praedestinatus
El destino se relacionaría con la teoría de la causalidad que afirma que, si «toda acción conlleva una reacción, dos acciones iguales tendrán la misma reacción», a menos que se combinen varias causas entre sí haciendo impredecible a nuestros ojos el resultado. Nada existe por azar al igual que nada se crea de la nada.
El tiempo era un concepto abstracto para ambos, porque mientras que todo el mundo continuaba viendo aquellos cinco años como una unidad de medida minima, ambos cientificos sentían en su carne y huesos que indiscutiblemente habían pasado siglos sin estar juntos.
No importaba las razones, después de la perdida lo único que ámbos tenian era esa necesidad imperiosa de detenerse a disfrutar el contacto que un abrazo del otro pudiese brindar. El inminente peligro no podía ser ignorado, pero tampoco podían desperdiciar el poco tiempo que tuviesen. ¿De qué servía investigar las perturbaciones gravitacionales espacio-tiempo si el tiempo que tenian juntos no era aprovechado? Senku más que nadie sabía con dolorosa experiencia que por no arriesgarse podía perder oportunidades grandes.
Los días transcurrieron efímeros, a veces concentrados en planear como iban proceder si Hiro daba el primer golpe, o en caso contrario, qué debían hacer para dar el primer golpe antes que él.
—¿Tú crees que Tsukasa quiera venir? —Murmuró el cientifico acomodando enrollando mal la corbata dejando solo un nudo mal hecho alrededor de su cuello. Suspiró con fastidio.
—Le he dejado un mensaje, sobre que realmente a Taiju y Yuzuriha le alegrarían verle. —Murmuró la pelirroja acercandose lentamente, ayudandole con el nudo de su corbata. —Tsukasa es un hombre orgulloso, pero es posible que pueda dejar las diferencias, después de todo, ustedes cuatro empezaron este gran viaje, aunque lo niegue estoy segura que realmente le gustaría ver casado a sus viejos amigos.
—Él es noble... y me alegra que después de lo ocurrido haya perdonado... y se haya perdonado a sí mismo. —Explicó Senku levantando suavemente su mano hasta ahuecarse contra la mejilla de Asakura. Ella en reacción inclinó su cabeza en dirección de la caricia, buscando su contacto.
—Tuve mucho miedo, sabía que había fallado al mentirles y nunca buscarles para pedir ayuda... aislarse no es precisamente lo más sano... —Susurró ella con cierto deje de melancolía. —Solo terminé lastimando a las personas que me importaban...
—Lo importante es saberlo y modificarlo. No somos perfectos, pero intentamos mejorar, ¿No es así? —Sonrió inclinandose para demositar un suave beso contra la piel de su frente.
Shiho sonrió con un sutil rubor en sus mejillas, aún no se acostumbraba a esa faceta de él. Había cambiado mucho en cinco años, jamás pensó que ese niño con cierto grado de bloqueo emocional pudiese expresarse así de fácil.
—¿Cómo lo haces? ¿Cómo es tan fácil expresar tu amor?
—Mh... —Se detuvo llevando sus finos y largos dedos a su mentón, pensativo. —No es fácil, pero vale la pena arriesgarse. Tú lo vales. —Dijo él con una sonrisa avergonzada.
Senku no le resultaba fácil, aunque a Shiho le diese esa impresión. Las manos de Senku tenian un ligero temblor de nerviosismo casi imperceptible, su garganta a veces se cerraba y su pecho se oprimia. Pero eran emociones humanas, tan suyas como de ella. Sentir es la prueba más irrefutable de estar presente, de conectar con las personas, de crear recuerdos, de vivir. Si se privara de esas experiencias que quizá consideraba incomodas o innecesarias, también significaría reprimirse de sentir el inmenso amor que le nacía solo con verla a los ojos.
—Se te dilató la pupila. —Dijo ella mirandolo fijamente. Adoraba esos iris carmín tan expresivos.
—En el proceso de enamoramiento se liberan altos niveles de dopamina...—Fue interrumpido.
—...un químico que activa el circuito de recompensa, que aprovoca una experiencia placentera similar a la euforia asociada con el consumo de algunas drogas —Añadió ella.
Ambos sonrieron con complicidad. Ambos con esa clase de vinculo lo suficiente para terminar las frases del otro.
—Me estás diciendo, Senku Ishigami... ¿Qué estás enamorado de mi? —Murmuró ella levantando sus manos ahuecando su rostro. Aún le sorprendía lo alto que era, había crecido mucho en tan poco tiempo que le costaba a veces reconocerlo. En ocasiones imaginaba a ese adolescente serio y despreocupado un poco más alto que ella corregirle en algún concepto fisico... y ahora era un hombre que la miraba como si fuese un descubrimiento digno de la revolución cientifica y capaz de ganar un nobel.
—Te lo diré más tarde. —Sonrió apretandole la mejilla suavemente antes de colocarse el saco. —De momento, tenemos una boda a la cual asistir. —Tomó su mano con firmeza, saliendo de la pequeña cabaña en la playa donde la mayoria de invitados de honor se hospedarían en la urbanización que antes fue la Aldea Ishigami.
Decir que todos se sorprendieron al ver a cierta pelirroja llegar del brazo del cientifico más galardonado del mundo actual era poco. Yuzuriha fue la que solo se enterneció de la escena, al ver a quién consideró su mejor amiga desde que se conocieron tan sonriente y libre. Porque a pesar de que estuviese atada a una maldición, ya no peleaba sola. Taiju y Chrome fueron los más sorprendidos, gritando y chillando como dos niños que habían perdido a su madre en el supermercado. Era obvio, Shiho a pesar de ser cientifica les ayudaba a entender los terminos cientificos tan rebuscados que Senku hablaba. En cierta parte, los trató como una madre por el corto lapso de tiempo en el que ella vivió con ellos, y fue suficiente para que ambos sufrieran su perdida pero también corrieran a abrazarla como dos magdalenas desconsoladas.
Quién miró con verguenza y arrepentimiento fue Gen, después de tanto tiempo a un orgulloso mentalista como él le costaría pedir perdón, aunque esa conversación se hubiese efectuado en el pasado, el de cabello bicolor siempre cargaría con la culpa de haber arruinado las cosas en el pasado. No obstante, en cuanto los ojos ámbar de Shiho se encontraron con los de Asagiri ella sonrió de la forma más sincera posible.
Shiho no podría tenerle rencor, sabía que lo hizo para proteger lo que tanto le había costado obtener a Gen; una familia. Y por la familia, a veces sobreproteges incluso de miedos poco infundados. Además, Asagiri había cuidado a Senku los cinco años de ausencia de Shiho. Ella le debía muchísimo. Las heridas del pasado cicatrizaron con acciones nobles, y ya de adultos solo sonreían con nostalgía al verse de nuevo reunidos en otoño una vez más, tal y como cuando fueron unos niños llenos de sueños en un mundo hostil y desconocido.
—¿Irás a saludarla? —Dijo Ryusui con una sonrisa zorruna marcada en sus labios. Kohaku suspiró dejando escapar una risita.
—¿Debería? Quizá ella me odia. —Dijo en broma, aunque la inseguridad permanecía.
—En absoluto, Shiho nunca ha sido esa clase de persona, estoy seguro que le encantará volver a verte. —Animó el rubio, llevando su mano delicadamente a su mejilla, acomodando un mechón rizado del cabello de la mujer.
Kohaku sonrió, era una curva delicada en sus labios pero tan intima que era un mensaje de un lenguaje único entre ambos. Ryusui había seguido al pie de la letra las palabras de Shiho en el pasado. "No ver a las personas como objetos" "El amor no es posesión" y casi como si fuese un mantra logró con mucho esfuerzo crear un vinculo con Kohaku. "La mujer de su sueños" como una referencia a como conocía el amor, su unico referente era el como Senku amaba a Shiho. Le parecía sumamente intimo la idea del destino, aunque no creyera en ello en un inicio. Pero... ¿Qué sería si no? Si no existiera el destino, y que de entre millones de billones de posibilidades él se enamorara de Kohaku y qué, gracias a los dioses del capitalismo ella en toda su esencia salvaje y magestuosa se fijara en él... Imposible.
—A veces me da miedo pensar que en algún mundo externo... —
—Alterno, creo que así lo suele decir Senku
—Cómo sea. —Bufó el rubio rodando los ojos pero luego su mirada descendió, mirando el mar oscuro moverse de forma suave sobre las rocas. —Me da miedo que en algún mundo alterno tu y yo nunca conectamos. —Apretó sus labios, inconcebible la idea siquiera de pensarlo.
—No seas tonto, no pienses en eso. —Ella le sonrió, deslizando su mano izquierda sobre la de él que reposaba delicadamente en la estructura de metal que evitaba que ambos cayeran por el risco. Los dedos de Kohaku y Ryusui se sentían asperos al contacto con otras personas, pero entre ellos se sentían suaves. Posiblemente por la fuerza inconmesurable de Kohaku o las incontables horas frente al timón en altamar por parte de Ryusui. El rubio descendió su mirada azul hacia la mano de la joven, clavando su pupila sobre su dedo anular donde llevaba el bonito anillo de compromiso que los únia a ambos. —Si ellos pudieron encontrarse en tantas posibilidades, nosotros también. —Referenció a los protagonistas antes de darle un beso fugaz en los labios.
—Sin duda me sorprende... y en cierta manera debo agradecer a esa zanahoría y al cabeza de cebolla por unirse, porque esa variante hizo que te encontrara a ti. —Murmuró él, volteando a ver a los dos mencionados por encima del hombro. Kohaku se giró recargandose en el barandál de herrería para poder divisar mejor la escena.
Senku bailando animadamente con Shiho en medio de la pista. Era nostalgico, le recordaba tiempos pasados, justo en epocas donde todos se conocieron. Justo antes de las leonidas.
—Es curioso... Senku dijo que cuando era niño se la pasaba buscando la forma de ir a la luna. —Murmuró Kohaku con una sonrisa suave viendo la forma en la que el cientifico bailaba, tomando con firmeza la cintura de la pelirroja y haciendola girar mientras ambos reían como niños estúpidamente enamorados. —Pero no sé si se habrá dado cuenta que ella es la luna que por tanto tiempo buscó.
—¿Te he dicho que te queda bien el cabello largo? Bajo las luces parece fuego. —Dijo el cientifico haciendo girar a su compañera de baile. Era obvio que ninguno de los dos sabía bailar, pero el chiste de estar juntos era intentarlo.
—Tú eres un esparrago de casi dos metros. —Añadió ella provocando que ambos rieran.
Terminó la canción, fueron a sentarse a su mesa mientras seguían riendose. Una vez en la mesa, los ojos ámbar de la femina observaron las recientes copas que habían dejado en el sitio. Estaba a punto de preguntar cuando un mesero llegó y sirvió en ámbas copas un liquido espumoso de color ambarino suave.
—No sabía que iban a sacar alcohol tan fino. —Tomó ella la copa olisqueando sutilmente el liquido.
—Mh, fue un regalo de boda. No soy mucho de alcohol, pero una vez en una ocasión especial supongo que no hace daño. —Senku tomó la copa de champagne dando un pequeño sorbo. Tuvo que hacer apise de toda su fuerza de voluntad para no mostrar alguna expresión de asco. Definitavemente odiaba el alcohol pero su orgullo masculino por no quedar como un rídiculo frente a la mujer que amaba era más fuerte.
—¿Y bien? ¿Está rico?—Preguntó ella, ladeando su cabeza de forma curiosa al ver su expresión completamente seria e impacible.
—Sí, bastante bueno. Me encantó. —Dijo él haciendo una mueca forzada de sonrisa.
—¡Vale! ¿Tienes problemas si tomas la mía también? La verdad es que no me gusta mucho el alcohol.
—Claaaaro. —Se maldijo mentalmente pero supuso que no le haría daño beber dos copas. Sabía de gente que se ponía bastante borracha con demasiado alcohol.
«No debo emborracharme, así que solo tengo que pensar la forma de compensar el alcohol en mi sistema. Tomar agua para reducir las probabilidades de deshidratación en la resaca, ayudará a que no me emborrache con dos copas, y si consumo algún alimento mientras bebo ambas copas el alcohol no estará tan concentrado en el sistema digestivo.
Una pequeña parte se metaboliza en el estómago, de ahí que la comida ayude a bajar la concentración de alcohol en sangre. La gran parte del alcohol pasa intacto por el estómago y sigue su camino hacia el intestino delgado, donde será absorbido. Luego será distribuido en el agua corporal para finalmente ser metabolizado en su mayor parte por enzimas que se encuentran en las células del hígado. Cada persona procesa el alcohol a velocidad distinta, así que teniendo los factores de tener una buena alimentación y ejercicio esporadico calculo que si sigo las recomendaciones podré mantenerme lo suficientemente sobrio para no arruinarlo todo.»
Pensó el cientifico calculando mentalmente las opciones que tenía para no arruinar la fiesta, tomar las dos copas y que la noche fuese especial para Shiho, Yuzuriha y Taiju. Definitivamente no tenía planes de ser el padrino borracho. Ese papel usualmente era de Byakuya y definitivamente no sería Senku el que lo sustituyera como tradición familiar.
—Te ves demasiado pensativo... ¿Estás bien? —Shiho le miró preocupada, solo había tomado dos tragos y el rostro de Senku estaba rojizo de sus mejillas, nariz y la punta de sus orejas como si tuviese fiebre. Fue entonces que quizá no debería darle su copa de alcohol. —Mejor brindemos con una sola copa. Así te acompaño. —Sonrió ella volviendo a beber, causando que Senku abriera los ojos en sorpresa.
—¡Tendremos que comernos unas hamburguesas con tocino! —Exclamó el cientifico más fuerte de lo usual, causando que varios invitados desviaran su mirada hacía donde él. —Para que... no terminemos borrachos.
—¿Qué te parece si mejor no nos acabamos el alcohol y nos quedamos así? —Añadió ella al verlo un poco más extrovertido. Sabía que no estaba borracho pero si lo suficiente para soltar su lengua. Tomó la copa de Senku y la de ella e hizo que un mesero se las llevara. Definitivamente cuidaría del pobre cientifico.
—Gracias... supongo que no tengo tanta resistencia al alcohol. —Murmuró Ishigami, avergonzado. Aunque era dificil deducirlo por el rubor rojizo de sus mejillas por el alcohol en su sistema.
—No tienes por qué fingir que algo te gusta conmigo, me gustas por ser tú, un cientifico obsesionado con la ciencia. No hay razones para ser alguien más, me gustas por ser tú. —Dijo ella acomodandole el mechón de cabello que sobrasalía en la frente del cientifico.
—Qué preciosa eres... —A esas alturas Shiho no sabía si era el alcohol en su sistema que lo hacía más extrovertido o si era un acto de valentía por parte de él, pero el hormigueo que sintió en la boca del estómago la hizo sentir una euforía dificil de disimular.
—¿Quieres ir a caminar? Después de un día tan largo, con tantas emociones en la boda, supongo que pasar tiempo entre nosotros está bien, ¿no? Nos lo merecemos después de tanto.
Senku se levantó, tomando la mano de Asakura, llevandola por la parte trasera del evento, justo dónde habían escaleras de adoquines pulidos que descendían por el risco donde anteriormente se encontraban Ryusui y Kohaku. Bajaron con cuidado, el sujetando la mano de la joven ayudandola a no tropezar. Parecían dos locos huyendo de algun compromiso en la antiguedad, con esas ropas elegantes. Él vestido de traje sastre negro con una camisa del mismo color y una corbata color hueso. Ella con un vestido con corte de sirena, elegantemente entallado a su cuerpo y lo suficientemente elegante para llegar a su pantorrilla. Sus hombros descubiertos con una finta tela traslúcida de color violeta con destellos similares a una galaxia.
Hasta ese momento Senku pudo apreciar lo bonita que le quedaba ese color a la luz de la luna. Podía jurar que esa escena ya la había vivido antes, hace cinco años mientras se escapaban del festival de otoño para poder colarse al observatorio y observar las hermosas leonidas en todo su esplendor. Ahora no era diferente, bajo el firmamento manchado de cientos de millones de estrellas podían sentirse parte del infinito cosmos solo con entrelazarse de las manos debajo de ellas.
—Es la primera vez que salgo con una chica a una cita. —Dijo Senku mientras se quitaba los zapatos y calcetines, sintiendo debajo de sus pies la arena blanca de la playa.
—¿En verdad? ¿Ni siquiera antes de la petrificación? —Shiho sonó más sorprendida de lo que el cientifico esperaba.
—Pero claro, bueno en realidad nunca tuve muchas primeras veces... ahora que lo pienso. —Se llevó su mano a su mentón no obstante una vez sus propias palabras resonaron en su mente añadió abruptamente, avergonzado. —¡Me refiero a citas y cosas de adolescentes! O sea... sabes a lo que me refiero... no estoy diciendo que sea... bueno yo...
—Entiendo, has salido con otras chicas de forma casual. —Shiho le miró curiosa pero no parecía desilusionada, más bien... intrigada.
—¿Qué? ¡No, para nada! ¡Ni casual ni formal, no estaba interesado en absoluto! —Explicó atropelladamente intentando que sus palabras no se malinterpretasen de ninguna forma. —Confieso que... no he tenido tiempo de pensar en ello... Así que supongo que soy algo patetico por tener la edad que tengo y no tener ninguna clase de experiencia...
Shiho abrió los ojos con sorpresa al escucharlo, entendiendo a lo que se refería. Desvió la mirada abruptamente sintiendo arder su rostro.
—N-No deberías avergonzarte... además supongo que no podría juzgarte. —Murmuró ella caminando a su lado. —Me pasó igual... Siempre he sido demasiado nerd y mi hiperfijación por la ciencia me mantuvieron demasiado ocupada, además ayudar a Tsukasa y buscar la forma de salvarte era muchísimo más importante que simplemente... estar con alguien. Fue muy evidente cuando comencé a notar que ya no solo eramos simples adolescentes, comenzamos a crecer... y bueno cientificamente las personas buscan reproducirse. —Se encogió de hombros intentando hablar con terminos cientificos para gestionar los nervios.
—Sí, te entiendo. Cuando Chrome vino corriendo a mi después de sus primeras experiencias no pude evitar sentirme... extraño. Todos crecieron, pero yo no tenía esa clase de interés.
—Siempre huí de esa clase de interacciones. El salto entre la adolescencia a la adultez... creo que debería ser más responsable. —Murmuró acariciandose la nuca, nerviosa. —Es decir, no los juzgo, me parece increíble que tengan las hormonas alborotadas pero...
—... No podías evitar sentir que eras diferente incluso en ese aspecto. —Terminó la frase mirandola.
—Sí... exactamente.
El destello carmín se encontró con el ámbar de sus ojos, y después de un silencio para nada incomodo los dos soltaron una risita complice.
—Qué pateticos somos, no puede ser. —Dijo Asakura sujetandose el estómago. Eran unos nerds virginales adictos a la ciencia. La escena en definitiva era graciosa. Nunca se había detenido a hablar de estos temas con nadie, ni siquiera con Tsukasa, a pesar de que él también tardó bastante rato en decidirse. Era algo que Shiho admiraba de Tsukasa. Que incluso cumpliendo más de veinte, Tsukasa decidió responsablemente con quién quería entregarse de forma intima. Suponía ella que era una de las influencias para que ella también eligiera vivir así. No obstante...
—Sabes... dadas las circunstancias y el futuro tan incierto que nos depara intentando detener a Hiro, ¿No crees que sería una locura estar pensando en... esto? —Dijo ella con una risita con cierta irónia en su voz.
Senku se quedó callado asintiendo sutilmente. Analizando si las palabras de la pelirroja eran por sentirse incomoda con el tema.
—Pero... con la única persona que me gustaría hacer algo como eso por primera vez sería contigo, Senku. —Sus ojos volvieron a encontrarse con los de él, y por un instante Ishigami sintió que le faltó oxigeno en sus pulmones. El agarre en la mano adversa se apretó de forma inconsciente, y antes de que pudiera procesar adecudamente la información Senku tuvo el impulso de hablar.
—Yo no podría pensar en estar intimamente con alguien más que no seas tú, Shiho.
El silencio se hizo presente, pero no era para nada incomodo. Era, al igual que Kohaku y Ryusui, un lenguaje que existía entre ambos, que solo ellos podían entender.
Una sinergia tan íntima que no tuvo que haber más palabras, ámbos lo entendieron. Conectaron lo suficiente para sentirse seguros para vulnerarse de esa manera. En un mundo hostil que los obligó a crecer apresuradamente, ahora en un sesgo de paz se permitian ser solo dos personas descubriendose y respetandose. Lo suficientemente conectados como para juguetear con el agua de la playa y reirse a carcajadas como dos niños, lo suficientemente cercanos como para sentirse comodos después de conversar algo tan intimo como las experiencias intimas. No había forma alguna de sobrellevar una conversación incomoda, pero se alegraban internamente de que ámbos fueran la persona correcta para depositar esa clase de confianza en las manos del otro.
Senku en ese momento, deseaba tatuarse en la mente la escena frente a él, no precisamente por la hermosa forma en la que Asakura se reía, o la manera en la que el agua la hacía brillar a la luz de la luna, ni por su hermoso vestido. Quería grabarse en la mente aquella escena porque tenia la absoluta y total certeza que era ella. La persona con la que quería pasar el resto de su vida, la persona que amaría hasta que su corazón dejara de latir, la infinita fuente de serotonina y dopamina, su principal motor para esforzarse.
Lo mejor de todo era que aquel abrumante sentimiento que le oprimía el pecho de forma tan intensa era correspondido y sobre todo, era mutuo.
Porque Shiho no podría haber planeado tanto de no saber con seguridad que Senku era la persona más importante en su vida, que si valía la pena sanar y recuperar su salud mental además de sí misma, también valía la pena compartirlo con él. Porque bajo sus ojos no había nadie más en el mundo actual que mereciera vivir y disfrutar una vida tranquila era él. Senku. Quien incontables veces la había salvado de sí misma, ella podría dar su vida solo para salvarlo a él.
Una vez terminaron de juguetear en la playa, volvieron a subir a hurtadillas por las escaleras de adoquines, deseando que nadie los hubiese atrapado infragantis yendose a jugar como dos niños a la playa a escondidas de los invitados. Una vez subieron se dieron cuenta que la mayoría de invitados se había marchado, algunos más seguían la fiesta, pero para dos introvertidos cientificos como Ishigami y Asakura era demasiado. Se miraron de manera complice y sonrieron, como si supieran lo que pensaba el otro de forma telepatica.
Caminaron por los silenciosos jardines hacía la cabaña en dónde dormiría Shiho, el recorrido le generó una nostalgía extraña. Porque Senku no paraba de sentir que eso ya lo había vivido.
—Esta noche me recuerda a una antes de las leonidas, ¿No te parece? —Murmuró el de ojos carmín con la corbata aflojada y la camisa arremangada. Su saco lo llevaba puesto Shiho mientras ella se abrazaba a su brazo.
—Justo estaba pensando en eso...
—Sí, recuerdo perfectamente que me llamaste "cebolleta" —Senku miró de reojo a Shiho la cual enrojeció por aquel nombre. Se quería esconder debajo de la tierra.
—¡No puede ser que aún recuerdes eso! ¡En mi defensa tú me llamaste calabaza!
—Ah, es verdad. Debí llamarte "Zanahoria" para ser los dos verduras, qué lindos. —Bromeó soltando una risa divertida.
—¡No te soporto! —Chilló ella con falsa indignación. —¡Me iré sola a la habitación! —Dijo ella haciendo un ademán de soltarse de su agarre, no obstante, Senku la detuvo.
—No, la ultima vez permití que mi talentosa astrofisica huyera al espacio sin mi. En ese entonces te me escabulliste y no logré alcanzarte, pero ahora me aseguraré de que nunca te vayas de mi lado. —Su voz sonaba despreocupada, pero Shiho pudo notar un sesgo de angustia en sus palabras.
—Venga, te lo dije aquella vez... Si tuviese la oportunidad de ir al espacio, al primero y único en llevarme sería a ti.—Su voz sonó conciliadora, incluso se detuvo frente a la cabaña para mirarlo de frente, acariciando delicadamente las mejillas del cientifico. —No me iré a ningún lado sin ti, nunca más, lo prometo. —Murmuró ella, inclinandose y tomando iniciativa para juntar suavemente sus labios contra los de él.
Senku correspondió el vaivén de sus labios, lento, saboreando el momento, no obstante gradualmente sus manos se afianzaron a su cintura, atrayendola hacía él como si deseara fundirse con ella para así nunca más perderla. El hambre de sus besos no se hizo esperar en movimientos más hambrientos y llenos de urgencia. Sus manos descendieron inconscientemente a sus caderas, apretando sus finos dedos contra el bonito vestido violeta. Asakura soltó un jadeo sutil, debido a la falta de oxigeno, provocando que ese simple gesto hiciera a Senku reaccionar de forma abrupta. Se alejó un paso atrás cubriendose el rostro, de los ojos para abajo.
—Yo... disculpa, no quise sobrepasarme. —Murmuró bajando la mirada con una mezcla de verguenza y consternación por sus actos. —Me iré a dormir también, deberías descansar, realmente ha sido un día largo así que... no quiero que te desveles demasiado, ya sabes que algunos de los signos y síntomas de los trastornos del sueño incluyen somnolencia diurna excesiva, respiración irregular o aumento del movimiento durante el sueño. Otros signos y síntomas incluyen un sueño irregular y un ciclo de vigilia y dificultad para conciliar el sueño...
—Senku —La voz de Asakura salió ligeramente ronca, ahogada por la falta de oxigeno de hace un momento y por la respiración entrecortada.
—Sabes que me preocupo mucho por tí, así que debes dormir adecuadamente. —Añadió Ishigami, intentando pensar en cualquier otra cosa.
—Senku... —Volvió a llamarlo. Y no fue hasta ese momento que Ishigami levantó la mirada, notando a Shiho con el rostro ruborizado y la respiración temblorosa, dedujo de inmediato que estaba nerviosa por la forma en la que le miraba directo a los ojos pero pudo notar lo decidida que estaba también. En cuanto escuchó de sus labios aquella pregunta pudo jurar que su ritmo cardiaco se aceleró y detuvo todo al mismo tiempo.
—¿Quieres... quedarte esta noche? —
Notas del autor:
Bạn đang đọc truyện trên: AzTruyen.Top