*Capitulo 64*
Shaun Andersen
Vaya que mi hermano necesita de mí para cuidarse, creo que Heather no sabe, sino estaría como un maldito chicle en el cabello sobre Mike... pero a algunos equipos como el mío; son tentados a buscar a Michael por más puntaje, trae la cabeza y serás un preferido.
Lo tengo vigilado a todas horas y con ello estoy al tanto de la maldita relación.
¿Ellos me importan? No. Solo quiero volver a casa, Stormy se fue y aún no he podido enterrar su cuerpo, del cual... no he sacado de la cajuela, aunque suena asquerosamente enfermo, no me importa.
Ella está en un lugar mejor y hablo espiritualmente, todos creemos en algo, yo creo en el cielo, en el infierno y sé que cuando muera iré a alguno de ambos lugares...
A veces me siento tan estúpido por haber pensado en alguna solución para esto pero es lo que tengo. Nada.
--Hey Shaun, creo que eliminaron a uno cuantos del equipo amarillo—dice Gustavo, dicen que dejemos de lado los números y seamos solo nuestro nombre, mi equipo el verde estamos casi intactos por lo que apenas y salimos a cumplir las misiones que realizamos tarde pero muchas veces nos da una prórroga de algunas horas que nos salva directamente.
--Sí, creo que no pueden contra mi hermano—dicto con una sonrisa, debo de admitir que lo único bueno sobre mi honestidad es que me protegen más, además me enseñaron lo básico para defenderme, lo cual agradezco demasiado.
--Aun no cantemos victoria, tendremos que ser más cuidadosos sobre ese asunto—responde aquel hombre con un poco de molestia. Pero no tengo la culpa de todo esto, en primer lugar ni siquiera debería de estar aquí. Duermo en mi auto por razones de cuidarnos, además de que no soportaremos mucho tiempo solos, por eso debí irme, no sería un premio doble para tal enfermo. Creo que aun intento restablecer mi vida o lo que queda de ella.
--¡¡EMBOSCADA!!—grita una mujer de cabello rojizo, muchos solo nos ocultamos mientras esperamos el ataque, cosa que en segundos tenemos balas por doquier, veo a muchos caer al suelo y una chica con su bebé se esconden debajo del auto conmigo, cuando las balas se detienen la pólvora y polvo abundan en el aire, tres de nosotros están muertos pero no tenemos más rastros de alguien disparando. Pronto siento el cañón de un arma en mi nuca.
El bebé empieza a llorar y lo único que quiero es que no dispare. Aun con todo el shock por los enfrentamientos, solo puedo voltear hacia mi atacante, es un hombre de unos treinta años por su demás aspecto no importa, el cañón del arma está caliente, estoy seguro que quedara marcado en mi frente.
--Tú—solo dice, cuando me percato que su uniforme es negro... con toques de amarillo. Reconozco que es el líder del equipo, lo he vigilado por semanas.
Siento únicamente un maldito golpe en mi rostro, para volver todo negro.
(...)
Despierto por agua fría caer sobre mi cara.
--¡FUERA DE AQUÍ IMBECIL!—grita una mujer, apenas me levanto me doy cuenta que estoy en la avenida de Heather, las luces parecen estar apagadas, apenas y siento mis pies, estoy seguro que mi rostro aún tiene sangre, me duele incluso tener un gesto de dolor, entro a la casa de Heather con la llave que siempre deja oculta en una maceta, siempre reprocho de que sea víctima de un intruso... y ahora el intruso soy yo
Entro con sigilo, no veo a nadie a la vista, por lo que me relajo a excepción cuando siento algo cálido deslizarse por mi frente; sangre.
¿Qué tan fuerte es el golpe de ese idiota? ¿Será suficiente para derribarme esta noche? Lo dudo, entro al baño y me miro sin piedad, mis lentes están rotos pero colgados sobre mi playera con tierra, tengo al menos dos golpes fuertes en mi rostro y la herida en mi frente parece no ser grave, me limpio como puedo pero... necesito al menos estar decente para volver a mi búsqueda del resto de mi equipo, si es que aún están vivos.
Entro a la ducha, el agua esta helada pero alivia el dolor de mi cuerpo. Me visto con la misma ropa, cuando me doy cuenta en una de las habitaciones la ropa de hombre se parece mucho a la de mi hermano, no dudo y tomo una muda limpia, la frescura del suavizante libera un poco mi dolor, quiero salir corriendo ante la posibilidad de que nadie quede más en un mismo bucle como en el que yo estoy varado.
¿Hasta dónde piensa llegar con todo esto? Tomo mi pantalón y de ella saco la llave de...
¡Mi vehículo! Stormy...
Salgo de la casa sin cuidado pero no me topo con nadie importante solo con vecinos husmeando en la calle, lo cual si dan mi descripción Heather y Michael solo lo tomaran como algo normal y no darán mi paradero a la policía, mientras pienso más en esto, solo quiero llegar al último punto de reunión y el cual solo se ve como un lugar oscuro sin más que vagabundos rodeando el lugar, justo al llegar, solo veo la silueta de una mujer dentro del vehículo, la identifico rápidamente como la mujer que tenía a su bebe, el silencio nunca es buena señal...
Al abrir la puerta me mira con sus ojos hinchados, uno por un golpe severo y otro por evidentemente llorar horas.
— ¿Qué fue lo que ocurrió?—alego ante su aspecto de haber sido maltratada
—Shaun, perdimos...—murmura con la voz desgarrada—ellos, ellos... mi querubín... Shaun... ¡ELLOS LO MATARON!—
Veo en el asiento del copiloto un pequeño bulto lleno de sangre y tierra, solo puedo mirarla caer, ambos perdimos, esto se acabó.
—debemos terminar con esto; en mi bolso... tengo una pistola. Un tiro y esto se acaba—dice la mujer cuyo nombre nunca supe, sé lo que es el dolor, la angustia, y el terror cuando pierdes a alguien. Pero estoy seguro que no lo es mismo a perder a un hijo, la veo tan sucumbida en el dolor.
—Aún tenemos tiempo, podemos vengarlos al menos... eso aliviaría un poco—sé que al menos necesitamos quitarnos esta pena, no sé si realmente pude convencerla, pues solamente sale del auto para irse del lado del copiloto, carga el pequeño bulto con cuidado, la sangre cae sobre el asiento del auto y solo puedo sentir angustia por ella.
— ¿Qué te quito a ti? La chica de atrás parecía ser dulce—musita una vez dentro del auto, mi corazón termina por partirse y la idea de tomar el arma es tentadora, pero aun no puedo irme de la nada... después de todo aún tengo que volver con mi hermano, enmendar todo el daño y ser digno de un hermano mayor tan noble como Michael y ayudar a pobres diablos como yo.
—Ella era mi novia... me la arrebato, ese lunático me quito todo, todo es su culpa—
Desde la enfermedad de Michael, sus alucinaciones atormentándolo día y noche para estar ligado a este enfermo mental. Solo quiero terminarlo, el viaje está destinado hacia ningún lugar, con el único objetivo de mantenernos vivos hasta cierto límite, mi compañera de viaje me pide que me detenga al lado de la carretera
—Espero que traigas una pala—el frio de la noche solo es parte del ambiente estoy seguro que no importa cuánto hagamos ahora, ese frio jamás se ira de nuestros pechos, a cuestas hago un agujero de al menos dos metros, su mirada me indica que no es lo suficiente y sigo cavando, las piernas estas entumidas y mis tobillos crujen al salir del agujero. Esa mujer, me abraza fuerte, siento sus lágrimas
Su dolor no es el mismo que el mío o el de cualquier persona. Ambos estamos atrapados aquí.
Poco a poco se separa de mí, la miro tomar algo del su lado en el suelo y entrar a aquel agujero, al destapar al pequeño, solo puedo observar el pequeño bebé con sangre pero lo que destaca es la herida de bala que se ha deshecho del cerebro y su ojo derecho. Esto no solo me hace querer desmayarme sino sentir más pena, mientras a mí me habían tirado lejos de allí, a ella le arrebataron su mundo. Ella solo me arrebata la pala en cuanto sale y empieza a tirar tierra sobre el cadáver, una vez que termina solo se queda ahí mirando al suelo.
La noche no pasa y únicamente solo puedo ver el reloj en mi muñeca.
Son las nueve de la mañana... ¿Dónde está el sol?
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