♕ Uno♛
El día estaba soleado, las aves cantan una hermosa y perfecta melodía, el sol esta más radiante que ayer. Las hojas de los árboles amanecieron con un rocío deslumbrante, podría decirse que casi perfecto.
Talló mis ojos con mucha delicadeza y me estiro un poco para despertar por completo, a pesar de que el sol este brillando al máximo, siento un poco de frío. Quitó con delicadeza las mantas que me cubren de aquella brisa mañanera y me levanto de mi cama colocándome mis pantuflas rosadas.
Me dirijo aquel enorme ventanal para poder ver el hermoso día que Londres nos a querido dar hoy. Es hermoso y perfecto, no hay nube alguna que pueda arruinar aquel hermoso color azulado del cielo. Abro aquella hermosa puerta con decoraciones de girasoles a su alrededor, para poder respirar el aire del nuevo día, es húmedo, helado, pero simplemente ...refrescante.
–Princesa Diana, ¿Ya esta despierta?–me llaman desde el otro lado de la puerta.
Volteo con una ligera sonrisa y me acercó al cofre que se encuentra enfrente de mi cama, tomó aquella bata que se encuentra sobre este ultimo y me lo coloco con cuidado, tenia un aroma dulce y relajante. Sacó mi cabello de igual manera y me acercó a la puerta para poder abrirla.
–Alfred, querido amigo, sabes que para ti soy Rapunzel, no me gusta que me llamen por mi título, ni por mi primer nombre–aclaro con gentileza, aquel buen hombre. Siempre me a cuidado y no deseo que haya diferencias entre nosotros, seria algo injusto, desde mi punto de vista.
Sonríe ligeramente y pasa a mi habitación sin quitar aquella sonrisa. Copio aquel agradable gesto, uno de los guardias cierra la enorme puerta color blanca con delicadeza.
Soy amable con toda la gente que pueda, pues mi madre siempre me decía que nunca sabre que mal esta su día incluido, una mala vida. Un pequeño gesto ya sea: un pequeño cumplido,un favor, un gesto de amabilidad hasta una sonrisa, puede mejorar un poco su vivir.
–Sus hermanas y hermano, me piden que le diga, que el desayuno esta servido–expresa con amabilidad, como todos los días.
Suspiro pesadamente y me siento en aquel cofre, no veo tanta importancia a un desayuno donde se hablara de lo que se hará para celebrarle a mi madre. No es por ser grosera o porque no la quiera, simplemente se me hace algo innecesario. En una semana se cumpliría seis años desde la muerte de mi madre. La extraño demasiado, me hace tanta falta...pero una fiesta o cualquier cosa que hagamos a su nombre, no la traerá de vuelta.
–Gracias, Alfred–lo miro–pero hoy tengo ganas de cambiar mi rutina–expreso levantándome y dirigiendo a mi tocador.
Se acerca veloz hacia mi, supongo que le a impactado esta nueva confesión que le he revelado, aunque no hay de que impresionarse, es natural que quiera hacer nuevas cosas, que quiera...ser alguien total mente diferente.
–¿Cambiar su rutina?–argumenta–¿creo que a perdido la cordura, señorita Rapunzel?–ruedo los ojos–sus hermanas, no les agradará para nada la idea.
Suspiro por segunda ocasión, esto era algo desesperante. Cada vez que intentó hacer algo nuevo, mis hermanas me lo impiden, diciendo que eso no es de una princesa. O por lo menos mis hermanas mayores, la más chica sólo se queda callada, observando la situación. Siempre es lo mismo, pero algún día lo haré, estoy segura que seré libre...podre hacer lo que sea y como sea.
–Es que...desde que mamá murió, siento, que nada es como antes, Alfred–volteo a verlo con algo de tristeza–este castillo parece más una prisión que un sueño. No creo soportarlo más, necesito probar...un aire totalmente diferente.
Suspira con algo de tristeza y melancolía, pues él, más que otra persona que viva en este castillo, sabe lo que he sufrido durante estos años. Nadie más sabe lo que he callado para poder criticarme de mis acciones, nadie puede saber el motivo de mis sonrisas y el motivo de mis llantos por las noches.
Toma mi brazo con delicadeza y me ve con seriedad. Sabía que me diría algo consolador para después animarme un poco, para que pueda luchar otra vez, para levantar mi rostro y que no se resbale la corona.
–Todos la extrañamos, usted no es la única que sufre su pérdida–vuelve a suspirar–sin en cambio, es la única que desea cambiar su rutina.
Río levemente y tomó un cepillo para poder desenredar mi cabello. Se que no soy la única que sufrió su pérdida, pero al parecer soy la única que aún anda de luto por ella.
Mi padre volvió a sentir el amor por una persona, pero parece más la atracción por el poder que por la persona. Se caso con una duquesa, es hermosa y elegante, pero simplemente arrogante, hipócrita, envidiosa, maleducada. Mis hermanas, van a cada fiesta que se presenta con los reyes y reinas que hay en este planeta o con los presidentes de cada país o con alguien que sea un millonario famoso o solo millonario. En cambio yo, no puedo superarla. A veces quisiera no volver a mirar atrás, para quitarme un poco de dolor de encima.
–A mi madre le hubiera parecido bien que por lo menos un día de mi vida, cambiara mi rutina–dejo de cepillar mi cabello, siento como una lagrima sale y recorre con cuidado mi mejilla izquierda. Siento tanto dolor que no puedo explicarlo con palabras, pero si con mi gesto de tristeza.
–¡Oh querida niña!, no llores por ella–sonríe ligeramente–ella siempre se encontrará aquí–señala mi corazón.
A ella nunca le gusto verme triste así que procuro no estarlo, pero es casi imposible. Siento que la decepcionó si lo estoy en ese estado de melancolía. Ojala siguiera viva, para que pudiera consolarme, siempre lo hacía, todas las veces que he llorado o por lo menos la mayoría.
–Me apurare para bajar a desayunar–limpio con delicadeza mi mejilla, quitando aquella lagrima de ella.
Alfred me regala una sonrisa y sin más que decir, sale de la habitación. Suspiro ligeramente y me voy a mi armario por un vestido de los que tengo.
El armario es precioso, la gran puerta esta rodeada de hermosas flores primaverales, haciendo que todo el cuarto se llene de su aroma, lo abro con delicadeza y veo mis hermosos vestidos, me gusta que estén ordenados por colores, es como ver un arcohiris de vestidos. Los observo con delicadeza, pasando con delicadeza mis dedos en cada uno de ellos. Hoy no tenía ganas de usar un vestido esponjoso, más bien uno ligero y corto color rojo.
Busco con la mirada unos zapatos del mismo color. Me quitó la pijama y la dejo a un lado para ponerme aquella vestimenta color llamativo. El color del amor, como me diría ella.
Salgo de mi armario ya cambiada y lista para vivir un día más a lo que ya estoy acostumbrada. Cruzó aquella enorme habitación para llegar a la puerta y poner mi mano en la perilla y girarla, para poder salir.
–Princesa, Diana–dice el guardia que cuida mi habitación.
Ese era su nombre, el nombre de mi madre. Dice mi padre que ella le encantaba ese cuento de aquella princesa en la torre y por eso me a puesto Rapunzel, pero a el le encantaba el nombre de mi madre, decía que era único...como ella, pero pienso...que yo no debí llevar su nombre, si no mi hermana mayor, Elsa. Mi madre fue una de las mejores reinas de Londres, estaba hecha para este cargo tan importante...pero yo no pienso estarlo.
–Buenos días–expreso con una sonrisa.
Me dirijo a las escaleras que están impecablemente limpias, estan cubiertas por una alfombra del color de mi vestido. Bajó con cuidado aquellas escaleras para poder llegar a una de las muchas habitaciones que tiene este castillo.
–Oh, Diana, te has levantado un poco tarde–gruñe la condesa.
–Mil perdones, pero mi madre decía que las princesas nunca llegan tarde, los demás siempre se adelantan.
Argumento con felicidad, recordaba perfecto las frases de mi madre. Hacían que ella volviera y todo cobrara vida, que todo, por unos segundos, fuera como antes. Pero vamos he pensando por mucho tiempo en ella, pero sencillamente, hay cosas que no se superan, nunca.
–Pero que...
—Hija–es mi padre–siempre diciendo esas frases–se acerca a mi para poder besar mi frente–te pareces tanto a tu madre–me abraza con fuerza–haces como si ella volviera a la vida.
Sonrió ampliamente, los halagos de mi padre siempre me ponen de buenas, hacen que se me olvide todo al instante. Me alejó de él y veo a la duquesa que tiene una actitud sería, como siempre. Así que mejor me alejó de ellos y voy a desayunar al gran comedor.
–Hola, Rapunzel–dice mi pequeña hermana de quince años, Anna.
–Hola pequeña–la abrazo con fuerza.
Ella es un amor de persona, de hecho es demasiado gentil que cualquiera podría aprovecharse de su nobleza. Pero yo la protegeré de aquel que intente hacerle daño.
–Siempre llagas tarde, Diana–ruedo los ojos—espero que la duquesa no se haya molestado.
–Lo dices como si nunca se molestará por lo que hago, Hiccup–sonrió ampliamente y tomó un lugar en la mesa.
–Saldré a visitar a un amigo–se acomoda su playera verde informal–espero que no les moleste.
–Ay claro que no–dice Anna con ternura–no tienes que pedir permiso. Tu eres el más grande de los cinco.
–Ahora podemos comenzar a desayunar–argumenta Elsa con una sonrisa.
–De hecho hermana, en esta ocación desayunaran solas. Tengo que irme–le informa–. Con il vostro permesso
–si può andare in pensione–decimos todas en unísono.
Veo como mi hermano se retira y observo a todas con una amplia sonrisa. En esta familia nuestra lengua preferida es el italiano y el francés, son los idiomas más delicados y deliciosos de todo el planeta. Cada palabra, cada hacento es simplemente delicioso para el paladar.
–¿Y ya saben lo que se pondrán en la fiesta de mamá?–pregunta Gogo con rapidez, ella y Elsa son gemelas, al principio era algo confuso, solo podias distingirla por los ojos, pero despues, Gogo se hizo un cambio de look sorprendente.
–Si, los vestidos tienen que ser clásicos, así que lo mío será sorpresa.
–Anna los vestidos son clásico, a nuestra madre le fasinaban.
Miro a Anna y le regalo una sonrisa, Elsa es muy especial con esto de lo de las fiestas y más cuando son para mamá.
–Vendrán personas de todo el mundo o por lo menos las más importantes.
Miro con algo de impresión a mis hermanas. ¿Por que nunca a personas comunes de Londres? Sería más divertido e interesante. Es mas seria más interesante si fuera una fiesta normal. Pero siendo la princesa de Londres, tengo que tener un comportamiento digno de este.
Se que la fiesta siempre se clasifica con las clases sociales. Que abra paparazzis y personas que desean ver a las más conocidas celebridades y personas importantes del planeta. Muchos verán la fiesta desde sus casas, es más un show que una celebración conmemorativa hacia mi madre, siempre a sido asi. Pero por lo menos, en lo personal, deseo, que allá alguien normal en esa fiesta o por lo menos...diferente.
–¿Y por qué–hago una ligera pausa para pensar un poco–no invitamos a personas del pueblo?
Mis hermana se miran con asombro, como si hubiera dicho una mala palabra. Su reacción no fue relajada si no mas bien, asustada y enojada, sabía que esa seria su reacción, pero por lo menos no diré que ni siquiera lo intente.
–Hermana,–menciona lo más seria posible–sabemos que la gente anhela venir a esta hermosa fiesta y conocer el castillo, pero, no podemos. Oh por lo menos no ese día.
Suspiro con una sonrisa y empiezo a desayunar, no hay mas que quiera mencionar o decir al respecto. No tengo nada mas que decir al respecto.
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Con il vostro permesso /Con su permiso
si può andare in pensione /usted puede retirarse.
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