PUEBLO DE FANTASMAS!
Se nos había estropeado el coche y como tantas otras veces en carretera cuando ya se hacía de noche, recogíamos nuestras cuatro cosas y buscábamos un hotel o pensión que tuviese habitación libre.
Aquella noche un hombre bastante extraño nos alquiló una de sus habitaciones en una pensión que transmitía una sensación muy desagradable, pero según el mapa no había nada más en kilómetros a la redonda, Julia y yo nos pusimos a dormir pronto, el viaje había sido agotador y aún había que pensar donde arreglar el coche por la mañana.
La noche a pesar de no haber sido muy tranquila por los gritos de una pareja en la habitación de al lado, terminaba bien ya que despertamos sobre las once de la mañana, recogimos nuestras cosas rápidamente y nos disponíamos a buscar un lugar con cobertura para llamar por teléfono, el vestido corto de Julia parecía motivarle más al dueño de la pensión que lo que yo le había preguntado, hasta que di un golpe en el mostrador y le dije en tono severo “¿me atiende?”
Los ojos de aquel hombre cambiaron, inexplicablemente no era la mirada de hacía unos minutos y tampoco su voz era la misma, no entendíamos lo que estaba pasando pero no nos dio tiempo a pensar, nuestro coche empezó a sonar como si estuviese queriendo encender solo, lo que pensábamos que era un robo de alguien que andaba por fuera, era parte de la pesadilla que estaba a punto de suceder.
Vimos el coche despejado del suelo a unos veinte centímetros de distancia, las puertas se abrían y cerraban solas, el timbre sonaba cada segundo, el cartel de la pensión se movía como si fuesen aspas de viento y los arboles mostraban formas de rostros, cuando quisimos ver hacia atrás para preguntar al hombre que era todo aquello, el sol oscureció, una enorme nube negra se posaba sobre la pensión, el hombre había desaparecido y el lugar presentaba un aspecto mucho más abandonado que hacía unos minutos, el mostrador donde supuestamente había dado el puñetazo hacía un instante no era más que trozos de madera carcomida por el tiempo, Julia y yo tratamos de correr de aquel lugar, cogimos nuestras cosas y comenzamos nuestra carrera calle abajo, pero entre los arboles nos seguían aquellas sombras negras que parecían empujar las ramas para poder alcanzarnos, las casas que había junto a la carretera estaban todas en ruinas pero aparecían grandes ojos que nos veían tras las ventanas de madera.
Tan solo recuerdo esa parte ya que según dicen las personas que nos encontraron, estábamos los dos junto a la carretera al parecer, ambos habíamos caído por un acantilado, nuestro equipaje todo tirado por la calle y con un fuerte golpe en la cabeza.
Bạn đang đọc truyện trên: AzTruyen.Top