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-¿Por qué coño tenemos que ir? -pregunto, molesta.

-Porque hay demasiadas probabilidades de que Janelle intente hacerle algo a Louis, él me ha pedido que fuéramos -me explica Nate.

-¿Para qué iba Janelle a querer nada con Louis?

-Oye, ¿tú vivías en la misma casa que nosotros? -rueda los ojos-. Cuando vivíamos todos en Londres ella se pasaba el día intentando llamar la atención de Louis. ¡Una vez incluso se intentó meter en la ducha con él!

-No jodas.

-Pues cada vez me intriga más la tal Janelle -dice Liam, y lo miro levantando una ceja-. No de esa manera, tonta.

-Tonto tú.

-Joder, parece que tengáis seis años -se queja Nate.

-Tú a callar -le digo, y suspira.

Deena camina a mi lado completamente en silencio, absorta en sus pensamientos. Desde que vinimos aquí que está un poco rara, no está siendo la Deena de siempre, aunque también lo entiendo porque lo ha dejado con Frank, y luego está el asunto de la persona misteriosa de la que está enamorada. Quiero preguntarle quién es, pero sé que no debo hacerlo, suficiente mierda debe tener ella en la cabeza ya.

Estamos llegando ya al restaurante donde Janelle y Louis están cenando, cuando se abre la puerta y sale Janelle, golpeando sus altísimos tacones contra el suelo con fuerza, enfadada. Detrás de ella sale Louis, quien parece igual de enfadado.

-¡¿Creías que iba a darte toda esa información sin nada a cambio?! -le grita ella a él.

-Esperaba que lo hicieras, sí -contesta Louis, encogiéndose de hombros, y me entran ganas de reírme, pero en vez de eso empujo a mi hermano, a Liam y a Deena hacia un rincón para que no nos vean. Esto promete.

-¿Por qué no quieres hacerlo? -pregunta ella, desesperada-. Vamos, Lou, sabes que quieres, ya lo hicimos una vez, ¿por qué no otra?

Realmente espero que eso no sea lo que estoy pensando.

-Porque no quiero.

-Sabes que sí -contesta ella-. Será que no lo disfrutaste. Vamos, follemos otra vez, Lou, y te contaré lo que quieras.

No me jodas.

En ese momento, Deena se aparta de nosotros y empieza a caminar en la dirección opuesta a la que hemos venido. Es entonces cuando todas las piezas encajan en mi cabeza. ¿Cómo no he podido darme cuenta antes? Voy corriendo hacia Deena, y cuando acabo de alcanzarla oigo un grito de Janelle.

-¡¿Alice?!

Me giro hacia ella con la sonrisa más falsa que tengo, y poniendo énfasis en que se note que es falsa, y Deena se para a mi lado.

-¡Janelle! -exclamo con falso entusiasmo, y Nate se echa a reír, a lo que Janelle lo mira, sorprendida.

-¿Qué hacéis todos aquí? -pregunta, confundida.

-Vigilar que no te tiraras encima de mi hermano como la perra que eres, pero al parecer ya lo hiciste hace tiempo -digo-. Que por cierto, parece una historia muy interesante, Louis.

-Als, Deena, no es lo que parece -dice, sintiendo que debe justificarse también con Deena, pero mi amiga niega con la cabeza.

-Vámonos de aquí -me pide Deena.

Asiento con la cabeza y Liam se acerca a mí, intuyendo que es hora de irse.

-¿Y este chico? -pregunta Janelle con una sonrisa.

Oh, chica, no vayas por ahí.

-Como te acerques a "este chico" te arranco todas las extensiones una a una -le digo, y Liam se echa a reír.

Él va a recordarme esto hasta que muera.

-Bueno, el reencuentro ha sido precioso, pero creo que es hora de irse a casa -irrumpe Nate.

-Pero yo tengo que hablar con Louis... -dice Janelle, pero Louis se aparta de ella y va con su hermano.

-Yo no tengo nada que hablar contigo -dice.

— o —

-Joder, mi hermano, nunca me lo habría imaginado -le digo a Deena, y ella se encoge de hombros, sonrojada.

-Supongo que no elegimos de quienes nos enamoramos -dice.

-No, decididamente no -bromeo, mirando a Liam, quien está sentado en el sofá de la habitación mirando la televisión.

Él escucha mi broma y me enseña el dedo corazón. Deena ríe, y me alegro de haber podido hacer que se sienta un poco mejor.

En ese momento llaman a la puerta, y cuando voy a abrir me encuentro a Louis.

-¿Qué haces? -le pregunto-. Son las dos de la mañana, en pocas horas tenemos que ir a ver a Ian, vete a dormir, idiota.

-Necesito deciros algo -me pide, y asiento. Me giro y veo que Deena también nos mira, supongo que lo que va a decir Louis también va para ella-. Lo de Janelle pasó hace años, yo había bebido mucho y ella se aprovechó, yo nunca me habría acostado con ella estando sobrio.

-Vale, me da igual -contesto honestamente.

A mí eso no me afecta personalmente, la vida sexual de mi hermano me da igual, aunque me jode un poco que se acostara con una perra que me hacía la vida imposible, pero me creo su historia, conozco a Louis y sé que nunca se habría acostado con ella de estar sobrio.

-Quiero hablar con Deena a solas -dice, y volteo la cabeza para mirar a Deena de nuevo, a lo que ella asiente.

Deena sale de la habitación, y yo me echo en la cama con Liam.

— o —

-Y he bibujado una jirafa -nos explica Noah enseñándonos el dibujo que acaba de sacar de su carpeta de la escuela, hablando tan rápido y tan emocionado que se traba con las palabras-. La profesora dice que es muy bonito.

-Es muy bonito -concuerdo con él, y sonríe.

-Alguien ha heredado las dotes artísticas de Als -dice Louis.

-Se llama Ali -le corrige Noah.

Hemos llegado hace poco a la casa de mi padre y, al ser sábado, Noah estaba en casa y estamos con él. Según Luanne, una de las chicas del servicio, Ian y Milana están en el piso de arriba y no tardarán en venir.

En ese momento, se oyen unos pasos bajando las escaleras, y aparecen Ian y Milana, viniendo hacia nosotros.

Este debería ser el momento en que salimos con la historia de Courtney y Janelle Foster para intimidar a mi padre, pero dado el fracaso de ayer, no hay nada que decir, sólo hay que estar preparado para digerir lo que nos vaya a decir.

-Hemos estado hablando -nos explica Ian, sentándose en el sofá al lado de Noah-. Tienes razón en muchas cosas, Alice. Nosotros no podemos darle a Noah la atención que merece, y quiero hacer algo bien por una vez. Siento haberte gritado ayer, y también siento todo lo que te he hecho. Bueno, lo que os he hecho a los tres. He cometido muchos errores, y sé que esto no conseguirá enmendarlos, pero al menos quiero que Noah sea feliz, y aquí no va a serlo. Ya hace tiempo que Milana y yo nos planteábamos darte la custodia, pero supongo que el orgullo era superior.

-Vale -asiento, intentando ocultar una sonrisa. Esto no es algo que esperara, en absoluto.

-Iniciaré los trámites legales para darte la custodia de Noah -dice, y se me escapa la sonrisa que estaba reprimiendo-. Pero hay condiciones.

-Luanne, ¿puedes llevar a Noah a su habitación? -le pide Milana a la chica del servicio.

-¡No! -exclama el pequeño-. ¡Yo quelo estar con Ali!

-Nos veremos luego, te lo prometo -le digo, y él asiente para levantarse del sofá e irse con la mujer.

-Vale, escuchadme con atención -dice Ian, y le miro, interesada-. No quiero volver a ver noticias de ti saliendo de fiesta, ni con chicos diferentes cada noche, ni mucho menos con drogas. Noah necesita estabilidad, no ver cómo entran y salen chicos de tu habitación. Necesita mucha atención, así que debes estar por él. No sabemos cuánto tardaremos en hacer todos los trámites legales para pasarte la custodia, pero serán algunos meses, en los que Noah tendrá que estar con nosotros.

-Pero si estuvo cinco meses conmigo sin ningún problema -levanto una ceja.

-Ya, pero si vamos a hacer un cambio de custodia, mejor que esté con nosotros antes de que te den la custodia -dice-. Y, por último, lo más probable es que Milana y yo nos mudemos a Londres en medio año, aproximadamente. Queremos poder ver a Noah cuando queramos. Es nuestro hijo, tenemos derecho, piensa que solo estamos dejando que viva contigo porque nosotros no podemos darle toda la atención que necesita. Ah, y hasta que nos mudemos, llamaremos dos veces a la semana para ver cómo está.

-Está bien -acepto-. Lo de las fiestas y los chicos no será problema, ya no lo hago.

-¿No lo haces? -pregunta, sorprendido-. ¿Tienes novio?

-Algo así -me encojo de hombros.

-Bueno, supongo que con eso me vale, aunque quiero conocerle -dice-. Cuando vaya a Londres podríamos quedar para cenar todos.

Ni que fuera a casarme con Liam.

-Como quieras.

-Y, por favor... -me pide-. Dile a tu madre que lo siento, e intenta volver a tener relación con ella. No pensé en como os afectaría su marcha, nunca me preocupé por ella, no pensé en el infierno que supondría para ella dejar a sus hijos.

-Dudo que nunca te perdone -digo, y él asiente.

-Lo sé, pero quiero que sepa que estoy arrepentido -dice-. Estoy cansado de ser así, sé que los errores de mi pasado me perseguirán siempre, pero al menos quiero empezar a hacer las cosas bien, aunque ya sea tarde. Y, quizás, algún día tú puedas perdonarme.

-Lo dudo -contesto sinceramente-. Pero a lo mejor podré odiarte un poco menos.

Nunca voy a perdonar a mi padre, y mucho menos teniendo en cuenta lo que me explicó ayer, pero voy a tener que tragarme mi orgullo por Noah, por su felicidad. Si tengo que ver a mi padre y a Milana a menudo, lo haré.

-Con eso me sirve -asiente.

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Janelle en multimedia.

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