Capítulo XXVI
-Creo que definitivamente dijimos adiós a la noche.
-Pues sí. ¿Cómo se nos pasó el tiempo tan pronto?
-No sé, supongo que la conversación estaba interesante. Pero aquí la pregunta es, ¿qué tan conscientes somos de que el bus me pasa como en... -miro el reloj de la pared- ...hora y media?
-¡¿Qué dices?! Bua, te tengo que dejar que sino no llego ni de coña.
-Que sea recíproco. Te veo en clase, socorrista.
-¡TENÍA CUATRO AÑOS! ¡UN POCO DE COMPASIÓN, POR FAVOR!
-Sisi, lo que tú digas. Venga que yo me tengo que duchar y ponerme algo para tapar las ojeras de mapache que tengo. ¡Chao!
-¡Chao!
Cuelgo la llamada y me dispongo a levantarme cuando veo a Claudette en la puerta mirándome como si hubiese visto a un alien. Se nota que debo verme peor de lo que pensaba.
-Casi mejor no preguntes -le digo riéndome dirección a la ducha.- ¿Cuántos kilos de maquillaje crees que me hagan falta? -pregunto dándome media vuelta.
-Entre 3 y 4, tirando por lo bajo, diría yo.
-Ah bueno, me quedo más tranquila.
Cogí rumbo hacia la habitación y me preparé lo más rápido posible. La profesora de la primera clase de hoy era super exigente y no permitía llegar ni medio minuto tarde. Las ocho y media, eran las ocho y media, y no las ocho, treinta minutos y quince segundos.
¡Imaginaos el sufrimiento que eso me causaba! ¡A mí! A una persona que amaba más la cama que al propio Jack... En fin, crueldades de la vida.
Stop
Wait a minute
-Conciencia, querida, ¿que quieres? Nunca pasa nada bueno cuando apareces.
-¿Te das cuenta de que admitiste que amabas a Jack?
-¿Qué? Yo no dije eso.
-Oh, si que lo hiciste. Dijiste, y cito textualmente: "A una persona que amaba más la cama que al propio Jack"
-Mierda. Ese fue el hijo de fruta de mi subconsciente... Si será...
-¿Se puede saber que pinto yo en el medio? Yo me limito a pasar mensajes de un lado a otro...
-¿Tú que pintas en la conversación? Se supone que no hablas y que nunca te haces presente en ningún lado.
-Y es cierto, hasta que alguna petarda como tu me insulta... Eso, querida, no se lo permito a nadie.
-¡Ey! ¿Quién es ahora el que insulta? -dije enfurruñada. Sí, enfurruñada conmigo misma,super normal todo.
-Perdona, sin rechistar. Recuerda que aun manejo los hilos de tu forma de actuar y que puedo hacerte quedar mal en cualquier momento. Repito. En cualquier momento.
Por favor, ya que vosotros sois mi recurso multimedia personal, insertad aquí una carita pervertida, para mi querido subconsciente.
-¡No, no, no hace falta llegar a extremos! Retiro lo dicho.
-¡Así me gusta!
-Yo no es por ser metida, y tal, pero te recuerdo que el bus te pasa en 10 minutos.
Mierda.
Con perdón.
Que hay niños pequeños presentes.
Y aquí voy yo, corriendo como Forrest Gump, escaleras abajo para coger el bendito bus que me llevará a la facultad y que, para variar...
Se acaba de marchar en mis narices...
¡Malditos sean los caramelos que te cortan la garganta al tragarlos!
¡Si es que no me puede salir nada bien jo!
Dos toquecitos en el hombro me hicieron girarme para ver a mi futuro interlocutor. Porque entiendo que sería alguien que quería hablar conmigo. No conozco otras especies que sean capaces de tocar el hombro humano que no sea el ser humano, es decir, los perros no pueden por ejemplo...
-Hola Layla.
-¿Jack?
-Según parece sí- me contestó riendo.
Dios, ¿porqué este señor tenía que parecer un bebé recién salido de la ducha que se ha dormido sus diez horas reglamentarias? Pregunto.
-¿Y tú aquí?
- No sé, se me ocurrió que por darte la brasa por la noche, podría compensártelo llevándote a la facultad.
-Gracias, supongo. Pero, ¿cómo sabías a que hora venir? ¿Cómo sabías que no iba en el bus que acaba de pasar?
-Realmente no lo sabía. Sólo confiaba en no haber llegado demasiado tarde- contestó encogiéndose de hombros.
Veinte minutos después, Jack estaba sacando las llaves del contacto en el aparcamiento de la Universidad.
Para predecible en la vida yo, ¿verdad?
Tampoco es como si os fuera a contar que esperé al siguiente bus y le dije a chiquillo que se fuera. Tss...¡Ni que estuviésemos en un mundo paralelo!
El viaje, lejos de ser incómodo, como pensé en un primer momento, resultó muy ameno. Y eso, siempre prometía un gran inicio de día.
Dicen, o podéis pensar, que después de hablar mucho tiempo continuado con una persona, el tema de conversación se puede acabar. Aquí os presento mi truco: pintad la mona. No hay nada mejor que hacer reir a una persona para crear recuerdos nuevos junto a ella.
Es maravilloso, y es muy raro que falle. ¡Lo prometo!
El caso es que nos fuimos a clase. No se cómo estaba él, pero yo tenía una sonrisa en la cara que no me podrían quitar ni en mil exámenes.
Cuando llegué a la puerta de clase, me encontré a Xulia esperándome.
-¡Ey! ¿Ya estás mejor? -le pregunté abrazándola.
-Si, más o menos. A partir de hoy ya no tengo que llevar las muletas y puedo caminar sin nada. Más lento, pero sin nada.
-Jo, pues ¡qué guay! ¡De aquí directa a un jueves universitario y lo sabes!
-Obvio nena -me contestó entrando en clase.
Y tras esto, la semana transcurrió, lo que vendría siendo, en un término normal.
Normal dentro de lo que podemos entender en esta historia, por supuesto.
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