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Anime/manga: SERVAMP -サーヴァンプ-

(Sāvanpu).

Creador: Strike Tanaka

Pareja: Sleepy Ash [Kuro] x Mahiru Shirota. [Kuromahi/Kurohiru]

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Admiró unos segundos la vivienda frente a él. A decir verdad, se encontraba sorprendido de la magnitud de esta ; no era habitual ver algo así, e incluso poseía un gran jardín con piscina.
Apartó esos pensamientos de su mente subiendo los escalones para poder llegar a la elegante puerta de madera y así poder ingresar la llave en esta. Agradecía la amabilidad de la señora de haberle dado las llaves antes de que todo el tema de boda se haya dado.

Poseía un par de dudas respecto a ese acuerdo, pero no tenía otra alternativa que esa, después de todo, la deuda que dejó su hermano a la empresa de esa familia era imposible de cubrir. También el echo de no saber con quien se casaría su sobrino le alarmaba, pero luego de observar al chico unos segundos se dió cuenta de que no debería temer demaciado; el peliceleste tenía, prácticamente, tatuado en la frente que era un vago importante.
Ingresó lanzando un suspiro y antes de que avisara que había llegado, algo llamó su atención.

— ¡A-Ah! ¡K-Kuro ahí! ¡Ahí! —.

— No es fácil si aprietas así... —.

Quedó estático en su lugar. Era como si un balde de agua fría hubiera caído sobre su cabeza. Subió las escaleras rápidamente con el ceño fruncido y abrió la puerta de la habitación de golpe.

— ¿Qué están haci- —.Se quedó en silencio al ver al peliceleste parado al lado de la cama con un zapato en la mano y su sobrino apretando su brazo; estaba intentando matar una cucaracha .

— ¡Tío Tooru! —. Exclamó el castaño levantándose de la cama para poder saludarlo. El adulto mantenía su vista en Ash y viceversa, ambos estaban procesando lo mal que podía llegar a sonar las palabras anteriormente dichas. Mahiru tomó rápidamente la maleta que tenía el mayor en manos y sonrió con satisfacción viendo su ropa.

Miró sobre su hombro al notar el silencio ensordecedor que se había formado mientras acomodaba su ropa entre sus brazos. Lo primero que observó fué el pequeño jucio que estaba llevando a cabo su tío con la mirada, ejerciendo una presión psicología sobre el peliceleste quien rascaba su nuca nervioso. Una pequeña sonrisa se formó en sus labios al contemplar tal escena y, con una voz pacifista, invitó a su familiar a ir a la cocina para poder invitarle una taza de té.
Ensanchó su sonrisa al oir el largo suspiro por parte del contrario una vez el adulto salió de la habitación.

— Que problemático —. Aquella frase tan característica no pudo evitar resbalarse de los labios de Ash tras el fuerte juzgatorio silencioso hacia su persona - ese hombre me odia -. Asintió con su cabeza repetidas veces mientras buscaba en el armario una camiseta algo descente.

— Le agradas —. La voz del castaño salió como una pequeña risita, obteniendo una mirada incrédula por parte del mayor mientras el mismo cerraba los cajones del mueble y se vestía perezosamente.

El castaño ensanchó su sonrisa al ver la mueca del contrario le pidió amablemente si podía retirar de la habitación para cambiarse tranquilamente.
Ante esto, Kuro asintió despreocupadamente intentado ingeniar alguna especie de plan para no verse obligado a bajar las escaleras y dialogar con el pariente de su "pareja", tal vez tirarse por la ventana era una buena idea.

— No pienses en tirarte por la venta, Kuro —. Bromeó Mahiru desde el otro lado de la puerta haciéndole lanzar un suspiro de molestia.

Titubeó un par de minutos si le convenía ir hacia donde se encontraba el adulto, puesto que parecía que este estaba empeñado en generar un aura amenazante. Sin embargo, y apesar de que su subconsciente le planteaba lanzarse por la venta como mejor opción , caminó hacia donde se encontraba el mayor.
Recorrió de manera precavida los alrededores hasta encontrase con un concentrado Tooru viendo fijamente el mueble de la sala. Rascó su nuca algo incómodo dispuesto a saludarle pero, antes de que siquiera abriera la boca, la voz algo molesta del contrario lo interrumpió.

— ¿Por qué tienes preservativos aquí? —. Oh , santísima mierda, lo había olvidado por completo. Definitivamente, cuando viera al par de idiotas, los haorcaria aunque deba hacerlo con los cordones de sus zapatillas.

— No soy un depravado ni nada parecido —. Aclaró rápidamente levantando sus manos en señal de inocencia. Sentia todo su cuerpo tenso, por lo cual luego de sufrir aquella tortura psicológica de quedar como un asalta cunas se vería obligado a dormir una siesta de, mínimo, cuarenta y ocho horas.

Tooru frunció el ceño asistiendo con desconfianza y guardado aquello donde lo había encontrado. Se supone que solo debía ir para dejar la ropa de su sobrino, pero ahora se iría con una intranquilidad bastante perturbadora.

— Tío Tooru, ¿vas a quedarte a almorzar? —. Dejó salir todo el aire que había contenido en sus pulmones cuando finalmente la atención dejó de estar sobre él ante la pregunta del castaño.

— Lo siento, pero tengo una reunión importante, será para la próxima —. Esbozó una sonrisa amable con algo de pena al no poder aceptar la invitación. Mahiru hizo un adorable puchero antes de devolver aquél gesto de igual forma con una sonrisa.

— Esperaré tu visita —. El menor volvió a sonreír saludándolo ya en en marco de la puerta junto al peliceleste el cual, aparte de estar completamente tenso, estaba formulando alguna defensa válida por si llegaban a denunciarlo.

— Cualquier cosa extraña llámame —. Dijo el adulto alejándose lentamente de la puerta tras recibir una respuesta afirmativa — encerio, llámame —. Kuro tragó seco y Mahiru siguió asintiendo algo confundido por el comentario.

— Que extraño —. Susurró Shirota lanzando un suspiro y volteando a ver a su acompañante.

— Lo sé —. Ash se encogió de hombros restándole importancia y, antes de que haya otro comentario, volvió hablar — se me ocurrió algo para que podamos llevarnos mejor —. El castaño levantó ambas cejas y torció un poco su cabeza hacia un lado curioso.

— ¿Qué cosa? —.

— Después te digo, ahora voy a dormir —. Así sin más, se dejó caer con brusquedad al sillón cerrando sus ojos y durmiéndose al instante.

— Vago —. Concluyó haciendo un puchero y cruzándose de brazos. Aunque se conocieran hace poco, Mahiru no podía negar que  , en algunas situaciones, aquella actitud le causaba algo de gracia. En muy pocas a decir verdad, porque ya había pensado más de una vez golpearlo con la escoba por dejar el suelo lleno de migas.

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