Flatmates II
A la mañana siguiente, me permito despertarme a las nueve y media, ya que es domingo, y al salir de mi habitación me encuentro a Thomas y John durmiendo juntos en el sofá. Sonrío involuntariamente, y cuando voy a recoger un poco las cajas de pizza tiradas en la mesa, suena el timbre del apartamento. Ellos siguen durmiendo sin ni siquiera inmutarse, así que voy a abrir.
—Hola, nena —dice Ryan, sonriendo, en cuanto abro la puerta.
—Hola Ryan —sonrío, y le beso.
Mi sorpresa llega cuando, al besarle, él agarra mi trasero, pega su pelvis a la mía y profundiza el beso. Abro los ojos, sorprendida, pero él sólo pega su erección aún más a mí. Tampoco me pasa desapercibido el sabor a alcohol de su boca.
—R-ryan... —digo, intentando apartarle—. Es muy temprano, y has bebido...
—¿Y qué? —pregunta—. ¿No puedo desear a mi novia?
—No es eso, pero...
—¿Pero qué? Mira Léa, si tú no quieres hacerlo, no tendré ningún problema en encontrar a otra perra que quiera acostarse conmigo —amenaza, y se me atascan los pulmones.
—No quieres decir eso —digo, sintiendo el corazón en la boca—. Estás borracho, por eso lo estás diciendo.
—Como sea —dice, y se acerca para volver a besarme.
Vuelvo a apartarle, empezando a sentirme agobiada.
—¿De verdad no quieres? —dice, soltando una carcajada amarga—. Nadie más va a quererte a parte de mí, Léa, deja de hacerte la difícil porque terminarás cansándome.
Me muerdo el labio intentando retener mis lágrimas, y él suspira antes de dar media vuelta e irse. Cuando cierra la puerta detrás de él, me paso una mano por la frente y cuento hasta tres, como siempre.
Uno, dos... y tres. Suelto aire, y voy al comedor, dispuesta a recoger el desastre que dejaron los dos chicos. Compruebo que siguen durmiendo y cojo las cajas de pizza y el cenicero lleno para llevarlos a la cocina.
Me preparo un café para desayunar, y cuando voy a coger algunas galletas para completar el desayuno, las palabras de Ryan resuenan en mi cabeza: "has engordado un poco, ¿no crees?". Así que dejo las galletas donde estaban, intactas, y me siento en la pequeña mesa que hay en la cocina para tomarme mi café.
En ese momento, se empieza a oír movimiento en el salón. Son algunos movimientos solo, hasta que se oye un gran golpe.
—¡Joder, John! —exclama Thomas—. Gilipollas, me has tirado del sofá.
—Es mi sofá —gruñe John, con el sueño impreso en su voz.
—Pues me voy a tu cama, por imbécil —contesta su amigo, y escucho sus pasos desaparecer por el pasillo.
Vuelvo la mirada a mi móvil mientras doy otro sorbo al café, lo cual termina con un poco del líquido vertiéndose sobre mi camiseta. ¿Por qué tengo que ser tan torpe? Bueno, suerte que es la camiseta que uso para dormir.
—Hey, buenos días —saluda John, entrando en la cocina vestido exactamente igual que ayer, ya que ha dormido así.
—Hola —saludo.
—¿Eso es todo tu desayuno? —me pregunta, y ruedo los ojos.
—Sí, no tengo hambre —le digo, y finjo que sigo leyendo algo inexistente en mi móvil.
—Ya, claro, y una mierda —dice—. ¿No quieres galletas de chocolate? Son mías y te las estoy ofreciendo eh, eso no es algo que pase cada día.
—No quiero, gracias —contesto, con una sonrisa.
—Vale —se encoge de hombros y saca un bol para luego ir a la nevera y sacar la botella de leche.
Al final termina haciéndose una especie de mezcla de leche, cacao en polvo, cereales de chocolate y galletas de chocolate. Todo mezclado en el bol. Una guarrada en toda regla.
—¿Cómo puedes comer todo eso? —le pregunto, intrigada.
—Tengo el estómago deformado de tanto comer, supongo —bromea.
En ese momento, se abre la puerta de la cocina y entra Thomas.
—Wow, John, ¿me haces uno igual? —pregunta al ver el "desayuno" de su amigo, y luego me mira—. Buenos días, Léa.
—Hola —sonrío.
—Háztelo tú, vago, yo estoy comiendo —dice John, concentrado en su comida.
—Encima que me despiertas tirándome del sofá —se queja Thomas, pero al ver que no funciona, suspira y va a coger la botella de leche de la nevera.
Mientras ellos desayunan y yo termino mi café, suena el móvil de John en su bolsillo, y lo saca. Al ver quién es, se levanta de la mesa y sale de la cocina, a lo que Thomas aprovecha para robarle algo de su comida.
—Debe ser Catherine —dice Thomas—. Es tan insoportable.
Levanto las cejas, sorprendida por su sinceridad.
—Seguro que no es mala chica —la defiendo, aún sin conocerla. Sí, ha estado alguna vez por casa y ni me dirigió palabra, pero no la conozco y no puedo juzgarla.
—Lo es —suspira—. Tiene a John acaparado, ésta ha sido la primera noche en bastante tiempo que me quedo a dormir y paso más de un par de horas con él. De verdad que no entiendo cómo la gente tiene pareja.
—Tener pareja es bonito —digo.
—Sí, claro, precioso —rueda los ojos—. Yo esta tarde he quedado con una chica preciosa e inteligente, y probablemente hablaremos mucho y haremos aún más cosas, si sabes a lo que me refiero. Y habré disfrutado de su compañía, de una buena conversación y de buen sexo, pero sin comprometerme. ¿Hay algo más precioso que eso?
—¿Cómo puedes hacer eso? —niego con la cabeza—. No hay nada mejor que saber que alguien a quien amas te ama de vuelta.
—Tú tienes novio, ¿no? —me pregunta, y asiento—. Y, ¿realmente merece la pena? ¿Las cosas buenas superan a las discusiones y las diferencias ?
—Claro que lo hacen —contesto inmediatamente—. Sí, a veces tenemos problemas, pero sé que me quiere.
¿Lo sabes? pregunta esa molesta voz en mi interior, pero no le hago caso.
—Chicos, me voy, he quedado con Cathy —se despide John, entrando en la cocina—. Quédate todo el rato que quieras, Tom.
Thomas suspira y asiente antes de seguir comiendo como si nada.
— o —
Estoy sentada en el balcón, leyendo un libro, cuando mi móvil vibre sobre la mesa. Lo cojo, sabiendo que es Ryan —básicamente porque es de las pocas personas con las que hablo—, y veo que me ha enviado varios mensajes.
Ry (19:37): nena, siento lo de esta mañana, había bebido mucho. sabes que no quería decir nada de lo que he dicho, te amo.
Ry (19:37): ¿duermes en casa esta noche?
Sonrío a la pantalla y contesto al mensaje.
Léa (19:39): claro, estaré ahí sobre las nueve. te amo
Dejo el móvil en la mesa y sigo leyendo, cuando escucho vagamente el sonido de la puerta principal cerrándose.
Sigo concentrada en mi libro, pero de repente la puerta corredera del balcón se abre y John sale, cierra la puerta detrás de él y se apoya en la barandilla.
—¿Hola? —pregunto, levantando una ceja.
—Hola —contesta, pasándose una mano por el pelo—. Joder, he tenido un día de mierda.
—¿Y eso?
—Catherine —es su única respuesta.
—Oh, vaya... —digo, sin saber muy bien qué contestar.
—Sí —se encoge de hombros—. Y tú, ¿cómo estás?
—Bien —contesto, pero me doy cuenta de que ni siquiera yo me creo eso—. En realidad... en realidad no lo sé.
—¿No lo sabes? —pregunta, girándose para mirarme con una ceja levantada.
—¿Nunca te ha pasado que te sientes mal pero sabes que no tienes motivos para hacerlo, así que intentas sentirte bien?
—Me pasa a menudo —asiente—. Y, ¿sabes lo que hago?
—¿Qué haces?
—Gritar.
—¿Qué? —pregunto, sin entender a qué se refiere.
—Grito —repite—. Grito muy fuerte, y cuando termino, me siento bastante mejor. ¿Quieres intentarlo?
—¿Aquí?
—Aquí mismo —asiente.
—Estás loco —río, negando con la cabeza.
—No tanto como parece. Vamos, pruébalo. Ven aquí.
—Ni de broma —digo, abrazándome a mi libro—. Hay gente en la calle, John, se van a asustar.
—Nah, a lo mejor les alegramos la tarde y todo —dice.
—¿Cómo se supone que vamos a alegrarles la tarde gritando?
—Pensarán "oh, mira, dos locos gritando, qué divertido", yo qué sé —se encoge de hombros—. Vamos, Léa, ven.
Me levanto y me pongo a su lado, poniendo mis manos en la barandilla.
—Que conste que sólo estoy aquí para ver las caras de la gente, luego me esconderé.
—Terminaras uniéndote —sonríe—. Mira, te enseño.
Antes de que pueda decirle nada, John abre la boca y grita con todas sus fuerzas, haciendo que algunas personas de la calle se sobresalten y nos miren, algo que me da extrañamente igual.
—¿Ves? Se hace así —dice sonriendo, orgulloso.
—Estás mal de la cabeza, de verdad.
—Sabes que tú también quieres hacerlo.
—No, no quiero.
—Estás frustrada y reprimida, Léa, lo sé —dice—. Te sientes mal, sabes que hay algo dentro de ti diciéndote que la vida que llevas no es la que querrías...
De repente, me encuentro a mí misma soltando un grito, no tan fuerte como el de John, pero que también llama la atención de varias personas. Cuando paro, miro a John, avergonzada.
—¡Genial! —sonríe—. ¿Ves como sí querías? Estoy tan contento que te invito a cenar. Donde tú quieras, pero que no sea para millonarios, si puede ser.
—No puedo ir a cenar, he quedado con Ryan —le digo.
—Ryan no se va a morir si no duermes con él una noche, duermes casi siempre con él. Venga, cenemos.
—No, no quiero que se enfade —niego con la cabeza.
—¿Por qué iba a enfadarse? —pregunta, levantando una ceja—. Ni que fuera tu padre.
—Cualquier hombre se enfadaría si su novia fuera a cenar con otro chico.
—Uh, ¿no? —pregunta sarcásticamente—. ¿Qué es, tu dueño? No me digas que es uno de esos machistas...
—No hables así de Ryan, no lo conoces —le interrumpo antes de que pueda seguir diciendo sandeces..
—Está bien, lo siento —dice, pero sé que no está siendo sincero—. Que lo pases bien en casa de Ryan.
______
¡Aquí la parte dos de Flatmates!
¿Qué os parece? ¿Qué creéis que pasará?
Bạn đang đọc truyện trên: AzTruyen.Top