44
Una semana más tarde
—Dos mudanzas en menos de dos meses, joder, voy a terminar rompiéndome la espalda —se queja Liam, echado en mi sofá.
—Exagerado —ruedo los ojos, y dejo una de las cajas en el suelo—. Deja de quejarte y baja a por más cajas. Yo no debería ni estar ayudándote.
—Eres tan simpática, de verdad —dice, sonriendo de forma sarcástica.
—Habló, el que cambia de humor cada dos segundos. No me extraña que Alex esté tan contenta de que te mudes, si incluso nos está ayudando con las cajas para que te vayas antes.
—Vaya, parece que me han descubierto —ríe Alex, entrando en mi piso con otra caja—. Lili, te quiero y no cocinas del todo mal, pero yo necesito mi intimidad.
—Yo no sé por qué me rodeo de gente que me odia tanto —gruñe Liam, y sale por la puerta para ir a buscar otra caja abajo, a la calle, dejándonos a Alex y a mí riendo.
—En realidad le echaré de menos —confiesa Alex—. Además, ahora que ya no estoy con Dalia, estaré un poco sola.
—Puedes venir aquí cuando quieras —le digo—. Ya sabes que nunca molestas.
—Bueno, menos cuando estáis follando, y me temo que eso será muy a menudo —bromea, me encojo de hombros con una sonrisa—. Aunque siempre puedo unirme.
—Oye, por mí no hay problema —bromeo de vuelta, y se echa a reír.
—Como te ponga un dedo encima, Liam me mata.
Noto mi móvil vibrar en mi bolsillo y lo saco, viendo el nombre "Ian" en la pantalla, y acepto la llamada.
—¿Sí? —pregunto, aunque ya sé de sobra quién es.
—¡Owa Ali! —saluda la entusiasta voz de Noah al otro lado de la línea.
Hace una semana que volvimos de Los Ángeles, y desde entonces hablo con Noah por teléfono casi cada día. Él está muy emocionado por volver a vivir en Londres, y le he contado que estamos preparándole la habitación, aunque es más que eso. Con la ayuda de Frank, Liam y Deena, estoy redecorando toda su habitación, haciéndola mucho más adecuada para un niño de cuatro años. En dos meses Noah vendrá a vivir con nosotros, así que tenemos bastante trabajo, y más ahora que Liam se está mudando conmigo.
—¡Quelo una almada de Jidafas! —me dice mientras hablamos del cambio en su habitación.
—¿Una almad....? Ah, vale, una almohada —me corrijo a mí misma, entendiendo lo que ha dicho.
Todavía le cuesta pronunciar muchas palabras, pero de hecho creo que sería raro si él hablara bien, me he acostumbrado a tener que descifrar lo que dice, es incluso divertido a veces.
—¿Es el peque? —me pregunta Alex, y asiento—. Pásamelo, quiero hablar con él.
—Noah, Alex quiere hablar contigo —le digo al pequeño—. Te la paso, ¿de acuerdo?
—¡Sí! —exclama, emocionado—. Quelo hablar de tatajes.
Río y le paso el teléfono a Alex, quien enseguida se enfrasca en una conversación sobre tatuajes sin demasiado sentido con Noah.
— o —
—Vaya, parece que habéis trabajado duro —comenta Angela con una sonrisa cuando se sienta en el sofá de mi casa, que ahora también es la de Liam.
—¿Cuando vene Noah? —me pregunta Sophie.
—En menos de dos meses estará aquí —contesto, acariciando su cabello castaño.
—Pelo queda mucho... —hace un puchero.
—Dos meses no son tanto, en cuanto quieras darte cuenta él ya estará aquí —le dice su padre, Johan.
La pequeña sonríe y asiente antes de sentarse con su madre en el sofá.
Muchas veces miro a Angela y me pregunto cómo una persona puede ser tan perfecta o, al menos, parecerlo. Ella siempre sonríe, siempre tiene palabras amables para todos, se preocupa por sus hijos, Liam nunca me ha dicho nada malo de ella y la quiere muchísimo, y además se preocupa por mí aunque solo soy la pareja de su hijo, incluso se preocupaba por mí cuando Liam y yo no éramos nada.
Y me miro a mí misma, y me pregunto si algún día yo podría llegar a ser así, si esto es algo que se adquiere o simplemente naces así, naces siendo una persona bondadosa. No es que esté diciendo que Angela no tenga defectos, pero al menos frente a los demás es una gran mujer. Decididamente hace honor al significado de su nombre.
Johan también es un buen hombre, pero es mucho más introvertido, no muestra sus sentimientos casi nunca.
Algo dentro de mí envidia a Liam y Sophie -aunque de forma completamente sana- por haber tenido unos tan buenos padres y una buena infancia. Yo tuve una madre ausente y un padre que apenas nos trataba como personas, sino como trofeos que lucir de vez en cuando.
Y al pensar en mi padre, mi ceño se frunce de forma involuntaria. Él se ha estado comportando muy bien últimamente, demasiado, al igual que Milana. El otro día, Milana me preguntó cómo estaba de forma sincera -a juzgar por su tono de voz-, y mi padre me habla muy amablemente cuando me llama para que hable con Noah. Todo eso sumado al hecho de que accediera a darme la custodia del pequeño tan fácilmente me hace sospechar sobre qué está pasando por la mente de este hombre. Tendré que hablar con él cuando vengan a traer a Noah, en dos meses.
El timbre suena, sacándome de mis pensamientos, y me levanto del sillón para ir a abrir la puerta.
—¡Hola, familia! —saluda Jim, entrando en el piso, llevando algunas latas de cerveza y una botella de zumo de melocotón.
—¿Zumo de melocotón? —le pregunto, levantando una ceja.
—¿Pretendes que Sophie beba cerveza? —me pregunta, llevándose una mano al pecho fingiendo indignación.
Antes no conocía demasiado a Jim, ya que él siempre tenía mucho trabajo en la tienda, pero en este último mes que he vuelto a trabajar allí he hablado con él varias veces y nos llevamos muy bien, además de que él es como un segundo padre para Liam, fue su mentor y le enseñó todo lo que sabe de tatuajes.
—Oye sensei, puedes quedarte ahí en la puerta todo el tiempo que quieras eh, nosotros ya nos esperamos —se oye la voz de Alex detrás de Jim, y cuando éste entra en el piso me encuentro a la rubia junto con Frank, Deena y Matt, el amigo de Liam.
—Oh, ¿la cena también es familiar? —pregunta Matt al ver a Sophie—. Y yo que pensaba que tendríamos el honor de presenciar otro striptease de Alex.
La rubia le golpea el hombro y yo la miro con una ceja levantada.
—Ni caso, una vez hicimos una competición de striptease en una fiesta, y Matt sigue enfadado porque le gané —me explica.
—Alexandra, cariño, ¿cómo estás? —le pregunta Angela en cuanto la rubia se sienta en el sofá, a su lado.
—Bien, como siempre —se encoge de hombros antes de coger una patata chip de la mesa—. ¿Cómo estás tú, mamá Alden?
No deja que lo notemos, pero Alex le tiene mucho aprecio a Angela, y viceversa. Seguramente es porque Alex no tiene relación con sus padres —según me contó un día, hace poco, cuando había bebido un par de copas—, ella debe ser lo más parecido a una madre que tiene.
Poco rato después, estamos cenando unos riquísimos huevos rellenos y tres pizzas hechas en casa por Angela y Johan. Todos hablan animadamente, Matt molesta a Alex y ella le tira alguna patata, Frank y Deena hablan entre ellos sin tensión alguna, y Jim, Johan, Angela y Liam hablan sobre algún tema del que no me estoy enterando.
—Ali, ¿tú queles a Li? —me pregunta Sophie, quien está sentada encima de mí.
Es curioso como hace algunos meses no soportaba a los niños, y desde que Noah llegó a mi vida me llevo genial con todos ellos.
Miro a Liam, quien discute algo con Jim, pero en cuanto se da cuenta de que le miro, me sonríe antes de volver a enfrascarse en la conversación.
—Muchísimo —contesto, y Sophie sonríe.
Sophie pronto se queda dormida y, tras ponerla a dormir en mi cama —bueno, ahora mía y de Liam—, salgo al balcón un rato, y Deena se me une.
—Vaya, pensaba que ibas a hacerte un cigarro, pero parece que de verdad lo estás dejando —me dice, y yo solo me encojo de hombros.
Que deje de hablar de tabaco ahora mismo, o me voy a poner aún más de los nervios. Dejar de fumar es una mierda.
—¿Sabes? Estoy muy contenta de que Liam llegara a tu vida, aunque el pobre ha tenido que esforzarse mucho, ha merecido la pena —comenta, sentándose en una de las sillas del balcón—. Se nota que te hace feliz, lo estaba hablando antes con Frank, se te ve muy bien.
—No iba a estar amargada toda la vida.
—Bueno, un poco amargada sigues siendo, eh —bromea, y en ese momento se abre la puerta del balcón y entra Frank.
—Hey, hola chicas —nos saluda—. ¿Os estáis escondiendo de algo?
—De ti —digo, sacándole la lengua.
Se oye el sonido de una vibración, y Frank suspira.
—Creo que te está sonando el móvil —le digo, al ver que no contesta.
—Lo sé, pero no quiero contestar —murmura.
—¿Por qué? —pregunta Deena—. ¿Quién es?
—Es rubia, pija, insoportable y acosadora —dice, y mi ceño se frunce automáticamente.
—Bianca —decimos Deena y yo al unísono.
—Al parecer se enteró de que ya no estoy con Deena y ahora quiere volver, dice que me tratará bien y me dejará más espacio.
—Como vuelvas con ella te juro que no te dirijo la palabra nunca más —le digo sin cortarme un pelo. Me niego a tener que volver a aguantar las estupideces de esa chica.
—No voy a volver con ella, ¿crees que estoy loco?
—Hombre, estuviste con ella durante más de un año —apunta Deena, y él rueda los ojos.
—Todos cometemos errores —se defiende, y asiento, porque sé mejor que nadie que es verdad, y Josh es la prueba de ello. Suerte que no ha vuelto a molestarme.
— o —
—¿Sabes? —me dice Liam, metiéndose en la cama conmigo, cuando todos ya se han ido—. Quería pasar la primera noche en el piso follándote en todos los sitios posibles, pero estoy tan jodidamente cansado que dudo que pueda aguantar ni un polvo.
Me río, acercándolo a mí, y dejo un beso en su sien. La verdad es que yo también estoy cansada, hoy por fin hemos terminado la mudanza después de una semana trabajando en ello, y además ya son las tres de la madrugada.
—Mañana no trabajamos —le recuerdo—. Tendremos todo el día para hacer esas cosas.
—Joder, es por cosas como estas que te amo —dice, y sonrío—. Aunque mañana comemos con tu madre, ¿no?
—Sí, pero de todos modos tendremos toda la mañana y la tarde.
No he hablado con mi madre desde esa vez en la que vino al piso de Alex. He querido hacerlo desde que volví de Los Ángeles, ya que me enteré de la verdad, pero me siento un poco nerviosa al respecto.
—Hey, no te agobies —me dice Liam, leyendo mis pensamientos—. Todo irá bien, ya verás.
Bạn đang đọc truyện trên: AzTruyen.Top