Capítulo 1
-Doctor, el paciente de la 204 parece dar señales de consciencia!- dijo la enfermera alterada en cuanto llego al despacho de su jefe.
-Revisa bien sus constantes vitales Mayalen, por favor- dijo el doctor a su subordinada sin levantar la vista de los papeles que estaba ojeando.
-Se lo prometo doctor, las he revisado hasta tres veces y todas dan el mismo resultado. El paciente parece estar despertando!
-Está bien. Iré a echar un vistazo- respondió desganado el mayor. Pero pese a su poco entusiasmo posó los documentos encima del escritorio y se encaminó hacia la famosa habitación 204 seguido de la enfermera Mayalen. Habían sido muchas las veces que habían acudido a su despacho, diciéndole lo mismo las distintas enfermeras que en su área del hospital habían trabajado, quizás mas de las que él mismo podría recordar, y el resultado siempre era el mismo: el paciente seguía en estado de coma, exactamente igual que cuando había sido ingresado años atrás. Quizás por esto su falta de entusiasmo era justificada.
Que mas hubiera querido él que el pobre muchacho que yacía en esa cama desde hacia casi diez años se despertase! Pero con el tiempo había ido perdiendo la esperanza.
El doctor había llegado al Hospital de La Paz hacía quince años, por lo que conocía el caso de primera mano.
Recién licenciado, había empezado a trabajar con la ilusión y el tesón que caracterizaban a cualquier muchacho a su edad; y lo había conseguido. En apenas unos años el doctor Manuel Fernández de Seárez había pasado de ser un novato a su actual puesto desde entonces, jefe de área, tras pasar por el cargo de supervisor. Cualquiera que hubiese pasado por su consulta podía afirmar que era un hombre que amaba su profesión, una persona que había seguido su vocación y que se había entregado a ella en cuerpo y alma.
Eso no le había impedido casarse o formar una familia, ni mucho menos: el doctor se había casado con una enfermera que trabajaba en el mismo hospital y juntos habían tenido un matrimonio feliz, aunque desafortunadamente sin herederos, a pesar de los múltiples intentos que llevaron a cabo para lograrlo.
Blas Cantó había llegado al hospital pocos años después de que el matrimonio del doctor Fernández se hubiese llevado a cabo.
Un día, por la puerta del área de Urgencias habían entrado tres camillas en estado muy grave. Dos de ellas llevaban el cuerpo de dos adultos que, tras un fatídico accidente de coche, perdieron la vida sin que nadie pudiese hacer demasiado por intentar salvársela.
Y todo por no ponerse el cinturón de seguridad! Probablemente ese sería uno de los grandes misterios que el doctor nunca conseguiría resolver puesto que para él, era una rutina al entrar en su coche, el asegurarse de que el cinturón de seguridad estaba en posición de cumplir con su función, en caso de llegar a necesitarlo.
La otra camilla portaba un cuerpo algo más pequeño que los anteriores: el del hijo de la pareja. De los tres heridos, era sin duda el mas grave pues el vehículo había colisionado con la parte trasera donde iba el menor, ocasionando que sufriese él el mayor de los daños.
Ironías del destino, el único superviviente de la tragedia había sido el único al que ningún miembro del equipo médico le daba más de dos días de vida, debido a la gravedad de sus heridas.
"Había sobrevivido sí, pero que alto precio estaba pagando por ello..." pensó el doctor para si.
Cada vez que recorría los pasillos que conducían a aquella habitación no podía evitar que ese pensamiento le rondase la mente; al igual que tampoco podía evitar recordar que era lo que había hecho que llegaran a esos extremos.
El pequeño de los Cantó había caído en un coma hacia diez años y no había dado señales de consciencia en los últimos siete. Al principio, todos los médicos que conocían su caso mantenían la esperanza de que aquel chiquillo despertase, pero poco a poco esa esperanza se fue desvaneciendo al igual que lo hacían las pocas señales de consciencia del chico.
En el quinto aniversario del coma de Blas, la mujer del doctor falleció de un tumor maligno; no sin antes hacerle prometer a su marido que cuidaría del paciente de la 204 y que se encargaría de que no lo desconectasen del respiradero artificial que lo mantenía con vida.
Ambos habían vivido el suceso de primera mano pues habían sido los encargados de cuidar al muchacho. Poco a poco se habían encariñado con aquel pobre huérfano que probablemente no tenía mas familia en el mundo que ellos. La esposa del doctor Manuel, Laura, se había encariñado mas de lo que la ética de su trabajo le permitía y de ahí la promesa que le hizo mantener a su marido antes de partir hacia el mas allá.
Lamentablemente, esta era la historia que unía al doctor con este paciente tan especial y le era imposible no recordarla entre aquellos pasillos que tantas veces había recorrido junto a su esposa.
Casi sin darse cuenta había llegado a la habitación 204 y expulsando un aliento que no sabía que tenía guardado se dispuso a entrar en la habitación.
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Holaaa! Aquí me tenéis de nuevo con otra nueva historia. Por los comentarios que he leído en el prólogo me parece que os va a gustar así que aquí os dejó el primer capítulo de Amnesia.
Y por favor, no olvidéis darle a la estrellita y comentad. Vuestras opiniones son súper importantes para mí.
Att:Vane🌠
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