Capítulo XXV

Su solicitud no ha podido ser enviada con éxito.

¡Por supuesto! Lo ideal para un domingo por la tarde...

¿Cómo se me ocurre pensar a mí, a la reina del drama, que por un momento la vida me iba a dar tregua?

Ya te hemos dado tregua suficiente con el tema de Jack, querida, no abuses de tu buena suerte me recordó mi conciencia.

¡Oh, vamos, cállate! Suficiente tengo con no recordar si envié, o no, mi currículum para las prácticas. Y, claramente, y para colmo de males, el wifi decide que es un buen momento para averiarse.

Alerta Millenial, señoras y señores, Alerta Millenial.

Cualquiera diría: "Tranqui Lay. Mañana vas a la facultad temprano, pillas el wifi, lo miras y, si no está enviada, pues la envías".

Si lumbreras, sí. Solo tengo el pequeño inconveniente de que creo que se me acaba el plazo a las diez de la mañana y me estresa el solo hecho de pensar que puedo perder una plaza de prácticas en una de las escuelas más reconocidas de todo Summerhill, por mi tontería, mi cabeza de chorlito y mil cosas más...

¿Os dais cuenta de la trascendencia de enviar ese puñetero papel? Es que estoy lo que viene siendo, atacá.

Claro, reina, que no nos habíamos dado cuenta dice mi yo interior limándose las uñas y rodando los ojos.

¡¿Pero yo no te dije que te callaras?! Presta más atención a la manicura que esa uña te está quedando con picos en las esquinas y deja de darme más la brasa a mí...

Ai no, no, no. Ya me callo dice preocupada.

Menos mal porque sino aquí iba a haber un homicidio... Y no tengo ni a Claudette ni a Arno para desahogar mi frustración porque resulta que, para que el baby se despejase un poco, decidió llevárselo a dar una vuelta y enseñarle la ciudad. Yo me quedé en casa porque no podía con el culo, tampoco nos vamos a engañar... pero también porque supuse que tendrían cosas de las que hablar y era mejor que tuviesen su privacidad.

Llegaron, como a eso de las 9 de la noche, justo cuando empezaba a oscurecer y cada uno se fue a su habitación. No parecían enfadados pero juraría que la tensión se podía cortar en el aire. Así que, simplemente, cuando fue mi momento, me fui para cama, sin intentar sonsacar nada, porque igual los gritos me los comía yo y no es plan, ¿sabéis? Y me quede lo que viene siendo, dormida.



Brrrrrrrr... Brrrrrrrr... Brrrrrrrr...

¿Quién es ahora?

Brrrrrrrr... Brrrrrrrr Brrrrrrrr...

Más vale que sea algo importante

Llamada entrante: Jack Simpson

¡Lo que me faltaba! Una llamada de este señor sin que Minini esté despierta...

Me levanto de cama y me voy en dirección a la cocina. Ni modo que me vaya al salón o me quede en la habitación. Aunque pueda parecer una loca histérica en estos momentos, soy una persona bondadosa y compasiva que respeta el sueño ajeno. O eso intento.

-¿Jack?

-¿Layla?

-Dado que son las cuatro de la mañana y me acabas de fastidiar el sueño, aquí las preguntas las hago yo.

-Sí, soy Jack.

-Confirmo que soy Layla. Solo así por si quedan dudas -contesto.

Él ríe.

-No es que quiera ser maleducada ni nada pero, ¿se puede saber para qué llamas?

-Pues no lo se la verdad.

-Esa es exactamente la respuesta que me esperaba, sí -contesto rodando los ojos.

Sí, lo sé. Soy exactamente la respuesta que esperas en una chica a la que le habla su crush. No lo sé, ósea, yo tampoco lo entiendo pero supongo que cuando no se como reaccionar, tiendo a hablarle a la gente como si fuéramos amigos de toda la vida. Muy normal, lo sé.

-Bueno, si quieres te miento -vuelve a reír.

-Casi que prefiero la primera opción.

-Sinceridad ante todo, ¿no?

-Por supuesto -confirma él.

-Pues en honor a la sinceridad te digo. Jack, ¿por qué me llamas a estas horas? Y ya que te crea Noah que no lo sabes eh -pregunto con, ¿para qué negarlo?, mucha curiosidad.

-Supongo que me aburría y decidí hablarte.

-Hombre, me siento halagada de que hayas pensado en mi a las cuatro de la mañana -contesté bastante extrañada.

-¿Te molesta? -dijo algo inquieto. Aunque también pueden ser paranoias mías.

-Es bastante probable que si me molestase te hubiese colgado hace más de cinco minutos. Así que no, no me molesta, tranquilo -contesté alegre.

-Menos mal, porque no tengo sueño la verdad.

-A mí me lo acabas de quitar así que... Cuéntame algo y hagamos que la noche valga la pena baby -propuse con el tono más sugerente que le puedes añadir a esa oración sin reírte.

Funcionó treinta segundos. Pero funcionó. Después empezamos a reírnos como locos y a hablar de todo, de nada, del mundo y sus variantes y creo que ya puedo dar por perdida mi noche.

Oficialmente hablando vaya.

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