Capítulo 11
Tres tonos después de la segunda llamada, Vanessa escuchó la agitada voz de su novio.
-Vane?
-Raúl, por fin contestas- hablo ella- ¿Estás bien? ¿Te noto cansado?
-No, no te preocupes cielo. Estaba solucionando un pequeño problemilla- dijo mirando a la mujer semi-desnuda que lo miraba con cara de ofendida encima de su escritorio.
Y antes de que empecéis con las ganas de linchar a Raúl por engañar a Vane, la narradora, osea yo, voy a romper una lanza a favor del pobre.
En realidad él no estaba engañando a nadie. Por primera vez lo de "Esto no es lo que parece", es totalmente cierto.
Naomy, la secretaria de Fallen Angels, llevaba varios años enamorada de su jefe pero él nunca le había hecho caso. Cansada de su situación sentimental, o de su falta de ella mejor dicho, decidió de una vez por todas lanzarse a por su amor platónico. Se dirigió hacia la oficina de Raúl y allí uso todas las armas de mujer que tenía a su alcance. La estrategia no le salio demasiado bien pues el cansancio que tenia Raúl cuando contesto su móvil, se debía a los minutos que llevaba intentando quitársela de encima.
Ahora, después de este pequeño inciso y de que todo este claro, me dispongo a continuar con la historia que nos atañe. ¡¡Arrivederci!!
-Te pille en mal momento?- pregunto ella sabiendo lo apretada que estaba la agenda de su novio
-No, no te preocupes. Para ti siempre tengo tiempo, ¿qué necesitas?
-Era para comentarte que tu tío Manuel me pidió, si podíamos trasladar a Blas a una habitación en la clínica porque, probablemente, el Hospital reclame la habitación en breves
-Vane...
-Ya lo tengo todo pensado Raúl. Podemos ubicarlo en la habitación 104, que queda cerca de mi oficina. Así puedo vigilarlo y estar más pendiente de él. Además, esa habitación lleva mucho tiempo libre y encaja perfectamente en el área de pacientes comatosos...- hablo emocionada Vanessa
A Raúl, para que negarlo, la mitad del discurso de su novia le pareció un bla, bla, bla constante pero la escucho tan ilusionada que no dijo nada y escucho pacientemente.
-Y bueno, ¿que dices?- hablo ella
-Bueno, puede ser una opción viable- dijo el escogiendo muy bien las palabras para que no se notase que apenas la había escuchado.
-¿Eso es un si?- dijo ella cual niña pequeña
-Esta bien. Dispón todo según el criterio que me acabas de comentar. Estoy seguro de que estará bien- contesto el
-Perfecto, gracias amor
-Nada mi vida. ¿Te tengo que dejar vale? Necesito resolver algo. Después hablamos. Te quiero- finalizo así la llamada Raúl.
-Yo también te quiero
Fue lo último que escucho por parte de Vanessa antes de centrarse en el problema que aun "tenía entre manos".
-Naomy, por favor, acaba de vestirte y sal de mi oficina
-Raúl por favor, entiende que yo te quiero- dijo la secretaria
-Lo se, hace mucho que lo sé. Pero siempre evite mencionar el tema porque nunca podre corresponder esos sentimientos. La única dueña de mi corazón es Vanessa, y siempre sera así. Así que evítate, y evítame, un bochorno mayor y vete de aquí. Y por si lo dudas, no, no estás despedida. Pero con la única condición de que esto no se vuelva a repetir.
-Vamos Raúl, ambos sabemos que no eres lo que Vanessa se merece. No le llegas ni a la suela de los zapatos- hablo ella con rencor.
-Puede ser, pero la quiero, y mientras ella me quiera a mi, seguiré a su lado- afirmó el.
-Pues entonces, disfruta de los pocos momentos que te puedan quedar a su lado, porque serán muy pocos. Esa relación se auto-condenó al fracaso en el mismo momento que inició- hablo Naomy cual gitana lanzando una maldición
-¿Me estás amenazando?
-No querido, no es una amenaza. No necesito molestarme en hacer nada para que tu relación deje de funcionar. De eso, se va a encargar el destino.
-LÁRGATE DE MI OFICINA YA!- gritó Raúl.
Naomy salió con una sonrisa triunfal de la oficina de su jefe. Sabía que no había conseguido mas que enfadarlo y ese sentimiento, en el fondo, conseguía minimizar el dolor que le había provocado su rechazo.
Como siempre se dice, Del amor al odio, solo hay un paso y el caso de Naomy era el máximo exponente de ello.
En estos momentos, no se sentía demasiado mal. Estaba dolida, obviamente, pero en ella predominaba otro tipo de sentimiento. Se sentía mas bien como si hubiese traspasado la línea divisoria y se encontrase en la zona del odio.
Ahora su principal objetivo no era conquistar a Raúl: tenía que demostrarle a Vanessa que él no estaba a su altura y que se merecía a alguien mejor.
Cuando eso sucediese, ella dejaría a Raúl; serían entonces cuando el se daría cuenta de que ella era su mejor opción.
Era un plan enrevesado y algo complicado, pero nadie dijo que la vida fuera fácil. Aun así, ella estaba segura de que el "premio" valdría la pena tanto esfuerzo.
Lo que nuestra querida amiga secretaria no sabía, era que su plan se iba a facilitar mucho gracias al papel de una servidora.
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