Capítulo 18

Alfred avanzaba a pasos agigantados, tanto, que Richard no podía alcanzarlo y caminar a la par. El muchacho tragaba saliva viendo la espalda de su mentor, pues de verdad lo veía molesto y muy decidido.

Unos metros más y llegaron al apartamento correcto. Entonces, Alfred se acomodó su saco y su corbata, irguiendo su cuerpo y suspirando antes de presionar el timbre. Richard llegó a su lado sin pronunciar palabra mordiéndose los labios, rezando para que todo se encontrara en orden. En eso pensaba al darse cuenta que nadie atendía la puerta. Escuchó a Alfred balbucear algo, pero prefirió ignorar aquella educada maldición.

-Qui-quizá estén dormidos... -Musitó Dick insistiendo él mismo con el timbre-.

-Eso espero... -Habló Alfred ocupando su tono irónico-.

-Ya verás que sí...

Pero la negativa a ser recibidos en el hogar de los Kent fue su única respuesta. Dick sonrió disimulando la incomodidad. Le dedicó la dulce a mueca a Alfred, pero su gesto se evaporó al ver el ceño fruncido del mayor.

-Sólo debemos tocar otra vez... -Anunció Richard a punto de alcanzar el timbre otra vez-.

Sin embargo, Alfred le bloqueó el brazo mientras retrocedía un par de pasos.

-No tenemos tiempo, amo Grayson. -Dijo perfilándose para lanzar una patada a la cerradura-.

-¡Alfie, Noooo! -Advirtió Dick, pero malgastando su aliento-.

El mayor desintegró el entronque con su fuerza. La puerta cedió inmediatamente dejándoles el paso libre.

-¡¿Pero qué hiciste, Alfie?! -Exclamó Richard casi arrancándose el cabello-.

-Abrí la puerta, amo Grayson. Creí que era obvio. -Comentó Alfred arreglándose el saco mientras entraba al apartamento-.

-¡Pe-pe-pe-pe... pero!

-Mañana usted vendrá a arreglarla. No hay problema. -Ordenó el mayor alzando su vista para escudriñar el lugar-.

-¡Pe...!

-¡Amo Damian! -Llamó Alfred adentrándose en la estancia, interrumpiendo al decaído Richard, quien le siguió el ritmo para buscar a los dos chicos-.

No tardaron mucho en darse cuenta que el apartamento estaba vacío. Asunto que puso de muy mal humor a Alfred y asustó al primer hijo.

-¿Y bien, amo Grayson? -Inquirió Alfred levantando el mentón, mirando por encima del hombro al muchacho que se encogía ante la amenaza del castigo que le esperaba-.

-Quizá salieron a caminar o a comprar algo a la tienda... -Dick quiso justificarse-.

-¿No dijo que el amo Damian tenía fiebre? -Reclamó Alfred avanzando hacia el menor-.

-¡Sí, sí lo dije, pero posiblemente ya mejoró! -Exclamó Dick retrocediendo-.

-¿Dón-de es-tá el a-mo- Da-mian? -Preguntó Alfred sumido en un estado colérico-.

-¡No, no te enojes! ¡Se supone que aquí estarían, por-por... porque Jon dijo que aquí lo traería...!

-¿Y luego?

-¡De-de-debe haber una explicación! ¡Pero no te preocupes, averiguaré enseguida dónde están! -Expresó sacando torpemente el teléfono de su bolsillo-. Trataré de contactar a Jon... ¿sí? Ya verás que todo está perfectamente en orden... -Agregó riéndose nerviosamente-. Estoy buscando el contacto... ¡Listo! Está llamando... Sí, llamando...

El rostro del mayor dejaba clara su inconformidad y su impaciencia.

-¿Y bien...? -Musitó Alfred postrándose justo frente a Richard-.

-N-no contesta... ¡Pero volveré a marcar!

-Es suficiente, amo Grayson. -Dijo frío y cortante-.

-Pe... pero...

-Mejor utilice su hermoso entrenamiento en comunicaciones para localizar el teléfono del joven Jonathan. Así lo encontraremos, claro, si es que lo lleva con él...

-¡Sí, sí, sí, sí! ¡Enseguida! ¡Dame un par de minutos! -Richard obedeció casi tirando el teléfono debido a su temblor nervioso-.

-Tiene veinte segundos, amo Grayson. -Añadió Alfred partiendo hacia la salida-.

-¡¿Veinte segundos?!

-Sí. ¿Algún problema?

-¡No, absolutamente no! ¡Ya casi tengo las coordenadas! -Exclamó Dick buscando apresurado en su teléfono mientras balbuceaba algunas plegarias-.

-Habrá consecuencias por esto, amo Grayson... -Alfred enunció en cuanto atravesó el marco y dio vuelta en el pasillo-.

-¡¿Qué?! ¡No, espera! ¡No es mi culpa! ¡Yo no controlo a Jonathan! ¡Yo no le dije que se llevara a Damian! -Le respondió al mayor en tanto lo seguía para abandonar el apartamento-.

Hizo un vago intento por cerrar la puerta y dejar todo como si no hubieran estado ahí, todo mientras intentaba salvarse el cuello de aquellas circunstancias en las que Jonathan lo había involucrado.

-Ya casi tengo la dirección exacta... -Anunció Dick alterado y apresurado-.

-"Ya casi" no es suficiente. -Replicó Alfred acelerando el paso para dejar el edificio-.

-De verdad, no creo que debas preocuparte. Damian está con Jon, ¿qué puede pasar? -Inquirió sonriendo al obtener los datos correctos-. ¡Los encontré! ¡Están en... en... ¿el centro?!

Alfred le dedicó una mirada despectiva en tanto entraba al elevador. Richard le sonrió hundiéndose en sus hombros.

-Sí... ¿qué puede pasar...? -Musitó Dick decayendo en su inquietud-.

El ojiverde no entendía razones y definitivamente no quería atender a los desconocidos que lo rodeaban, lo intimidaban y lo asustaban. Su agitación y alteración fueron inevitables. El ritmo de su corazón se disparó más allá de los límites desequilibrando su estado anímico y físico, provocándole un caos traducido en descontrol y gritos.

-¡PAPÁÁÁÁÁÁÁÁÁÁÁÁÁÁÁ! -Reventó enardecidamente su voz llamando a su progenitor al verse acorralado e indefenso-.

"¡Damian!" Saltó aquel nombre en los fatalistas pensamientos de Jon. "Su-su-su... corazón... Su corazón está latiendo muy fuerte... Está asustado. ¡Está en problemas!" Concluyó levantándose, olvidándose inmediatamente de sus pesares. "Damian..."

-¡Damian! -Llamó levantando el vuelo, secándose las lágrimas y encuadrando el edificio que lo separaba del ojiverde-.

Le tomó un par de segundos localizar la posición exacta de su amigo. Voló veloz hasta el callejón que colindaba con la habitación donde Damian era resguardado. Vio a través del muro observando cómo Damian era jaloneado para hacerlo salir de aquel cuarto. Esa escena le hizo escupir lumbre. Jon frunció el ceño, encendió sus ojos en un tono carmesí y perdió la razón en esos instantes.

Se abalanzó enterrando sus puños en la pared. Con un gritó sagaz, presionó entre sus brazos un tramo del bloque arrancándolo en un solo movimiento, provocando confusión y terror entre los testigos dentro del edificio. En los primeros segundos, nadie pudo confirmar lo que estaba pasando. El polvo y el estruendo los hicieron tirarse al suelo, incluyendo a Damian, quien fue atraído al resguardo de un escritorio. Evidentemente, el ruido no hizo más que acrecentar el lloriqueo y los gritos en el ojiverde.

La confusión reinó mientras las alarmas se disparaban. El caos se desató en menos de un parpadeo. Damian se arraigó en el rincón de aquel escritorio mientras los adultos trataban de encontrar respuestas. Jon entró bruscamente, aventando todo objeto que le obstruía el vuelo. Los rayos de sus ojos deshicieron las luces aledañas. La gente entonces, comenzó a huir al no identificar la amenaza real. Emprendieron la retirada, en especial la doctora que tomó la mano de Damian obligándolo a dejar el escondite. La tarea no fue nada sencilla, mucho menos cuando el menor se resistió con toda su fuerza y su molesto lloriqueo.

La doctora frunció el ceño y estuvo a punto de simplemente abofetearlo para distraerlo, pero su impertinencia fue detenida cuando su refugio salió estrepitosamente proyectado fuera de su alcance. Con la fuerza que usó Superboy para apartar el mueble, éste terminó estrellado contra uno de los muros deshaciéndose en decenas de pedazos. Por supuesto, la doctora salió corriendo mientras abandonaba a un Damian aterrado, plagado en lágrimas y gritos.

-Damian... -Le llamó, pero de ninguna forma obtuvo una respuesta del pasmado muchacho-. Ven, voy a sacarte de aquí...

Nuevamente, el ojiverde se puso histérico, por lo que Jon debió suspirar contrariado, decidiéndose por tomarlo en brazos aunque el mayor se opusiera. Lo lanzó sobre su hombro en tanto Damian pataleaba y golpeaba la espalda de Jonathan. Asunto que no mortificó en lo más mínimo al ojiazul, pues su prioridad era sacar a su amigo de aquel lugar.

Dio media vuelta dispuesto a salir. Levantó el vuelo abandonando el sitio, llevando a Damian al callejón dónde se ocultó antes de iniciar su rescate. Bajó a Damian, quien ciertamente no había dejado de llorar y llamaba desafortunadamente la atención.

-¿Es-estás... estás bien? -Jon preguntó tomando el rostro del ojiverde entre sus manos dudosa-.

Sin embargo, ni su voz ni sus palabras llegaban al entendimiento del mayor, quien manoteó eufórico para quitarse aquellas manos de encima.

-Damian, cálmate... Ya estás a salvo... -Le dijo inútilmente-.

-¡PAPÁÁÁÁÁÁÁÁÁÁÁÁÁÁÁÁ! -Gritó Damian despedazando la tranquilidad de aquel escondite-.

-No grites o nos descubrirán. -Comentó dirigiendo su mirada a la comisaría, la cual se envolvió en alarmas y gente desplazándose para encontrar al causante de semejante escándalo y revuelo-.

-¡PAPÁÁÁÁÁÁÁÁÁÁÁÁÁÁÁ! -Volvió a llamar-.

-¡Damian, cállate! -Le dijo cubriendo su boca-. Olvídalo, mejor salgamos de aquí. Te consolaré cuando volvamos a casa... -Explicó abrumado y algo cansado-.

Sin embargo, cuando iba a tomar a Damian para cargarlo de nuevo, el mayor manoteó y pateó de lleno al ojiazul, distrayéndolo del escape súbito que replegó el ojiverde. Jon no pudo reaccionar a tiempo cuando su amigo se echó a correr hacia la calle. Se le fue el aliento al verlo cruzar la avenida sin cuidado y sin atención de los vehículos que transitaban.

-¡Damiaaaaaaaaan! -Llamó desesperado tensando sus músculos para perseguirlo y evitarle un accidente-.

El mayor no tenía otra cosa en mente que correr y alejarse de lo que lo aquejaba, por lo que no vio el auto que no disminuyó su velocidad al impactarse con un obstáculo que le destrozó la carrocería. Damian detuvo su llanto y cerró sus ojos debido a la impresión y al estruendo. Se abrazó fuertemente a lo que lo protegía sin mesura. Sintió alrededor de su cuerpo un brazo y un pecho cálidos que lo sujetaban mientras una voz le dedicaba unas palabras para calmarlo.

Al abrir sus ojos, luego de no percibir alguna sensación dolorosa, Damian encuadró en su mirada llorosa el rostro sonrojado de Jon, quien lo sostenía gentilmente con uno de sus brazos mientras que con el otro cargaba bravamente el auto que estuvo a punto de atropellarlo.

-¿Estás bien? -Le preguntó Jonathan sonriéndole afablemente-.

Escuchar su voz entre zumbidos, más el griterío de los testigos circundantes y el sobresalto vivido con todo aquello, le desató nuevamente el llanto al ojiverde.

-¡No, no, no, no, no, no! ¡No llores! -Le solicitó Jon bajando el auto y estrechándolo con ambos brazos-. Ven, vámonos. -Le susurró levantando el vuelo-.

Damian ocultó su rostro entre las ropas de su amigo. Le correspondió el abrazo, pero más de una forma exigente que consciente de lo que significaba. El rubor en las mejillas de Jon se intensificó al percibir el cuerpo ajeno tan cerca. Fue tanto el dulce sentir que incluso trastabilló al aterrizar. Bajaron en un techo bastante alejado del caos que habían provocado. Damian insistía con su lloriqueo, el cual incrementó cuando Jon lo alejó un poco para verlo de frente y comenzar a revisarlo

-Damian, cálmate... ¿Estás bien? ¡Eso fue muy peligroso! ¡Destrocé un auto por salvarte! ¡Cuando mis papás se enteren van a castigarme! ¡¿A quién se le ocurre...?! ¿No te pasó nada? ¿Te duele algo? -Preguntó agachándose, posando sus manos sobre las piernas de Damian, pasando por sus muslos, caderas, estómago, pecho y todo el resto de su cuerpo, buscando alguna lesión o contusión-. ¡Por Dios, Damian! ¡¿Qué tal si te pasa algo?! ¡Tus hermanos me asesinarían! ¡Rayos!

-¡¿Pod qué me guitas?! Quiedo a mi papááááááááááá! -Pidió suspirando, ahogándose en su insistente sollozo-.

-¡Lo-lo siento, Dami! ¡No te estoy gritando, es que...! ¡De verdad me asustaste!

-¡PAPÁÁÁÁÁÁÁÁÁÁÁÁÁÁÁ!

-Dami, tranquilo, ya no llores... -Dijo mientras revisaba la cabeza y cara de Damian-.

-¡Mi papáááááááááááá!

-Dami... Ya tranquilízate. No te estoy haciendo nada.

-¡PAPÁÁÁÁÁÁÁÁÁÁÁÁÁÁÁÁÁÁ!

-Da... -Detuvo sus intentos. Suspiró comprendiendo que al final nada lograría calmarlo-. ¡Rayos, y todavía tienes fiebre! ¡Esto no puede ser peor! -Exclamó sentándose en la cornisa-. Mejor ya vámonos a casa... Ahí pensaré que hacer... Además, mis padres están por llegar, ellos me ayudarán...

-¡PAPÁÁÁÁÁÁÁÁÁÁÁÁÁ!

-Sí, ya te oí... -Musitó levantando su mirada, clavando sus ojos sobre la faz arruinada e infantil de Damian, quien se dejó caer para sentarse y desahogarse a voluntad-. ¿Dami...? -Inquirió retomando el rubor en su rostro-.

Pues en su corta experiencia en los años que llevaba de conocerlo, jamás vio a Damian así de vulnerable y tierno, con sus ojos más grandes de lo habitual y su personalidad tan frágil que lo incitaba a abrazarlo hasta que se volvieran uno.

-¡Quiedo a mi papáááááááááááá! -Exclamó entre espiraciones-.

Esa última súplica estrujó el corazón de Jonathan. Se levantó acercándose tímidamente. Se arrodilló frente a Damian llevando lentamente su mano hacia su mentón. Lo sujetó suavemente pidiéndole entre líneas que atendiera el movimiento. El mayor alzó su rostro obedeciendo el requerimiento del ojiazul. Ambos se miraron jactándose del momento íntimo que empezaba a crearse entre ellos. "Esto funcionará... Lo sé..." Se dijo Jonathan respirando profundamente.

-Tengo hambe y fío... -Habló Damian pausando su llanto entre cada palabra-.

-Lo sé... -Le murmuró estrechando la distancia de sus rostros-. Ya no llores... -Pidió besando los húmedos labios del ojiverde-.

Damian se estremeció, pero de ningún modo se opuso a aquel acercamiento. Cerró sus ojos aceptando la caricia, acallando sus quejas y sus remilgos. No tardaron mucho en dejarse llevar, sobre todo Jonathan, quien se inclinó abrazando a Damian, acostándolo delicadamente sobre el frío del cemento. Sus bocas no se separaron ni un solo instante. Iban lento y tranquilamente. No sintieron la necesidad de jalar aire porque no se estaban sofocando. Damian ciertamente no se movía, sólo respondía a las imposiciones del menor, quien inconscientemente se desplazaba como si entre ellos nada hubiera cambiado.

Se hundieron en ese momento agasajándose sin concentrarse en nada más que en ellos mismos. Al menos del lado de Jonathan y la emoción que iniciaba el camino desde la boca hasta sus entrañas haciéndolo suspirar tiernamente en tanto pensaba cómo ir más allá. Sin embargo, al atender esa sensación quemante, justo antes de colocarse abiertamente encima de Damian, algo en su interior lo aterró sobremanera. Se detuvo pasmándose, sintiendo aquel miedo y hesitación subiendo a su cabeza, provocándole incertidumbre y culpa. Jon paró todos sus movimientos. Levantó su cara y posteriormente su cuerpo.

-Má-más... -Murmuró Damian apenas advirtió que Jon se había detenido. Se sentó en consecuencia buscando al menor con su mirada, sentándose para facilitarse la tarea-.

-Lo-lo-lo... lo lamento Damian, no quise... -Se disculpó el menor poniéndose de pie-.

-¿Fue malo? -Inquirió el ojiverde limpiándose los rastros de lágrimas-.

-¿Qué? No. Por supuesto que no.

-Quiedo más. Dame más, Jonny.

-¿Qué? ¡No! ¡No está bien! ¡Eres un niño! -Le respondió en tanto se sacudía la cabeza y se frotaba el rostro-.

-¿No quiedes?

-No... es eso... -Suspiró contrariado-.

-¡Jonny es mi novia! -Exclamó poniéndose de pie, corriendo hacia el ojiazul para abrazarlo-. ¡Quiedo más! -Habló posando sus manos sobre los hombros de Jon, acorralándolo hasta no dejar espacio entre ambas bocas, besándolo sin disimulo a la par de empujarlo hasta la cornisa-.

Jon abrió los ojos sorprendido y atontando por la culpa que comenzaba a sentir. No negó que disfrutaba sentir a Damian, pero su moral era más fuerte y eso lo estaba lastimando. Posicionó sus manos en el pecho del mayor para alejarlo, pero un grito hizo el trabajo llamando la atención de ambos.

-¡JONATHAAAAAAAAAAAAAAAAAAN! ¡¿Qué demonios haces?!

Era Dick que escalaba por la escalera de incendios hasta la azotea.

-¡¿Dick?! -Exclamó aterrorizado, actuando inercialmente cuando empujó a Damian, lanzándolo algunos metros lejos de él-. ¡NO HACÍA NADA, LO JURO! -Explicó gritando, levantando las manos como si estuviera siendo arrestado-.

-¡Damian! -Le llamó Dick al verlo caer sin remedio al suelo luego de ser proyectado por la fuerza de Jon-.

Corrió a su rescate, ayudándolo a ponerse de pie mientras adivinaba lo ya inevitable.

-Calma, no llores... -Pidió el hermano mayor, lamentándose después, pues al decir eso fue como si le hubiera ordenado lo contrario-.

Damian se soltó a llorar para malestar de los presentes.

-No. no llores, Damian o Alfred va a asesinarme... -Rogó abrazándolo, hundiendo el rostro del ojiverde en su estómago para que su llanto no se escuchara-. ¡¿Qué demonios significa esto, Jonathan?! ¡¿Por qué rayos están aquí solos y haciendo esas cosas?! ¡Confiamos en ti, Jon, ¿y esto es lo que haces?! ¡¿Para esto querías llevarte a Damian?! ¡¿Cómo pudiste?! ¡Es sólo un niño!

-¡Lo sé, pero no es lo que crees! ¡Yo...!

-Usted, ¿qué?, joven Jonathan... -Interrogó interviniendo apenas Alfred puso un pie en aquella azotea-.

-¡¿Señor Alfred?! -Exclamó Jonathan palideciendo-.

-¿Acaso hay otro? -Contestó el mayor de los presentes, caminando elegantemente mientras se acercaba a Richard y al muchacho que ahogaba con su abrazo-. ¿Amo Damian? -Llamó dulcemente-.

A Dick no le quedó de otra que soltar al ojiverde, quien levantó su rostro en dirección de la nueva voz que escuchaba.

-¿Abuelito? -Preguntó al reconocer la nueva figura frente a él-.

-¿Cómo está, amo Damian? -Le preguntó extendiendo los brazos-.

-¡Abuelito Alfie! -Gritó enérgico, zafándose de Richard, corriendo hasta Alfred hasta saltarle encima-. ¡¡¡Te extañé!!! ¡Te extañé mucho! -Habló entre aspiraciones sin detener el aturdidor llanto que parecía no tener efecto en el honorable anciano-.

-Por lo que veo, ha tenido un par días algo duros, ¿verdad, joven amo? -Comentó recibiendo al muchacho con un abrazo que terminó cargándolo-.

-¡Me duele mi cabecita, abuelito! ¡Y tengo hambe! -Dijo correspondiendo el abrazo mientras acomodaba su cabeza en el hombro del mayor-.

-Puedo imaginarlo. -Opinó en tanto una de sus manos afianzaba el agarre para no soltar a Damian, mientras la otra tocaba la frente del muchacho-. ¡Dios, tiene fiebre! ¡Creo que es momento de volver a casa! -Anunció dando media vuelta-.

-¡Es-espere, señor Alfred! -Exclamó Jonathan yendo tras ellos-. Yo...

-No se moleste en explicar cosas redundantes, joven Jonathan... -Afirmó Alfred sin dar la cara-. Estoy al tanto de todo lo que ha pasado en estos días. Y le agradezco infinitamente su ayuda, pero a partir de este punto, yo me haré cargo.

-Lo sé, lo siento, pero...

-No hay "peros", joven Jonathan. Que tenga una linda noche. -Se despidió cortantemente, brincando a la cornisa para comenzar a bajar por las escaleras-.

-N-no, déjeme explicarle, por favor... -Pidió el ojiazul, pero fue detenido por Richard, quien le dedicó una mueca desaprobatoria-. Pe-pero...

-Olvídalo, Jon... Alfred está de verdad molesto. No vale la pena discutir. Es mejor si hacemos lo que él dice...

-Pe-pero... Dick, no pasó nada, ¡lo juro! ¡Y estábamos aquí, porque saqué a Damian de la comisaría y...!

-¡¿Qué?! -Exclamó preocupado-. ¡¿Cuál comisaría?!

-Es que... bueno... Damian estaba ahí por alguna razón que desconozco y...

-¡Amo Grayson, ¿se quedará toda la noche allá arriba o piensa acompañarnos?! -Gritó Alfred ya bastante avanzado en su descenso-.

-¡Sí, ya voy! -Respondió el aludido en un estado bastante acelerado-. Escucha, Jon, dejemos este asunto por la paz... Cuando Damian regrese a la normalidad, le diré que te llame...

-Pe...

-¡Sin "peros", ya oíste a Alfred! -Interrumpió el primer petirrojo antes de despedirse con un ademán y tomar el camino de regreso a la calle-.

Jonathan aguardó un par de minutos hasta que ya no escuchó más sus voces. No supo si afligirse por el resultado de su esfuerzo o por el hecho de haber sido regañado. Ni siquiera sabía muy bien cómo habían terminado las cosas así. Suspiró desganado, apretando sus labios para evitar romper en llanto, pero de sólo recordar el lloriqueo de Damian, las ganas se le fueron inmediatamente. Mejor respiró profundo antes de pararse en la cornisa. Estuvo a punto de lanzarse al vacío cuando sintió su teléfono vibrar. Sacó el aparato verificando el remitente.

-¿Mamá? -Se dijo antes de tomar la llamada-. ¿Hola? Sí... ¿Qué? ¿De qué hablas, mamá? No. Acabo de salir. Sí, estaba con Damian, pero... ¡¿Qué?! ¡¿La puerta?! ¡No sé, yo la dejé bien cerrada! ¡¿Cómo que rota?! ¡Sí, mamá! ¡Ya voy...! -Accedió terminando la llamada-. ¡Demonios, ¿y ahora qué?! -Musitó levantando el vuelo, perdiéndose en el cielo, mirando de reojo una última vez el camino que los latidos de Damian habían tomado para alejarse-.

Continúa capítulo 19...

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