estaba perdido y el lobo, cazador natural y con excelentes dotes nocturnas, le daría alcance antes de llegar.
También considero su propia constitución para defenderse del lobo pero era obvio que no iba a ganarle. Tomo aire, tragando duro antes de cruzar miradas con el lobo, mismo que se inclinó antes de que SeHun diera la vuelta y corriera como alma que lleva el demonio.
Fue obvio que solo se paniqueo mas y termino siendo alcanzado, el horrible dolor en su espalda fue el anuncio. El lobo se separó después de tirarlo, rodeándolo y gruñendo. SeHun jadeo del dolor, sintiendo su hombro separado de su cuerpo.
El animal, para su desconcierto, estaba sentado mientras lo miraba, demasiado tranquilo. Dejo que se levantara entre quejidos, quedándose en la misma posición, casi parecía que se tomara su tiempo disfrutando de su caza.
El miedo seguía ahí, sumado el dolor y la sangre que empapaba su ropa y el suelo bajo sus pies. Tras pasados unos buenos minutos, el lobo seguía igual y él estaba demasiado adolorido y asustado para moverse.
— ¿Por qué no me comes ya? — el lobo respondió con lo que está seguro, fue una especie de risa.
El lobo se pasó la lengua por los colmillos aun manchados con su carne y sangre, retomando su posición para atacarlo de nuevo. SeHun apretó su hombro por acto reflejo, tropezando antes de volver a correr. Que el animal lo pasara y le diera con el costado para tirarlo continuamente, le confirmo que en efecto estaba disfrutando cruelmente cazarlo casi como si fuera otro humano más; casi podía escucharlo reírse y burlarse de su miedo y dolor.
Para cuando sus piernas cayeron por décima vez y la falta de sangre provocada por la herida de su hombro y los rasguños en su cuerpo, SeHun se quedó tendido en el pasto y la tierra, desesperanzado de escapar.
Volvió a escuchar una especie de risa y desvió la mirada hacia la bestia, que seguía relamiéndose el hocico. Sonrió con sorna, indicándole entre jadeos que ya no iba a levantarse.
El cazador estiro las patas, saltando segundos después. SeHun cerró los ojos, esperando una inminente mordida que nunca llego a diferencia del sonido de un quejido lobuno y un fuerte golpe contra el suelo.
Abrió los ojos de golpe, contemplando como un lobo completamente oscuro, se posicionaba frente del lobo gris, pareciendo que lo protegía. El lobo gris, notoriamente más grande y fuerte que el negro, se levantó entre gruñidos de indignación y furia. Gracias al dolor en su cuerpo, solo pudo girarse de costado para observar el intercambio de gruñidos entre los lobos, como si discutieran como humanos. El más imponente golpeo el suelo con las patas mientras gruñía, acercándose sin dejar de mirar a SeHun.
El lobo blanco se volvió a interponer, gruñendo al contrario y adoptando una pose de pelea. Para SeHun, quien seguía débil, era aún más desconcertante que otro lobo lo defendiera o quizás, defendiera el derecho de comérselo.
La pelea entre los lobos no se hizo esperar y para su completa sorpresa, el lobo negro termino derribado mientras el negro se acercaba a él. Sintiéndose más débil y cansado, tanto como para dejarse caer en la inconsciencia, siendo un par de ojos grises lo último que vio.
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Despertó gracias a un suave calorcito en su cuerpo sumado a un delicioso aroma. El cuerpo le dolía horrores pero de alguna manera se sentía mucho mejor, por lo mismo intento sentarse, lográndolo con éxito ante su sorpresa. Inspecciono sus brazos y piernas, con algunas plantas extrañas, vendajes y curitas de unicornio. Su hombro también estaba vendado y podía divisar la forma de una planta debajo de la venda. Terminando la inspección de su cuerpo, siguió la del lugar donde estaba: paredes de madera con una enorme ventana, pinturas de la ciudad y el mar, una puerta por donde se podía entre ver el baño y muebles pequeños y bonitos.
— ¿Dónde estoy?... — aprovecho que el cuerpo no le pesaba como se imaginó y se levantó de la cama, caminando a pasito de pato por la habitación.
Se asomó por la ventana, maravillándose por la hermosa vista de la parte del bosque llena de flores y luz. Estuviera donde estuviera, era un lugar maravilloso casi salido de un cuento de hadas.
— ¿Qué haces despierto? Estas herido. — una suave pero masculina voz lo hizo saltar y girar con rapidez. — ¿Qué tal te sientes?
—Bien. — respondió automáticamente, siguiendo con la mirada al chico de cabello oscuro que dejaba una charola con fruta y agua encima de una mesa pequeña. — ¿Quién eres?
— Lay, un placer conocerte. — el chico se giró con una sonrisa suave. — Vamos, siéntate, tengo que cambiar tus vendajes. — SeHun obedeció, sentándose en el borde la cama.
—Tú me ayudaste. — susurro mirando al chico moverse hacia la mesa de noche, agarrando algunos materiales de curación. — ¿Pero cómo? — recibió un asentimiento antes de abrir mucho los ojos. — ¡El lobo! ¡El lobo negro me salvo! — se quejó cuando el chico limpio la herida de su hombro pero siguió hablando. — ¿Qué paso con el lobo negro? ¿Y el gris?
—Solo te encontré tirado, no había ningún lobo. —contesto el azabache sin mirarlo. Estando tan cerca, SeHun pudo notar el gris de los ojos del contrario.
—Tus ojos son iguales a los del lobo. — se quedó mirando los ojos de Lay durante toda la curación, soltando uno que otro quejido agudo cuando le ardían las heridas.
—Tuviste mucha suerte de que no te llevaran con su manada o ya no estarías aquí. — Lay le ayudo a poner una camisa holgada y le paso el vaso de jugo de naranja. — ¿Cómo te llamas?
—SeHun. — despego la mirada de los iris grises, centrándose en el jugo. —Joder, te agradezco muchísimo que me salvaras. No sé cómo voy a pagártelo.
—No hace falta, de todos modos no creo que nos volvamos a ver.
— ¿Estamos muy lejos del lago Lotto? — dejo que el ojigris le pasara el plato con fruta y comió hasta que este se sentó junto a él.
—Algo, del otro lado precisamente.
— ¡¿Cómo?! — exclamo casi atragantándose con una fresa.
—De alguna manera te las arreglaste para llegar a la orilla, yo solo te cruce en mi bote para poder curarte.
—Cielos, sí que me aleje.
—Tu familia debe estar muy preocupada por ti.
—Tal vez, seguro piensan que regresare por la mañana. — se encogió de hombros pensando que para ellos era común que cuando se molestara, durmiera en otro lado y llegara por la mañana.
— ¿En tres días?
Ahora si se atraganto, recibiendo golpecitos en la espalda. — ¡¿Tres días?!
—Tus heridas eran horribles, hubieras muerto si no te trataba un médico. — el chico siguió mirando la ventana, con un gesto neutral.
— ¿Entonces eres medico?
El azabache negó. —Se lo básico para alguien que prefiere vivir en el bosque que en la ciudad.
— ¿Vives solo? ¿Qué hay de tu familia?
—Vivo solo. Deberías descansar un poco más, tu familia espera. — el brusco cambio de tema descoloco a SeHun pero no lo saco a tema.
—Gracias. —el rubio se recostó, mirando a Lay tomar las cosas en la charola después de arroparlo.
—Duerme bien. — salió del cuarto dándole una tímida sonrisa que le hizo darse cuenta del hoyuelo en su mejilla.
Esa noche, SeHun soñó con un bello lobo oscuro que lo llevaba en su lomo a través del bosque, demasiado fantasioso para su gusto.
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A la mañana siguiente, SeHun seguía a Lay dotado de una pequeña lonchera con fruta y agua. El azabache le respondía sus preguntas acerca del tipo de plantas que le llamaban la atención y era paciente cuando se asustaba de los pequeños animales que aparecían de la nada. El paisaje era lo más hermoso de todo, tan lleno de paz, alegría y algo más importante: no sentía ninguna clase de sentimiento negativo, tan diferente de cuando estaba con su familia y la ciudad.
Lo mejor del viaje fue cruzar el lago. El bote de Lay era oscuro, extraño dado el lugar pero no critico nada cuando estaba idiotizado por el paisaje, incluso metió sus manos en el agua y anduvo chapoteando como niño pequeño. La risa de Lay era bonita y graciosa y eso lo impulso a seguir haciendo tonterías hasta que llegaron al otro lado. La diferencia de ambiente fue demasiado notoria.
La paz disminuyo y la tranquilidad que sentía, pareció desvanecerse al estar demasiado cerca de la civilización. Conforme caminaban, empezó a sentirse desanimado, iba a volver con su familia y el estrés del día a día en la ciudad lo iba a volver a amargar. En cambio Lay, parecía tan limpio y animado estando en el bosque.
—Llegamos, solo sigue ese camino y encontraras el área vacacional, te ayudaran a partir de ahí. —el azabache le paso el agua y le sonrió. —Fue un placer conocerte, SeHun. Cuídate mucho y no te metas en tantos problemas. — le dio una cuantas palmaditas en el hombro y lo empujo a que saliera del bosque y entrara al camino seguro.
SeHun giro con un "No quiero irme" en el rostro, mismo que desapareció cuando no vio a Lay por ningún lado. Incluso asomo la cabeza por entre los árboles y llamo su nombre más fuerte en cada ocasión. En uno de esos gritos, escucho el grito de su hermano menor.
— ¡Volviste, volviste! —grito lanzándose a abrazarlo, haciéndolo sisear por sus heridas.
Después de eso, llegaron hasta la cabaña vacacional donde sus padres salieron corriendo entre lágrimas y gemidos de alivio. Aun cuando su madre preparo su sopa favorita mientras su padre le tendía el control remoto y su hermano le preguntaba si quería ver una película o jugar en el psp, SeHun se sintió fuera de lugar en aquel ambiente.
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Tras el incidente en el bosque, sus padres y su hermano le pusieron más atención y fueron tan atentos que lo hostigaron. La versión original que conto y que sus padres contaron como leyenda fue que se perdió, se subió a un árbol y se cayó, quedando inconsciente; termino siendo ayudado por un joven, razón por la que tardo tanto en volver. Sus padres incluso lo hicieron conducirlo por el bosque, dispuestos a encontrar al joven y agradecerle generosamente.
SeHun omitió el hecho de que la cicatriz de su hombro y brazos, habían sido por un lobo. Si les dijera, sus padres harían cazar a la criatura y su lobo oscuro estaría en peligro.
Su lobo.
Después de tres meses de aquel suceso, aún seguía soñando con el lobo que lo había salvado. Los ojos grises y el suave pelaje seguían en su memoria. Con el paso de las noches, especialmente cuando la luna brillaba más, el sueño avanzaba hasta detenerse cuando el lobo lo llevaba en su lomo por el bosque. Seguía esperando poder avanzar más allá, después de llegar a la orilla del lago.
—SeHun, cariño, ¿Necesitas algo? —pregunto su madre, levantando la cabeza para mirarlo subir las escaleras.
—No, buenas noches. — termino de subir, ingresando a su cuarto para dormir hasta la mañana siguiente. Con una luna tan bella, estaba seguro de que soñaría con su lobo.
Y así paso.
Soñó con que iba montado en el lomo del lobo y que una vez llegaba al lago, un par de manos suaves lo llevaron con extremo cuidado hasta el bote para cruzar el lago. Recuerda mirar un cielo pintado de un suave naranja y una voz igual de suave que le pedía resistir. Cuando quiso mirar a Lay, porque estaba seguro de que era el, despertó.
A la mañana siguiente, recargo su cabeza en sus rodillas, suspirando porque seguía queriendo volver a aquel bosque y ver a Lay. No podía explicar porque quería verlo pero realmente quería.
—Ojala pudiera encontrarlo a la vuelta de la esquina. —suspiro de nuevo, mirando a lo lejos el restaurante que estaba siendo renovado y al que jamás había entrado. Fue el chico de cabello oscuro lo que lo hizo regresar su atención al local. —S-Se parece a Lay...
— ¡Lay, llegas tarde! —exclamo un moreno de labios gruesos. —ChangKyun sigue preguntando por ti y me trae loco. — el chico, más alto que Lay, se le colgó del cuello mientras seguía sollozando dramáticamente.
—Lo siento, estaba ocupado con la cabaña. —Lay le dio golpecitos en la espalda, logrando que se separara de él justo cuando un pelinegro salía a abalanzarse sobre el azabache. —ChangKyun, me asfixias.
— ¡Te extrañe, mocoso malagradecido!
SeHun seguía mirando con ilusión, definitivamente era el chico que lo ayudo.
Se levantó con velocidad, trotando hasta el restaurante con una enorme sonrisa. Una vez entro, se quedó mirando la decoración con ojos brillosos; fotografías del bosque, de la laguna, la cabaña donde Lay cuido de él y un enorme cuadro del lobo oscuro junto a uno pardo y uno gris.
—Por el santo bubble tea de chocolate. — musito encantado, con las manos en los labios.
— ¿Un bubble tea de chocolate entonces? —escucho a su costado, asustándolo.
— ¿Perdón? —encaro al moreno que lo veía con una ceja levantada. —Ah, ¡Sí! Por favor.
—Enseguida se lo traemos, puede seguir mirando. — contesto con una sonrisa, señalando los otros cuadros.
— ¡Hay más! —exclamo andando a paso largo hacia los otros cuadros que adornaban las paredes y los miniaturas en las mesas.
Al cabo de unos cuantos minutos más, sintió unos cuantos toquecitos en su hombro que lo hicieron girar. —Me alegra saber que estas mejor. — Lay le extendió su bebida con una sonrisa amable, haciéndolo sonreír más amplio.
— ¡Lay! —tomo la bebida y rodeo el cuello del azabache con sus brazos. — ¡Que alegría encontrarte! — pretendió que no había entrado al local solo para verlo pero su alegría fue autentica.
Consiguió que el chico se sentara a su lado para platicar hasta que se terminó su bebida, estableciendo un record al tardarse una hora y media cuando solía beberse el bubble tea en menos de media hora.
Cuando la noche cayo, SeHun se ofreció a acompañar a Lay a su casa pero este lo rechazo diciendo que se iría con el tal ChangKyun, ese que no había dejado de mirarlo receloso. Regreso a casa con un puchero pero con el número del azabache en su móvil y la promesa de encontrarse al día siguiente.
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— ¡Ya me voy, los veo luego! —bajo corriendo las escaleras, llamando la atención de sus padres.
— ¿A dónde vas ahora? Has estado saliendo cada día. —pregunto su madre con un ligero toque de reproche y es que desde la segunda semana en que empezó a visitar diariamente el restaurante, su familia le había empezado a reclamar que debía pasar tiempo con ellos en vez de andar tanto en la calle.
—Voy a ver a Lay al restaurante. — respondió antes de tomar su chaqueta e irse, no quería que su familia preguntara por el local y decidiera ir. Hasta eso y tuvo mucho cuidado en no decirles que fue Lay quien lo ayudo, si lo supieran lo hostigarían y no quería incomodar al chino.
Llevaba cerca de tres semanas en que frecuentaba el restaurante "Ko Ko Bop" y no tenía intención de dejar de hacerlo. Era un cliente estrella, por así decirlo, al inicio compraba muchas cosas son tal de quedarse y ver a Lay, hasta que este le ofreció que podía ayudar en el restaurante a cambio de una paga, cosa que rechazo al tener suficiente dinero. JongIn, el moreno de labios carnosos, le dio el trabajo de atender mesas y ayudar a Lay en lo que se ofreciera, ganándose un lugar en el corazón de SeHun por acercarlo a su crush. ChangKyun en cambio, seguía mirándolo con recelo y se enroscaba a Lay cuando estaban demasiado juntos, generándole celos al rubio y una potente teoría de que el dueño podía ser su rival de amores.
Lay se reía cada que encontraba a su hermano mayor y a SeHun entre un combate de miradas, ¿Y cómo no reírse cuando el alto ignoraba que era su hermano y que el otro no le decía nada para hacerlo enojar? ChangKyun era muy celoso con él y creía que SeHun era como su ex, que solo le lleno de gestos lindos antes de aburrirse y conseguir alguien que le abriera las piernas más rápido.
Recordar aquello lo seguía llenando de amargura por considerarse demasiado ingenuo. SeHun no tenía la culpa de que sus sentimientos hubieran sido lastimados y de verdad quería dejarse dar otra oportunidad pero había algo más que lo hacía sentir inseguro.
—Lay, el pedido de la mesa dos. — SeHun dejo la nota en el mostrador, sacándolo de sus pensamientos. — ¿En qué piensas tanto? —pregunto con la mejilla contra su palma.
—En que la luna se ve preciosa. — soltó con una sonrisa, haciendo que el rubio levantara una ceja.
—Es cierto, se puede ver muy bien hasta por la ventana. —apoyo girando su cabeza para verla. —Eso significa que podre soñar con mi lobo.
—Cierto, seguro es un buen sueño. — SeHun le había comentado que cuando la luna brillaba, soñaba con el lobo negro que evito que el gris se lo comiera.
—Ahora que lo recuerdo, tus ojos me recuerdan a la luna.
— ¿Eh? —el chino volteo un poco, no descuidando el café que preparaba. — ¿Mis ojos?
—Son grises y brillan tanto como la luna, igual de hermosos. — SeHun no pensó sus palabras, simplemente las soltó como el momento en el que las sintió.
Lay se sonrojo y debido a la impresión, se quedó con el agua caliente. SeHun giro con rapidez, rodeando el mostrador para tomar su mano y examinarla. JongIn se acercó a verificar, llevando el café cuando comprobó que no era nada grave. ChangKyun permaneció mirando a lo lejos, retomando la limpieza de las mesas desocupadas.
— ¿Seguro que no te duele? —pregunto SeHun colocando una bandita de pingüinos en su índice.
—No, tranquilo. Gracias, Doctor Oh. — ahora fue el rubio quien se sonrojo y el azabache no pudo evitar estirarle una mejilla antes de retomar sus labores.
Para cuando el turno termino y SeHun se despidió de todos, ChangKyun tomo el índice de Lay y sonrió de lado al ver el curita.
—Sabes que no necesitas esto, seguro y ya está sano.
El menor soltó su dedo, cubriéndolo con su otra mano. —Eso no importa, el dibujo es lindo.
—Claro, el dibujo. — el mayor le jalo la mejilla y quito la alarma del coche, subiéndose entre risas. —Sube rápido, no quiero perderme la hora.
—Ya voy. — Lay subió con las mejillas encendidas, mirando el lugar de la parada de bus por donde se iba el rubio.
Aquella noche, SeHun soñó con el precioso lobo de pelaje oscuro y ojos grises; soñó que caminaba a su lado por el bosque y que después de un tramo, no era pelaje lo que tocaba con la punta de sus dedos, si no otra mano más suave. Cuando giro su cabeza, Lay estaba a su lado, rozando sus dedos con los suyos. Se sintió muy avergonzado pero feliz, ese sueño era el mejor que había tenido hasta ahora.
—SeHun, ¿No quieres soñar otra cosa?
—Nop, ahora que estas aquí también, no quiero soñar otra cosa.
— ¿Recuerdas algo más allá que solo ir en el bote?
—No, solo tu voz pidiéndome que aguante.
—SeHun.
— ¿Mmm?
—Yo...
Y despertó, maldiciendo en tres idiomas.
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Tras aquel sueño, SeHun empezó a poner más atención en su entorno, como si las respuestas fueran a aparecer fácilmente.
Quería entender porque Lay comenzó a aparecer en el sueño antes que su lobo, el porqué se aparecía desde el momento en el que el lobo gris se preparaba para atacarlo si su lobo era quien lo salvaba. Tampoco se podía explicar porque algunas veces, en vez de soñar con su rescate, era espectador de lo que parecían los sueños de Lay y en ellos, el chico huía de alguien o algo. Despertar con la terrible sensación de que su chico sufría en sus sueños, era peor que nada.
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<3 La siguiente parte sera publicada pronto.
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