Capítulo 20


Power - Little mix. One hour.

El tiempo siempre será nuestro peor enemigo, ejemplo de eso es que ahora ya estoy lista para retomar la cena que tenía pendiente con Oleg, dijo que pasaría por mí, pero me negué rotundamente, puedo hacerlo por si sola.

—Buenas noches. —saluda al verme —Luce usted increíble Dra. Carvajal.

Se ve malditamente caliente, lleva unos jeans ajustados y un polo blanco, junto a esas botas negras que me encantan y en su hombro una chaqueta de cuero.

Tengo al Ruso para mí solita esta noche. Exquisito.

—Usted no se queda atrás Sr. Bogdánov.

Me invita a seguir y un mesero nos indica donde está nuestra mesa. Nos sentamos apartados del bullicio.

—¿Cómo te sientes? —cuestiona. Quiero pensar que tiene interés, pero su rostro no dice nada.

—Ya no tengo dolor y el hematoma ha bajado de color gracias al medicamento. —Evito decir que ayer encontré la sala destrozada y una Zule estérica.

Lo arregle por lo que no veo necesario mencionarlo, si por otro lado se entera no lo negare, pero no quiero arruinar está cena.

—Bien. —Es lo único que dice.

Por unos segundos nos quedamos en silencio, solo observándonos como si pudiéramos leer al otro. Tengo muchas cosas que decirle, aún más que preguntar porque me estoy cansando de ignorar lo evidente.

—¿No eres médico cierto? —Lo he pensado durante mucho tiempo y hay muchas dudas sobre eso.

Prometí que no iba a indagar lo que no me importa, pero es para confirma algunos cabos sueltos que me han dejado intrigada. Mi pregunta no parece tomarlo por sorpresa.

—No. —acepta. —Pero eso no tiene nadie porque saberlo.

Y con esas palabras confirma mis sospechas, pero no puedo pasar por alto las advertencias entre líneas que me dicen que no lo puedo divulgar.

—Estas consiente que es una de las pocas veces que tenemos una conversación normal. —Cambio tema.

—¿Quieres que te quite las bragas y te folle como te gusta? Por mí no hay problema. Aunque no me gustaría que vean lo que me como, no, si no lo permito.

No, si no lo permito. Anotado para preguntar después,

—No quise decir eso. —aclaro divertida.

—Bueno, ya que no podemos tener una conversación normal como tú le dices, iré al grano con lo que en realidad interesa.

—¿O sea que yo no te intereso? —finjo indignación.

—Veo que estás entera y sin ningún nuevo rasguño, así que deduzco que estás bien. — Ruedo los ojos.

Que graciosito me saliste, bestia.

—Puedo estar mal y no lo notarías si solo lo físico es lo que te importa. —Su mirada se endurece al captar el doble sentido de mis palabras.

—Lo que me atrae a ti no es solo la belleza física, Alessia.

—¿Y qué es? —inquiero.

—No lo entenderías. —No me deja replicar. —Que te dijo Daniel. —Me remuevo incomoda.

Es claro que no quiero hablar de eso, si le digo me cuestionara, sé que jamás me haría cambiar de opinión, pero eso no significa que quiera un ambiente tenso antes de que traigan la carta.

—Lo resumiré en que en una semana me voy. —informo.

No son las mejores palabras para abordar el tema, pero si él va al grano no tengo problema en pincharlo.

—¿Cómo que te vas? ¿A dónde? —pregunta incrédulo.

Ahí esta esa expresión de molestia que no quería ver, esto podría arruinar lo que tengo planeado para esta noche.

¡Yo quiero follar!

—No creo que deba repetirlo, Oleg. —respondo.

Su piel blanca no tarda en tornarse rojo.

—¿Por qué no me lo habías dicho?

—Lo estoy haciendo ahora.

—Alessia. —advierte

—Cálmate, no seas un paranoico. —ruedo los ojos. —Solo iré un mes, luego volveré. —me acomodo en mi asiento. —Quiero respirar nuevos aires. —le resto importancia.

—¿No te alcanza el que te rodea?

—Sabes a lo que me refiero.

—No quiero que vayas. —ordena.

Odio cuando llegamos a la parte de chocar con nuestro carácter, porque ni él dejara de insistir ni yo me doblegaré.

—No te estoy pidiendo permiso. —Trato de mantenerme cuerda. —Solo te lo informo, la decisión ya está tomada.

—Alessia. —vuelve a advertir.

—Deberías de estar orgulloso de que la vida me esté abriendo las puertas para nuevas oportunidades. —arruga las cejas.

Cálmate Alessia, no lo arruines.

—Por favor Alessia, no seas hipócrita. —Sentencia. —A ti lo que te sobran son oportunidades. Se clara y dime si el motivo por el que te vas es porque no puedes con el peso de la situación. —me tenso.

Cuidado bestia, estás en terreno minado.

—Pues esta situación como tú le dices, me ha traído muchos problemas. —Sus ojos brillan de ira. —Pero no es por eso que acepté el trabajo. —miento.

Una parte sí, pero no por lo que él cree.

—Esto te sobre pasa, ¿Cierto? —Se inclina. —La gran Alessia Carvajal, ¿Ahora huye? —Sonrío con ironía.

—Te estás metiendo en aguas profundas sin saber que te puedo hundir, cuando te jale con mis mentiras y no te deje subir a la superficie con las suyas

—¿Una advertencia? —niego, es un hecho. —No actúes por impulso, piensa las cosas antes de tomar una decisión.

—Ya te dije mis motivos. —Me encojo de hombros. —No hay otra razón, así que dejemos el tema y sigamos con esta cena. —Veo la mesa. —¿Ya ordenamos?

—No soy ingenuo. —No lo dejara.

—¡Ya basta con esto Oleg! Sé muy bien lo que estoy haciendo. —niega. —Confía en mí Oleg.

—Eso fue lo que yo te dije. —Muerdo mi labio. —Que confiaras en mí, pero eres una insegura y tienes miedo que no pueda protegerte.

—No es tu obligación, son mis problemas, deja que me encargue de ellos. —tensa la mandíbula.

No sigas.

—Son mis problemas y lo sabes.

—¿Qué me estas queriendo decir?

—Nada que no sepas.

Analizo sus palabras.

Hijo de puta.

—De igual manera iré, es una oportunidad que no voy a desaprovechar. —alzo el mentón. —El ascenso es lo que más me importa y no me voy a cohibir a la hora de tomar mis decisiones.

>>No me voy por lo que sea que estés imaginando. Sé muy bien lo que hago y me parece un insulto que dudes de mis capacidades.

—No dudo de ella, simplemente, sé que no son las mejores.

—¡No te metas! Puedo...

—Madura y dale la cara a los problemas, porque si actúas como una cobarde conmigo no cuentas. —me enderezo.

—No te necesito. —aseguro.

Mentir viéndolo a los ojos es de lo más exquisito, sin embargo, el peso de sus palabras es como dagas clavándose en lo más profundo. Si actúas como una cobarde conmigo no cuentas, no soy cobarde, de eso estoy segura.

Interpretar sus palabras se vuelve un desafío y el que me mire con soberbia e indiferencia no me ayuda.

Un carraspeo es el culpable de romper nuestra guerra de miradas.

—¿Interrumpimos algo? —La realidad me golpea de la manera más cruel al tener la presencia de dos personas que no me esperaba ver en un lapso tan corto de tiempo.

Uno me mira sin ninguna expresión mientras la otra persona me taladra con la mirada.

—¿Podemos sentarnos? —Una frialdad no característica en ella es presente.

No señora, no ve que estamos conversando.

—Sí. —indico serena.

Tengo que calmar mis demonios, esta conversación no ha terminado porque me niego a irme sin antes aclarar las cosas con Oleg.

—No sabía que los encontraríamos aquí. —nos ve de reojo. —Y juntos. —recalca lo evidente.

—No hay nada de qué sorprenderse Yuri. —responde Oleg.

Por su expresión estoy segura que no está a gusto con la presencia de Raisa y Yuri.

—Me da gusto que estén aquí. —comento. —Aunque me hubiera gustado que me lo dijera con anticipación para llevar a cabo los planes que teníamos pendiente. —miento.

—Y también para no encontrarla en tan desagradable situación. —arrugo las cejas.

Raisa me mira con soberbia y es ahí que entiendo de que va esto.

Haga fila para sus protestas señora, de igual manera se quedará en espera.

Le sonrío evitando hacer una escena. Ya viví mucho drama y lo que quería era una cena tranquila con el Ruso follón

—Ostanavlivat'sya —interviene Oleg.

—Ahora entiendo tu falta de interés con Young Min. —lo ignora.

El nombre de la prometida me causa gracia al saber que me como al novio.

—No es el momento Raisa. —reitera.

Disimulo mi sonrisa al ver que Oleg trata de asesinarla con la mirada.

— Claro que sí, ¿Sabías que Oleg está comprometido? —Ahora se dirige a mí.

¿Qué le pasa a las personas? no somos ni la primera ni la última pareja de amantes, la diferencia es que yo no busco quitar el lugar de nadie y él no es un niño que no sabe lo que hace.

Tenemos sexo, nos gusta el sexo, disfrutamos el sexo, tenemos una química increíble en el sexo, y no vamos a dejar de practicar sexo hasta que estemos satisfechos.

—Si. —afirmo.

Llevo la copa de vino a mis labios. Un poco de alcohol en estos momento no es una buena combinación.

—Ya veo.

La situación cada vez se vuelve más incómoda para todos, pero parece que a Raisa no le importa ser la causante.

Nos traen la comida y comemos en un silencio sepulcral en el que trato de comunicarme con la mirada con Oleg. Él se limita a comer como si quisiera asesinar su comida.

Debo admitir que disfruto que cada palabra que sale de boca de Raisa para tratar de ofenderme, es motivo para que el ruso se moleste.

—¿Sabías que la prometida de Oleg trabaja para OFR? —Sonrío.

Gracias por darme más información.

Pero ahora la pregunta es, ¿Qué es OFR?

—¡Raisa! —Yuri la reprende. —No puedes ir diciendo eso como si fuera normal.

¿No es normal? Que es lo que siguen escondiendo, familia Bogdánov.

—No le veo el problema. —Lleva su vaso de vodka a los labios dando un sorbo. —Veo que se lleva bien con Oleg, que ella sepa del magnífico trabajo de Young Min no me parece peligroso.

Se necesita más para hacerme sentir mal, yo si la puedo hacer sentir como la mierda y no lo hago.

—No dudo que sea buena en lo que hace. —acepto.

Sus ojos casi idénticos a los de Oleg me taladran.

Creo que ella es la más se asemeja al tono de Oleg, solo que en el Ruso es sexy.

—No, no lo sabes. —Su prepotencia me da risa.

Quería mantener un perfil bajo, pero sé que puedo sacar algo bueno de esta conversación.

—¿A qué quiere llegar Raisa? —Yuri la intenta callar mientras Oleg hace puños sobre la mesa.

—Sra. Bogdánov para ti muchachita.

¡Muchachita su abuela!

—¡Ya basta Raisa! —Oleg alza la voz haciendo que todos los comensales nos pongan atención.

—No. —le dice y luego me mira. —Quiero que te alejes de mi hijo porque tu solo eres una distracción y es lo menos que necesita Oleg en estos momentos.

—Ajá. —la ignoro y veo como su rostro se pone rojo.

—No eres nadie y nunca lo serás, porque eres una maldita trepadora que solo obtendrá migajas. —alzo una ceja. —Yo misma me encargare de te despidan.

—Quiero verla intentándolo. —la reto.

Yuri le susurra algo y ella niega.

—No me conoces y no sabes de lo que soy capaz.

Creo que sé demasiado.

—¿Usar sus influencias a su conveniencia? —bufo. —Usted no quiere saber de lo que yo puedo ser capaz así que es mejor que guarde silencio si no quiere que su teatro se caiga.

>> ¿Cree que no me di cuenta que fue parte de un experimento? Sé que se esconde y desde el día de la operación su nombre aparece con la descripción de fallecida por un derrame.

Veo como el color desaparece de su rostro al igual que Yuri, ven a Oleg y yo hago lo mismo, pero su rostro no demuestra sorpresa y es obvio.

Él sabía que yo lo sabía.

Y es esta conversación es la que teníamos pendiente, sobre las mentiras que crearon por precaución.

—No sé de que estás hablando. —nada logrará con negarlo.

—Estoy segura que esa información vale millones. —no miento. —Pero, ¿Sabe por qué llevo más de un mes callándolo? —Me ve a la espera de que continúe. —Porque es cosa de ustedes como familia y divulgarlo no es algo que me satisface.

—Trepadora de mierda. —Sigue con los insultos. —Eso es lo que eres.

—Raisa es suficiente. —Vuelve a intervenir Oleg lo veo de reojo y sé que en cualquier momento va a explotar.

—Tú y yo hablaremos luego. —Raisa se para quedando frente a él. —Mientras tanto que le quede claro a esta. —Me señala. —Que tú eres un hombre comprometido y que te tiene que respetar.

Solo observo como los gritos de ambos se hacen más fuerte. Yuri los trata de parar y hasta unos meseros se acercan, pero es imposible lograr que las bestias paren.

—No me extrañaría que esta donde está por revolcarse con todo el que se cruza por sus narices y le beneficie. —Oleg y yo nos tensamos.

Esto es suficiente.

—No le permito que se dirija a mí de esa forma. —me estoy cansando de esto, quiero irme de aquí y se lo hago saber a Oleg.

—Eres una descarada. —Se me viene encima y si no es por Yuri me hubiera golpeado. —Te abrí las puertas de mi casa y así me pagas.

Salve su vida, ridícula.

—Vámonos. —Oleg me toma del brazo, pero me le zafo. —No digas algo de lo que te vas arrepentir. —Se dirige a su madre.

—¿Ahora me amenazas? —se indigna y yo sonrío a mis adentros viendo que desde hace mucho Oleg tomó su bando, pero me alegro que se lo esté confirmando.

Más claro no puede ser.

—Creo que es mejor que nos vayamos, ya pague todo. —informa Yuri llegando a la mesa. No me di cuenta en qué momento se había ausentado.

Oleg lo ignora para continuar con la discusión.

—Tómalo como quieras. Pero a Alessia la respetas. —Sentencia.

—Es increíble hasta donde eres capaz de llegar con tal de defender a esta. —me señala.

—¡Raisa! —Escucho como siguen discutiendo, pero no me quedaré a escuchar como lanzan más su veneno.

—¡Alessia, detente! —grita Oleg a mí espalda, pero no me detengo.

—¡Déjala! —Ya afuera del restaurante me dispongo a esperar un taxi mientras Raisa viene atrás de nosotros. —¡Que se dé cuenta que solo es una aparecida que tiene la suerte de pasar por tu cama!

Me volteo viendo el escenario de una absurda discusión entre madre e hijo.

>>¡Eres solo una más a la que Oleg le baja el cielo y las estrellas con tal de unos polvos! —Se acerca. —Una más a la que dejará cuando se canse de ti.

—Se equivoca Sra. Bogdánov. —La encaro. —Lo único que su hijo me ha bajado son las bragas y no se imagina cuánto lo he disfrutado.

Su poca cordura se va al caño cuando término de hablar. Se viene contra mi y en nanosegundos la tengo en frente a mi cuando me doy cuenta está con la mano alzada para abofetearme.

Un golpe que nunca llega.

Oleg apresa su muñeca ejerciendo demasiada fuerza, lo deduzco por la cara de dolor que hace ella.

—¡Te pedí que pararas! —Su voz muestra el enojo. —Te lo advertí Raisa. Cuando yo ordeno tú callas y obedeces.

—Soy tu madre.

—Sabes que no. —Alega. —Te dije que pararas y me desobedeciste siguiendo ultrajando a la mujer que tienes al lado. —La suelta. —Lo continuaste haciendo cuando te atreviste a levantar tu mano, ¡Dos veces!

—No estás siendo coherente.

—Cuando pida tu opinión hablas. —Sus pupilas se han dilatado. —¡Mientras no Raisa!

No tengo miedo que me guste Oleg en esta faceta que no conocía, sin embargo, mis planes se arruinaron hace mucho y aunque me muero de ganas por seguir escuchando no lo hago, escuche lo suficiente y estoy satisfecha con el resultado.

Idiota todo aquel que se atreva a amenazarme, siempre estaré para devolver el golpe sin importar como o cuanto tarde.

Me doy la vuelta dispuesta a irme, pero me toman del brazo, no me dan tiempo de protestar cuando ya me están jalando hasta un auto subiéndome al asiento del copiloto.

—Eso fue intenso. —Comenta el único Ruso que considero cuerdo.

—Ni que lo digas. —Empieza a conducir.

—¿Te apetece tomar una copa? —sonrío por inercia.

—Tu abuela y tu tío están destilando hiel por una conversación absurda que incluye a la mujer que tienes al lado. —recalco. —Y tú, ¿Quieres ir por una copa?

—¿Eso es un no? —cuestiona confundido.

—Por el amor de Dios Yuri. —Llevo las manos a mi cabeza. —No ves la gravedad de las cosas.

Trato de sonar como si me afectara, si lo hace, pero no como le hago creer.

—No es nada de qué preocuparse. —Comenta restándole importancia

—¿Cómo que no es preocupante? —Volteo viendo su perfil definido.

—Oleg es complicado. —Se detiene en un semáforo y me observa. —Todo le importa una mierda y el que le haya alzado la voz de esa forma a Raisa no es normal, pero tampoco inesperado.

—¿Me estas queriendo decir que Oleg tiene problemas de ira?

—No exactamente. —No sé sus antecedentes, pero el comportamiento de hoy me dejo más en que pensar.

—Entonces explícate porque no te estoy entendiendo.

—No soy el indicado para hablar de eso.

—¿Sabes lo ridículo que suena eso?

—Si.

No hablamos más del tema. Me concentro en la carretera viendo las calles pasar. Llegamos a la avenida de los bares y Yuri se detiene frente a uno azul con una gran azotea y letras grandes fluorescentes.

Al entrar se siente el cambio de ambiente a uno más cálido por el calor de las personas, subimos a la segunda planta que está un poco más solo.

Me acerco a la baranda visualizando la calle con un sin fin de bares con distintas temáticas.

—¿Qué quieres de tomar? —Doy un respingo al sentir a Yuri detrás de mí.

—Lo que tu tomes está bien. —Se marcha dejándome nuevamente con mis pensamientos que para nada son los más sanos. —¿Algo que me quieras contar? —Me da una bebida azul cuando regresa.

—Si piensas que me voy a cortar las venas lamentando que la madre de mi amante me odie estás equivocado.

—Al parecer tienes las cosas muy claras. —asiento.

—Mejor que nadie, créeme.

—¿Y cómo te sientes al respecto? —me volteo para estar frente a él, estoy segura de que me está analizando, es lo que hacen todos los que saben de esta relación.

—Bien. —arruga las cejas. —¿Debería sentirme mal?

—Ehhh. —lo piensa. —¿Si? o sea no me lo tomes a mal, pero nunca había visto a una... amante resignada. —evito reírme. —Eres rara y eso por alguna forma está bien, Oleg es complejo, ¿Por qué no es de hace poco lo suyo verdad? acabas de decir que son amantes y la conversación que estaban teniendo lo confirma.

Lo veo por unos instantes, su parecido con Oleg es mucho, los rasgos te dan a entender que podrían ser hermanos, pero al conocer a Carsten Bogdánov te das cuenta que sin duda, se parece aún más a él.

—Explicarlo es cansado y aburrido. —arrugo las cejas. —Estoy cansada de intentarlo porque al final nadie lo entenderá y estoy bien con eso, no me interesa lo que piensen de mí, me da igual lo que tú estés pensando en estos momentos.

>>Sé que está mal, inmoral y quizá hasta poco ético, pero no me importa, créeme que si en algún momento algo no me gusta o no me siento bien no dudare en terminar con esta retorcida relación, sin embargo, no dejare que nadie se meta en ella si no es invitado a opinar.

Y nunca nadie lo será.

—Eso es... —se rasca el cuello. —Interesante y sé que no te importa, pero quiero aclarar que no me importa ni me interesa hablar de su retorcida relación. —imita mis palabras. Asiento satisfecha dando por concluida esta conversación.

La inmoral me dicen.

Le voy un sorbo a mi bebida, pero no puedo evitar toser cuando el líquido quema al pasar por mi garganta.

—¿Qué diablos me diste? —Se ríe por mi reacción.

—Se llama pasión oculta.

—Pues que me traigan otro porque ese cabrón no me va arruinar la noche. —Frunce las cejas confundido.

—¿Hablas de Oleg?

—El mismo. —Me termino el contenido haciendo la peor cara. —Yo tenía planes, planes que ahora tendré que hacer sola.

—¿Qué clase de planes? —Sonrío mientras sigo bebiendo. —No me digas, ya lo imagino. No creo que sea prudente que sigas tomando.

—Se controlarme. —Miento. —Además, ¿Qué es lo peor que puede pasar?

Trato de ignorar todo lo malo que puede pasar, en estos momentos es lo último que me importa, ¿Cuánto tiempo le tomara a Oleg dar con mi paradero?

Con pocas palabras se dijo la conversación que llevábamos tiempo posponiendo. Descubrí muchas cosas de las cuales mencioné en la cena y si Oleg no dijo nada es porque era consciente de mi conocimiento.

—Ya me arrepentí de traerte. —no digo nada. —Solo... no hagas alguna estupidez.

***

Tres horas después.

—Me compre ropa interior bonita. —Le doy otro sorbo a pasión oculta. —Hilo, delgado, muy delgado.

Cierro los ojos imaginando lo sexi que me veo en el, son unas vistas increíbles que quería compartir.

—Alessia, tenemos que irnos ya. —Yuri intenta levantarme del sillón en el que hace unos minutos me trajeron luego de marearme al dirigirme a la barra.

Recuerdo que eran fuertes los dos hombres que me tomaron, de hecho quise besar a uno.

Mis palabras y cordura ya no son claras.

—No me voy a ir. —sentencio. —¿Sabes? deje velas aromáticas cerca para cuando llegáramos.

—Pues vamos y las enciendes para que descanses. —niego.

—Yo no las compre para dormir. —aclaro molesta. —Yo las compre porque quería follar con mi hombre.

No sé si es mi nivel de embriaguez o sus mejillas se sonrojaron.

—Baja la voz. —Callo viéndolo de arriba abajo.

—O podría follar contigo. —propongo sin descaro. —Digo, eres Ruso, alto, rubio, tus ojos son bonitos, no hay mucha diferencia, ¿cierto? —Me encojo de hombros y llevo el vaso a mis labios.

Me desilusiono al solo sentir el hielo

—Calla Alessia, ¿Quieres que Oleg me pegue un tiro?

—Para que no te sientas mal estaré pensando en él mientras te follo.

—¡Alessia! —Me río sintiendo la pesadez de mi cuerpo.

—Deja de moverte que me estás mareando. —Llevo mi mano a mi cabeza.

—Pero si estoy sentado. —aclara. Intento tocar su entrepierna, pero se para de inmediato. —Es suficiente nos vamos.

No me da tiempo de protestar cuando ya estoy en una posición que hace que todo me de vueltas, lo único bueno es la vista de su trasero.

—Quiero vomitar.

—Pues te aguantas.

—¿Cómo le dices a una borracha que evite vomitar y más en la posición que estoy?

—Eso lo debiste pensar antes Alessia. —Me baja. —O quieres que te diga distinguida Dra. Carvajal.

—No lo digas. —Me subo al auto. —Me siento como la peor escoria del mundo, ¿Sabes cuantas reglas estoy incumpliendo por el mero hecho de estar pensando en un hombre?

Pone el auto en marcha y este se sumerge en un silencio no incomodo.

—¿Ya pasaste la etapa de loca despechada? —inquiere estacionando el auto frente al edificio. —Ahora estás en la etapa nostálgica despechada.

Me ayuda a bajar y me siento idiota al no poder caminar por si sola.

—Estoy en la etapa de negación y arrepentimiento.

Pasar por donde el portero es otro caso que estoy segura mañana me avergonzare.

Si es que me acuerdo.

—¿Negación porque sabes que Oleg nunca estará por completo para ti y arrepentimiento por todo lo que han hecho? —Lo veo incrédula.

—¡Claro que no idiota! a Oleg no lo quiero por completo, que fastidio. —Me quito los zapatos al llegar a mi apartamento. —Y estaría loca si me arrepiento de tener esa polla solo para mí.

—¡Alessia! —Me deja caer en mi cama y no puedo evitar reírme como una maniática.

—Tu preguntaste. —Me defiendo. —Ya me trajiste ahora vete que tengo que hacer cosas y no estas invitado.

—No puedo irme y dejarte sola con la posibilidad que cometas una locura.

—Si insiste, siéntate y espera que Oleg te dé un tiro.

Como puedo me acerco a la cómoda y saco el juguete de goma que sustituye al maldito Ruso que brilla por su ausencia.

—¡Sumasshedshiy! —Se da la vuelta saliendo como alma que lleva el diablo.

—¡Ya me lo han dicho! —grito.

Enciendo el juguete que empieza a vibrar en mi mano. Niego. Lo apago y lo dejo en su lugar, estoy demasiado agotada.

Si no es una verga Rusa entonces no quiero nada.

***

La cabeza me palpita, la boca la siento seca y el sonido agudo no me ayuda a nada. Maldigo el momento en que empecé a beber

El sonido se empieza hacer más fuerte es entonces que me doy cuenta que es el maldito timbre que no deja de sonar. A las malas me paro maldiciendo el no saber porque no está Zule.

—¡Ya voy! —grito. —¿Qué no tienen casa? Joder, desde temprano y ya están jodiendo a los demás.

Abro la puerta y retrocedo de inmediato al notar al hombre que está en el umbral, me escanea y pasa saliva al darse cuenta de mi semidesnudez.

Al menos lo vio.

Si no estuviera tan enojada tal vez dejaría que me lo quitara. Pasa a mi lado sin hablarme.

¿La ley del hielo?

—¿Por qué no me contestaste? —Pregunta de golpe.

—Sinceramente no se ni como llegue aquí. —aclaro.

Me voy a la cocina y muevo las caderas provocándolo, me toma de la cintura pegándome a su pecho antes de llegar a mi destino.

>>¿Jugamos? Te prometo que puedo olvidar mi enojo.

—Eres una maldita imprudente. —me ignora.

Su calor hace que mis hormonas se alteren.

—Bájale a tu tono. —advierto. —Me duele la cabeza y no tienes derecho a reclamar nada.

—¡Claro que tengo derecho! Desapareces sin decir nada. —Me da la vuelta llevándome a la pared de golpe.

¡Sí, empótrame ruso!

>>Te llamo y no respondes en maldito móvil. Llego aquí y te encuentro con una resaca de mierda y no sabes como coño estás aquí.

Su pecho sube y baja.

>>Y no olvidemos el hecho que estas en bragas que no dejan nada a la imaginación marcándote el culo. —Me suelto de su agarre para ir en busca de lo que necesito

—Si lo planteas así me siento peor. —Me tomo un vaso con un analgésico que calmara el dolor.

—Loca desquisi... —No quiero reclamos absurdos que no me interesan.

Lo beso empezando a marcar un ritmo dicho ritmo se vuelve agresivo cuando Oleg toma el control. Muerde fuertemente mis labios provocando que suelte un gemido.

—Pues estás que mueres por esta loca. —gimo.

Me da la vuelta y posa su mano en mi espalda ejerciendo presión para que me incline.

—Necesitas un castigo.

Me apoyo en la repisa continua al fregadero, siento su respiración en mi espalda para después sentir dolor cuando muerde mi hombro dejando como recompensa un beso húmedo.

—Joder, si sigues así mi cuerpo será irreconocible.

Pasa sus dedos por mi espalda, me quiero voltear, pero me lo impide.

—Guarda silencio. —demanda.

Siento como su mano llega a mi trasero y lo masajea. Mi ritmo cardiaco aumenta al anticipar sus intenciones.

—Oleg, no creo que sea buena idea... —Un fuerte azote en mi nalga derecha corta mis palabras, mi respiración se descompone al sentir como masajea la zona.

—Este culo necesita la atención de mis manos. —Otro azote se dirige a mi otra nalga, el shock desaparece cuando un tercer azote llega.

Esto es nuevo, Oleg ya me a dado nalgadas, pero saber que es un castigo me excita.

—Que amable. —me burlo.

Mi vientre se contrae cuando su mano estruja mi nalga.

—Te hice una pregunta, ¿Dónde estabas? —Me retuerzo, pero él aprisiona mis manos en mi espalda topando mi cara y mis pechos en la repisa.

—Por ahí. —respondo.

Mete su pierna entre las mías para separarlas. El calor invade mi rostro al sentir como me estoy mojando.

>>Para... —Me sigue callando con azotes, y me maldigo al no poder callar mis jadeos. —Oleg. —Mi voz sale amortiguada y en estos momentos no sé qué es lo que trato de pedir.

—Te gusta, ¿Cierto? —me jala el cabello. —Responde, ¿Te gusta ser azotada, Alessia?

—No. —aseguro, pero el muy cabrón lo desmiente cuando lleva la misma mano con la que me azoto, a mi intimidad.

Siento como pasa sus dedos sobre la tela húmeda de mis bragas.

—Eres una maldita mentirosa. —gimo al sentir como aparta la tela de las bragas para introducir sus dedos sobre mi clítoris, los mueve y me retuerzo al querer más. —¿Ansiosa?

—Me gusta el movimiento de tus dedos. —gimo.

¡A la mierda la cordura!

Presiona su pelvis en mi trasero y se me hace agua la boca al sentir lo duro de su miembro.

—Puedes sentir la dureza que me provocas. —asiento.

Me desespero cuando el movimiento me tortura.

—Quiero sentirte. —exijo. No me contesta y odio que la posición no me incomode al estar vulnerable. —Oleg... —gimo cuando dos de sus dedos entran de golpe en mi interior.

—Estas muy mojada. —susurra cerca de mi oído, me estremezco y odio no poder moverme para encontrar sus dedos en ese mete y saca. —¿Dónde estabas anoche?

—Creí que lo sabías todo. —jadeo. Siento como aumenta sus movimientos al igual que mis gemidos.

Cierro los ojos disfrutando el exquisito placer que me provocan sus dedos. Sabe como moverlos para hacer que pierda el control.

Mi respiración es un asco al sentir el placer por los movimientos.

—Lo sé. —saca sus dedos y me quejo por ello. —Pero quiero que seas tú la que me lo diga.

Veo como acerca sus dedos a mi rostro, son los mismos que estaban en mi interior, ahora mojados por mis fluidos.

—Pruébate. —los acerca a mi boca y no tardo en recibirlos, los limpio sintiendo mi sabor.

Jala mi cabello para poder ver mi rostro, no separo mis ojos de los suyos, pero él esta hipnotizado en como paso mi lengua por ellos.

Los chupo y al final muerdo la yema de su dedo índice. Mi cuero cabelludo arde cuando lo vuelve a jalar para posar sus labios sobre los míos.

Malditamente sucio.

Dejo que tome el control, siguiendo el ritmo de su rudeza. Gimo sobre sus labios cuando mueve su pelvis como si me estuviera follando desde atrás.

>>Sabes delicioso. —Pasa la lengua por sus labios.

Se baja el pantalón junto al bóxer y pasa su miembro erecto sobre mis bragas húmedas.

—Suéltame. —exijo.

—La vista es tan excitante que ya ansío pasar mi lengua por cada marca. —me ignora.

Giro mi rostro y lo primero que observo es la pupila de sus ojos, dilatadas y oscuras, su rostro no está para exigir, pero aun así le vuelvo a pedir que me suelte.

—Quiero tocarte. —reprocho.

Sabe la frustración que estoy sintiendo en estos momentos. Aun así, sigue torturándome.

No me dejo correr hace unos momentos con sus dedos y la excitación duele horrores.

—Deja de mirarme de esa forma, harás que mis bolas exploten. —gimo.

Me suelta por unos momentos y luego me vuelve a sujetar. Hace aún lado mis bragas y sé lo que viene.

—¡Métela de una buena vez...!

Entra de golpe, no deja que me adapte cuando empieza a moverse, sus embestidas son fuertes y rápidas.

—Silencio.

Vuelve azotar mi trasero sin dejar de penetrarme, jadeo sintiendo las miles de sensaciones que se vuelven acumular en mi vientre.

—Oleg... —gimo. —No pares.

Sé que no voy a aguantar mucho.

Mi trasero arde, pero por alguna extraña razón me encanta ese ardor junto al dolor que provoca cada azote.

—Tan caliente como siempre, doctora. —gruñe.

Me jala el cabello y me besa. Cierro los ojos al sentir las contracciones.

—Tan caliente que quemo tu cuerpo al dejarlo rojo de mis agarres. —Jadea al sentir que lo aprieto.

Deja mis labios y muerde mi barbilla, estoy a nada de correrme y sé que solo serian unas cuantas embestidas más para que se derrame en mi interior.

Toda la excitación se viene abajo desatando miles de preguntas en Oleg y en mí, cuando un hombre aparece en el marco del desayunador.

—Pueden ser más silenciosos. —Se restriega los ojos. —Tengo una resaca de muerte y sus gritos me alteran.

—¿Yuri? —Susurro confundida.

Oleg sale de mi interior y la frustración en ambos es evidente, se quita el condón para luego guardar su miembro. Estoy mojada, cachonda, confundida y hasta molesta.

—Ya tengo las respuestas de todo.

—¿Qué? —volteo.

Oleg se va contra Yuri lanzándole un puño en su pómulo, intenta dar otro, pero Yuri lo logra detener y este arremete en su abdomen.

Siguen peleando como todos unos profesionales, ¿Cómo lo aprendieron?

La escena me parece excitante, pero no la puedo disfrutar por la insistencia del timbre junto a miles de golpes en la puerta.

—¡Abre la puerta! —exigen y sinceramente no se me apetece que Damián me vea media follada.

Tomo la camisa de Yuri que está en el sillón y me dispongo abrir.

—¿Dónde está?

—En la cocina. —No pide permiso solo entra.

Ahora todos andan de mal educados.

Cuando llego ya están separados. Oleg tiene el labio partido y Yuri el pómulo rojo y la ceja partida.

—¿Terminaron? —Cuestiono irritada.

Oleg me aniquila con la mirada.

—Alessia es mejor que guardes silencio. —ignoro a Damián.

—Estoy cachonda y frustrada, ¿No lo entienden malditos ineptos? —me giro a Oleg. —Te estas comportando como un maldito adolescente marcando territorio. —Se intenta acercar, pero su amigo lo detiene.

—¡Te acostaste con él! —señala a Yuri. —Loca inestable.

—¿Cómo aseguras que me acosté con él?

—Las pruebas muestran lo evidente. —Me encara.

—Puedo estar ebria, loca, desquiciada y todo los adjetivos que quieras agregar. —Llego hasta él levantando el rostro para verlo a la cara. —Pero que te quede claro que jamás me acostaría con otra persona mientras lo haga contigo y no por fidelidad sino porque con la tuya estoy satisfecha.

Porque me satisface no por exclusividad.

Su rostro no me muestra ninguna expresión. Me sobran dedos de una mano para señalar los momentos que me ha mostrado otras que no sean soberbia, ira, enojo y frialdad.

—A otro con ese cuento Alessia. —Se da la vuelta buscando la salida.

—¿Qué? —La incredulidad se apodera de mí. —Espera, ¿Te irás así? —No voltea. —¡Te estoy hablando! ¡Bestia! —me ignora. —¡Vete maldito cobarde que no sabe escuchar ni terminar lo que empieza!

Cierra de golpe.

—Deja que reflexione y luego hablan. —Me volteo. Para ver al hombre que me habla.

—Si piensas que me voy a rebajar para hablar con él. —Señalo la puerta. —Estás mal.

—No es rebajarse es dialogar. —Lo defiende.

—Dialogar es lo que estábamos haciendo ahora.

—Créeme que se controló. —Se rasca la nuca. —¿Ustedes... ?—Nos señala y la indignación llega a mí.

Si él no me cree Oleg menos.

—¡Claro que no! —Decimos al unísono

—¿Qué hacías aquí? —Le pregunto al recordar que llego como loco después de Oleg

—Bueno pues...

Se rasca la nuca y me empieza a contar lo sucedido. Me sorprendo. Es obvio que Oleg no quería hablar conmigo al suponer cosas equivocadas.

***

Estoy en medio de parciales, sintiéndome miserable, dejen su voto para sentirme menos miserable ♥

***

¡Spoiler!

—¡Tenías que verlo completo! —reclama Caleb. —Hay más Oleg, no es lo que tú crees. ¡Regresa! —grita.

Salgo del despacho sin rumbo alguno. Sigo sin saber donde mierdas esta Alessia, pero mi instinto me dice que vaya a su apartamento.

—Hermano, ¡Espera! —grita Damián siguiéndome.


***

¡Otro Spoiler!


—Pero que egocéntrica. —Pincha su comida. —Así que eres mexicana.

—Sí. —afirmo empezando a comer. —¿Tú eres?

—Soy de Corea. —explica tranquila.


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