14. Alex

Sigo sonriendo ante la mirada de vergüenza de Axel. Eso ha sido divertido e interesante. ¿Quién iba a decir que el señorito al-menos-yo-tengo-futuro tiene instintos sexuales? Toda una sorpresa.

—No es lo que parece —asegura, y asiento con la cabeza soltando una carcajada.

—No, estoy segura de que no —bromeo—. Pero que no es para tanto, hombre, todos lo hemos hecho alguna vez. Yo lo hago varias veces a la semana, de hecho.

—No necesitaba saber eso —murmura, sonrojado, y me esquiva para ir hacia donde está su ropa, en la habitación de Jude.

—¿Sabes? —le digo, girándome hacia él—. Deberías sacar el palo que llevas metido en el culo y empezar a vivir un poco.

Él me mira con una ceja levantada.

—No sabes nada de mí —dice.

—No necesito saberlo para ver que estás reprimido —contesto.

Él me mira como si estuviera loca y se apresura a ponerse la ropa que le falta.

—Tengo que irme —dice—. Dile a Jude que me he ido.

Y, sin más, se va escaleras abajo como si hubiera visto un fantasma. Me río por lo gracioso de la situación y me echo al lado de Jude. Debería empezar a recoger mi ropa porque ya es tarde y le he dicho a Matt que cenaría con él. Llevo aquí desde el viernes por la noche, y ya estamos a domingo así que tengo bastantes cosas desperdigadas por la casa.

Escucho la puerta principal cerrarse, señal de que Axel ya no está en la casa, y me pongo a buscar todas mis pertenencias por el suelo. Mientras lo hago, sin querer golpeo un skate que hay apoyado en la pared y este cae. Miro la tabla con curiosidad, y escucho un gruñido por parte de Jude.

—Mmm... Con lo bien que estaba —se queja, despertándose.

—¿Patinas? —le pregunto, mirando el skate.

Jude se incorpora sobre sus codos y lo mira.

—No. —Niega con la cabeza— Lo he probado alguna vez pero no es lo mío. Era de un chico.

—Mmm... ¿Un chico? —pregunto, levantando las cejas repetidamente.

Jude ríe.

—Sí, follé con él —dice—. Fue el primero, de hecho.

—Vaya —contesto—. No pensaba que fuera a escuchar nunca esa historia.

—Si querías saber mis historias sucias solo tenías que preguntar, Alexandra. —Me guiña un ojo y sonrío.

—Cuéntame la tuya con este chico —le pido, interesada.

—Se llamaba Tommy —dice, sonriendo con nostalgia—. Iba a clase conmigo. Me gustaba desde... desde siempre, en realidad. La cosa terminó con nosotros haciéndolo en el vestuario del instituto. Teníamos catorce años.

—Suena excitante —digo— y peligroso. ¿No era una escuela muy religiosa?

—Sí, y de hecho eso fue lo mejor —contesta—. Fue como una pequeña revolución contra toda la mierda que nos habían intentado meter en la cabeza.

—¿Disfrutaste tu primera vez? —le pregunto.

—Se podría decir que sí. Dolió un poco, pero fue genial. Él me gustaba de verdad.

—¿Una bonita historia de amor?

—No realmente. —Niega con la cabeza— Sus padres se enteraron de que era gay y lo metieron un internado. Nunca volví a saber de él.

—Eso es triste —contesto—. Jo, me sabe mal. ¿Quieres un abrazo?

—Ya lo tengo superado, pero nunca le digo que no a un abrazo. —Sonríe, y me siento a su lado en la cama para rodearlo con mis brazos.— ¿Axel se ha ido?

—Hace unos diez minutos, sí —contesto.

Omito la parte en la que lo he escuchado gemir mientras se corría después de estarse tocando. Me gusta que sea un secreto entre Axel y yo. Me gusta y me excita.

—¿No has vuelto a tener novios desde Tommy? —le pregunto, intrigada. Sí, Jude me cuenta su vida sexual con pelos y señales, pero su vida amorosa... no tanto.

—Estuve con un chico llamado John —explica—. Pero la cosa terminó también en cuanto sus padres se enteraron. También se enteraron los míos esa vez, la diferencia fue que a mí me dio igual y a él no. Tampoco me preocupa mucho, no es como si fuera el amor de mi vida.

—Los padres de Dalia también se pusieron hechos una furia cuando se enteraron de lo nuestro. —Suspiro— No entiendo qué le pasa a la gente, por qué no pueden dejar a sus hijos hacer sus vidas en paz.

—Ya —murmura Jude—. Es un asco.

Poco después termino de recoger mis cosas y me despido de Jude con un fuerte abrazo y la promesa de salir con él el fin de semana que viene. Intentaremos arrastrar a Axel con nosotros, aunque puede que después de lo de hoy no quiera.

Llego a mi casa con bastante tiempo. La idea inicial era ir a cenar a casa de Matt pero dice que tiene la nevera vacía, así que va a venir a cenar aquí en una hora o así.

Me pongo a preparar algo de arroz y unas patatas fritas, y entonces suena el timbre. Miro al reloj, extrañada. Matt es más bien de llegar tarde, no antes de tiempo.

Abro la puerta y apenas me da tiempo a reaccionar. Apenas la abro los labios de Dalia ya están sobre los míos. Mi primer instinto es seguirle el beso, pero en cuanto mi cuerpo se conecta a mi cerebro otra vez, la aparto con brusquedad.

—¿Tú no tienes novia? —espeto con furia.

Ella mira a sus pies, con la culpa impresa en su rostro, y se muerde el labio.

—No es lo mismo —murmura—. No es lo mismo que contigo, y nunca lo será.

—Dalia...

Me mira a los ojos.

—Te necesito —dice, con decisión.

—Me necesitas —repito, sintiendo casi la necesidad de reír—. Solo me necesitas para esto, ¿no? No importan los sentimientos.

Antes de que pueda contestarme, cierro la puerta y llevo a Dalia de la mano hasta el comedor. La tumbo sobre la mesa y ella busca mis labios, pero me aparto. Subo su camiseta y su sujetador y mi boca se pierde en sus pechos mientras mi mano se cuela por debajo de su falda. Aparto sus bragas e introduzco dos de mis dedos dentro de ella, notándola húmeda y perfectamente preparada. Dalia gime y mueve sus caderas al ritmo de mis dedos. Empiezo a moverlos frenéticamente. Aparto mi rostro de sus pechos y la miro mientras no dejo de masturbarla. Mi pulgar roza su clítoris y no hago más contacto con ella que el de mis dedos jugando con su sexo hasta que llega al orgasmo.

En cuanto su clímax termina, la bajo de la mesa y la conduzco hasta la puerta.

—Ya puedes irte —le digo con dureza.

—Alex... —murmura con voz ahogada, y veo lágrimas en sus ojos.

—No vuelvas a buscarme —espeto—. No quiero seguir haciendo esto.

Prácticamente la echo, y cierro la puerta. Me siento como un robot cuando vuelvo a la cocina. Quiero llorar, pero no me sale nada. Estoy harta de este tema, de esta situación. No puedo más con ello.

¿Por qué tengo que sentir tanto con ella? ¿Cómo he podido apegarme tanto?

Escucho llaves en la puerta del piso, y Matt entra por la puerta.

—¡Huele a patatas fritas! —exclama, entusiasmado.

Entra en la cocina y, sin ni siquiera pensar en lo que hago, voy hacia él, pongo mis manos en sus mejillas y lo beso en la boca. Él se aparta, sorprendido, y me echo a llorar.

—No es lo mismo. —Sollozo— No he sentido nada, pero con ella no puedo hacer eso.

—Gracias, Alexandra, tú siempre regando la planta de mi autoestima —contesta, y río a pesar de las lágrimas.

—Lo siento —le digo, refiriéndome tanto al beso inesperado como a lo que he dicho después—. Solo... solo necesitaba saberlo. Necesitaba saber si realmente se sentía igual.

—Alex, tienes que olvidarte de Dalia. —Suspira— Recuerda por qué lo dejasteis.

—Porque nos gritábamos todo el día —contesto—, y ella era celosa, muy celosa.

—Exacto —dice—. No erais felices, Alex, y debes recordar eso. Debes pasar la página que lleva el nombre de Dalia escrito para poder seguir adelante.





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Hoy he decidido ponerme a trabajar en una idea que lleva mucho tiempo rondándome la cabeza, pero tengo que controlarme con ella porque ya estoy trabajando en tres a la vez. La historia es una mezcla entre chick-lit, erotismo y humor. Algo así como Porn Actor (o sea no igual en contenido, eh, pero sí en el género). Algún día la subiré, en un futuro.

Pregunta de hoy:

Si fuerais Axel, ¿qué preguntas le haríais a Alex tras cumplir un reto?

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