38. Alex

Me despierto en medio de la noche porque tengo frío. Estoy desnuda y en este piso no hay calefacción, así que cuando mis ojos se abren siento que me congelo. Mi primer instinto es buscar la fuente de calor más cercana, y es cuando toco el cuerpo de Axel que recuerdo que él está aquí. Sonrío y dejo una caricia en su brazo.

Noto la boca seca, así que me levanto a buscar algo de agua. Me pongo un jersey que encuentro por el suelo, voy hasta la cocina y me sirvo un vaso para luego bebérmelo rápidamente y rellenarlo. Cuando vuelvo a la habitación veo en mi móvil que son las cuatro de la mañana, y no tengo ganas de seguir durmiendo. Es extraño, porque me siento a gusto con Axel. Seguramente sea porque hacía mucho que no dormía con alguien —excepto Matt, pero no es lo mismo— y ahora se me hace raro.

Aparto un poco la cortina, con el vaso aún en la mano, y en un principio me parece que está lloviendo, pero luego me doy cuenta de que lo que cae del cielo lo hace despacio y tiene más grosor que el agua de la lluvia. Está nevando.

Por poco que me guste el clima de aquí, nunca voy a quejarme de la nieve. En Texas no nevaba casi nunca, de hecho la única vez que había visto nieve en mi vida hasta que me mudé al Reino Unido fue cuando tenía unos trece años, en mi pueblo. Fue algo tan extraordinario que nos dieron dos días libres en clase, y estuve jugando con Jeanette, la hija de los Dawson, que solían ser mis vecinos.

A veces me pregunto qué fue de Jeanette, que se quedó embarazada a los diecisiete y se fue a vivir con su novio a un pueblo más cercano a Midland. Pienso en las varias conocidas que tuve que quedaron embarazadas y, teniendo padres conservadores, tuvieron que dejar sus estudios, su futuro, su vida, por cuidar a un bebé que en muchas ocasiones era de un padre que se negaba a reconocerlo.

La verdad es que me alegro bastante de haberme ido de allí. En ese lugar no había futuro, y me siento bastante orgullosa de estar donde estoy hoy, aunque el camino haya sido duro.

Vuelvo a correr la cortina, volviendo a la realidad de mi apartamento, mi habitación, mi cama y Axel en ella.

Lo miro. Apenas entra luz, solo la de las farolas de la calle, pero puedo verle bien. Es curioso. Es curioso cómo ha cambiado todo en tan poco tiempo. En realidad han sido varios meses, pero han pasado volando. Sin que me haya dado cuenta ya estamos a finales de enero, el calor ha pasado a ser nieve, y Axel se ha convertido en alguien muy importante.

Y pensar que cuando nos conocimos me entraron ganas de mandarlo a la mierda...

Me vuelvo a echar a su lado y él se remueve un poco. Parece que se despierta por un momento, porque uno de sus brazos rodea mi cintura, y luego vuelve a quedarse quieto y su respiración vuelve a ser calmada.

Sonrío al notar su calor, y vuelvo a quedarme dormida al poco rato.


***


Cuando despierto, Axel está sentado en la cama, a mi lado, con la vista fijada en la ventana como si estuviera pensando en algo muy detenidamente.

—¿Está todo bien? —le pregunto.

Él se sobresalta ligeramente y se gira hacia mí.

—Sí, no te preocupes —dice.

—¿Es por tus padres? —pregunto, y él suspira.

—Supongo que Jude me cubrirá —contesta.

—Seguro. —Sonrío.— ¿Has desayunado?

Niega con la cabeza.

—Matt nos está preparando pancakes, café y más cosas —me dice.

—¿Matt? —Levanto una ceja.— ¿Estás seguro de que era Matt?

Axel ríe y asiente con un ligero movimiento de cabeza. Luego se tumba hacia atrás, echándose en la cama otra vez.

—Me gusta estar aquí —dice—. Es como un mundo aparte.

—Es diferente de Belgravia —contesto, aunque es más que obvio.

—No solo por eso. Es como que aquí no importa mi apellido, mi familia, mi posición social, solo importa quién soy yo, y eso es diferente, y está bien. —Me mira.— ¿Sabes? Creo que empiezo a entender a Jude.

Levanto una ceja y mis labios se curvan en una sonrisa algo burlona.

—Eso sí que no me lo esperaba —digo, y se echa a reír—. ¿Vamos a desayunar? Tengo hambre.

—¿Te importa si nos quedamos aquí un rato más?

"Un rato más" termina siendo bastante tiempo porque ambos estamos semidesnudos y en la misma cama, así que acaba pasando lo inevitable.

Al terminar, nos vestimos y salimos de la habitación. Habría que ir a la ducha, pero ya que por lo visto Matt está cocinando, habrá que hacerle caso. Pero, tan solo salir de la habitación, me llega un fuerte olor a quemado.

Frunzo el ceño y voy a la cocina. No creo que sea nada grave, solo Matt olvidándose de que tiene algo en la sartén, pero habrá que comprobar.

Efectivamente, cuando llego Matt está cocinando tan tranquilo.

—Buenos días —nos saluda como si nada.

—¿Qué has quemado ya? —le pregunto.

Matt sonríe, como si estuviera conteniendo una carcajada.

—Estaba preparando pancakes pero luego me han entrado ganas de hacer un desayuno inglés. He bajado al súper de abajo a comprar cosas y cuando he vuelto se habían quemado los pancakes.

—¿Has dejado los pancakes en el fuego? —le pregunto, incrédula.

—Se me han olvidado, cosas que pasan. —Se encoge de hombros.

Me echo a reír y me siento en una de las sillas de la cocina. Axel se sienta a mi lado, callado pero sin estar tenso, más bien como si estuviera pensando. Parece preocupado, y estoy bastante segura de que tiene que ver con sus padres.

Matt nos sirve un desayuno inglés que resulta estar bueno y todo. Hay que reconocer que se ha esforzado mucho: hay judías, huevos fritos, salchichas, bacon, tostadas, té y zumo de naranja. No sé si vamos a poder terminarlo todo porque ha hecho suficiente para un ejército entero, pero podremos desayunar de esto durante días.

—Está buenísimo —reconoce Axel, dirigiéndose a mi amigo, y yo asiento con la cabeza.

—¿A qué se debe tal honor? —le pregunto a Matt.

—Me apetecía. —Se encoge de hombros.

—Te estás convirtiendo en todo un cocinero —observo.

—Estoy intentando subir mi caché para que los padres de Bea me acepten —bromea.

—Pues con lo que come Marcus, no vas mal —dice Axel, y no puedo reprimir una carcajada.

—Vaya, Axel metiéndose con los de su especie —le pincho, y rueda los ojos.

—Marcus Griffin no es santo de mi devoción —dice—. Después de todo lo que le ha hecho a Bea...

—Al menos ahora ya se han calmado un poco —comento.

—Van a presentarle un tipo a Bea —dice Matt, rompiendo el ambiente bromista—. Probablemente quieran que se prometa con él.

—¿Quién? —pregunta Axel.

—Un tal Felix Millington —contesta.

Axel levanta las cejas, haciendo una expresión más bien asqueada.

—Felix Millington tenía que ser. —Suspira.

—¿Qué tiene? —pregunta Matt, interesado.

—Es un repelente —dice—. Pero su familia es una de las más ricas de Belgravia. No estudia, no hace nada, solo heredará tanto dinero que nunca tendrá que trabajar. Se cree que por tener dinero ya lo tiene todo en la vida.

—¿Lo conoces bien? —cuestiona Matt.

—No demasiado. —Axel niega con la cabeza.— Íbamos a la misma escuela, pero él era mayor. Dos o tres años, creo yo.

Matt suspira y apoya su espalda en el respaldo de la silla.

—Bea no es tonta —le recuerdo—. No va a aceptar casarse con ese... creo.

—Claro que no —dice Axel—. Bea nunca se casaría con ese impresentable.

Terminamos de desayunar y Axel y yo fregamos los platos mientras Matt se va a su habitación. Se nota que la conversación le ha bajado los ánimos. Luego hablaré con él.

Me doy una ducha rápida con Axel que no va a más de algunos besos y toqueteos, porque él debe irse, y nos despedimos con un beso cuando ya nos hemos vestido.

Cierro la puerta cuando Axel se va, y estoy yendo a la habitación de Matt para hablar con él cuando mi móvil vibra en mi bolsillo. Veo que es un mensaje de Alice, y lo abro.

Alice: tengo que hablar contigo. es importante. ¿te va bien quedar ahora?

Frunzo el ceño. No entiendo sobre qué puede ser. ¿Sobre Liam? ¿Algo del trabajo? ¿Noah?

Contesto rápidamente que sí, y decido dejar mi charla con Matt para luego. Le digo que he quedado con Als y, tras abrigarme, salgo de casa.

Hemos quedado en Camden, así que cojo el metro que suelo coger para ir al estudio. Normalmente voy variando entre autobús y metro, aunque el primero me toma mucho más rato, pero no me gusta coger siempre lo mismo.

Llego a la cafetería en la que hemos quedado. Está algo lejos del centro, lo que agradezco porque Camden Town suele estar llenísimo y hoy no me apetece nada meterme en el bullicio. Veo, a través del ventanal del local, que Alice ya está esperándome dentro, así que entro.


____________

Aloooooo

Estoy de vuelta, ya he terminado la uni (al fin). Mañana vuelvo a España y estoy algo sad, pero qué le vamos a hacer.

¿Qué creéis que le quiere decir

Bạn đang đọc truyện trên: AzTruyen.Top