Damián y tu
—¡Damián!—exclamó t/n acercándose al chico.—¿Tienes un momento?
Damián giró su cabeza en dirección a la chica.
—¿Que quieres?—preguntó él extrañado de que una desconocida se le acercase.
—Verás...—le tendió una sobre con una carta adentro—Una amiga me ha dicho que te de esto.
El rubio con mechas oscuras tomó la carta con cautela.
—¿Quién es la chica?
—Una amiga. Quiere que sea un secreto hasta que averigües quién es.
Damián miró el sobre, curioso.
—Hum... De acuerdo.
T/n se alejó dando saltitos de emoción, luego se reunió con su grupo de amigas.
El chico miró al grupo de chicas con el que había ido t/n. Las miró una por una. Trató de adivinar cual era la chica que escribió la carta pero no conocía a ninguna. No iba a clases con ninguna de ellas.
Entonces sonó el timbre que daba fin al receso.
Damián guardó la carta en un bolsillo de su chaleco y se fue a su clase.
Cuando terminaron sus clases fue a su habitación.(para quien no lo sepa, los alumnos de la academia viven en esta misma)
Dejó la mochila y se sentó en su escritorio. Sacó la carta, abrió el sobre, sacó el papel y se dispuso a leerla.
La carta decía así:
"Hola Damián, se que no sabes quién soy, pero quiero decirte que me gustas. Te he estado observando, en los recesos, por los pasillos, en la biblioteca y en el comedor. Se que te gusta cocinar y que se te da muy bien.
Creo que nos podemos complementar, yo no sé cocinar mucho. La última vez que intenté cocer unos huevitos inundé la cocina de agua hirviendo.
Me gustaría conocerte dándote cartas. Todos los días recibirás una.
Espero que consigas enamorarte de mi tanto como yo lo estoy de ti.
Con amor.
Una humana"
Damián se estremeció. ¿Cómo que la habían estado observando? Entonces fue hacia su ventana y cerró la cortina.
Pensó por unos momentos. ¿Quién puede ser esa chica? Y más importante, ¿De verdad se había enamorado de él o era una simple broma?
Decidió pensar que era una broma y que alguna chica había visto que no tenía amigos y por eso lo había elegido como objetivo de su broma. Así que arrugó el papel y lo tiró a la papelera.
Decidió hacer algo productivo y hacer las tareas que le habían mandado los profesores.
Mientras escribía en su libreta se sentía observado. Tal vez por la carta, así que decidió no darle más vueltas. Según él, la carta solo era una broma de mal gusto.
Al día siguiente, en el receso, estaba en la biblioteca, sentado leyendo un libro de cocina, llamado "Como cocinar con bayas tamate" cuando t/n, la misma chica de ayer se acercó a él.
—Hola, ten esto—le tendió una nueva carta. Esta estaba decorada con stickers de pokémon varios.
Damián levantó la vista del libro y vió a t/n dándole una carta. Se sorprendió ligeramente. Había creído que era una broma pero al parecer no lo era. Estiró su brazo y tomó el papel decorado.
En cuanto t/n se hubo ido, Damián cerró el libro y abrió la carta.
Esta decía:
"Buenos días mi amor.
¿Creias que era una broma? ¡Pues no! Nanay, no es una broma. En serio te quiero mucho. Y por eso te observo, porque no tengo el valor para hablarte. Sin embargo, tras largo tiempo viéndote he reunido el coraje para darte las cartas. Quiero que sepas todo lo que se sobre ti, así que voy a decirte algo que seguramente ya sepas pero de igual manera quiero decirte. Se que tu madre es la profesora Albora, y también se que no te hacia ni puñetero caso y que tu único amigo era tu pokémon, un mabosstiff, el cual está dañado y no puede combatir.
Bueno ya basta de gastar papel.
Espero que aguardes con ansia mi próxima carta
Hasta mañana amor"
Damián se estremeció por segunda vez. No entendía como alguien podía saber eso. A ver, no era ningún secreto que era hijo de la profesora pokémon Albora, varios alumnos lo sabían pero, ¿Como sabía que su madre no le hacía caso? ¿Y como sabía sobre su pokemon?
Hizo bolita la carta y la guardó en su bolsillo. Decidió no hacerle caso y siguió con su libro hasta que sonó el timbre.
Estaba en clase de matemáticas, se sentaba al lado de la ventana, la cual estaba abierta y daba al patio. Miraba por la ventana cuando vio un pequeño fletchling revoloteando. Se fijó en que el pokémon pajarito tenía algo en el pico.
El pokémon voló hacia la ventana de Damián, se posó en su mesa y depositó una carta. Luego el pájaro salió y se dirigió a una chica, se metió en una pokeball. Damián trató de identificar a la fémina pero no supo decir quién era por la distancia, ya que ella estaba en el patio y Damián estaba en una clase varios pisos por encima.
Damián tomó la carta y la leyó.
"Oye amor, ¿Por qué arrugas mis cartas? ¿A caso no te importo?"
El chico se quedó petrificado. ¿Que tan mal de la cabeza estaba la chica? No sabía porqué ella se había obsesionado con él y le empezaba a dar miedo.
—¡Damián! ¿Me estas escuchando?—preguntó su profesora
Damián se sobresaltó.
—¡Lo siento profesora!
—Anda, por favor ven a la pizarra y resuelve este problema.
El chico salió frente a todos y a duras penas pudo resolver el ejercicio. Estaba distraído por la chica de la carta.
Cuando llegó a su cuarto de la academia vió encima de su escritorio otro papelito doblado.
Damián tragó saliva y tras mirar por el pasillo si había alguien y cerrar la puerta después de entrar fue con cautela a desdoblar el papel.
Decía lo siguiente:
"Siempre te estoy viendo mi amor. Nunca dejó de pensar en ti"
El chico volvió a arrugar el papelito y lo arrojó a su papelera. Le incomodaba pensar que tenía una acosadora. Acosadora. Eso era esa chica, una acosadora. Se volvió a estremecer. Había pensado en decirle al director que alguien le estaba acosando pero le daba pena decírselo.
Decidió hacer sus tareas.
Mientras estudiaba en su escritorio escuchó unos golpes en su ventana.
Se levantó dek escritorio, fue hacia su ventana y abrió las cortinas. Vio al mismo fletchling de hace unas cuantas horas antes con otro papelito en el pico. El pokémon dejó la nota en el alféizar de la ventana y se se fue.
¿Cuantas notas había recibido ese día?
Por lo menos tres, pero no llevaba la cuenta.
Abrió la ventana y tomó el papel.
Luego rápidamente cerró y corrió las cortinas.
Miró la nota.
Había escrita una dirección, una calle de ciudad Meseta, la ciudad en la que estaban.
Y también decía: "si quieres conocerme ven a esta dirección a las seis de la tarde"
Damián miró la hora en su smartRotom y lo dejó encima de la mesa.
Faltaban diez minutos para las seis.
Pensó que no debía ir, pues no era seguro pero le podía la curiosidad. Así que rápidamente salió del cuarto, dejando sus tareas a medio hacer y el teléfono en la mesa.
Un rato después ya estaba en la calle en la que la chica del papel ll había citado. Era una calle vacía y triste. De pronto la puerta de una de las casas se abrió. De la casa salió una chica. Una chica que Damián ya había visto un par de veces. Era t/n.
—¡Damián, mi amor! ¡Has venido!—exclamó la chica acercándose a él.
El chico retrocedió un par de pasos.
—¿Eras tú desde el principio?—preguntó
—¡Si! ¿No era obvio?
—¿Eras tú la chica del fletchling?
El pokémon mencionado se posó en el hombro de la chica.
—¡Efectivamente! Fletchling es mi compañero, igual que tú tienes a mabosstiff yo tengo a mi pequeño pajarito.
—Y bueno, ¿Cuál es tu nombre?
—T/n—dijo animada
Damián miró a la chica. Le costaba creer que esa chica tan linda fuera una acosadora.
T/n se acercó a su rostro, hasta estar a unos pocos centímetros de él.
—¿Y bien?—preguntó ella—¿Te parezco linda, mi amor?
El chico estaba perplejo. Si, le parecía linda pero no iba a decírselo directamente, no a una acosadora.
—No estás mal...
T/n se emocionó al oír eso.
—Ya sabía yo que somos tal para cual.—hizo una pausa antes de seguir hablando—Sin embargo, ha llegado el momento.
—¿El momento de que?—preguntó Damián confundido.
—¡Fletchling, usa derribo!
El pokémon se abalanzó sobre Damián y lo derribó. El chico cayó hacia atras, se golpeó la cabeza y quedó inconsciente.
Se despertó quien sabe cuanto tiempo después. Le dolía la cabeza y no podía moverse. Tenía la vista borrosa. Parpadeó un par de veces. Pudo ver qué estaba amarrado a una silla y frente a él había un sillón, una televisión y t/n estaba sentada en el sillón de espaldas a él. La habitación estaba a oscuras excepto por la luz de la televisión.
Damián se retorció tratando de librarse de las cuerdas.
Entonces t/n lo escuchó.
—¡Damián, amor mío! ¡Te has despertado!
Él murmuró algo. Se dió cuenta que el video que se reproducía en la tele era una grabación de él mismo haciendo sus tareas en su habitación de la academia, grabado desde afuera.
T/n se levantó de sillón y se sentó a horcajadas sobre el chico.
—¿Que quieres de mí?—peeguntó somnoliento él.
—¡Te quiero a ti, a tu persona, tu cuerpo, tú mente! Lo quiero todo para mi—ella entrecerró los ojos.
—¿Por qué?
—Porque te amo. Eres mi alma gemela.
—¿Tú crees?
—¡Si!—la chica se levantó y de una mesa tomó un plato de puré y una cuchara—¿Tienes hambre?
Damián no había visto esa mesa por la oscuridad. T/n se volvió a sentar sobre el con el plato en las manos.
—No,—respondió él—no quiero tu comida.
T/n hizo una mueca de disgusto.
—Seguro que si—le hizo el avión con la cuchara.
Le acercó la cuchara a la boca y Damián la cerró y ladeó la cara.
T/n arrugó la nariz.
Se levantó de encima de él y dejó el plato en la mesa.
—Haras lo que yo diga. —dijo t/n con una mirada fría. Eso le provocó un escalofrío al chico. Ella le dió una bofetada—¿De acuerdo?
Damián estaba confundido y asustado. Cuando aceptó la primera carta no sé esperaba acabar secuestrado.
—¡Ay perdón mi amor!—se disculpó t/n—Debes estar confundido. Mira, para que confíes en mí te voy a decir dónde estás. Esta es mi casa, bueno, de mis padres. Pero ellos se largaron cuando me inscribieron en la academia. Me mandan dinero todos los meses, de ahí consigo sustentarme.
—¿Vives sola?
—¡No, vivo con fletchling! Y ahora contigo.—Ella re río a pleno pulmón. El rubio con mechas oscuras trató de desatarse, sin éxito. Al ver eso la chica dejó de reír y lo miró con desaprobación—Ni lo intentes, esos nudos son mis obras maestras. No podrás desatarte da igual cuanto lo intentes.—Entonces Damián se quedó quieto—Muy bien, así me gustas, quietecito. Ahora sí me disculpas tengo que irme a hacer mis cosas. Volveré en un rato por si quieren comer algo.
Tras decir eso paró la televisión, dejando la habitación en suma oscuridad y abrió una puerta y se fue a otro cuarto.
Y así Damián se quedó en silencio y oscuridad por varias horas.
No sabria decirte cuánto tiempo pasó hasta que la puerta se abrió de nuevo.
T/n pasó a dentro y cerró la puerta, pero está vez encendió una lámpara diminuta en la habitación, dando un poco de luz, dejando la habitación en penumbra.
—¿Ya tienes hambre?—preguntó ella.
El estómago del chico rugió, pero el negaba con la cabeza.
La chica se sentó sobre él otra vez con el plato y la cuchara en las manos. Le hizo el avioncito con la cuchara
Damián se negaba a comer. No iba a dejar que una acosadora pisoteara su orgullo.
—Está bien, amor mío. No te vas a quedar sin comer, no soy tan mala persona como para déjate sin comer.
—Callat...—Damián no pudo terminar de decir la palabra porque la chica le cruzó la cara con otra bofetada.
—Ni se te ocurra mandarme a callar.—dio ella. Él no lo veía pero tenía en un lado del la cara la marca de la mano de t/n.—Te has ganado que te deje de nuevo aquí solo. Tu me has obligado a hacerlo.
Entonces ella apagó la luz y se marchó.
Tras un buen rato en silencio el asustado y confundido chico se quedó durmiendo amarrado a la silla.
Al día siguiente, t/n regresó a la casa después de las clases en la academia. Entró al cuarto, prendió la lámpara y observó a Damián, que estaba aún dormido.
—¡Amor, despierta!—exclamó ella—¡Es hora de comer!
Damián se despertó asustado. Tenia la cara pálida y sudaba frío.
—¿Qué?—preguntó él—¿No ha sido un mal sueño?
T/n rió.
—Afortunadamente no, no lo ha sido—lo miró tiernamente. De un momento a otro, su semblante cambió de uno agradable a uno frío—¿Ya quieres comer?—El chico negó—Vengaa amor mío, yo sé que si. Mira, te rugen las tripas.
En efecto, las tripas de él hicieron ruido.
—E-está bien...
—¡Así me gusta!—ella tomó algo de comida con la cuchara y le dió de comer.
Con cada cucharada t/n sonreía un poco más cada vez.
Cuándo el frío plato de comida se acabó, ella tomó otra silla y se sentó frente a él.
—¿Te ha gustado la comida Damián?—El mencionado solo miró al suelo.
T/n puso un dedo en el mentón del chico y alzó su cabeza para conectar sus miradas.
En cuanto sus ojos se miraron él desvío la vista—¿Por qué te niegas a mirarme?
—Aún me duele la cabeza—mintió el chico.
—Oh, claro. Te golpeaste la cabeza—ella rió levemente— ya no me acordaba.
T/n se levantó y se sentó de nuevo a horcajadas sobre él. Se acercó a su rostro y lo besó. Damián no correspondió a la chica.
Pero no se apartó. Tampoco es como si pudiese.
Cuando el beso llegó a su fin y sus labios se separaron ella sonreía de oreja a oreja. El chico tenía semblante serio.
—¿De verdad me amas?—preguntó Damián.
—¡Si!¿A caso lo dudas?
—¿Y porque me secuestras?
—Yo no lo llamaría secuestro, mi amor.
—Pero—él no pudo continuar porque t/n puso su dedo en sus labios en señal de que guardase silencio.
—Lo hago para demostrar mis sentimientos hacia ti, Damián, te amo más de lo que tu puedas imaginar.—retiró el dedo de sus labios y depositó otro beso.
Y así te repitió el ciclo por varios días. Era lo siguiente: Damián estaba encerrado toda la noche y toda la mañana en la más absoluta oscuridad, en la tarde t/n llegaba, le daba nada más que una comida y luego pasaba a demostrarle su afecto con besos, palabras dulces y a veces se le insinuaba.
Como los padres de Damián no le hacían ni caso nunca, nadie había denunciado su desaparición así que nadie lo buscaba.
A Damián le costaba dormí, pues estaba amarrado de manera incómoda a una silla así que tras varios días tenía grandes ojeras moradas y el cabello despeinado.
De un momento a otro t/n abrió la puerta y encendió la lámpara.
—¡Hola Damián! ¿Que tal has dormido?—dijo emocionada.
—Hm... No muy bien—dijo ladeando la cabeza.
—Oh mi amor, siento tener que tenerte amarrado pero es que no quiero que te vayas. No podría vivir sin ti.
—Ya lo se, ya lo se t/n...
—¿Quieres comer?
Damián asintió.
Entonces t/n salió de la habitación y regresó un rato después con un plato de puré.
Le dió un poco de comida al chico y este se dejó dar de comer.
En en cuanto terminó la comida, t/n se sentó sobre Damián cómo hacía siempre.
—Oye mi amor, ¿Te parezco linda?—dijo ella moviendo sus caderas.
Damián la miró. Y dudó. Si le decía que no lo más probable es que lo golpeará. Pero si le dice que si le dará un beso o algo así.
—Si t/n,—dijo al fin—me pareces bonita.
Ella se emocionó. Y lo besó.
En ese momento Damián no pensó y simplemente de dejó llevar, correspondiendo al beso.
Fue un beso largo y lento, lleno de pasión aunque el chico era inexperto.
T/n no se esperaba que él correspondiera.
Cuando se separaron t/n sonrió.
—¿Ya me aceptas?—dijo ella—¿Ya te gusto?
El rubio con mehcas titubeó, pero finalmente aceptó sus sentimientos.
—Si, me gustas—le dedicó una sonrisa dulce.
La emoción de ella era bastante notoria.
—Ya sabía yo que al final me aceptarías.
T/n se levantó. Fue tras la silla y comprobó las cuerdas. Se dió cuenta de que estaban flojas así que las apretó.
Damián se quejó cuando las cuerdas le apretaron las costillas.
Ella se sentó frente a él y comenzó a decirle palabras acarameladas y dulces. Damián solo sonreía y asentía.
Cuando t/n lo volvió a dejar solo y en oscuridad Damián comenzó a pensar.
—¿Que estoy haciendo?—se dijo a su mismo en susurros—Esto no está bien.—miró en silencio la oscuridad por un rato. No sabía exactamente qué hora era ya que pasaba los días con las persianas bajadas y puertas cerradas. Solo había luz cuando t/n abría la puerta, cuando encendía la televisión o cuando encendía la lamparita.
Tras un rato de reflexión se quedó dormido en la incomoda silla.
Se despertó la mañana siguiente, por un fuerte ruido en el cuarto e al lado. La puerta se abrió de golpe y t/n cayó al suelo en el umbral. Damián no podía verlo pero por el ruido más o menos supo que t/n se había caído o algo la había tirado.
Entonces fletchling llegó volando y se posó en las piernas de Damián. El pokémon comenzó a picotear las cuerdas que aprisionaban al chico. Y finalmente tras un rato rompió la primera. En cuanto se rompieron las cuerdas que le ataban las manos Damián se desató las restantes.
El chico tenía marcas de las cuerdas en sus brazos, abdomen y piernas. Eran marcas de rozaduras.
Él se levantó y fue a ver que había sido el ruido de antes. Se giró y vio que t/n estaba tirada en el suelo, con un gran golpe en la cabeza y sangre e inconsciente.
—¿Has sido tú?—le preguntó al pokémon
El fletchling asintió.
—Gracias amiguito
El rubio se acercó a t/n. La examinó. Excepto por el golpe parecía que estaba bien. Al contrario que Damián, el cual estaba despeinado y con rasguños por las cuerdas.
Dudó por un momento.
Ahora era su oportunidad de escapar, pero había comenzado a sentir cosas por t/n y no quería dejarla sola de nuevo.
Miró la sangre que le caía de la cabeza.
Sintió que se mareaba al ver la sangre, así que rápidamente se alejó de ella, se dirigió a la puerta y salió de allí.
Cuando caminaba por la calle en dirección a la academia la gente lo miraba raro por estar desarreglado y por tener rozaduras. Algunos incluso murmuraban sobre él.
Damián regresó a su habitación de la academia y se tumbó en su cama. Por una vez en mucho tiempo durmió a pierna suelta.
Al día siguiente regresó a lad clases, con el uniforme de invierno para que no se vieran sus rozaduras en brazos y piernas.
Nadie preguntó por su ausencia y nadie se preocupó por qué había faltado por un tiempo.
Sin embargo había buscado a t/n, pero nadie le dijo nada sobre ella, es como si nunca hubiese ido a la academia. Como si nunca hubiera existido.
Fin
3370 palabras
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