17

Cuando despierto a la mañana siguiente, después de haber pasado una noche de mierda y haber dormido solo tres horas, mi enfado parece haber disminuído un poco.

Son las nueve de la mañana, no oigo nada fuera de mi habitación así que supongo que los gemelos habrán ido a llevar a Noah a la escuela. Pero cuando salgo de mi habitación y me los encuentro durmiendo tan tranquilamente en el sofá cama, los quiero matar. Abro la puerta de la habitación de Noah y veo que, efectivamente, él sigue durmiendo.

-¡Noah! -exclamo, intentando despertarle, y el pequeño abre los ojos poco a poco.

-Mmh -gruñe, y se tapa la cabeza con las sábanas.

-Noah, levántate que llegamos tarde.

— o —

-Pensaba que ya había empezado a ser responsable, Alice -gruñe la recepcionista cuando llego con Noah de la mano.

-Sigo haciendo lo que puedo -contesto, aburrida de esta señora.

-Con lo bien que iba... -murmura la mujer, negando con la cabeza para ella misma.

-Bueno, ella te llevará a clase -le digo al pequeño.

-Pelo me da miedo -contesta, haciendo una mueca de horror, y se me escapa una carcajada.

-A mí también -le digo en voz baja para que la mujer no nos oiga-. Pero ahora tienes que ir con ella.

-Vale -suspira-. Adiós, Ali.

-Adiós, Noah, nos vemos luego -me despido, y salgo del edificio tras comprobar que la mujer se lo lleva con ella.

Una vez fuera, me siento en un banco y saco el tabaco, el papel de liar y las boquillas para empezar a liarme un cigarro, intentando distraerme un poco y buscando una forma de relajarme.

Estoy enfadada, realmente lo estoy. Pero también estoy decepcionada. No es que espere mucho de esa mujer que se hace llamar mi madre, pero que esté en Londres y ni siquiera se haya molestado en venir a ver si seguimos vivos me jode mucho. Aunque seguramente si viniera la mandaría a la mierda... Ni siquiera sé lo que quiero ya.

Termino de liar el cigarro y lo enciendo, sintiendo como cada calada quita un poco la presión en mi pecho, pero no es suficiente. Nunca lo es.

-¿Alice? -oigo una voz masculina que conozco perfectamente y levanto la cabeza encontrándome a Liam.

-Oh, hola -digo-. ¿Qué haces aquí?

-Voy a trabajar -contesta-. Y tú, ¿qué haces aquí?

-Fumar -me encojo de hombros, mostrándole el cigarro que se va consumiendo entre mis dedos.

-Ah -contesta, mirando el cigarro con el ceño fruncido-. Oye, la chica que me pidió ese tatuaje que me ayudaste a diseñar viene hoy a hacérselo. Le envié cómo había quedado el dibujo y le encantó... ¿Quieres venir a ver cómo se lo hago?

-Sí, claro -contesto, sintiendo de repente un poco de emoción ante la idea de ver cómo alguien se tatúa algo que yo he ayudado a dibujar.

Llegamos al estudio de tatuajes  a las diez, y Liam empieza a prepararlo todo para tatuar a la chica, que tiene hora a las once.

-Oye, ¿y estás tú solo aquí? -le pregunto.

-No, en un rato vendrá Alex, y por la tarde viene Jim, el jefe -dice, y justo en ese momento se oye el tintineo de la campana que advierte que alguien ha entrado por la puerta de la entrada.

-¡Liam! -exclama una voz femenina-. ¿Estás?

-¡Sí, estoy el la sala uno! -grita Liam de vuelta, y pronto la puerta de la sala donde estamos se abre y entra una chica rubia, con el pelo recogido en una trenza de lado. Tiene los brazos llenos de tatuajes y el piercing de la nariz y el del labio inferior, en el medio, hechos.

-Oh, ¿quién es ella? -le pregunta a Liam, refiriéndose a mí, en cuanto me ve.

-Ella es Alice -contesta Liam.

-¿La que te salvó el culo con el diseño del tatuaje del lobo? -pregunta, con una sonrisa maligna. Ella tiene un notable acento estadounidense, decididamente es de allí.

-Esa soy yo -contesto, con una sonrisa de lado.

-Yo soy Alex -se presenta-. La idea de rellenar media cara del lobo con mandalas fue genial, por cierto.

-Gracias -contesto-. De alguna manera tenía que salvarle el culo.

Alex se echa a reír, y Liam rueda los ojos.

-Ya está, ya se han aliado contra mí -gruñe.

-No te hagas la víctima, que tienes tela tú también -le dice Alex-. Por cierto, hoy el sensei* no viene, así que me quedaré hasta más tarde. Tú terminas a las nueve, ¿no?

-Sí -asiente Liam.

-Guay, entonces cerraré yo -dice-. Bueno, voy a la sala dos a prepararme, que en veinte minutos viene un cliente.

-Vale, nos vemos luego -se despide Liam, y Alex se va de la sala.

-¿Quién es el sensei? -pregunto, levantando una ceja.

-Es como llamamos a Jim -ríe Liam-. Si le conoces lo entenderás, es como un viejo sabio de los tatuajes.

Estamos un buen rato hablando de técnicas de dibujo y otras cosas sin demasiada importancia, y agradezco que Liam no comente nada de lo que pasó ayer porque estoy consiguiendo evadirme un poco de toda esa mierda.

A las once menos cinco se oye el tintineo de la puerta y el sonido de unos tacones.

-¡Voy! -exclama Liam, saliendo del cuarto.

Oigo voces, la de Liam y la de una chica, conversando, pero yo sigo concentrada en un dibujo, ya que hemos estado probando algunos diseños con Liam antes.

Entonces la puerta de la sala se abre, y entra Liam junto con una chica bastante joven, debe tener mi edad o incluso menos. Pero lo primero que me llama la atención son sus pechos, que casi sobresalen del escote de la camiseta, y el hecho de que mira a Liam como si fuera su amor platónico adolescente.

-Bueno, Jade, esta es Alice, ella fue la que me ayudó a diseñar tu tatuaje -me presenta Liam.

-Oh, genial -la chica me da una rápida sonrisa falsa y vuelve a mirar a Liam mientras él le habla de cómo van a hacerlo.

¿Qué mierda ha sido eso? Será estúpida.

Las siguientes dos horas para mí consisten en observar con admiración cómo Liam tatúa la espalda de la chica, y en soportar a la chica. Tiene un puñetazo en la cara que no se lo aguanta, la muy pesada. Tiene dieciocho años -por lo que ha contado- y está muy claro que quiere tema con Liam, pero él parece no hacerle caso.

Hasta que, cuando por fin termina, ella se levanta directamente de la camilla y, al haberse quitado la camiseta y el sujetador para el tatuaje, sus pechos quedan expuestos. Quizás más tiempo del necesario, seguramente buscando la atención de Liam. Él mira sus pechos por un momento, pero pronto desvía la atención, claramente desinteresado.

Por unos instantes me da pena la chica, yo sé lo que es querer llamar la atención a toda costa y sentir que debes hacer este tipo de cosas para que la gente te quiera, y me gustaría decirle lo equivocada que está, pero me cae muy mal como para darle algún consejo útil.

-Oh, entonces tengo que ponerme esta crema tres veces al día -dice la chica, y Liam asiente-. Y, ¿podrías pasarme tu número por si tengo alguna duda?

-Uh... no suelo dar mi número a clientes, pero puedes enviar un mail al correo de la tienda si tienes alguna duda -contesta Liam, apuntando la dirección de correo en un papel, y se lo da a la chica-. Aquí tienes.

-Oh, gracias -contesta la chica, decepcionada.

Liam la acompaña a la puerta y yo me quedo sentada en la silla de tatuajes, hablando con Deena por mensajes en el móvil. Cuando vuelve, lo recibo con una sonrisa burlona.

-Parece que le gustabas, ¿por qué no le das una oportunidad? Podéis ir juntos al chiquipark -bromeo.

-Sólo tiene dos años menos que tú -contesta Liam, sonriendo-. ¿Estás celosa?

-Ya te gustaría -río, y él se acerca más a mí, hasta quedar cara a cara.

-Mmm, yo sé que lo estás -dice, justo antes de besarme.

-Liiiiaaaam, ¿se ha ido ya la chica Barbie... Woah, sabía que teníais algo -dice Alex, entrando en la sala-. Bueno, por hoy no queda nada que hacer, así que puedes irte ya si quieres, no tenemos más clientes y así puedes ir a buscar a Sophie.

-¿Sí? -dice Liam, separándose del beso-. Woah, eso es genial, ¿no te importa quedarte sola? Ah, perdona, olvidaba que no tienes vida social.

-Tengo mucha más que tú, perdedor -le saca la lengua-. Espero que sepas en lo que te has metido al salir con él, Alice.

-Pff, no estoy saliendo con él -río.

-Ah, así que sólo folláiš -contesta-. Me gusta, me gusta.

-Deja de imaginarte cosas guarras, pervertida -le dice Liam, tirándole la toalla con la que acaba de limpiar la máquina de tatuar.

Así que volvemos a casa, teniendo tiempo aún de comer y de estar un rato en calma antes de tener que ir a buscar a Noah, y en un ataque de generosidad decido invitar a Liam a comer a casa. Obviamente pedimos pizza, porque no tengo ganas de cocinar, y además mis hermanos no están. Han dejado una nota diciendo que se iban a hacer cosas importantes, pero no han especificado qué, así que me da igual.

Estamos comiendo la pizza mientras vemos un programa sobre subastas bastante interesante, cuando suena el timbre. Suelto un gruñido, molesta, y me levanto para abrir, encontrándome con Frank.

Lo primero en lo que me fijo es en que sus habituales ojeras están mucho más marcadas de lo normal, sus ojos están rojos y la parte de su cabello que suele estar rapada está muy dejada de sí, el pelo ha empezado a crecer y él ni siquiera se ha molestado en volver a raparlo.

-Recuerdo haberte dicho que no quería volver a verte -es lo primero que sale por mi boca, aunque me preocupa verle así, pero en realidad se lo ha buscado él solito.

-He dejado a Bianca -dice y yo levanto las cejas, sorprendida.

-Bien por ti -me encojo de hombros.

-No tengo donde vivir -prosigue.

-Oh, lástima.

-Alice... -suspira.

-No, ni Alice ni mierdas, tú elegiste a Bianca por encima de mí, y estas son las consecuencias -digo, y en cuanto termino de hablar le cierro la puerta en la cara.

Suspiro, intentando controlarme para no volver a abrir la puerta y decirle que se puede quedar, porque este idiota realmente se merece esto, aunque me duela hacerlo. Pero yo no doy segundas oportunidades.

-Alice, creo que te has pasado -dice Liam, rompiendo el silencio que ha invadido el piso.

-¿Y tú que sabes? -contesto, molesta-. No sabes nada.

-Sé que él es tu mejor amigo -dice, y pierdo los nervios.

-Pues la próxima vez guárdate tu opinión para ti mismo, porque a mí no me interesa.

-Joder, ¿ya volvemos a esos momentos en los que eres insoportable con todos? Porque si es así me voy, no tengo por qué aguantarlo -gruñe.

-Yo tampoco tengo por qué aguantar tus ataques de bipolaridad, así que vete si quieres. Después de todo, ¿no decías que no querías una zorra como yo en tu vida?

-Estaba enfadado cuando dije eso -rueda los ojos-. Joder, eres insoportable.

-Bipolar.

-Amargada -contesta, acercándose más a mí.

-Gilipollas -mascullo, y sus labios se estampan contra los míos.

El beso se vuelve más apasionado en cuestión de segundos y la ropa empieza a sobrar. Nos besamos como si nos fuera la vida en ello y Liam muerde mi labio de vez en cuando, haciéndome gemir en su boca.

Cuando mi camiseta y mi sujetador están fuera, la boca de Liam baja a uno de mis pezones y lo lame y succiona, haciendo que mis manos vayan automáticamente a su cabeza, apretándolo contra mí.

-Oh, joder -gimo cuando me baja los pantalones y mete su mano dentro de mis bragas.

-Estás tan jodidamente mojada -gruñe-. ¿Tanto te excita discutir conmigo?

-Vete a la mierda -mascullo, y Liam se incorpora y saca la mano de mis bragas.

Voy a quejarme por la falta de contacto cuando Liam baja mis bragas y se deshace de su camiseta y sus pantalones. Me coje y me pone a cuatro patas en el sofá, con las piernas bien abiertas, y lo siguiente que siento es a Liam introduciéndose dentro de mí. Grito y me agarro al respaldo del sofá, y Liam empieza a embestir furiosamente dentro de mí. La sensación es increíble, su pollą llega hasta lo más profundo de mí y no puedo dejar de gemir.

Empiezo a notar mi orgasmo acercándose y mis paredes empiezan a contraerse alrededor de su miembro, pero él parece tener otros planes porque sale de mí y me gira en el sofá, quedando boca arriba. Se arrodilla delante de mí y lame una larga línea en mi vagina, haciéndome gemir. Entonces sus labios se cierran alrededor de mi clįtoris y lo empieza a lamer, succionando de vez en cuando. Gimo y grito sin poder reprimirme, y entonces mete dos de sus dedos dentro de mí y llego al orgasmo tirando de su pelo y gritando su nombre.

-Oh mierda, mierda me corro -gime Liam, se levanta del suelo para masturbarsę rápidamente y se corre en mi estómago entre gruñidos y gemidos.

Cuando su orgasmo ha pasado, se sienta a mi lado en el sofá, ambos respirando entrecortadamente.

-Mierda, tenemos que ir a buscar a los pequeños -dice de repente, y veo en mi reloj que, efectivamente, ellos salen de la escuela en media hora.

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*sensei: término japonés que designa a un maestro, un sabio o una persona dota.

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