Limerence
Esa noche no soñó. Sorpresivamente ella no le visitó en los sueños y eso le generó un sabor agridulce en su boca. Por un lado, había dormido plácidamente sin ninguna pesadilla o sueño que le quitase la energía, pero por otro tenía la sensación de su ausencia y eso le pesaba en el pecho. Se levantó de su cama con somnolencia deseando quedarse más tiempo dentro de su cama y continuar con ese merecido descanso sin embargo su atención se vio abruptamente guiada hacia el escritorio.
Se levantó apresuradamente buscando con la mirada la carta sobre el escritorio, movió un par de papeles, buscó entre las hojas sueltas de alguna investigación, detrás del escritorio, bajo la cama, en los cajones pero la carta ya no se encontraba ahí.
Se quedó de pie en medio de la habitación intentando recordar si la noche anterior la había tomado pero no lograba recordar nada, la frustración comenzó a acumularse sobre sus hombros. « Más le vale a Gen que no haya esculcado entre mis cosas» Pensó, sin embargo, conforme más analizaba la situación más se daba cuenta que en realidad no había forma de que él hubiese sido responsable de la perdida de la carta. Soltó un suspiro pesado. «Debe estar por ahí, quizá el viento provocó que se cayera, la buscaré más tarde »
Pensado eso comenzó a espabilar para poder ir decente a la reunión con Luna, comenzó a retirarse la camisa dejando su torso desnudo dejando ver con la luz que se filtraba de la ventana distintas cicatrices que fue adquiriendo en su viaje por salvar el mundo, su cuerpo estaba mancillado de distintos relieves irregulares pruebas del calvario que vivieron él y sus amigos en Norteamérica. Soltó un suspiro observando sus propias manos, una de ellas más lastimada que la otra, el recuento de como pudo obtener la victoria en la isla y el enfrentamiento contra Mozu. Después de un par de segundos entró a la ducha, sintiendo alivio en sus músculos tensos gracias al agua caliente, un privilegio que solo los "héroes de la humanidad" tenían.
La situación actual entre los países a pesar de verse utópica no lo era, Tsukasa lo pudo ver mucho antes de que sucediera, la desigualdad social fue una realidad cuando Senku y el resto fue despetrificando al resto de naciones, volviendo al mismo sistema capitalista que tenían en 2019. Tsukasa había visto de cerca la crueldad y el egoísmo humano, Senku en ese entonces no lo pudo notar hasta que se vio cara a cara con gente de ese calibre como con Stanley y Xeno, siendo capaz de dispararles a gente desarmada solo para no ser derrocado de su propio imperio.
Tsukasa tenía razón, y era completamente valido que él decidiera alejarse del resto una vez que el nuevo Japón ascendiera gracias a los conocimientos de Senku. Le habían perdido la pista desde hacía 3 años, justamente después de que se declararan los Dragos como la moneda nacional. Por más que quisiera, Senku sentía que a pesar de lograr su cometido era una realidad que había fracasado en muchos otros aspectos, que con el pasar de los años se dio cuenta que era más importantes que salvar a un montón de gente egoísta.
No solo cargaba con el error constante de no haber sido honesto con sus sentimientos hacia Shiho, o su ausencia, también llevaba cargando muchos errores en su espalda que le generaron ser tan apático y su evidente adicción al cigarrillo.
Todo se había fisurado lo suficiente como para que un grupo de personas comenzara a atacar científicos con la intención de retrasar el progreso que avanzaba a pasos agigantados. Por eso mismo la seguridad en los laboratorios de investigación había incrementado, el país entero estaba asustado de perder a su científico estrella pero la realidad era que Senku estaba completamente desinteresado si le hacían algo o no. Después de todo, Gen tenía razón, a pesar de seguir viviendo era una verdad irrefutable que Senku parecía arriesgarse más de lo usual, siendo un completo imprudente. Era díficil saberlo, él nunca más expuso sus pensamientos.
Una vez terminó de ducharse se apresuró a cambiarse y tener todo listo para ir a ver a Luna, después de aquella reunión tenía planeado visitar a Yuzuriha para preguntarle sobre aquel diario, necesitaba respuestas y no pararía hasta descubrir que estaba pasando.
Ató su cabello en una coleta baja mientras su cabello aún seguía húmedo, tomó su gabardina y camino hacía la salida, no sin antes de dar un ultimo vistazo hacía su habitación intentando buscar con la mirada el sobre donde estaba aquella carta sin mucho éxito. No insistió, no quería llegar tarde a la cita con Luna por lo que simplemente cerró la puerta con llave y se dirigió al destino.
Estaba en el centro de la ciudad el lugar donde siempre se veían, era una cafetería de mediana audiencia por el día, su café ni siquiera era bueno, pero el sitio era agradable. Luces a media intensidad, plantas por todo el recinto, muebles y detalles en la arquitectura de madera firme. Era como estar dentro de un árbol, o esa era su sensación. Siempre que Senku iba se preguntaba como sería salir de un sitio como ese en un incendio, a pesar de ser un sitio hermoso su racionalidad no lo dejaba ni con el pasar de los años. Era algo muy típico de él.
Tomó asiento en un sitio cerca de la terraza -porque evidentemente si ocurriese algo como un incendio sería el sitio más seguro, según Senku- hasta que llegara su compañera. No fue hasta ese momento que la mirada carmín de Senku se paseó por el sitio observando a las distintas personas que ahí se encontraban, en su mayoría parejas que intentaban pasar un tiempo agradable en compañía de su ser querido, por primera vez se sintió incomodo en un sitio como aquel. Y no porque estuviese rodeado de personas enamoradas, más bien, era que su incomodidad nacía a partir del pensamiento de ir a un sitio como ese con la persona del que estaba enamorado. Frunció el ceño desviando la mirada y cruzándose de brazos, como si con eso pudiese alejar esos pensamientos.
Más pronto que tarde Luna se hizo presente en el lugar, soltando un abrazo casi involuntario al científico que evidentemente se sorprendió por la acción, pero correspondió con el mismo cariño. ¿Y cómo no hacerlo? Luna en todo ese tiempo se había vuelto alguien importante, a pesar de todas las veces que intentó alejarla ella no lo dejó solo.
—¿Cómo está el más grande héroe de la humanidad? —Dijo entusiasmada tomando asiento frente al científico. Éste solo enarcó la ceja con burla dejando que la contraria soltara una risa divertida. —Sabes que nunca dejaré de bromear con ello.
—Cansado, como siempre. Últimamente tengo la sensación de que alguien me observa, pero seguro es mi imaginación —Expresó Senku recargándose en el respaldo mientras observaba a la rubia. —¿Y tu? ¿Cómo te va siendo la modelo estrella de la nueva gran nación? —Sonrió de la misma forma burlona.
—No me quejo, estarían completamente locos si dejaran pasar esa oportunidad. —Explicó con un fingido gesto indignado. Senku solo sonrió desviando su mirada hacía el paisaje que se mostraba en aquella terraza. El aire estaba fresco y eso lo agradecieron sus pulmones.—¿Estás bien con eso? Deberías contratar a Kinrou para que sea tu guardaespaldas. Recuerda que los ataques han estado aumentando estos meses, la semana pasada atacaron a alguien con ácido... Por favor, promete que te cuidarás. —Murmuró.
—No te preocupes, me las he arreglado para salir con vida todo este tiempo, estoy seguro que puedo con cualquier loco anticiencia. —Dijo de forma divertida, pero que para Luna no fue gracioso. Senku carraspeó volviendo hablar, en un intento de cambiar el tema. —Por cierto, hace poco hablé con Ryusui... Él piensa que estamos saliendo. —Dijo antes de que la mesera llegara con sus bebidas, habían ido tanto tiempo a ese sitio que era normal que ya supieran lo que iban a pedir. Senku tomó su café negro y lo bebió sin mucho más, sin embargo Luna enarcó una ceja ante tal declaración.
—Me sorprende que lo piense.
—Bueno... la verdad es que yo le dije que podría ser el tipo de chica con quién saldría. —Dijo de forma sutil antes de ver la expresión de Luna, casi se atraganta con el café. —Lo siento, sé que no debí haber insinuado nada pero estoy harto de que siempre toquen el tema.
—Me imagino. —Suspiró. —Disculpas aceptadas, aunque... después de todo tendrás que aclararlo con él después, yo iré a la boda de Yuzuriha con mi novio. —Mencionó con un ligero sonrojo en sus mejillas, Senku nuevamente casi se atraganta con el café, tosió abruptamente sin embargo sonrió con un gesto de ilusión y alegría honesta y fidedigna.
—¿Novio? ¿Hablas en serio?
—Sí, nos conocemos de ya un tiempo pero hace un par de semanas comenzamos a formalizar y bueno, quise invitarlo a la boda de Yuzuriha.
—Me alegro mucho por ti. —Dijo a secas, después de todo Senku no era bueno expresando sus sentimientos. Y era real que se alegraba por ella.
En el pasado ellos tuvieron una especie de relación, claro que Senku solo fingía para obtener información pero con el paso del tiempo Luna realmente comenzó a tener sentimientos por él, pero si algo había aprendido el científico era a dejar las cosas claras desde el inicio. Luna era una buena chica con sentimientos honestos y no se merecía que jugaran con ella de esa manera. Le fue honesto y contó sobre sus sentimientos y de quién eran dueños. Ella no se rindió tan fácil, claro estaba, pero con el pasar de los años lo fue aceptando.
—Seguramente Ryusui y los demás creían que tendrías una rivalidad con Shiho. —Mencionó el científico observando su taza de café. Luna bufó con cierto deje de molestia.
—Claro que no, es decir, nunca la conocí y aunque no negaré que me sentí intimidada por el amor que le tienes no podría odiar a la persona que quieres, Senku. —Expresó de forma honesta tomando un sorbo de su té helado. —Tener rivalidad con otra chica es demasiado estúpido. Además, por lo que me contaste cuando Kohaku te besó, Shiho no parecía ser la clase de persona que tuviese rivalidades absurdas con otras mujeres, ni yo tampoco. —Carraspeó. Senku solo sonrió de lado ante esa conclusión, sí, tenía razón. Shiho no era esa clase de persona y quizá por eso le gustaba tanto después de tantos años.
—Si no vas a ser mi pareja para ir a la boda entonces probablemente no iré. —Dijo, intentando cambiar del tema.
—Claro que irás, no importa si vas solo, tienes que ir necesariamente. Es tu obligación. —Sentenció Luna con el ceño fruncido con un tono más severo. —Taiju te pidió ser su padrino, así que no puedes solo abandonarlo a su suerte. Vas a ir, Ishigami o te arrastraré desde tu apartamento. —Amenazó sin embargo volvió a tomar compostura como la chica recatada que era.
—No sé como es que somos mejores amigos si ni siquiera nos soportamos. —Rodó los ojos con fingido fastidio pero posteriormente sonrió.
—Los amigos hacen eso, Senku. Amenazarse. —Soltó una risa divertida que correspondió Senku con una sonrisa. Esos pequeños momentos eran los que apreciaba entre tanta carga que llevaba sobre sus hombros.
—Supongo que no tengo otra opción, tendré que ir solo. —Sonrió encogiéndose de hombros.—Así me libro de que me obligues a bailar, ya mucha tortura pasé en Norteamérica para que quieras hacer eso. Luna solo rodó los ojos.
—Pues vas a tener que bailar a menos que quieras ser un completo poste solo observando a todos desde las sombras. Darás miedo. —Dijo soltando un suspiro. —Ya quiero que conozcas a Hiro, es un buen chico. Trabaja en el laboratorio numero cinco. Es científico igual que tú, quizá lo conoces. —Explicó con ilusión y evidente emoción, Senku frunció el ceño incrédulo.
—No, no lo conozco. ¿Cuál es su apellido? —Mencionó el ojicarmín.
—Sakurai Hiro. —Mencionó ladeando su cabeza con una sonrisa, sin embargo Senku entrecerró sus ojos al escuchar aquel apellido. Se sorprendió pero intentó mantener la calma. Es un apellido común en Japón, no pasa nada. Pensó para sí mismo mientras bebía de su café.
—En ese caso nos veremos en la boda. Ni creas que aceptaré ser el mal terció en una cita o algo parecido. —Rodó los ojos con desagrado. Luna solo sonrió.
No quería precipitarse, no deseaba perder la calma, pero era evidente que su atención se había disparado exponencialmente al escuchar aquel apellido, decidió que lo más correcto era dejarlo pasar. Investigaría en el trabajo sobre aquel chico y si tenía alguna especie de relación con la pelirroja.
La tarde junto a Luna pasó de lo más tranquilo, era el respiro de aire fresco que necesitaba el científico tras todos aquellos pensamientos intrusivos que le habían abordado a lo largo de los días, por lo que realmente aseguraba que pasar tiempo con ella y despejarse le servía a aliviar un poco el peso sobre sus hombros. Por eso y más cosas a lo largo de esos cinco años, Ishigami estaba agradecido con la rubia. Era la única persona que le apoyo a continuar con sus sentimientos hacía Shiho, y era la voz de la razón en cientos de catarsis en donde él aseguraba odiarla por haberle abandonado. Luna siempre estaba ahí para recordarle todo lo bueno que habían pasado y sacar a relucir sus verdaderos sentimientos, el inconmensurable cariño que el científico le tenía a la astrofísica.
Llegó la hora de despedirse, Senku abrazó a Luna en un gesto agradecido antes de verla marcharse. Tenía una reunión con su novio así que pensó que lo más prudente sería no ser un mal tercio de ninguna manera. Parecía que había recargado energías suficientes para la ola de emociones que estaba por sentir, porque siempre que se trataba de Shiho era eso, esa sensación abrasadora en donde sus emociones se desbocan en un frenesí incapaz de controlar pero sobre todo de expresar. Senku sentia incendios violentos dentro de sí pero por fuera parecía estar en calma, y no hay mayor prisión que la que no se ve.
Se dirigió al distrito Ishigami, en donde actualmente vivía Yuzuriha. Ella junto con los nativos de ahí decidieron quedarse en la antigua aldea. No había avisado ante su visita, por lo que tenía un poco de duda al intentar llamar a la puerta. Fue en ese momento que comenzó a cuestionarse si realmente deseaba saber de qué se trataba aquel diario, sería abrir nuevamente la herida y la ausencia... pero también estaba el hecho de que quizá Shiho esperaba que él encontrara ese diario. Soltó un suspiro tocando el timbre. No había vuelta atrás.
Pasando un par de minutos Senku pensó que no se encontraba en casa, por lo que desistió de la idea de ver a Yuzuriha, sin embargo, en el ultimo segundo ella abrió la puerta, sorprendiéndose de la visita inesperada de Senku.
—¿Senku? ¿Estás bien? ¿Qué haces aquí? —Murmuró la joven abriendo la puerta para que entrara. Justo cuando entro tras la invitación de la castaña comenzó a llover con fuerza.
—Yo... quería hablar contigo. —Murmuró mientras se quitaba los zapatos y entraba detrás de ella a su hogar. —Gen me habló sobre... Shiho y sobre algo que tu recientemente encontraste en sus cosas. —Explicó con calma intentando regular su respiración. —¿Es eso cierto?
La castaña se detuvo apretando los labios ante las palabras de Ishigami, parecía hasta cierto punto tensa, no obstante Senku no tenía idea del por qué.
—Senku... ¿Para que quieres saber eso? ¿No crees que... es mejor solo dejar ir el pasado?—Murmuró caminando hasta la pequeña estancia donde se sentó y le indicó con un ademán que se sentara también. —Después de todo... quizá lo mejor es vivir en la ignorancia. —Dijo con melancolía.
—Ya no quiero vivir siendo siempre el espectador mientras todos avanzan, Yuzuriha. —Mencionó sentándose y observando sus manos mancilladas con los años. —Desperdicié tanto tiempo sin hacer nada que ahora que quiero hacer algo al respecto siento que se me ha escapado completamente de las manos...
—Entonces... ¿Por qué no hiciste nada? —Su voz era dulce, como siempre pero se notaba herida. Después de todo, Así como Senku tenía a Luna, Shiho tuvo a Yuzuriha en esos meses para apoyarse en ella, una verdadera amiga, y Yuzuriha siempre apoyaría a Shiho bajo cualquier cosa, porque a pesar de no entender las razones de su partida, Yuzuriha tenía fe de que alguna vez volvería.
—Tenía miedo. —Confesó desviando la mirada. —Tenía miedo a la incertidumbre. Desde que desperté del letargo no tuve más que responsabilidades sobre mis hombros, no había descanso. Y sabía perfectamente que ella iba a requerir de mi pero yo no podía darle en esos momentos lo que ella necesitaba. —Apretó los labios sintiéndose vulnerable, una vez más, la sensación le enfermaba pero también estaba cansado de fingir que no ocurría nada.
—Senku... ella también tenía miedo. —Descendió su mirada antes de levantarse y buscar en la estantería, más pronto que tarde encontró un pequeño cuaderno recubierto de piel. En cuanto Senku lo vio se dio cuenta que Kaseki lo había hecho, los detalles eran un sello personal del anciano. —No lo he leído, porque no lo veía correcto... A pesar de ser su amiga había cosas que ella nunca me dijo y siento que por algo no quiso compartir tal información conmigo. —Explicó entregándole el diario en las manos del científico.
Senku sintió un escalofrío recorrer su espina dorsal cuando sintió la desgastada piel del cuaderno que Yuzuriha había resguardado durante tanto tiempo, tuvo que reprimirse a sí mismo por no abrirlo ahí mismo, prefería hacerlo en privado sobre todo porque no sabía como reaccionar ante lo que sea que hubiese dentro.
—Tengo que irme... —Murmuró casi sofocado por una emoción que ya había experimentado antes. Ansiedad.
—Senku, por favor... sé que ella hizo algo terrible al habernos abandonado, nada justifica que ha sido poco considerada con como nos íbamos a sentir... pero por favor, perdónala. —Murmuró Yuzuriha. Claro que ella hasta donde tenía pensado la apatía de Senku se veía reflejada como resentimiento hacia Asakura, pero la realidad era otra, solo Luna sabía que realmente no era cierto que él tuviese algún sentimiento negativo sin embargo el resto realmente creía que él nunca había perdonado a Shiho por haberle abandonado.
—Yuzuriha, yo la perdoné desde el primer día en que se marchó. —Mencionó sin mirarla, antes de cruzar el umbral de la puerta y salir de aquel lugar antes de que tuviese un colapso.
—¡Senku, cuídate por favor! —Se escuchó la voz de Yuzuriha a la distancia cuando el científico se alejó de su residencia.
No mentía, Senku realmente le había perdonado desde un inicio, quizá era que entendía que ella nunca se sintió bienvenida o quizá fue la presión que ejercía que todos supieran su pasado. Nunca pudo afirmarlo con certeza pero estaba seguro que Shiho tenía una buena razón para haberse ido y aunque sabía que no debía aferrarse a falsas ilusiones quería convencerse de ello.
Quizá se encontraba lo suficientemente ensimismado en su mente pensando las cientos de posibilidades que ahora yacían frente a sus ojos con la información que el diario probablemente tenía en su poder o quizá estaba demasiado distraído para que no notara que desde su salida de aquella casa alguien le había comenzado a seguir un par de metros atrás. La penumbra no ayudaba a que se dedujera de quién se trataba, pero por la insistencia en la que le seguía era evidente que no era simple casualidad...
—Ishigami Senku... —Habló aquella persona desconocida llamando la atención de Senku, generando que éste girara un momento su cuerpo para ver de quién se trataba, sin embargo al hacerlo se encontró con un hombre con una marca de despetrificación que traspasaba la mitad de su rostro. Jamás le había visto, todo parecía andar en cámara lenta pues al descender su mirada notó cómo aquel hombre en una de sus manos tenía sujetando la empuñadura de un cuchillo teniendo la intención de apuñalar al científico. ¿Un extremista?
En ese microsegundo Ishigami pudo ver su vida pasar por sus ojos, ¿Por qué no se movía? ¿Por qué no se defendía como en aquellos años? No tenía nada a la mano, no tenía ninguna herramienta que pudiese ser de utilidad para el atentado, no tenía nada que pudiese mezclar para alejarlo y correr. Era su fin. Apretó con fuerza el diario en sus manos antes de recibir el impacto.
Soltó un quejido pues sintió un golpe seco en el pecho, generando que perdiera el equilibrio hacía atrás, pudo ver su mano y gabardina manchada de sangre mientras caía, pero al revisarse en un chequeo veloz no encontró el origen de la herida.
Levantó la mirada encontrándose con un destello naranja que le detuvo la respiración e hizo que ensanchara sus ojos en sorpresa.
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