Capítulo 3
Cinco minutos, como mucho, tardó en llenarse aquella habitación del equipo médico de cuidados intensivos.
Las cuatro de la tarde nunca había sido hora punta en el Hospital La Paz y hoy, no iba a ser una excepción. Es probable que la prontitud de los médicos se debiese a este hecho. Quizás también se podía deber a que el caso de Blas había creado mucho revuelo mediático por ser el primer caso conocido de un coma tan largo; él que mas y él que menos era consciente de la fama que podría traerle él hecho de haber intervenido en la reanimación del paciente aunque solo fuese ayudando a poner una sonda. Cada movimiento o cada intervención eran cruciales para su correcta reanimación y todos eran conscientes de ello.
El doctor Manuel, que seguía con la mano de Blas entre las suyas, estaba intentando calmarlo de alguna manera aunque no sabia si daría algún resultado. Tenia miedo de que al soltarla empezase a convulsionar o que se hiciese daño con alguno de los múltiples aparatos que lo rodeaban.
Sus ojos estaban blanco y parecía como asustado, pero de pronto dejo de mover la mano. Este era el momento que esperaban todos los doctores allí presentes.
En palabras de una de las psicólogas del hospital "Blas podría estar reviviendo el momento del accidente y por eso el nerviosismo y el temblor de la mano". El posterior cese del mismo se debería, en caso de estar haciendo las suposiciones correctas, al shock del choque. En los pacientes recién despertados del coma podría ser normal una reacción así.
Después de ese momento, todo el equipo médico allí reunido decidió que Blas estaba estable dentro de sus posibilidades; poco a poco fueron abandonando la sala pues no tenían ya nada que hacer allí y solo se quedó el doctor Manuel y la enfermera Mayalen.
-Doctor, ¿se encuentra bien?- preguntó la enfermera pasados cinco minutos.
-Si, si Mayalen, estoy bien. No te preocupes- respondió él como una máquina
-La impresión ha sido muy fuerte don Manuel. Todos sabemos el aprecio que tiene por este joven y supongo que no sera fácil asimilar que haya pasado de ser como un vegetal a estar algo mas... Ya sabe...Vivo. Aproveche que su turno ya ha terminado y vaya a su casa a descansar. No le vendrá mal un sueñecito para asimilarlo todo- le aconsejó la enfermera. Llevaba años trabajando para el médico y le tenía mucho cariño
Un "Tienes razón Maya" se oyó en la habitación seguido de un suspiro. Poco después el doctor se levantó y, tras darle un apretón cariñoso en el hombro a la enfermera, salió de la habitación 204 en dirección a su oficina.
Días después, al llegar a la habitación 204 aun seguía sin creérselo. O al menos no del todo. No era fácil aceptar y asimilar que Blas ahora estaba de nuevo en esta vida. Se tendría que adaptar a diez años de cambios y adelantos en la vida cotidiana; sin duda seria una tarea complicada su adaptación...
-¡Buenos días Blas!- dijo el médico al entrar en la habitación. Sabía que Blas no podría responderle, pero también sabía que le haría bien el hecho de lo tratasen como si no estuviese en coma. De hecho, eso le ayudaría a recuperarse antes.
-¿Como están las constantes, doctor?- pregunto a su compañero de profesión
-Las constantes están correctas. De hecho, todo su organismo evoluciona favorablemente. Lo único que falta para su total recuperación es que sea capaz de recuperar el habla. Pero tiempo al tiempo.
Justo en ese momento se oyó un ruido en la habitación. Era como una especie de sonido gutural que no provenía de las máquinas precisamente. Ambos doctores tenían fuertes motivos para sospechar que el ruido lo había provocado su polémico paciente; sospechas que se vieron confirmadas cuando al acercarse a la camilla, el ruido se volvió a repetir algo mas nítido. No cabía duda, las cuerdas vocales de Blas estaban más recuperadas y al menos podía emitir sonidos.
Era algo así como un niño que va a clases de musica por primera vez: es capaz de tocar sonidos y notas distintas, pero no es capaz de entonar una melodía.
Los doctores estaban felices pues, aparte de esperar una recuperación mucho mas lenta, sabían que cualquier detalle era un indicio de mejoría. Sin mencionar el detalle de que en el caso de Blas, todo lo que ocurriese podía significar una mejoría en su organismo; no podía ir a peor pues estaba en el estado mas precario de un paciente comatoso.
Manuel, vamos a llamarlo así porque en esta historia no hacen falta demasiadas formalidades, quiso controlar la evolución del que ya consideraba su hijo adoptivo probando un método de comunicación.
Quizás era muy pronto para eso pero si había despertado del coma, ¿quien le podía asegurar que no podría comunicarse a través de parpadeos?
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