Boxing III
Dos años antes
-Willow, ¿dónde me has traído? -le pregunto a mi amiga, mirando la sala atiborrada de gente, con un ring en medio.
-¡Combates de boxeo clandestinos! -exclama, emocionada-. ¿No son lo mejor? Además, hoy combate Mad Ray, ¡es jodidamente sexy! Te va a encantar, Sophia.
-Sabes que no me gustan estas cosas -suspiro, pero sé que ella ni me escucha.
-¡Esta noche tenemos a Fury Park contra Mad Ray, en este combate final que decidirá quién es el campeón! -exclama una voz por los altavoces-. ¡¿Estáis listos?!
La multitud grita y silba ante la pregunta del presentador, y Willow incluso da saltitos de emoción.
-Ya lo verás, Soph, te va a encantar Ray -sonríe mi amiga.
-Como digas -ruedo los ojos.
Centro mi atención en el ring, donde entra un chico de tez oscura y cabello rubio -una combinación un poco extraña, y más teniendo en cuenta que es tan moreno por el excesivo bronceado y que el cabello es teñido-.
-¡En el ring ya tenemos a Fury Park, ansioso por recuperar el título que Mad Ray le robó la última vez!
Entonces entra un chico envuelto en un albornoz con capucha, haciendo que su rostro sea irreconocible.
-¡Y ya ha llegado el único, el inigualable, el actual campeón, Mad Ray! -exclama el presentador, y la multitud estalla en gritos y aplausos.
En ese momento, el tal Mad Ray se quita el albornoz, y mis ojos se abren de par en par, con interés y sorpresa. Él es muy guapo, pero es una belleza natural, no forzada como la de su contrincante. Un cuerpo grande con músculos marcados pero sin llegar a parecer uno de esos boxeadores monstruosos, tez bronceada pero sin pasarse, cabello castaño corto y unos ojos grandes pero un poco achinados cuyo color no puedo distinguir.
Entonces, esos ojos encuentran los míos en medio de la multitud, y de repente adoptan una expresión ardiente, apasionada. Y no puedo apartar mis ojos de los suyos, es como si me tuviera hipnotizada.
-Oh dios, Soph, ¡te está mirando! -grita Willow a mi lado, rompiendo la unión de las miradas entre el boxeador y yo cuando tengo que mirarla a ella.
-B-bueno, será casualidad -me encojo de hombros, ruborizada, y vuelvo mi mirada al ring, donde ambos boxeadores ya están preparados para luchar, esperando a que el árbitro dé la orden.
El combate termina con una victoria aplastante de Mad Ray, con quien he vuelto a intercambiar miradas varias veces, incluyendo cuando ha ganado. Y estoy húmeda. Ver sus músculos flexionándose, el sudor recorriendo su cuerpo y su rostro de esfuerzo cuando luchaba contra Fury Park, tiene mis bragas empapadas. Jodida mierda.
-Joder, está tan bueno -dice Willow cuando ya estamos saliendo de allí-. Lo ataría a mi cama y me lo tiraría día y noche.
Me río por su comentario, pero sigo estando alterada por las miradas del boxeador, sigo estando excitada. Niego con la cabeza suavemente, intentando eliminar esos locos pensamientos de mi cabeza, y sigo caminando con Willow hacia la salida. Es entonces cuando una mano se posa en mi hombro y suelto un pequeño grito, asustada.
-Lo siento -se disculpa un hombre de mediana edad, bastante guapo y completamente tatuado-. Dan quiere verte.
-¿Dan? -pregunto, levantando una ceja.
-Mad Ray -se corrige-. Ven conmigo.
-Y-yo, no sé... -digo, desconfiando un poco.
-Tú vas a ir, y ahora mismo -me interrumpe Willow, empujándome hacia el hombre desconocido-. Échale un buen polvo, Soph.
Me ruborizo ante sus palabras y el hombre ríe antes de empezar a caminar de nuevo hacia dentro del local. Le sigo, intrigada, y pronto entramos por otra puerta que lleva a un pasillo bastante oscuro. Vale, esto empieza a asustarme.
-Um... ¿dónde está él exactamente? -pregunto, un poco asustada.
-No voy a abusar de ti ni nada de eso, por dios, sólo te llevo con él -dice el hombre, acompañando sus palabras con una risita.
Decido guardar silencio, hasta que él se para delante de una puerta y la abre.
-Hey Dan, está la chica aquí -dice antes de apartarse para dejarme pasar.
Camino lentamente hacia la puerta, encontrándome de frente con esos ojos que me miraban tan intensamente durante el combate, comprobando ahora que son de un color verde oscuro.
El hombre que me ha acompañado desaparece y me quedo a solas con el boxeador, quien parece llamarse Dan. Él sólo lleva unos pantalones de chándal, y parece que ha salido de la ducha hace poco ya que su pelo está mojado. Algunos moratones decoran su definido torso, junto con una pequeña rascada.
-Um... -digo, nerviosa.
-Ven aquí -oigo por primera vez su voz, ronca y decidida.
Me acerco a él tímidamente y le miro a los ojos, mordiéndome el labio.
-Sabes perfectamente lo que me haces, ¿no es así? -pregunta con una sonrisa de lado-. Con esas miradas, y ahora mordiéndote el labio...
Decido dejar que una pequeña sonrisa responda por sí sola, y Dan se acerca a mí, permitiéndome apreciar el olor a gel que desprende su cuerpo.
-¿Cómo te llamas? -me pregunta.
-Sophia -contesto-. ¿Tú eres Dan?
-Soy Dan -asiente.
Dan se acerca a mí todavía más hasta que puedo sentir su respiración.
-¿Vas a ser buena para mí, Sophia? -pregunta en un susurro, y levanto la cabeza hasta mirarle a los ojos para asentir-. Mmm, perfecto.
Entonces coge mi rostro con sus manos y me besa lentamente, de una forma increíblemente sensual y provocadora. Nunca habría dicho que un boxeador, tan agresivo y brutal, podría besar de esta forma.
El beso no tarda en profundizarse y Dan me pone contra la pared, acariciando mi cabello con sus manos.
-¡Dan! -se oye la voz del hombre que me ha traído antes desde fuera de la habitación.
-¿Qué coño quieres, Paul? -gruñe Dan, molesto, apartándose de mí y haciéndome suspirar por la falta de contacto.
-¡La policía, joder!
-Mierda -murmura Dan-. Ven conmigo, Sophie, ni se te ocurra separarte de mí.
Asiento y Dan me coge de la mano antes de salir corriendo por una puerta diferente a la que he usado para entrar, y salimos a la parte de atrás del local. Allí hay un coche con alguien a quien no reconozco como conductor, y nos subimos en la parte de atrás junto con Paul, quien acaba de salir de la misma puerta.
-Mierda, eso ha estado cerca -suspira Paul-. Entonces, ¿Soph? tendrás que pasarme el número de tu amiga.
-Se llama Sophia -gruñe Dan.
-Pero me gusta más llamarla Soph -contesta Paul-. ¿Te molesta que te llame así? A no ser que me sigas teniendo miedo...
-¡No te tenía miedo! -me quejo-. ¿Qué pensarías tú si alguien se te lleva a un pasillo oscuro de esa manera?
-Como sea -dice, sonriendo-. ¿Me pasarás el número de tu amiga?
-¿De Willow? Si ella quiere, sí -me encojo de hombros.
Al poco rato, el coche se para delante de un complejo de apartamentos, y Dan baja, haciéndome una señal para que baje con él. Me despido de Paul y bajo del coche para entrar en uno de los bloques de apartamentos con Dan. Subimos hasta el ático en un silencio bastante tenso, y cuando llegamos Dan saca las llaves y abre la puerta que conduce a lo que supongo que será su piso. No es pequeño ni tampoco demasiado grande, pero tampoco me fijo mucho porque los labios de Dan inmediatamente encuentran los míos.
Mi espalda choca suavemente contra la pared y las callosas manos de Dan acarician mis mejillas mientras sigue besándome, introduciendo su lengua en mi boca. No lo conozco de nada, ni siquiera sé si Dan es su nombre real, y aquí estoy, en su apartamento y a punto de tener sexo con él, pero no podría gustarme más. Él sigue con el torso desnudo -ha venido así todo el camino, lo cual tampoco es un problema porque es verano-.
Tras un buen rato solo besándonos y yo acariciando su torso, hasta que la impaciencia me supera y llevo mis manos al elástico de sus pantalones de chándal, empezando a tirar hacia abajo. Noto cómo Dan sonríe en mi boca y me ayuda a quitárselos, y es entonces cuando me encuentro con que él no estaba usando bóxers, ya que su polla erecta sale de su confinamiento y se presiona contra su estómago. La acaricio ligeramente y Dan gime, mirándome directamente a los ojos.
Entonces él decide que ya me ha dejado tener el control suficiente rato, y me sienta en el mueble del recibidor para meter sus manos por debajo de mi corto vestido de verano. Acaricia mi trasero y luego pasa a delante, presionando su pulgar contra mi clítoris brevemente y haciéndome gemir. Sus manos salen de debajo de mi vestido y empieza a desabrochar los botones delanteros del escote de éste, hasta que mis pechos quedan al descubierto. Dan se lame los labios antes de pellizcar uno de los pezones, haciéndome dar un pequeño grito. A continuación se lo mete en la boca y yo me vuelvo un desastre gimiendo mientras él juega con mis pechos.
-Dan... Por favor... -le suplico, necesitando que haga algo más.
-Dime Sophie, ¿qué quieres? -me pregunta, con su boca a centímetros de mi pezón, el cual está mojado e hinchado por las atenciones que Dan le ha dado.
-F-fóllame, por favor -le pido, completamente ruborizada y sin poder creer lo que acabo de decir.
-Mmm, así me gusta -sonríe-. ¿Estás tomando la pastilla?
-No -niego.
-Entonces tendremos que seguir esto en la habitación -dice-. Pero toda tu ropa se queda aquí.
En un rápido movimiento me levanta del mueble y saca mi vestido por la cabeza. Se para unos segundos a mirar mi cuerpo, haciendo que me sonroje, y entonces desliza mis bragas por mis piernas hasta quitarlas. Me coge en brazos y me lleva hasta la habitación, ambos estando completamente desnudos. Me deja sobre la cama y saca un preservativo del cajón del mueble, para colocárselo luego.
-¿Sabes? En otra ocasión habría estado un buen rato con mi cara entre tus piernas, pero joder, ya he esperado demasiado -dice mientras se coloca encima de mí y pasa la punta de su miembro por mi mojada entrada-. Te prometo que la próxima vez te haré correrte de mil formas diferentes, pero ahora necesito tenerte.
¿La próxima vez? Me pregunto, pero todos los pensamientos huyen de mi cabeza cuando empieza a empujar dentro de mí.
Gimo y clavo mis uñas en sus brazos, excitada, y cuando él ya está completamente dentro levanto la cabeza para besarle. Él corresponde al beso y me echa hacia atrás, con nuestras bocas aún unidas, mientras empieza a moverse dentro y fuera de mí. Su boca acalla mis sonoros gemidos y araño su espalda involuntariamente, pero a él parece gustarle porque gruñe y empieza a ir más rápido. Empiezo a notar un cosquilleo en el estómago y antes de que pueda incluso procesarlo, me estoy corriendo entre gritos, arqueando mi espalda de la cama ante la mirada de Dan. Él gime y va aún más rápido, prolongando mi orgasmo hasta que él también se corre dentro del condón, escondiendo la cara en mi cuello y liberando pequeños gruñidos.
En cuanto ya se ha pasado el efecto de ambos orgasmos, Dan sale de mí y tras deshacerse del condón se echa a mi lado en la cama, con la respiración aún agitada.
Es entonces cuando empiezo a sentirme incómoda.
Es la primera vez que hago algo así -acostarme con alguien a quien acabo de conocer-, así que no sé cómo actuar, supongo que él querrá que me vaya ahora. Me levanto de la cama y me dispongo a salir de la habitación para ir a buscar mi ropa, pero la mano de Dan en mi muñeca me para.
-¿A dónde crees que vas? No he terminado contigo, ni de cerca -dice, y yo me muerdo el labio.
Bạn đang đọc truyện trên: AzTruyen.Top