Capítulo VIII
Deshice el camino que acaba de hacer en dirección a la habitación de Xulia. Me iba preparando mentalmente para el aluvión de preguntas que contaba con que me iban a hacer pero, que no os engañen: una nunca se prepara para semejante interrogatorio.
-¿Qué, pillina?
-¿Hubo beso?
-¿Abrazo?
-¿Te declaró amor eterno?
- Mejor aún, ¿te propuso matrimonio?
-¿Te imaginas Canela? Tenemos que ir pensando en el traje de las damas de honor, en los ramos, los diseñadores del vestido de novia, el maquillaje, la iglesia, el cura...
Lo dicho: una nunca se prepara para esto.
-¿Se puede saber como narices se os va tanto la pinza? Cuando yo os conocí teníais pinta de ser algo más normales...
Ambas se miraron, y luego estallaron en carcajadas.
-Lo sentimos, corazoncito de melón, pero es que nos hace tanta ilusión que por fin hayas podido pasar un ratito con él fuera de la facultad que... ¡ay! -terminó con un suspiro digno de la Julieta de Shakespeare.- ¿Porqué te crees que me lo traje cuando lo encontré en la tienda de chocolate? ¿Para que le hiciese la visita a Canela?
-¡Ey! -se quejó la aludida.
-¡Chst! Tú a callar que te trajeron más chocolate del que te tocaba. Pero sí, cuando me lo encontré, se me encendió la bombillita y pensé que podría hacer uso de mis artes teatrales...
Lo que en idioma común y corriente se traduce en poca vergüenza y mucha caradura.
-... Sabía de sobra que cogerle a esta mujer porque siempre le traigo lo mismo, ¿para qué nos vamos a engañar?, pero como siempre dices que Jack es tan sensible para estas cosas por decirlo así... Pues dije yo, en el mejor de los casos se viene con nosotras y Layla está un rato con él aunque estemos nosotras delante; en el peor, le hablará en clase para preguntar por Xulia. En ambas versiones salías ganando siempre así que... Aquí estamos.
-Claudette, ¿estás segura de que tu segundo nombre no es Celestina o algo así? -le dije riendo y abrazándola.
-En el carnet de identidad no pone nada, pero le puedo preguntar a mis padres por si acaso.
- De verdad, muchísimas gracias por ello, aunque sabes de sobra que no hacía falta.
-Lo sabe y lo sabemos querida, pero ¿vinisteis aquí a hablar de Jack o vinisteis a verme a mí? -preguntó Xulia enfurruñada desde su cama.
Tras de mirarnos mutuamente, Claudette y yo respondimos a la vez:
- Pues a hablar de Jack, ¡vaya preguntas haces!
Decir que fue una tarde como hace mucho que no recordaba tenerla, probablemente sea muy redundante. Así que como no me gusta repetirme aunque, a veces, y sólo a veces, lo haga más que una persiana, os contaré algo que pasó una vez llegué a casa.
Pasamos toda la tarde en el hospital y, cuando llegué, me metí en la bañera de cabeza. Soy de la opinión de que los baños son los mejores relajantes naturales que se pueden encontrar y por eso intento darme los máximos que puedo. Estos no son muchos porque una intenta ser ecológica en la vida y 100 litros de agua son muchos litros para despilfarrarlos así como así, así que intento darme un baño una vez cada dos semanas o a veces una vez al mes únicamente, dependiendo de mis niveles de estrés. Hoy, aunque no estaba especialmente estresada, me apetecía un baño, así que dispuse todo para ello. Coloqué un cubo debajo del grifo de la bañera para poder esperar a que llegase el agua caliente desperdiciando la menor cantidad de líquido elemento posible.
¡Os sorprenderíais de lo útiles que pueden ser esos litros de agua cuando una se pone a hacer la limpieza! ¡Además del trabajo que ahorra de tener que ir cubo pa'quí, cubo pa'llá!
Conclusión, que me tiré allí en la bañera casi hasta que el agua se enfrió disfrutando de las sensaciones del día y al ritmo de fondo de Morat.
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