32. Skiing

Skiing=esquiando.

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Cas estaba fascinado con las actividades humanas ¿Lo que más le llamaba la atención? Esquiar. Se había obsesionado con el deporte,  lo veía todo el tiempo en la televisión. Se veía bastante entretenido.

Dean entró y encontró a Cas viendo un evento se esquí en la TV. Se veía encantado.

—¿Es esquí?—preguntó.

—Sí, ¿te gustaría verlo conmigo?—No desvió la vista de la televisión en ningún momento.

Y de repente, un pensamiento rápido invadió la mente de Dean. Siquiera lo pensó antes de abrir su gran bocota.

—¿Por qué verlo cuando podemos esquiar nosotros mismos?

Cas lo miró con los ojos iluminados,  se veía cual niño en dulcería. O Gabriel. Tenía una gran sonrisa en su rostro, cosa que sólo pasaba en raras ocasiones.

—¿Lo dices en serio?—dijo rebosante de alegría.

—Absolutamente—soltó Dean ¿Qué estaba haciendo?

Cas saltó y se lanzó a los brazos de Dean, envolvió sus piernas alrededor de su cintura.

—¡Oh, Dean! ¡Gracias, gracias, gracias! —chilló.

Dean sonrió y envolvió sus brazos alrededor de su angelito.

—No hay problema. Todo sea por ti Cas.

Cuando llegaron a la pista de esquí. Dean no sabía que mierda hacer. Nunca había esquiado antes. Para variar Cas tampoco, y algo le decía que Cas no iba a dar su brazo a torcer. No se le ocurrió que nunca en su vida había esquiado. No le pareció relevante en el momento. Y ahora que estaba allí, con Cas, sabía que no había vuelta atrás.

Genial.

Llevaban varias capas de ropa para el frío. Cas tenía su gabardina bajo todo eso, claro. Fueron al telesquí¹ y Cas no podía dejar de moverse en su asiento.

Dean pensó en lo tierno que se veía cuando se emocionaba. Pensó varias veces en decirle cómo se sentía, pero nunca lo hizo. Sentir todas esas emociones lo tenían muerto de miedo.

Y de hecho, cuando se bajaron del telesquí y empezaron a esquiar, Dean no estaba seguro de si estaba asustado, o aterrado. No sabía que diablos se suponía que tenía que hacer. Estaba empezando a arrepentirse de no haberle pagado a un instructor.

Temblaba mucho, cosa que no era buena. Sin mencionar que no sabía cómo bajar la maldita velocidad. Estaba llendo muy rápido para su gusto, e internamente entró en pánico. Alcanzó el punto en el que ya no era completamente interno.

—¡Ok, creo que es suficiente!—gritó—¿Dónde están los malditos frenos?

Perdió el control sobre sí mismo y se estrelló con Cas. Golpearon el suelo, Cas aterrizó sobre Dean porque Dean intentó ablandar su caída. Cas se estaba riendo como si no hubiera pasado nada.

—¿Estás bien?—preguntó.

—Oh, sí. Estoy súper.

—Sí hubieras visto más eventos de esquí, sabrías que para frenar hay que juntar los pies y llevar los talones hacia afuera.

—¿Enserio? ¿Así nada más?

—Así nada más.

—Huh. Realmente necesito buscar esto en google.

Se encontraron a sí mismos perdidos en los ojos del otro.  Dean se ruborizó mientras miraba ese hermoso azul brillante, de repente, Dean cerró el espacio entre ellos y para su sorpresa, Cas le correspondió el beso. Se separaron y Cas apoyó su frente junto a la de Dean.

—¿Por qué hiciste eso?—preguntó Cas.

—Porque te amo—susurró Dean.

Cas ahuecó el rostro del otro con sus manos. Sonrió, reprimiendo una risa.

—Dean, tu nariz está roja. Se ve adorable así.

—Sí, y se siente congelada.

—Salgamos de aquí ¿cómo suena la cocoa caliente?

—Suena como música para mis entumecidos oídos.

Fueron a conseguir cocoa, incapazes de separar sus manos. Seguían riendo y besándose en los labios, las mejillas, el cuello y por todas partes.

Cas tenía su cabeza apoyada en el hombro de Dean. No podía estar más feliz. Dean lo amaba y finalmente había esquiado. Se sentía dichoso.

Se quedaron ahí por lo que se sintió como una eternidad, sus manos estaban entrelazadas sobre la mesa. Cas notó lo cansado que estaba y dejó salir un largo bostezo. Apenas podía mantener sus ojos abiertos.

—¿Listo para irte?—susurró Dean en su oído.

Cas sólo pudo asentir en respuesta. Frotó sus cansados ojos cuando Dean  lo bajó de sus brazos dejándolo en el asiento del copiloto. No les importaban la miradas que recibían. Nada se interpondría entre su amor.  Dean le abrochó el cinturón y besó su frente.

—Te ves adorable cuando duermes.

[Un año después…]

Dean metió a Cas al impala, su corbata estaba cubriendo sus ojos. Iba a ser una sorpresa.

—Vamos, Dean ¿A dónde vamos?—rió Cas con anticipación.

—Ya verás. —Lo besó en el cuello, causando que riera.

Manejaron por un rato hasta que Dean finalmente se detuvo.

—Ya era hora. Estaba apunto de quedarme dormido.—murmuró bostezando.

—Pero no lo hiciste.

—¿Dónde estamos?—Insistió Cas.

—Quítate la corbata y velo por ti mismo.

Cas obedeció y retiró la tela cubría sus ojos . Cuando se dio cuenta de dónde estaban saltó emocionado en su asiento, como si fuera un niño de 7 años apunto de ir a Disneyworld.

—¡Oh Dios, Dean! ¡El centro de esquí!

Era el mismo centro de esquí en el que se besaron por primera vez. Dean tenía algo especial en mente.

—Exacto. Justo aquí, hace un año, nos besamos por primera vez.

Cas lo miró con sus azules ojos llorosos.

—Eres el hombre más dulce que he conocido, Dean Winchester.

—Y tú eres el ángel más tierno que he conocido, Castiel Novak.

Ambos sonrieron para luego besarse dulcemente.

—¿Vamos a esquiar?—preguntó Cas.

—Por supuesto. Es un centro de esquí ¿no? Y después de eso tengo planeada una cita especial.

—Claro que la tienes ¿Qué tipo de cita?

—He ahí el misterio, mi querido ángel. Es una sorpresa.

—Todo lo que haces últimamente es una sorpresa.

Justo antes de que fueran a esquiar, Dean fue a ver al encargado.

—¿Están listos chicos?—preguntó Dean.

—Por supuesto. Esta es la primera vez que alguien hace algo como esto en la historia de este centro.

—Por eso es tan especial.

—Ustedes dos deben amarse mucho.

Dean sonrió.

—Es mi ángel y se merece lo mejor.

Se subieron al telesquí, cubiertos en ropa de invierno. Cas todavía tenía su gabardina debajo de todo. A diferencia de la última vez, Dean ahora no estaba asustado. Y justo como la última vez, Cas no podía más de emoción.

Tan pronto como Dean tocó la nieve, se deslizó a toda velocidad por el cerro. Esto tomó a Cas por sorpresa.

—¿Has estado practicando?—gritó detrás de él.

Dean, siendo lo presumido que es, se giró y empezó a esquiar en reversa.

—¿Qué te hace pensar eso?—sonrió.

Cas sonrió.

You are an ass.

—¿Qué le pasó a lo de assbutt?—y con eso se dio la vuelta y y aceleró

Cas estaba sintiendo el efecto de la adrenalina y aumentó la velocidad. Pronto estuvieron cuello a cuello, la competencia se hacía cada vez más interesante. Se desviaron alredor de árboles y otros obstáculos hasta que se detuvieron. Levantando nieve mietras frenaban en la meta.

—¡Toma eso, Winchester!—exclamó Cas.

—¿De que estás hablando? ¡Te comiste mi nieve!

—Sigue soñando, assbutt.

—¡Eso está mucho mejor!

Se callaron tan pronto como empezaron a besarse. Cas tenía sus manos en los hombros de Dean y Dean tenía  las suyas en la cintura de Cas.

—Travieso—dijo de repente haciendo que ambos soltaron risitas.

—Solo espera a ver la habitación que nos conseguí.

—¿Nos conseguiste una habitación?

—Por supuesto, todo por ti Cas.—Lo besó ligeramente en la nariz

Dean lo llevó a sus habitación en sus brazos, justo como la última vez, sólo que ésta vez Cas se mantuvo despierto.

Cuando Dean abrió la puerta de la pieza, fueron recibidos por una cena con velas, y pétalos de rosa esparcidos por el piso.

—Oh, Dean, no tenías que hacerte tanto problema.

—Sólo lo mejor para mi dulce angelito.

— Así que ¿Qué hay en el menú?

—Una fina selección de hamburguesas de la mejor calidad en el mercado.

—¿White Castle?

—Exacto.

Empezaron a comer hasta que Cas sintió algo en su hamburguesa. Había algo pequeño y metálico, con forma circular en ella. Lo sacó de su boca y vio lo que era.

Un anillo de plata.

—¿D-dean, qué es esto?—balbuceó.

Dean lo tomó de la mano y lo guió a la ventana, Cas miró hacia afuera, y vio un gran grupo de esquiadores. Había algo escrito en la nieve.

Castiel ¿Te casarías conmigo?

Cas miró a Dean, quien estaba en una rodilla.

—¿Qué dices Cas? ¿Te casarías conmigo?

Cas empezó a llorar de alegría. Asintió, incapaz de pronunciar palabra alguna debido a las lágrimas.

Dean sonrió, una lágrima se deslizó por su mejilla. Tomó el anillo y lo deslizó en el dedo de Cas. Se paró y lo besó apasionadamente. Su público empezó a aplaudir y gritar, felicitándolos.

—¡Tengo que llamar a Sam y decirle!—dijo rebosante de alegría mientras sacaba su celular del bolsillo.

Llamó a Sam quien respondió,

—¿Sí?

—¡Sammy, estamos comprometidos!

[6 meses después…]

Sam golpeó la puerta de su hermano.

—¡Pase!—dijo Dean.

Sam entró y cuando vio el esmoquin de Dean, por poco muere. Su hermano se iba a casar. Hoy.

—Hey, Dean ¿estás listo?

—¿Cómo luzco?—preguntó.

Sam se acercó a él y enderezó su corbata negra.

—Todavía no puedo creer que es el gran día, sonrió Sam.

—Lo sé. Finalmente nos vamos a casar.

—Todavía no puedo creer que te vas a casar antes que yo.

—No te preocupes. Tú y Gabe se engancharan antes de que te des cuenta.

—Sí, bueno, él le tiene un poco de fobia al compromiso. De acuerdo, lleva tu trasero ahí afuera. Tienes una boda que atender. La tuya.

Dean y Cas tenían ganas de saltar todo y llegar al final. Donde se besaban. Pero por supuesto, el sacerdote tendría que callarse primero. Ya había llegado el momento de decir sus votos.

—Castiel Novak, prometo amarte hasta el fin de los días. Sin importar que se interponga entre nosotros. Te querré por siempre y para siempre. Sin importar lo que pase, siempre serás mi dulce angelito.

Una lágrima bajó por el rostro de Cas, Dean apartándola con su pulgar.

—Dean Winchester, prometo amarte sin fin. Prometo protegerte, incluso con mi propia vida. No hay fuerza en la tierra que pueda separarnos. Porque me siento mucho más fuerte contigo y  prometo darte fortaleza.

—Castiel Novak ¿aceptas a  Dean para ser tu legítimo esposo?

—Acepto.

—Y tú ¿Dean Winchester, aceptas a Castiel para ser tu legítimo esposo?

—Apuesten a que acepto.

El sacerdote apenas terminó de decir las últimas palabras antes de que Dean tomara a Cas en un profundo beso. La pequeña multitud en los bancos de la iglesia empezó a aplaudir.

Y siguieron sus votos al pie de la letra. Sin romperlos ni una sola vez. Y el amor que le tenían al otro sólo se fortaleció durante su luna de miel, en el mismo centro de esquí en el que se besaron por primera vez.

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¹telesquí

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