24 | Egoísmo

BLACK

Llevo conduciendo por cuatro horas y hemos hecho algunas paradas que nos han atrasado, más de lo que ya estamos. Llegamos a la mansión de Doble B y por el retrovisor veo a Carlos, quien ha estado durmiendo la mayoría del tiempo.

Recuerdo lo que le hice pasar y ahora me siento culpable. No debería de rematar con el primero que se ponga enfrente.

—Llegamos. —Le hablo en voz baja a Triana, quien va de copiloto.

—¿Cuánto fue? —pregunta, mientras salimos del auto—. ¿Cinco horas?

La veo acercarse a la puerta en la que Carlos está recostado, sin despertar y la abre, provocando que esté por caer. Si no fuera porque logra colocar una de sus manos en la grama, ya hubiera recibido otro golpe.

—Cuatro con quince minutos —informo.

Abro el maletero para sacar la mochila de ropa que he llevado. Triana también saca sus cosas y caminamos hacia la entrada de la mansión.

—¿Es tu casa? —cuestiona Carlos viendo hacia arriba.

—No, la de mi amigo. Ustedes se alojarán por unos días aquí mientras yo termino de resolver unos asuntos.

Esperamos a que nos abran la puerta y el mayordomo es quien nos recibe. Llega otro muchacho que ayuda con el equipaje de Triana y yo le digo que estoy bien así.

El mayordomo nos guía a una sala donde se encuentra Doble B ordenando unos papeles. Sonríe al vernos y se levanta de su asiento para caminar hacia nosotros y presentarse.

—Bienvenidos al equipo —comenta.

Carlos solo le observa la mano que tiene levantada y después de un rato de desconfianza, devuelve el saludo.

—No estén tan seguros, necesito saber cuáles son sus planes antes de aceptar.

Triana no duda tanto en devolverle el saludo a Berne, y habla:

—Estoy de acuerdo. Primero necesitaré más información para saber en qué me estoy metiendo.

—Solo tengan paciencia un par de días, en lo que Black termina de resolver asuntos importantes —comunica, lanzándome una mirada que logro interpretar—. Por el momento, lo que puedo ofrecerles es hospedaje.

—¿Qué...? —Intentan preguntar algo más, pero Doble B ya los está arrastrando a la salida de la sala para que sigan al mayordomo.

Salgo detrás de ellos ya que quiero pedirle un favor. Cuando ya se ha deshecho de ambos, voltea a verme con una sonrisa.

—Todavía te hace falta hablar con él.

—¿Quién él? —pregunto, haciéndome la que no entiende.

—Oh, no te hagas la ingenua, sabes de quién hablo.

—Ni se te ocurra comentarle algo de lo que está sucediendo —reacciono al saber que me ha descubierto.

—Él ya lo sabe, Adria. Te conoce más que cualquiera e intuye lo que planes hacer.

—Pero Alessandro no tiene nada que ver con esto.

Me ignora totalmente, caminando para servirse una copa.

—Hoy en la mañana llamaron para informar que ya está estable y volvió a preguntar por ti. Claro, a las enfermeras, no a su familia.

Mis pensamientos se nublan al pensar qué tan cierto es que las personas te escuchan aun estando inconscientes.

—No puedo ir...

—No estoy diciendo que lo hagas —interrumpe—, solo lo mencioné para que te mantengas alerta ya que en cualquier momento sale del hospital y lo primero que hará será buscarte.

Es cierto. Yo también lo conozco muy bien y sé que lo primero que se le ocurrirá será hacer eso.

—De ir o no ya queda en tu criterio. Te espero en mi despacho, tenemos que hablar.

Me quedo paralizada, pensando en qué hacer para detener a Alessandro a toda costa.

—Aquí estoy —aviso, mientras cierro la puerta.

Ya me he bañado y cambiado y ahora me siento más fresca que nunca.

—Siéntate —pide, mientras hace lo mismo.

Decido no obedecer su orden, así que me quedo de pie frente su escritorio. Cruzo mis brazos sobre el pecho, esperando que empiece su discurso para reñirme. Sé que lo hará, porque solo lo hace cuando está muy serio. Como ahora.

—¿Tienes miedo, Black?

Esa pregunta me sorprende.

«¿Por qué pregunta eso? ¿Miedo de qué? ¿De Madeline? ¿De morir?».

—No.

—No —repite, como si no lo creyera—, tú no, pero los demás sí. En lo que no estoy seguro es en porqué hacer esto.

Vuelvo a vacilar.

¿Por qué hacer la venganza? ¿Por qué pedir un equipo? ¿Por qué no hablar con Alessandro?

Se supone que él ya sabe mis razones de estar buscando a la mujer que asesinó a mi familia. Se supone que siempre he trabajado sola, sin necesidad de que alguien esté a mi lado. Se supone que Alessandro no debería de estar metido en esto.

Decido responder a las tres preguntas que me he formulado:

—Tú estás al tanto de lo que sufrí los meses que estuve secuestrada junto con Alan. Sufrimos torturas y amenazas; sed, hambre y abusos tanto físicos como psicológicos. No sé si realmente sea ella quien nos hizo esto, pero de todos modos esa familia es un problema. Es muy poderosa, falta poco para que tenga el poder de todo Gualoriam y si puedo hacer algo para evitarlo, lo haré.

» Necesito a más gente apoyándome y con lo que pasó con Alessandro tampoco me quedaré tranquila. Fue una amenaza directa, y si no acabo con esto podría volver a suceder.

—¿Esto es solo por tu familia o hay algo que no me quieres decir? —pregunta.

—No que yo sepa. —No miento, es la verdad.

—Yo sé lo que sufriste —suelta—, fui uno de los pocos que estuvo contigo. Las pocas veces que pude verte encerrada en la casa del bosque me di cuenta de tu sufrimiento, pero no has sido la única que sufre. Adrián y Blanca también eran como mi familia y no puede faltar Alan, quien fue uno de mis mejores amigos junto contigo. Y ahora Alessandro ha sido atacado casi hasta la muerte.

Mi corazón empieza a acelerarse de la nostalgia, sintiendo como todo se revuelve en mi interior. Aprieto mis manos en forma de puño para no sentirme vulnerable.

—En realidad —continúa, después de una pausa—, lo que quería decirte es que te cuides, ¿quieres? Junto a ti he perdido a muchas personas que fueron realmente importante en mi vida y si algo llegara a pasarte...

Sonrío de una manera triste y asiento.

—¿Aún estás dispuesto a ayudarnos? —cuestiono.

—Claro —afirma—. Tengo miedo de lo que pueda pasarte, Adria, pero no dudes que en cualquier cosa que pueda, tendrás mi ayuda. Repito: te vi sufrir, eres mi mejor amiga y siempre estaré a tu lado, apoyándote.

—Gracias.

No sé a qué nivel de egoísmo he llegado para no darme cuenta que los demás también sufren. No solo soy yo, tengo a más personas a mi alrededor que también perdieron a sus seres queridos.

Al finalizar nuestra conversación, recuerdo el plan que he formado en la ducha.

—Lo he decidido —comento.

—¿Cuál?

—Lo de Alessandro, ya sé cómo arreglar las cosas con él.

Asiente, dándome una mirada sospechosa al salir del despacho.

—No estará dispuesto a dejarte sola en esto.

Eso lo sé muy bien, pero al menos voy a intentar a que cambie de opinión.

—Tengo que evitarlo.

—Entonces, me cuentas que sucede.

—Lo que esté destinado a pasar.

En la sala me encuentro con Triana y Carlos sentados en el sofá, sin decirse palabra alguna. Carlos es el primero en percatarse de mí.

—¡Hey! —exclama, provocando que Triana salga de sus pensamientos.

Lo ignoro, ya que necesito hacer algo importante en estos momentos.

—Vengan conmigo —escucho que les pide Doble B.

«Lo que esté destinado a pasar».

Y lo que tuvo que pasar, pasó.

Hola, después de toda esta semana de época navideña (seis días aprox.) vengo a retomar las actualizaciones. La verdad sí me hacían falta unas vacaciones, jeje.

En fin, espero que estén cerrando el año 2023 de la mejor manera y que hayan cumplido todas sus metas o la mayoría de ellas. Recuerden que, por poco que logremos (sin llegar al conformismo), vale mucho.

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