Capítulo V
-Bueno, estaba claro que Xulia no se iba a quedar tranquila si no tenía otro esguince...
-¡Dios! Pero no esperaba que fuera tan pronto.
-Yo tampoco, la verdad. Pero ya sabes como es la Canela...
-¡Oportuna como ela sola! -acabamos al unísono.
Pasábamos tanto tiempo juntas que se nos pegaban las expresiones las unas de las otras. Oportuna como ela sola era una de las tantas expresiones gallegas que nos había enseñado Xulia para expresar lo únicamente inoportuna que era.
-Bueno, entonces, ¿Protocolo Canela?
-Protocolo Canela -afirmé.
Protocolo Canela fue un conjunto de reglas que decidimos poner en marcha el día en que Xulia tuvo su ¿sexto? esguince en el mismo año.
Regla número 1:
Acabar todo lo urgente que haya que hacer en ese día.
Por eso, lo siguiente que se vio en aquel pasillo fue a tres corrientes de personas, una por facultad, organizándose en sus respectivas clases y cogiendo sus respectivos horarios. Los profesores nos dieron la bienvenida un año más a la facultad, nos explicaron la dinámica del primer cuatrimestre e hicieron ellos los grupos de trabajo. En un principio pensamos en hacerlos nosotros pero, tras ver el caos que eso generaba, decidimos hablar con los profesores y que fuesen ellos quienes creasen los grupos cada vez, de forma aleatoria, intentando que coincidiésemos todos con todos a la hora de trabajar. "Ideas extrañas que resultaron beneficiosas" las llamamos.
Regla número 2:
Reunión en un punto para empezar el protocolo
No os pensaríais que esas dos reglas cutres que caen de cajón, y son más de Perogrullo que otra cosa, formaban parte de nuestro protocolo Canela, ¿verdad?
He aquí el verdadero, único, especial, original y maravilloso protocolo Canela. Sí, se me acaba de ir la pinza, pero no me lo tengáis en cuenta:
1- Localizar a la Canela
2- Coger a su peluche favorito
3- Comprar chocolate con almendras
4- Plantarnos en el hospital de turno y no abandonarlo con excepción de causa de fuerza mayor o con la lisiada del brazo.
Fue así como, tras acabar las "clases" del día y vernos en la puerta del parking de mi facultad, decidimos que, esta vez, yo iría a casa de Xulia a por el peluche y Claudette compraría el chocolate. Solo espero que no traiga medio kilo de chocolatinas, como la última vez.
Aunque penséis que no, y que estas reglas son más bien propias del cuidado de una niña pequeña, os diré que todo tiene su sentido y está cuidadosamente analizado. La parte de localizar a Xulia creo que es bastante obvia y no necesita justificación. Coger a su peluche favorito, una jirafa pequeñita y super achuchable llamada Manolo, empieza a tener sentido si conoces lo poco que le gustan a Xulia los hospitales a pesar del tiempo que pasa en ellos, y lo mucho que Manolo le recuerda a su hogar, por llevar aguantándola desde que tenía uso de razón. Lo del chocolate con almendras... Bueno, eso es más bien por darle un caprichito a la pobre, que ya bastante mal debe estar pasándolo. Y a lo de plantarnos en el hospital de turno, se llama ser buena amiga.
Podéis creéroslo o no, yo espero que sí lo hagáis, pero, a pesar de ser, las tres, personas tan diferentes, somos muy iguales en el hecho de que seguimos siendo niñas y disfrutamos de ello como si fuese nuestro último día en el mundo. Último día que, al ritmo que íbamos, íbamos a acabar pasando en un hospital.
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