16. Alex
Sorpresa hehe <3
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Silbo a coro con una canción que suena en la radio mientras ordeno y limpio la sala. Hoy estoy sola; Liam acaba de irse a comer a casa de sus padres, y el Sensei está de vacaciones en Finlandia con Raina.
En una media hora vendrá Jude y, según lo que me ha dicho, Axel también. Sonrío para mis adentros cuando pienso en tatuar delante de una persona que odia los tatuajes, y especialmente de él.
Cojo el café que he ido a comprar hace un rato y le doy un sorbo mientras ojeo el porfolio actualizado de Alice. Ha añadido algunos diseños que ha hecho últimamente, y la verdad es que son muy buenos. No sé cómo no s einteresó antes por el mundo del tatuaje, porque se le da muy bien.
Estoy pasando las últimas páginas cuando llaman al timbre. Miro al reloj que tenemos en la pared y veo que todavía no es la hora para que Jude venga. Debe ser alguien que quiere información o pedir cita para tatuarse. Camino por el pasillo apresuradamente, para evitar que vuelvan a llamar —algo que me molesta bastante—, y cuando abro veo que son Alice y Deena.
—Hola chicas —las saludo con una sonrisa.
Alice sigue trabajando en el estudio, pero está haciendo menos horas. El tatuar a alguien requiere mucha concentración y ella, después de todo lo que ha pasado, no puede tenerla.
—¡Hola! —saluda Deena con entusiasmo.
Alice me da una pequeña sonrisa y las dejo pasar, cerrando la puerta detrás de ellas.
—¿Cómo va todo? —le pregunto a Deena.
—Estoy agotada —dice, llevándose las manos a su hinchada barriga—. El embarazo, el calor veraniego y una mudanza son la peor combinación del mundo.
—Es verdad, que estáis mudandoos a Hastings —recuerdo—. Qué suerte, con lo tranquila que se debe estar ahí.
—Pues eso espero, porque el esfuerzo habrá merecido la pena —contesta.
—Qué envidia —dice Als—. Lo que daría yo por poder estar así de tranquila.
—La verdad es que sí —asiento.
—Pues venid a Hastings. —Deena se encoge de hombros.
—Mmm no, Hastings es demasiado... marino para mi gusto —digo—. Matt va a mudarse a mi piso otra vez porque vivir en Londres cada vez está más caro, y estamos pensando en mudarnos a Glasgow o alguna otra ciudad escocesa.
—En Escocia la vida es mucho más barata —concuerda Alice—. Pero, ¿qué harías con el trabajo?
—Tendría que buscarme otro estudio por allí. —Suspiro— Pero bueno, de momento solo son ideas, igual encontramos algo mejor y más cerca de Londres.
—Eso espero. —Als sonríe— Que al final me abandonaréis todas aquí.
—Ay, yo no te abandonaré, tonta —dice Deena, abrazándola.
—No, qué va. Solo quieres mudarte con Louis para poder tener sexo sin interrupciones —bromea, un poco más animada de lo que ha estado últimamente, y Deena suspira.
—Ojalá —dice—. Con todo esto de la mudanza no hemos hecho nada, y mis hormonas me tienen caliente todo el día.
—Puedo ayudarte con eso, si quieres —bromeo, y Deena ríe.
Seguimos hablando un buen rato hasta que llaman al timbre y abro, encontrándome a Jude y un Axel que evita mirarme.
Oh, alguien está avergonzado por lo que pasó ayer en el baño de Jude.
Sonrío para mis adentros y los dejo pasar. Se saludan entre todos y Jude se enfrasca en una conversación con Deena sobre William, el hijo que está esperando. Axel mira tanto a Alice como a Deena con curiosidad, pero pronto se integra en la conversación sobre el bebé. Entonces vuelven a llamar al timbre y tengo que reprimir el impulso de gruñir. ¿Cuántas veces me van a hacer levantarme?
Al abrir la puerta me encuentro a uno de los gemelos Smeed al otro lado. Teniendo en cuenta que la primera y última vez que vi a Nate, hace un mes —cuando Alice desapareció— este tenía el pelo largo, y que Deena está aquí, supongo que es Louis.
—Hola —me saluda, sonriente.
—Hola... ¿Louis? —pregunto.
—El mismo —dice.
—¡Sí! He acertado —exclamo con entusiasmo, y él ríe.
—¿Están Deena y Als aquí? —pregunta.
—Sí, pasa —me aparto de la puerta y él entra, yendo directamente hacia su novia y su hermana.
Cierro la puerta y veo que Jude mira a Louis con una ceja levantada. Al ver que este deja un beso en los labios de Deena su expresión se suaviza. Contengo una risa al ver que también ha tenido problemas para distinguirlos, algo que es normal. Si no fuera porque Nate tiene el pelo más largo que Louis, sería imposible saber quién es quién.
—Decididamente la genética ha sido buena con la familia Smeed —dice Jude sin tapujos, mirando a Alice y su hermano, y nos echamos a reír.
Deena, Louis y Als se van, y hago pasar a Jude y Axel a la primera sala, la que he limpiado y ordenado antes.
—La chica del cabello rapado... Es la que estuvimos buscando, ¿no? —pregunta Axel.
—Sí —contesto, centrándome en preparar el material para tatuar a Jude, quien ya se ha sentado en la camilla con impaciencia.
Miro a Axel y él asiente lentamente.
—Puedes sentarte ahí, si quieres —señalo la silla que hay al lado de la de tatuar, y él niega con la cabeza.
—Estoy bien de pie, gracias.
Saco de mi carpeta el diseño que estuve haciendo el fin de semana pasado, en casa de Jude, y él se remueve con emoción. Lo dejo encima de la mesa y me pongo los guantes.
—Ay, quiero empezar ya —dice, y sonrío.
—Ya voy, impaciente.
Cuando lo tengo todo listo, empiezo a dibujar en el brazo de Jude. El tatuaje es bastante sencillo, puramente estético, pero bonito.
—¿Nunca has querido tatuarte algo en honor a alguien? —le pregunto por pura curiosidad, viendo que sus tatuajes son todos basados en su gusto estético.
—No. —Niega con la cabeza— Todo lo que necesito recordar está justo aquí. —Lleva un dedo a su sien, y sonrío.
Desde luego, Jude es una persona peculiar.
Al terminar el dibujo, cojo la máquina de tatuar. Axel se acerca más para poder verlo, y cuando lo miro veo que su atención está enfocada en la punta de la máquina, y la mira con curiosidad. Al final le va a terminar gustando y todo.
Cuando la aguja toca la piel de Jude él suelta un gemido que no se puede saber bien si es de dolor o de placer; seguramente de ambas cosas. Es la misma sensación que siento cada vez que la aguja toca mi piel, así que lo comprendo perfectamente.
Axel traga saliva. No creo que sea aprensivo si está estudiando Medicina, pero teniendo en cuenta que él odia los tatuajes, debe estar costándole asimilarlo.
—Podría ponerme cachondo solo con esta sensación —dice Jude en cuanto empiezo a tatuar.
—¡Jude! —dice Axel, escandalizado—. ¿Cómo vas a obtener placer de eso?
—Ah, hay tantos placeres que no comprendes, Axel... —dice con evidentes segundas intenciones, y suelto una carcajada.
Sigo con mi trabajo, intentando concentrarme, y noto la mirada de Axel siguiendo cada paso que doy, cada milímetro de piel que tatúo, con atención. De alguna manera necesito esforzarme más en concentrarme teniéndolo aquí, tiene una presencia muy fuerte y, ¿para qué negarlo? Su perfume me pone.
Tardo una hora y media en acabarlo. Jude me advirtió de que seguramente Axel se estaría quejando todo el rato pero, para la sorpresa de todos, no lo ha hecho en ningún momento.
—Pues ya estamos —digo, yendo a buscar lo que necesito para limpiárselo—. ¿Hace falta que te de instrucciones sobre cómo tratarlo, o ya te las sabes de memoria?
—Me las sé —contesta, con una sonrisa—. Gracias, Alex.
Le doy una sonrisa, y me dirijo a Axel.
—¿Qué, ha sido horroroso? —le pregunto.
—No. —Niega con la cabeza— Ha sido bastante interesante, de hecho.
—¡Le ha gustado! —exclama Jude con expresión triunfal.
—No he dicho eso —contesta su amigo, negándose a ceder, y cambia de tema para que no le insistamos más—. Me toca hacer una pregunta.
—Es verdad —digo—. Acabo de limpiar a Jude y puedes hacérmela cuando quieras.
Limpio bien el tatuaje y le pongo un plástico protector. Jude deja un beso en la punta de mi nariz, haciéndome reír, y se levanta.
Veo a Axel pensando en qué preguntarme, y me siento en la silla de tatuajes al lado de Jude.
—Vale —dice para sí mismo, y luego me mira—. ¿Por qué viniste a Londres?
Vaya, ha encontrado una pregunta con una respuesta que puede ser interesante.
—Me metí en problemas —contesto simplemente, y él me mira con una ceja levantada.
Venga, Axel, puedes hacerlo mejor.
—¿Qué clase de problemas? —pregunta—. ¿Pasó algo malo en Texas?
—No vivía en Texas cuando decidí mudarme a Londres —explico—. Vivía en San Diego.
—Y, ¿qué pasó en San Diego?
—Nos metimos con la gente equivocada —digo, recordando todo aquello. Sí, son recuerdos dolorosos, pero con el tiempo se han ido haciendo más llevaderos, tanto que ya no me importa hablar de ello.
—¿"Nos"? —insiste.
—Matt y yo. Básicamente nos echaron de San Diego.
—Pero, ¿qué hicisteis?
—Eso habrá que dejarlo para otra pregunta. —Sonrío con malicia.
—Ah, no. No llevo una hora y media viendo cómo tatúas a Jude para que me contestes tan pobremente.
—Está bien. —Me encojo de hombros— Estábamos metidos en carreras clandestinas.
—Eso es tan guay —murmura Jude con admiración, y prosigo.
—Básicamente éramos geniales en ello. Empezamos a ganar mucho, demasiado —digo—. Y a cierta gente no le hizo ninguna gracia. Era gente peligrosa. De esas bandas que ves en las películas, que tienen armas y todo.
—Joder —dice Jude.
—Qué americano —es lo único que dice Axel.
—Supongo que sí —contesto—. Al final tuvimos que irnos.
Axel asiente con la cabeza, conforme con mi respuesta.
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¡Capítulo sorpresa! ¿Qué os ha parecido? Cada vez vamos descubriendo más sobre el pasado de Alex.
El próximo capítulo lo subiré la semana que viene, y agarraos porque será corto, pero dará un giro enorme en la historia.
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