Capítulo IV
Lo raro se convirtió en aún más extraño cuando, tras las bienvenidas pertinentes por parte de los rectores de las tres universidades, Xulia aún no había llegado.
Como notas aclaratorias para que, insisto, no os perdáis entre todas mis movidas mentales, quizás es importante señalar lo siguiente:
- Ya os comenté, así por encimita y tal, que nuestras tres facultades estaban juntas. Por eso y siguiendo con aquello de fomentar la relación entre las diferentes carreras, las facultades se agrupan en grupos de tres o cuatro y, de alguna forma, quedan vinculadas entre ellas. No es que este vínculo a efectos prácticos se note mucho pero en las presentaciones, como el día de hoy, se turnan entre ellas para dar las bienvenidas por lo que, hoy, estábamos las tres facultades apelotonadas en el salón de actos de Educación.
- Y segundo punto del día de un informe que nunca empecé: ¡Xulia es súper puntual! Así que como comprenderéis la inexistencia de mensajes, llamadas o algo que justificase su ausencia a las presentaciones era algo que me estaba crispando los nervios.
-¿Sabes algo de Canela, Claudette?
-No, a mí no me envió nada. ¿A ti? -dijo con gesto distraído.
-Tampoco... A mí esto me empieza a preocupar. Voy a llamarla, ¿va? -le dije con un miniaviso de que la iba a dejar sola mientras intentaba que me contestase. Ella levantó el pulgar hacia arriba en señal de asentimiento, vamos lo que significa de toda la vida un pulgar hacia arriba, y se fue a saludar a unas amigas de su clase.
Marqué el número de Canela bastante preocupada. No en vano tengo el sobrenombre de drama queen, pero yo prefiero llamarlo preocupación por mis amigas ¿qué quieres que te diga?
Un tono... Nada
Dos tonos... Nada
Tres tonos... Canela contesta
Cuatro tonos... Xulia estás tardando
Cinco tonos... Misión fallida.
Maravilloso todo... fue mi pensamiento al bloquear el móvil con un suspiro, gesto que no pasó desapercibido por la persona que tenía al lado.
- Hola -me saludó el individuo.
- ¡Hola! -me giré a saludar sin ver quién era.
Si algo es típico en mí es el hecho de tener alegría y buen rollo desde bien temprano hasta pasada la medianoche; incluso si hay algún problema, eso no quita que yo le enseñe mi sonrisa al mundo. Conste que el hecho de que ésta sea, probablemente, más cara que todo lo que llevo encima no tiene nada, pero absolutamente nada que ver.
- Layla, ¿verdad? -me dijo el individuo que ya había identificado como... Jack.
Sí, yo tampoco sé por qué puse los puntos suspensivos a lo misterioso pero dejémoslo estar.
-Sí, veo que te acuerdas -le dije sonriente.
- Dije que lo intentaría -me contestó de la misma forma y continuó con gesto precavido- No quiero sonar entrometido pero, ¿estás bien?
- Sí, ¿porqué?
- Antes, cuando estabas hablando por teléfono, parecías preocupada.
- Ah, sí -dije intentando restarle importancia- Es que una de mis mejores amigas, Xulia, no está aquí hoy. La llamé para ver si le había pasado algo, pero tampoco responde así que supongo que estará ocupada. O eso quiero pensar...
- Seguro que es eso mujer, no te preocupes -dijo acariciándome el brazo para darme ánimos- ¿Nos vemos después?
-Claro -dije despidiéndome de él.
Brr...Brr
Sí, como alumna aplicada que soy puse el móvil en vibración al salir al descanso. Volveré a ponerlo en silencio cuando vayamos a nuestras nuevas clases supongo.
Mami Canela
Oh... Oh...
-¡Claudette! -llamé su atención desde la esquina donde estaba.
"¿Qué pasó?" me preguntó con un movimiento de cabeza.
"Vente" gesticulado con una mano fue mi única respuesta.
El hecho de tener el número de la madre de una de tus mejores amigas guardado en tu agenda normalmente se justifica con que es para avisarla de alguna emergencia inesperada. Que la madre de tu mejor amiga te llame después de que ésta no de señales de vida sólo se justifica con un código rojo. ¡PERO QUE MUY ROJO!
Pero intentemos mantener la calma...
-¿Qué pasó? -preguntó la pelirrosa cuando llegó a mi lado. Solo me hizo falta enseñarle la pantalla del móvil para que su cara cambiase de color y me echara la bronca- ¡Cógele ya!
-¿Sí? -respondí la llamada.
- Layla, ¿no?
-Sí, señora. ¿Pasa algo? ¿Le pasó algo a Xulia?
- Sí y no -dijo en un intento de tranquilizarnos: sí le pasó algo, pero no es grave.
- Díganos entonces.
- Pues que resulta que tengo una hija un poco torpe y... ¿qué os voy a decir?
- ¿Otro esguince? -preguntamos Claudette y yo a la vez, acostumbradas a la mala pata de nuestra amiga y, a la vez, tranquilizándonos.
- Sí, chicas, sí. Me avisaron ahora del hospital. Me dijeron que estaba bajando del avión, que tropezó con sabediosqué y cayó a rolos por la escalera abajo perdiendo el conocimiento. -nos contó usando una de sus típicas expresiones gallegas.
-¿Está en el hospital de Summerhill?
-Sí.
-Perfecto, entonces no se preocupe que nosotras nos encargamos. En cuanto salgamos de las presentaciones, nos pasamos por el hospital para cuidarla.
-¡Gracias chicas!
-¡Nada! -respondimos al unísono
¡Había que empezar el curso con ganas!
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