29. Axel

Cuelgo la bata en el pequeño saliente metálico de dentro de la taquilla, y la cierro con cuidado. Me pongo la chaqueta y el foulard, preparándome para salir. La verdad es que el frío ha llegado rápido, incluso más que en otros años.

—Axel —me saluda Hugo, palmeando mi espalda—. ¿Cómo ha ido hoy?

Hoy ha sido un día largo. De la teoría a la práctica hay muchas diferencias: no es lo mismo estudiar enfermedades que tratarlas. No te preparan para los pacientes paranoicos, histéricos o maleducados. Tampoco te preparan para jornadas de muchas horas, incluso más de las que se supone que debes hacer.

Es más duro de lo que pensaba, pero me gustan los retos. El internado dura solo un año, luego tendré que especializarme en cirugía y ya casi estaré donde siempre he querido estar.

—Muy bien —contesto con seguridad, aunque estoy bastante cansado—. No he parado en todo el día, estoy satisfecho.

—Tú siempre trabajando tan duro, parece que cuanto más trabajo tienes mejor lo pasas —bromea, aunque es la verdad—. Mañana por la noche saldremos con varios de clase a un pub, hacen fútbol y lo combinaremos con algunas cervezas, ¿quieres venir?

—Mmm... Lo tengo algo complicado mañana —digo para no ser maleducado. La verdad es que odio el fútbol y los pubs—. Ya te diré algo.

—Tú siempre tan ocupado. —Ríe— Está bien, nos vemos mañana aquí, como siempre.

—Adiós, Hugo —me despido, dirigiéndome a la salida.

Hugo es uno de los internos que también estudia en el Imperial College conmigo. Es un buen hombre, pero le gusta demasiado la fiesta. Sus notas tampoco son excelentes, que digamos.

Cuando llego a mi casa, abro la puerta y me encuentro con el habitual silencio. Mis padres deberían estar aquí, pero padre debe de estar trabajando en su despacho, y madre estará haciendo sus cosas.

Lo único diferente es que hoy veo a Lucille caminando apresuradamente hacia mí.

—Axel, lo esperan en el salón —me dice, notablemente alterada.

Esto no suena nada bien.

Asiento con la cabeza y me dirijo al salón. Por muy incorrecto que suene de mi parte, espero que no haya visitas. Estoy cansado, el internado en el hospital ha sido especialmente duro hoy, y quiero retirarme a descansar.

Cuál es mi sorpresa cuando llego al salón y veo a mis padres sentados delante de los de Beatrice, en los sofás contrapuestos, y a Bea sentada junto a sus progenitores, con las manos en la falda, jugando con sus dedos de forma nerviosa. Sería algo normal, porque vienen de visita a menudo, pero son pasadas las once de la noche, y este silencio y las expresiones de contrariedad en sus rostros no me auguran nada bueno.

—Axel, siéntate, por favor —me dice mi madre en cuanto me ve.

Miro a Beatrice mientras me siento al lado de mis padres, quedando frente a ella. Creo que nunca la había visto tan afligida, tan asustada. No entiendo nada.

—Sentimos molestarte a estas horas, Axel, pero Beatrice ha venido a disculparse —dice Marcus, su padre—. Ha hecho algo imperdonable y en nuestra familia no engañamos.

Bea parece estar a punto de llorar. Empiezo a sentir ansiedad. No puede ser. Nos han descubierto, o la han descubierto a ella.

—Lo... Lo siento —dice Beatrice, con un nudo en la garganta.

—Explícales a los señores Albarn y a tu prometido qué has hecho —le ordena su padre.

—He... —Sorbe por la nariz, con algunas lágrimas amenazando con salir.— He sido infiel.

Mi madre hace un sonido de disgusto, y me quedo mirando a Beatrice sin saber qué decir. Sabía que a ella le gustaba alguien, sabía que evidentemente al no estar conmigo estaría con él, así que eso no es ser infiel... Pero somos los únicos de aquí que lo sabemos. Y eso va a traernos problemas ahora mismo.

Ni siquiera me planteo la posibilidad de dejar que ella cargue con toda la culpa. La conozco desde que somos niños, ella siempre ha estado ahí y es probablemente la mejor persona que conozco. No se merece esto.

—Y por si fuera poco, con un inmigrante, un barriobajero —dice su padre, con asco, sin poder aguantárselo. La verdad es que no comprendo cómo pueden estar diciendo esto delante de mis padres, parece que no quieran que yo "la perdone", sino hacerla sentir más humillada—. Pero ella está muy arrepentida, es joven y es normal que cometa errores, y es por eso que espera que Axel la perdone.

No aguanto más este sinfín de tonterías.

—No hay nada que perdonar —digo, y Bea me mira con los ojos abiertos de par en par, negando con la cabeza para que no prosiga. Quiere cargar ella con todas las represalias, y no se lo voy a permitir—. Beatrice y yo cancelamos nuestro compromiso hace ya un tiempo, ella es libre de hacer lo que quiera.

—¿Qué? —la voz de mi padre sale en un tono alto y contundente.

—Eso mismo —me reafirmo, intentando aparentar seguridad aunque por dentro estoy muerto de miedo. Esto va a cambiarlo todo—. Nos dimos cuenta de que no era amor romántico lo que sentíamos, sino una profunda amistad, así que decidimos romper el compromiso. Estábamos buscando el momento ideal para comentároslo, pero no se ha dado la ocasión.

—¿Desde cuándo? —pregunta mi madre, horrorizada.

—Desde verano —contesto.

—¡Esto es inaceptable! —exclama Josephine, la madre de Beatrice. Ella suele ser una mujer tranquila y serena, pero está verdaderamente enfadada—. Nos habéis estado mintiendo todo este tiempo sin vergüenza alguna. Beatrice, espero que estés preparada para un largo castigo.

—Ella tiene veintidós años, no podréis controlarla siempre —se me escapa sin poder evitarlo.

—¡No te metas, Axel! —me grita mi madre—. Suficiente has hecho ya.

—Disculpad, Leonard, Eleanor, pero debemos irnos —dice Josephine.

—Pero... —empieza Beatrice, pero entonces la mano de su padre colisiona contra su mejilla con fuerza, tanta que su cara choca contra el sofá.

—Eres la vergüenza de esta familia —espeta, con rabia, y se levanta para irse del salón y de la casa.

Beatrice se queda quieta, en shock, y algunas lágrimas empiezan a bajar por sus mejillas cuando su madre la coge del brazo con fuerza y la obliga a levantarse.

—Siento todo esto, Eleanor —le dice Josephine a mi madre—. Ahora mismo debemos ir a casa y hablar con Beatrice, pero estaremos en contacto.

—De acuerdo, querida —contesta mi madre, afectada.

Josephine toma el mismo camino que su marido, llevando a su hija del brazo, y la puerta se cierra.

Mis padres se quedan en silencio, mirándome. Yo sigo impactado por lo que acaba de pasar, especialmente por lo último. Mis padres nunca me han puesto la mano encima, y dudo que lo hagan ahora. A mi hermana sí, alguna vez, porque ella era algo desobediente en su adolescencia, pero a mí nunca.

—Espero que estés contento —me dice madre, mirándome con rabia—. Ni siquiera quiero dirigirme a ti ahora mismo.

Dicho esto, se levanta y empieza a irse hacia su habitación, escaleras arriba, cuando suena el timbre. Lucille va a abrir, y escucho una voz que me tranquiliza.

—Hola, ¿está Axel? —pregunta Jude, y oigo los pasos de mi madre bajando por las escaleras de nuevo.

—¡Esto es lo último que me faltaba ahora! —exclama, furiosa—. Seguro que tú ideaste todo esto. Ni te atrevas a pisar mi casa, Julian Fitzroy.

—Eleanor... —dice mi padre, algo más sereno, hablando por primera vez desde hace un buen rato. Él es consciente de que no debería tratar mal a Jude, básicamente porque es el hijo de su socio y co-fundador de la empresa, y será uno de los herederos.

—¡Nada de Eleanor! —grita ella misma—. ¡Fuera!

La puerta se vuelve a cerrar y mi madre sube, escaleras arriba. Mi padre me da una mirada de reproche y sigue a su mujer. Yo aprovecho para escaparme, necesito hablar con alguien.

Abro la puerta de mi casa y me encuentro a Jude de pie delante, con cara de estar pensando en qué hacer.

—Las cosas no están demasiado bien ahora mismo —le digo.

—¿Qué ha pasado? —pregunta.

—Los padres de Beatrice la han pillado con otro chico —explico—. Les hemos dicho que ya no estamos juntos.

—Mierda —dice, pasándose una mano por la cara en frustración—. He ido a casa de Bea y no había nadie, llevo un buen rato corriendo por la zona como un loco.

—¿Lo sabías? —le pregunto.

—Me han avisado, sí —dice.

—¿Beatrice?

—Me ha mandado un mensaje pidiendo ayuda.

—Acaba de irse de aquí —le digo—. No ha ido nada bien. Sus padres han enloquecido, ella estaba muy asustada. Me gustaría ayudarla, pero enfrentarse a Marcus Griffin es misión imposible.

—Sí, lo es —concuerda conmigo.

Se sienta en las escaleras de delante de mi casa y apoya su mejilla en su mano, pensando. Yo me siento a su lado, y suspiro.

—Siento que mi madre te haya hablado así —le digo, sintiéndome realmente mal.

—No es ningún secreto que tu madre me odia. —Se encoge de hombros— Puedo vivir perfectamente con ello.

Asiento con la cabeza, sin saber qué más decir con respecto a este tema, así que saco lo primero que se me ocurre. Estoy nervioso, necesito hablar, el silencio me está dando algo de ansiedad y odio sentirme así.

—Todo el mundo ha enloquecido ahí dentro —le cuento—. Marcus... él ha golpeado a Bea.

—Puto desgraciado —gruñe Jude.

—Jude, el vocabulario...

—Ni el vocabulario ni mierdas, ese tío está loco, se cree que su hija es suya y puede hacer lo que quiera con ella, además de que ella debe cumplir siempre sus órdenes. Así Beatrice nunca será feliz, pero a ese bastardo le importa una mierda —se queja, y con razón—. Ojalá pudiera ayudarla a salir de ahí.

—Algún día podrá irse —digo, intentando aportar algo de optimismo.

—Por favor. —Jude rueda los ojos— Ni siquiera la han dejado irse a vivir a Oxford para estudiar el máster y tiene que hacer una hora y media hasta allí cada día. En un coche con un chófer de confianza, claro está. Esta gente no va a soltar nunca a su niñita, y menos ahora que se han enterado de que ya no está prometida.

—¿Crees que he cometido un error al decirles lo de que rompimos nuestro compromiso? —pregunto, preocupado.

—No lo creo. —Se encoge de hombros— Iba a ser horrible de todos modos, y así al menos os quitáis ese peso de encima.

—Tenemos que ayudar a Bea —le digo—. Por cierto, su padre estaba muy indignado porque el... lo que sea, de Beatrice, era inmigrante. ¿Lo conozco?

Tengo algunas sospechas. Son pocas y débiles, pero cuando Jude sonríe no necesito saber nada más.

—No mucho, pero lo conoces —contesta, y se me confirma que es Matt—. Y sí, tenemos que ayudarla, así que vamos a trabajar para que pueda hablar con él y hacer cosas fuera de lo que va a ser una cárcel.

—Jude, si sus padres la descubren escapándose para quedar con Matt va a ser mucho peor —le advierto.

—Que les jodan a sus padres —contesta, furioso—. Nadie debería tener derecho a tratar así a sus hijos.

—Se va a meter en problemas —digo—. Yo también estoy en problemas. Si ahora se enteran de lo de Alex... Diablos, será horrible.

—Pues yo no dejaré que hundan a Bea, lo siento —dice—. No van a amargarle la vida, me niego.

—Ve con cuidado —le pido.

—No me seas cagado, Axel, que son los Griffin, no la Scotland Yard ni los yakuzas.

—Tú hazme caso y no hagas ninguna locura —digo antes de levantarme para volver a entrar en mi casa.

Cierro la puerta detrás de mí y me paso una mano por el pelo. Esto no podría haber ido peor. Sí, sabía que la bomba estallaría en algún momento, que se iban a enterar tarde o temprano, pero no así. Ha salido de la peor manera posible.

—Axel —me llama mi padre, y levanto la vista para verlo en el pie de la escalera. Ni siquiera me había dado cuenta de que estaba ahí.

—Siento todo esto, Padre —le digo, honestamente arrepentido—. Lo último que quería era decepcionaros, a Madre y a ti.

—Pues lo has conseguido —replica—. No deberías haber roto ese compromiso, Axel, nos has puesto en una muy mala situación y esto nos causará muchos problemas.

—Pero Padre, Beatrice y yo no nos amamos —digo con algo de coraje, sintiendo que estoy pasándome un poco al insistir en este asunto—. Nunca habríamos sido felices.

—Algún día, cuando crezcas, comprenderás que hay cosas mucho más importantes que eso —contesta—. La familia, el honor, todas esas cosas están por encima. No lo olvides, Axel.

Dicho esto, vuelve a irse escaleras arriba y escucho la puerta de su habitación cerrarse. Seguramente irá a consolar a mi madre, que debe estar sufriendo mucho ahora mismo.

Soy de lo peor. Por dejarme llevar por mis deseos egoístas he traicionado y herido a las personas que realmente debo priorizar.





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¡Feliz Miercoles de Alex!

¿Qué os ha parecido el capítulo?

Yo quiero golpear al padre de Bea y abrazar a Jude por ser el mejor amigo del mundo, en general.

Pregunta del día (hace mucho que no las hago :o):

¿Qué edad tenéis?


¡Hasta el miércoles que viene!

Claire

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