Capítulo 8

-Quizás tengas razón pero...- dijo incómoda.

-Sabes que en el fondo la tengo pero bueno, no estoy aquí para darte sermones. Ya eres mayor para decidir que hacer o no, aunque no deberías echar en saco roto el consejo de este viejo- continuó Manuel- En realidad estoy aquí por Blas.

-¿Blas?- preguntó sorprendida.

-Sí, el paciente que mi tío lleva "cuidando" todos estos años- le explicó Raúl.

-Ah sí, alguna vez me lo comentaste. ¿Qué pasó con él?

-Pues resulta que hace unos días se despertó y necesita tu ayuda- habló el mayor.

-¿Mi ayuda? ¿En qué?

-Blas no recuerda nada del accidente que lo dejó en coma, ni de la muerte de sus padres, ni nada en general. Pensé que quizás podrías ayudarlo con ello.

-Manuel me encantaría pero...- dijo dudosa mirando hacia su novio.

-Si vas a rechazarlo por mí, no lo hagas. Yo te apoyaré en todo lo que decidas- dijo indulgente Raúl.

Bueno, indulgente de boca para fuera porque para ser sinceros, estaba ardiendo de la rabia por dentro. Otra característica de Raúl es que era tremendamente celoso. Ese era el motivo de que no dejase a su novia trabajar con otros hombres: tenía celos de todo aquel que pudiera acercársele. Sabía que no era, ni por asomo, lo que aquella chica merecía y tenía mucho miedo a perderla. Nunca lo admitiría, por supuesto, pero en realidad era muy consciente de que cualquiera mejor que él podría ver el verdadero valor de su chica; y de que era cuestión de tiempo de que ella se enterase de como era él en realidad: una persona egoísta donde las hubiera, que siempre buscaba su propio beneficio. Raúl, en el fondo, era la típica persona que Vanessa odiaba: un lobo con piel de cordero. Alguien controlador que disfrazaba sus acciones bajo el lema de "Lo hago por tu bien"

Vanessa era inteligente y solía ver los defectos en las personas a la primera, no os creáis tampoco lo que no es. Su único defecto era su pasado, que hacía que el amor la cegase y bueno, todos sabemos lo que pasa en estos casos...

-Esta bien Manuel, aceptó el trabajo. Me encargaré de que Blas se recupere lo mas pronto posible- afirmo la enfermera.

-Perfecto- aplaudió Manuel- ¿Tienes algo que hacer ahora?

-¿Ahora?- pregunto incrédulo Raúl.

-Pues no la verdad. Justo antes de venir para aquí me estaba despidiendo de mi último paciente de hoy. ¿Porqué?- dijo ella.

-Porque si quieres, podemos ir a ver a Blas hoy, para que te vayas familiarizando con él y con su caso.

-Pero tío, Vane y yo teníamos planes hoy- dijo Raúl tratando de contener su contrariedad.

-Oh! Es cierto- dijo apesadumbrada Vane- Entonces tendremos que posponer la cena Raúl. Me sentiría fatal si faltase a mi deber ético solo por irme a una frívola cena.

-Pe-pe-pero...- dijo Raúl sintiendo, esta vez, que se le caía el mundo encima.

-Vane, ¿Qué te parece si vamos un rato a ver a Blas y te vas con tiempo para arreglarte para la cena? De todas formas, hoy no es necesario que estés allí demasiado tiempo- intervino Manuel a favor de su sobrino.

-Tiene razón mi tío, hoy es como la presentación del instituto. Para que te familiarices con todo nada más, ¿no?

-Bueno, no sé. Por lo pronto, me voy a la clínica y si todo va bien, cuenta conmigo para la cena. Cualquier cosa te aviso- dijo ella levantándose y despidiéndose de él con un beso en la mejilla.

-Pues hasta luego sobrino- se despidió su tío con un apretón de manos.

-Hasta luego tío- dijo aparentando que todo iba bien aunque en realidad no era así. Nada más cerrarse la puerta se dejó caer en su sillón rezando por que todo saliese como el tenía planeado esa noche.

Solo te acuerdas de Santa Bárbara cuando truena le recordó su conciencia.

Oh vamos, cállate. No estoy para tus sermones hoy.


-¿Entra señorita?- dijo Manuel galante abriendo la puerta del coche.

-Por supuesto caballero- contestó sonriendo la aludida.

Manuel cerró la puerta y, después de hacer lo propio con su asiento, encendió el coche para encaminarse hacia el hospital.

-Manuel, cuéntame algo de Blas, por favor- le pidió ella casi llegando a La Paz.

-Pues poco te puedo contar. Llegó con 14 años al hospital, cayó en coma, y despertó hace pocos días. Bueno, y como dato anecdótico, te diré que se convirtió en joven muy guapo. Tiene unos ojos azules que traen loca a mi asistente Mayalen- comento riendo.

-Si no fuese a ser su enfermera y no estuviese saliendo con Raúl, diría que es una pena que nos vayamos a conocer así- río también Vanessa.

-¿Quién sabe no? Igual lo llegas a pensar en algún momento- le guiño el ojo con una sonrisa pícara él.

-No creo, nuestra ética profesional impide cualquier sentimiento ya, de raíz- afirmo la joven segura.

-A todas estas ya hemos llegado. En breves podrás hacer tu propio juicio del chico. Y aunque es muy cierto eso que dices, sólo te recuerdo algo: Nunca digas nunca.

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