Capítulo 4
Sentado en la única camilla de la habitación 204, Manuel intentaba captar la atención de los ojos de Blas hacia su mano. Tras un par de intentos lo consiguió y fue entonces cuando empezó a hablar:
-Blas, voy a intentar que logres comunicarte con el exterior mientras estés así. Para que entiendas un poco tu situación, te diré que tuviste un accidente de coche y te trajeron al hospital. Estás en el Hospital La Paz de Madrid y yo soy el doctor Manuel. Me he encargado de supervisar tu caso desde que llegaste.
Ahora vamos a jugar a un juego ¿vale? Yo te voy a hacer preguntas que se responden con un sí o con un no. Como tienes la garganta aún inflamada me vas a responder parpadeando. Un parpadeo es un NO y dos parpadeos quieren decir SI.
Vamos a probar: ¿Te llamas Blas?
El doctor lanzó la pregunta al aire sin esperar una respuesta concreta. Era sabido que normalmente hacían falta más de dos intentos para que el paciente contestase o que, al menos, lo intentase. Por eso se sorprendió bastante cuando lo vio cerrando los ojos lentamente. En su fuero interno cabía la esperanza de que su recuperación fuese bastante la rápida lo cual, era poco menos que un milagro debido a su estado pero se atenía al refrán:
"La esperanza es lo último que se pierde"
Después de todo, no le había ido tan mal en la vida guiándose por esa máxima.
Un parpadeo conseguido, pero eso significaba una respuesta incorrecta a la pregunta.
El doctor ya se estaba empezando a preocupar, por si Blas tendría algún problema de memoria derivado del traumatismo, cuando vio que los párpados se volvían a cerrar lentamente. Eso demostraba que pese a su falta de capacidad para hablar o comunicarse con el exterior Blas poseía, al menos, algunos de sus recuerdos; lo cual no era poco pues varios pacientes se habían despertado afectados de amnesia, si bien solía ser temporal, pero amnesia al fin y al cabo.
-Bueno, vamos a probar otra vez. ¿Tienes familia?
Blas cerró poco a poco los ojos en un parpadeo y segundos más tarde los volvió a cerrar en el parpadeo que respondía, afirmativamente, a la pregunta.
Esa respuesta le había dolido mucho a Manuel porque significaba, que Blas no sospechaba siquiera que sus padres habían fallecido hacía tantos años. Apesadumbrado, dio por finalizada la conversación con su paciente y tras prometer volver pronto, salió de la habitación tan rápido como sus piernas le permitían.
Se dirigió hacia su oficina porque, en estos momentos, era el único lugar que le proporcionaba una atmósfera adecuada para pensar y tranquilizarse. Por los pasillos evitaba a sus colegas con simples "Hablamos después" o "Tengo que atender un asunto urgente. Después te cuento". Sabia, sin necesidad de confirmación, que si se paraba a hablar con alguien las lágrimas no tardarían en salir y eso, era algo que ni quería ni podía permitirse.
El director de hospital había cambiado pocos meses atrás y si bien el anterior comprendía perfectamente el vínculo del doctor con paciente de la 204, el nuevo era totalmente contrario a las relaciones afectivas entre doctores y pacientes por considerarlo poco ético. Es mas, Manuel estaba seguro de que el director hubiese cambiado a Blas de médico de no haber sido por una ultima voluntad del anterior director antes de dejar el cargo. Por esa misma razón no quería exponerse; se había seguido encargando de el por la excusa de que "Ha sido el encargado de su caso desde que el paciente ingreso y es el que mas detalles conoce de su historial clínico. Si lo cambiamos de medico, eso solo supondría un empeoramiento de su salud". No era todo mentira por supuesto, pero tampoco era del todo verdad. Cualquier médico con más de cinco años de experiencia, y de los cuales había bastantes en el hospital, habría sido capaz de hacerse cargo del caso de Blas; pero ninguno con el cariño con el que lo hacia Manuel.
Quizás con un traslado de paciente, el doctor hubiese vivido mucho mas relajado y con bastantes menos preocupaciones... Pero el galeno estaba acostumbrado a trabajar duro por conseguir sus objetivos: sabia que sentado en su sillón revisando historiales no se salvaban vidas. Y eso era lo que el siempre había querido, salvar vidas. Daba igual lo complicado o estresante que fuese el caso, porque salir bien parado de una situación como esas, traía consigo beneficios tan grandes como la emoción que sintió a ver que Blas volvía a la vida.
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