41. Axel

—¡Albarn! —me llama alguien en los cambiadores del hospital mientras me pongo la chaqueta y la bufanda.

Me giro para ver a Hugo viniendo hacia mí. Le doy una sonrisa algo fingida, ya que sigue sin ser mi persona favorita, pero él parece no darse cuenta.

—Hola —lo saludo.

—Hoy vamos al pub a ver el partido de la selección con Pearson y Hopkins, ¿vienes? —me ofrece, pero yo no estoy en absoluto de humor para eso.

Hoy me he encontrado con una de las facetas más duras de mi profesión. Sabía que tendría que enfrentarme con ella tarde o temprano, pero quería que fuera lo más tarde posible. Por mucho que digan, en Medicina lo más difícil no es aprenderse la anatomía humana entera, ni estar durante horas operando a alguien, no, lo más difícil es mirar a una señora a los ojos y decirle que no se ha podido hacer nada para salvar a su hija del cáncer que estaba esparciéndose por todo su cuerpo.

Una chica de veinte años, que tenía toda la vida por delante. El mundo puede llegar a ser muy injusto.

Es en estos momentos que pienso que, realmente, seamos de la clase social que seamos, tengamos el dinero que tengamos, ante la muerte todos somos iguales.

Debo aprender a distanciarme de estas situaciones, aunque sé que me queda un largo camino hasta conseguirlo. Debo aprender a dejar los asuntos del trabajo fuera de mi vida privada, pero una de las cosas que más me aterran es volverme una persona completamente apática e insensible al dolor ajeno.

—Venga, va, Albarn, que nunca sales. Vive un poco la vida —me dice Hugo, moviendo las caderas como si estuviera bailando.

Suspiro y me paso la mano por el pelo. Puede que me haga falta desconectar un poco. Esto que ha pasado hoy me ha chocado bastante, y además Alex está más ausente que nunca. Apenas sé nada de ella, y cuando le mando un mensaje me contesta como si quisiera terminar la conversación lo antes posible. Yo de verdad que no entiendo a esta mujer.

Así que sí, puede que me vaya bien salir, conocer mejor a los que al fin y al cabo serán mis compañeros de profesión algún día, y dejar de pensar en qué he hecho mal para que Alex me ignore.

Así que acabo en el pub con Hugo y dos compañeros más. Están haciendo un partido amistoso entre Inglaterra y Alemania, pero por los ánimos y los gritos de la gente cualquiera diría que se trata de la final del Mundial.

Nunca he entendido el fútbol. Es decir, entiendo el juego y me parece entretenido jugar, pero lo que no me entra en la cabeza es cómo puede ser que haya tanta gente que enloquece por ver a varias personas pateando un balón. Y así como me parece que puede llegar a unir a las personas, lo que más veo es que las separa. En mi familia no seguimos el fútbol, porque todos hemos sido siempre más de tenis y críquet, pero he visto a personas pelearse incluso físicamente por ser de diferentes equipos de fútbol, y eso me parece de un nivel de estupidez enorme.

Le mando un mensaje a Jude para ver si quiere unirse y ni siquiera me contesta, se presenta directamente en el pub y en dos minutos ya se ha hecho amigo de mis compañeros de prácticas.

—Te veo decaído —me dice en un momento de la noche—. ¿Qué te pasa?

—Nada —contesto, levantando una ceja como si me estuviera diciendo algo muy extraño.

—Mira, te conozco desde que eres un bebé que se hacía caca encima. Cuéntamelo —dice, y se me escapa una carcajada.

—Qué asco, Jude —contesto, aunque me sigo riendo.

—Los bebés se hacen caca y los adultos se la limpian, es parte del ciclo de la vida. —Se encoge de hombros.— Ahora dime qué es lo que atormenta tu mente de caballero andante.

—Está bien —contesto, y debo admitir que en realidad tengo ganas de hablarlo con alguien. Eso, y que la cerveza me suelta mucho más la lengua—. Alex está rara.

—Hmm... —dice, asintiendo con la cabeza—. Todos tenemos malos días.

—Ya, pero algo me dice que es más que eso —contesto—, y que tú lo sabes.

—Vaya, vaya. —Una sonrisa del tamaño de la del gato de Cheshire se instala en su cara.— Axel ha aprendido a leer a las personas.

—Así que es verdad —digo.

—Mira, yo no hablo de los problemas de los demás a no ser que sean muy graves y necesiten ayuda —contesta—. Pregúntaselo, y si no quiere contarte nada déjale su espacio.

—Pero a ti te lo cuenta, que solo eres su amigo, y a mí que soy... diablos, ni siquiera sé qué soy para ella. —Suspiro, y me siento en la barra del bar.— Esto con Alex me trae loco. No sé por dónde pillarla nunca, hay días en que es cariñosa, otros en los que es fría, días que parece que me quiera y ahora, que parece que no quiera saber nada de mí.

—Joder, sí que llevabas mierda dentro —dice, impresionado.

—Jude, hablo en serio —me quejo.

—La gente es complicada, Axel. —Vaya, no me digas.— Si no lo fuera, la vida sería un rollo.

—No estoy nada seguro de eso —replico.

—Que sí, que te lo digo yo —contesta.

—Pero si tú no tienes pareja, no te has enamorado en años. No tienes este tipo de problemas —le digo.

—No, pero los tuve —contesta—. Además, soy el psicólogo oficial de mucha gente, sé de lo que hablo.

A veces me pregunto si Jude no se siente solo en el aspecto sentimental. Sé que estuvo con Thomas Lawton hace años pero la cosa acabó fatal porque lo mandaron a un internado en Estados Unidos, y que luego tuvo una especie de relación no oficial con un chico llamado Mark que en cuanto fueron descubiertos lo dejó. Ahí fue cuando los padres de Jude se enteraron de su orientación sexual, y diría que empezó un infierno para él, pero Jude se impuso desde el primer momento. Tiene una forma de ser en la que es imposible hacerle daño o manipularlo. Desde entonces sé que ha tenido encuentros ocasionales con varios chicos, pero nada serio.

Una voz femenina a mi lado pide una Guinness y me giro hacia ella, con curiosidad —en este pub muchas mujeres no hay—. Una de mis cejas se levanta, sin poder creerse la casualidad, y la llamo.

—Grace Addington —digo, aunque no se parece en nada a la Grace que me presentaron en mi casa: esa Grace iba con vestido, el cabello muy bien arreglado y el maquillaje sutil pero bonito; esta Grace lleva una camiseta de la selección de Inglaterra, un moño despeinado y está algo sudada por el ambiente del bar.

Ella se gira hacia mí cuando la llamo, y abre sus ojos de par en par.

—¡Axel Albarn! —exclama, entusiasmada, y me da un pequeño empujón en el hombro—. Qué casualidad, ¿has venido a ver el partido?

—Más o menos —contesto, haciendo un leve encogimiento de hombros.

—¡Ah! Tú debes ser Julian Fitzroy —le dice a mi amigo en cuanto lo ve.

—¿Nos conocemos? —pregunta él.

—No, pero eres como una leyenda en el club de Tenis donde va mi madre —contesta—. Bueno, sin ofender, pero una leyenda no, para ellas eres como el diablo en persona, pero para mí una leyenda.

Jude se echa a reír a carcajadas y le da un abrazo a Grace como si fueran amigos de toda la vida, a lo que ella le corresponde con la misma alegría.

—Ahora vengo —me disculpo un segundo y voy a la mesa donde están mis compañeros mirando el partido para coger mi teléfono móvil, ya que me he dado cuenta de que no lo tengo y no me hace gracia dejarlo por ahí.

Llego a la mesa, y Edgar Pearson, uno de mis compañeros de prácticas, me mira levantando las cejas repetidamente.

—Parece que tu amigo ha ligado —me dice, y me giro para ver a Jude y Grace hablando con entusiasmo.

—No lo creo —contesto cuando me giro de nuevo hacia ellos y me dispongo a coger mi teléfono de mi chaqueta.

—¿Y eso?

—No le gustan las chicas —respondo distraídamente, cogiendo el móvil del bolsillo de mi chaqueta y dejando la prenda de ropa en la silla de nuevo.

—¿Es gay? —pregunta Edgar.

—Sí —asiento, sin hacerle demasiado caso, pero cuando escucho un murmuro de "qué asco", mi atención se centra exclusivamente en él.

—¿Qué? —pregunto en un tono algo insolente, pero no me importa.

—Que qué asco —repite con actitud desafiante—. Que luego nos llegan muchos hombres con sida al hospital y yo los mandaría a todos a casa, a que se jodan por ser unos enfermos.

Lo miro con los ojos de par en par, sin poderme creer lo que está diciendo.

—¿De verdad quieres ser médico con esta ideología tan repugnante? —le pregunto con completa seriedad—. A ti te dará asco Jude por ser gay, pero más asco me das tú a mí por ser así de intolerante. Jude no le hace daño a nadie, tú sí.

—Jude, por mí, puede irse al infierno. Y tú también por defender a estos degenerados —dice, y de repente una especie de furia que nunca había visto en mí se apodera de mi cuerpo.

—No vuelvas a llamar degenerado a Jude —espeto, intentando con todas mis fuerzas sacar el poco autocontrol que me queda.

A Jude ya lo han machacado suficiente para que ahora venga este imbécil a decir cosas dignas de la época medieval. Me da igual que me insulte a mí, pero no a Jude, él es mi mejor amigo y una de las mejores personas que he conocido nunca, no merece que le digan nada de eso.

—Axel, que nos tienes abandonados —dice Jude apareciendo detrás de mí.

—¡Aléjate de aquí, enfermo! —grita Pearson, levantándose de la mesa y yendo directo hacia Jude, pero me meto en el medio y, aunque incluso a mí me cuesta creerlo, lo empujo y lo tiro al suelo.

—Ay, es la hora de los homófobos —escucho decir a Jude detrás de mí, completamente calmado—. Qué pesados.

—¿Qué pasa? —pregunta Grace, uniéndose a la conversación.

Pearson se levanta del suelo pero no se acerca, aunque su actitud sigue siendo desafiante, y me siento indignado por el hecho de que mis dos otros compañeros estén sentados en la mesa sin decir ni hacer nada, simplemente mirando lo que ocurre.

—Caballero, voy a tener que pedirle que abandone el establecimiento —me dice un camarero del pub.

—Esto es increíble. —Suelto una carcajada, incrédulo ante la situación, y cojo mi chaqueta para irme de ese lugar.

Al salir, me siento en la acera, algo que en un estado mental normal no haría ni en mil años, y me llevo las manos a la cabeza. Jude y Grace salen justo detrás de mí y se quedan de pie a mi lado.

—No me puedo creer que acabe de meterme en una pelea de bar —digo, empezando a sentirme culpable.

—Así de dramático es, yo que tú no me casaba con él —escucho que le dice Jude a Grace en voz baja, y ruedo los ojos. Entonces Jude se dirige a mí—. Axel, apenas lo has empujado, y ese idiota merecía salir despedido por la ventana como en las películas.

—Como mínimo —canturrea Grace entre risas.

—Os he fastidiado el partido, lo siento —dice.

—Uy, sí, con lo emocionante que estaba —contesta Jude sarcásticamente. A él tampoco le apasiona el fútbol.

Miro a Grace, que va vestida de la selección.

—Vuelve a dentro si quieres, no pasa nada, disfruta del partido —le digo.

—No quiero compartir el oxígeno con tipos como ese —contesta, refiriéndose a Edgar—. Voy a entrar a buscar a mis amigas, ahora vuelvo. Podemos ir a mi estudio, allí tenemos televisión.

Así que terminamos en el estudio de pintura de Grace, que quedaba al lado del bar, con dos amigas y un amigo suyo, bebiendo cervezas, hablando del partido y de los cuadros de Grace y de Violeta, una de sus amigas con la que comparte estudio.

Grace tiene muchísimo talento. Cuando me dijo que quería ser artista la verdad es que pensé que sería el típico delirio de joven rebelde, pero la verdad es que es buenísima. Ahora soy yo el que insiste en que debería dedicarse a ello.

El amigo de Grace, Andrew, claramente se ha fijado en Jude y no para de tirarle indirectas, indirectas que Jude está captando perfectamente, pero no parece interesado en absoluto, lo cual es raro porque Andrew es guapo y simpático. En fin, él sabrá. Siempre ha sido así de impredecible.

Al final resulta que pasamos una noche de lo más entretenida, y Grace, Jude y yo volvemos a Belgravia horas más tarde, riendo y hablando. Lo más gracioso de todo es que estoy yendo en metro, cosa que antes consideraba algo repugnante, y me da igual, porque me estoy acostumbrando.

Llego a casa y, cuando me echo en la cama, mi cabeza vuelve a pensar en Alex. Da igual que salga para intentar no pensar tanto en este asunto de ella ignorándome, al final del día ella siempre está en mi cabeza. Así que decido tragarme el orgullo y mandarle otro mensaje.

Axel: ¿Va todo bien? Si necesitas hablar estoy aquí, ya lo sabes.

Suspiro después de enviarlo, y dejo el móvil en la mesilla de noche, para luego apagar la luz, a ver si consigo dormir bien.


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¡Nuevo capítulo! ¿Qué os ha parecido? :D

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