Boxing II
Dan
Nos hemos distanciado.
Ya no hay besos de buena suerte antes de mis combates, ni siquiera súplicas por su parte pidiéndome que no vaya. Ya no hacemos el amor en la madrugada, cuando llego de cada combate me curo las heridas yo solo y me echo a su lado, ya que ella ya duerme pero de espaldas a mí. Ya no hay abrazos y mimos por las mañanas, en vez de eso hay un hueco en el otro lado de la cama cada vez que me levanto, ya que Sophia suele levantarse antes.
Apenas me habla ni me toca, y yo tampoco lo hago. La última vez que me tocó fue hace una semana, cuando volví de una pelea completamente abatido y semi-inconsciente, llevado por un compañero, y ella me llevó a la cama. Apenas recuerdo nada, lo único que recuerdo es lo bien que se sintió su tacto a pesar de la frialdad que emitía. Y ahora ni siquiera me molesto en ir a la cama cuando vuelvo, ya que ella parece no quererme allí, así que simplemente me echo a dormir en el sofá.
No me he ido porque la amo, y quiero creer que ella sigue aquí por la misma razón, pero me duele toda esta situación.
Vuelvo de otra pelea sintiendo bastante dolor en la zona abdominal por culpa del hijo de perra con el que he luchado -y al que he ganado-. Me dirijo al cuarto de baño para ponerme crema pero, al justo antes de entrar oigo un sollozo provinente del baño. Me paro al lado de la puerta y oigo claramente cómo Sophia llora. Me destroza por dentro oírla, así que abro la puerta y entro en el cuarto. Está sentada en el suelo, llorando, y me siento una rata miserable por ser el culpable de esto.
-Sophia... -susurro, sentándome a su lado y acariciando su pierna.
Ella ni siquiera levanta la cabeza, que está enterrada entre sus rodillas, sólo llora más fuerte.
-Sophia, princesa... -murmuro.
-No me llames así -me interrumpe entre sollozos-. ¿Ya no me quieres?
-Mierda, Soph, te amo más que a nada, y lo sabes.
-¿Y por qué sigues yendo allí cada noche? -pregunta con la voz rota-. ¿Por qué sigues arriesgando tu vida así, si sabes que sufro?
-Soph... -murmuro.
-Te amo Dan, de verdad que te amo, pero no puedo más con todo esto, no puedo estar sufriendo cada noche por ti -solloza, y se me parte el corazón aún más.
-Lo siento -contesto, sintiendo cómo las lágrimas empiezan a bajar por mis mejillas-. Lo siento, princesa, de verdad que lo hago.
Ella levanta la cabeza y por fin su mirada encuentra la mía. Se acerca a mí lentamente hasta que nuestros labios se rozan. Me besa con pasión y con amor, haciendo que una corriente recorra todo mi cuerpo, despertándolo tras varias semanas apagado. Ella es todo lo que necesito. No necesito el boxeo, por mucho dinero que me dé, no necesito nada más que a Sophia.
Sus manos acarician mi cabello a la vez que su lengua delinea mi labio inferior tímidamente. Abro la boca para dar acceso a su lengua, emocionado por el contacto que estamos teniendo tras tanto tiempo de frialdad.
La cojo de las caderas y la siento encima de mí, a horcajadas, y sigo besándola como si fuera la última vez. Sus manos se cuelan debajo de mi camiseta y acaricia mis abdominales, para después romper el beso para sacar la tela por mi cabeza. Me deshago de su camiseta y mi polla aprieta contra mis pantalones de chándal cuando veo que no lleva sujetador. Acaricio sus pechos, haciendo que sus pezones se endurezcan, y me llevo uno a la boca. Ella gime y empieza a moverse encima de mí, rozando nuestros sexos sólo cubiertos por la tela de mis pantalones y por su pequeño short de pijama.
-Vamos a la habitación -le digo cuando su cara se entierra en mi cuello para dejar besos húmedos en éste.
-No -contesta-. Házmelo aquí, como antes, cuando lo hacíamos en cualquier sitio.
Noto la nostalgia en su voz y vuelvo a besarla antes de que entristezca. Me levanto con ella encima y la siento en la encimera del baño. Sophia baja mis pantalones y mis bóxers de golpe y se levanta un poco para quitarse los pantalones de dormir, debajo de los cuales no lleva nada.
Gruño y guío mi punta hacia su entrada, frotándola contra sus húmedos pliegues antes de hundirme en ella.
Sophia echa la cabeza hacia atrás, gimiendo, y empiezo a moverme dentro de ella. Bajo mi boca y atrapo uno de sus pezones entre mis dientes. Con dos de mis dedos estimulo el otro y Sophia se arquea del placer. Abre más sus piernas y me coge del trasero para apretarme más contra ella, con desesperación, haciendo que mi polla llegue hasta lo más hondo de su apretado coño. Me separo de sus pechos y la beso de forma muy descoordinada por la excitación, dejando que nuestras lenguas juegen.
Pronto Sophia empieza a gemir mucho más fuerte y sé que está llegando, por lo que bajo un dedo y estimulo su clítoris.
-Soph, princesa, no estamos usando condón... -digo entre jadeos, pero no dejo de moverme.
-Córrete dentro de mí, Dan, lo necesito, te necesito... -contesta, y noto cómo sus paredes se contraen mientras grita a causa del orgasmo.
Antes de que pueda frenarme, me corro y todo mi líquido sale hacia dentro de ella en largos chorros, haciendo que me den pequeños espasmos de placer.
Salgo de ella y la llevo a la cama en brazos, como solíamos hacer. Me echo a su lado y dejo un beso en su frente.
-Te amo -le digo, y aunque la luz está apagada puedo sentir cómo sonríe-. Voy a dejar las luchas por ti, Soph. Tú eres más importante que todo eso.
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